lunes, 18 de junio de 2012

REAPRENDIENDO A SER FUENTE Y DESTINO

No es sencillo entender y asumir una situación que abruptamente modifica tu vida cotidiana, primero dices: "esto no me pasa a mí, no puede ser", es el primer estado, la negación. Luego te aferras a pensar que es: "sólo un mal sueño, que pronto despertarás", es la tentación de la fuga al cual los seres humanos recurrimos como mecanismo de protección para mantener el equilibrio emocional.

Sin embargo el mecanismo de defensa cumple un papel efímero, debido a que si se instala y permanece, cruzamos esa línea cuasi impercetible de la enajenación que nos advertía mi profesor de psicopatología, durante el diplomado de psicología, a mediados de los años ochenta.

Cuando te haces consciente que los hechos existen, que debes asumirlo, buscas una explicación, la razón viene en tu auxilio. Y claro, la primera tentación es buscar responsables: el carro, el chofer, el semáforo, el tráfico,  etc. Todos externos a una, es el primer camino fácil por donde transitamos en un momento de crisis.  El segundo pensamiento, para quienes tenemos tatuado en la memoria el sentimiento de culpa, antes de hundirte en la depresión, viene a tu auxilio el olvido, la amnesia temporal, quien sabe si voluntaria, no recuerdas nada hasta el limite con la inconsciencia. 

Algunos(as) lloran se quejan, maldicen hasta transitar al papel de víctima, que justifique su hosquedad, abuso y maltrato de quienes sirven de apoyo, ayuda y literalmente sustitución de la discapacidad. Para mi fortuna, soy poco quejosa y como carezco de experienncia en inmovilidad, todo lo agradezco, mi compañera de día y noche es gracias. 
Y para quienes aprendemos de nuestros errores o situaciones extremas, hacemos uso de nuestra capacidad  de unir, atar, recuperar. De niña era los rompecabezas, como profesional la práctica de deconstruir y reconstruir los hechos permiten hallar las huellas del futuro, allí  es donde surge la esperanza.

En este proceso el sentimiento de dependencia se transforma en compañía, dejando que la experimentes a todo costo. Al cual primero te revelas, luego te incomoda, agota y por momentos se torna doloroso. Cuando todo esto se extingue, como el dolor físico con el que convives, te perdonas y pides perdón.

Agradeces a Dios o los dioses y diosas en quienes crees, por este tiempo lleno de milagros, magia, buenos deseos, amores expresos, gestos elocuentes que escasean cuando no te detienes. Entonces comprendes el sentido de los hechos, el cambio que viene con él y a través suyo. Cobra sentido y contenido la frase “nada sucede por casualidad”, ni más allá de lo que puedes asumir y resolver.

Cuando comprendes que no importa ¿Cómo?, sino que es la nueva situación instalada, es cuando te haces cargo, asumiendo que algo de ti se ha detenido, tomado licencia, se ha dejado escuchar. Es cuando te percatas del papel que venía jugando en tu vida tu perspectiva de la vida y tu propia vida, cuán importante era y es, el modo como ha sido usada y abusada. Es el momento en que te haces consciente de la importancia que tienes tú para ti. Y celebras un compromiso contigo misma(o) por un trato diferente en el futuro. Igual o mayor a aquello que mueve tus días por las(os) otros, llenándote de indignación cuando se trata de una situación de abuso, olvidando que ese abuso lo reproduces sistemática y sostenidamente a esa parte tuya que decidió revelarse, detenerse.

Poco a poco, a medida que transcurre el tiempo, te haces protagonista del nuevo estado, colocas atención a los recursos con que cuentas, las habilidades y capacidades invernantes, las redes construidas, los amores sembrados y los frutos disponibles. Eliges tu mejor sonrisa, te transformas en fuente y destino, estrenas tu disposición, descubriendo no hay dependencia, sólo retorno de buen amor. Te reacomodas, lentamente te haces receptora y fuente de valoración al apoyo, la facilitación, acunas a tuyo doliente, quien pidió licencia y requiere de nuevas fuentes de amor.


Así es como se reaprende, aquello que sucedió hace tanto tiempo que casi se había borrado de tu recuerdo. El modo y tiempo que llevó poner en movimiento cada uno de tus funciones motrices, habilidades, destrezas y capacidades. Cuando valoras cada respiro, movimiento, sensación, pensamiento y sentimiento, descubres cuan mágica es la vida, esa que acostumbramos a recubrir de pretextos. Y te detienes a pensar en las razones por las que siempre has corrido, lo que cuesta detenerte, el modo como dejaste de vivir al tiempo a cambio que te hiciera adicta, cuanto más te eludía más ibas tras él, hasta dejarte arrasar, impidiéndote ser, hacer y estar.

domingo, 17 de junio de 2012

IN MEMORIAM MARGARITA SEGURA SALAZAR

Marcha al cierre de campaña electoral del gobierno local
Es la una del día del domingo 17 de junio del 2012, ingreso a la red porque una cita prevista   que culminaba a esta hora, no se concretó, el celular estaba silencioso y necesitaba conocer sus razones por esta vía. 
La pantalla me golpeó, con tres mensajes  de tres amigas. La primera lanzando un SOS desde la profundidad de su dolor que se torna tristeza, la segunda desde su dolor que se expande hasta situarse en el centro de mi ser y la tercera  emergiendo de su dolor y urgencia para anunciarme que optó por abandonar a su tristeza  disfrazada de angustia, sumándole nuevos aciertos a su esfuerzo por  ponerse al día, disfrutando lo que la vida le da a borbotones amor, seres de luz y sapiensa.
Los tres mensajes me provocaron una serie de sentimientos, pero una vez mas el sentimiento de vacio que provoca la pérdida,  me ha llevado tres horas para asimilarlo.  En este momento,  decido primero procesar mi dolor para acercarme al dolor de quien me ha enviado un SOS, porque la vida me ha enseñado que no puedes ofrecer a otr@, aquello que no posees ni eres capaz de  hacer contigo mism@, tampoco puedes transmitir el contenido de aquello que no estás profundamente convencid@, ergo dispuesto a hacerlo, en una palabra coherencia de sentimiento, pensamiento, acción, fe y espíritu, de donde emerge la esperanza con el que espero llenar a mi bote salva vida hasta el Brasil. Mientras  tanto, dejo ser feliz a quien me ha postergado sabiamente.
Mi dolor suelo procesarlo del único modo que sé hacerlo, sacándolo de adentro para afuera para exorcizarlo. Esta práctica me permite aceptarlo, reconocerlo y liberarme. Suelo liberar mi dolor, reconociendo su existencia y dándole  forma mediante el registro y cuando lo comparto, adquiere libre albedrio en la red. Me libero liberándolo. He descubierto sentimiento tras sentimiento, este modo de registro, que desde mi perspectiva en una vertiente enervada de la escritura, aquella que ayuda a distanciarnos de nuestros sentimientos  para aceptarlos, comprenderlos, volver a ellos con serenidad,  evitando nos estrangule  o hunda en la tristeza hasta inmovilizarnos de espanto. Suelo recuperar de este modo mi SER para seguir siendo fuente y destino de amor.   
Aún me cuesta expresar mi sentimiento de este momento respecto a  Margarita Segura Salazar, mi amiga con quien me unió  la coincidencia de un apellido, que no alcanzó la trama del parentesco consanguíneo ni de origen. Ella heredó el Salazar de su madre y yo de mi padre, un Salazar de sexta generación carente de hermanas.   Ella nació en Lima un 14 de Septiembre, en mi caso fue cerrando el verano,  en el ombligo del Callejón de Conchucos. La vida nos acercó en nuestra alma mater (PUCP), pisamos los mismos ambientes y debatimos con los mismos interlocutores de Ciencias Sociales sin importar los tiempos. Nos reencontramos y unimos desde nuestra condición de mujeres en la calle, las plazas, hasta hacer de lo público privado y viceversa.
“El día sábado, Margarita Segura Salazar ha muerto de paro cardiaco...”, me dice el mensaje breve de Juanita, produciéndome primero incredulidad. La negación, es el recurso que  emerge de mi subconsciente, como  primer recurso de defensa frente al dolor.  Mi segundo sentimiento es el silencio y la nada. La culminación de la vida de un ser amado, genera dolor en quien sobrevive por el sentimiento de pérdida que es lo primero que se impone. Los pensamientos se agolpan, mientras traduzco la pérdida. No volveré a escuchar su voz, ni su  tacto me animará a tomar la siguiente calle durante una marcha, no volveré a escuchar el sonido de su risa tampoco la fuerza de su grito. Mi detenimiento de hoy impedirá que sea su “amiga hasta la muerte”, porque no la acompañaré en su última instancia, el dolor es lacerante y mi quebranto me acoge. Mientras escribo viene a mi recuerdo diversos momentos compartidos, mensajes y agendas intercambiadas, sueños coincidentes.
Margarita se fue de esta dimensión, por una afección que proviene de vivir como ella lo hizo, con intensidad, vehemencia, entrega  y sin respiro. Colocando en cada uno de sus actos no sólo conciencia, práctica y  compromiso que acompaña al activismo, sino eso que nos aproximó: amor, pasión, sentimiento y esperanza por cambiar una realidad que desde su mirar y nuestra lectura compartida era y sigue siendo inaceptable, injusta y contradictoria con la condición del ser humano. Una situación de   negación y degradación intolerable de derechos de la mayoría, en una sociedad y   tiempo donde nada nos fue ni sigue siendo fácil, especialmente para la mayoría de mujeres. Más cruel e innegable cuando se entrelaza con factores  de género,  edad, historia, raza, etnia, clase, idioma, preferencia sexual y religiosa.
Situación que atraviesa y se reproduce en todos los espacios y escenarios, incluyendo aquellos construidos por nosotras mismas en un terco intento por ejercer el poder y el derecho como aspiramos. Empeñadas en hacer la diferencia de la práctica política sustrayéndonos a la condena de ser mujeres en un país profundamente inequitativo, excluyente, discriminador, indiferente e injusto. Pais que aun en esas condiciones no podemos negar ni desprendernos, al ser parte de quienes somos, igual lo amamos en una relación de amor odio cuasi melodramático. Al que trascendemos con nuestro convencimiento que es posible el cambio a partir de nuestro cambio.
Mi dolor se instala en el palco, mientras la imagen de Margarita   toma el escenario, allí se reedita nuestras coincidencias y discrepancias, las frecuentes conversas  de apuestas, los referentes colectivos, los cuestionamientos que  solas y en compañía solíamos tener a cerca de cómo cambiar el mundo sin perdernos y sin morir en el intento.  Cómo desprendernos de viejas prácticas socio-culturales-politicas que cuestionábamos, pero que antes de contar tres reproducíamos cuasi inconscientemente, recordándonos que sólo poseíamos el privilegio del cuestionamiento,  puesto que eramos parte de lo innegaable,  nuestra condición de  sujeto social, impregnando  nuestro ADN social con todas sus herencias, sean estas como dones o taras nos condenaban hasta la quinta generación,  con el cual debíamos batallar cotidianamente. Por ello la importancia de andar juntas, para advertimos oportunamente  una a otra el riesgo de los retornos,  estancamientos, desviaciones y/o reproducción de  prácticas históricas bajo nuevas denominaciones.
Con Margarita nos unió un café al paso, mucho mejor si era un huarique. La calle durante innumerables marchas, compartiendo un escalón o confundidas con tod@s. Los colectivos uniendo o confrontando miradas opuestas. Y en cada caso con suficiente espacio, para  cerrarlo con conversas  esperanzadoras,  cuyo pacto implícito derivaba en que cada uno de nuestros actos personales y colectivos, compartidos o independientes los dirigiéramos a cambiar el mundo. Soñábamos y continuaré con ese sueño, de que siempre habrá esperanza mientras en nuestras vidas asumamos el compromiso consciente y subconsciente de hacer la diferencia y asumir el costo de nuestros actos y silencios.
La partida de Margarita, vuelve a colocarme ante mi propia agenda advertida desde el 14 febrero. Una agenda  que parte de la necesidad de  un tiempo para vivir y cerrar pendientes, insistir en sueños, continuar haciéndome cargo de aquello que me toca hacer  en este mi tiempo en la tierra, mientras viajo hacia adentro y aprendo las lecciones.
Una de ellas que se ata a la muerte, es  la fragilidad de la vida. La  vida  que hoy poseemos,  si bien es lo más fuerte y valioso, al punto que da origen al único instinto humano que es la sobrevivencia, al mismo tiempo  es leve y fugaz con una finitud impredecible.
Saber que no podré volveré  a sentir  ni abrazar  con todos mis sentidos vivos a Margarita, me recuerda la segunda lección, El cuerpo es el único medio a través del cual podemos interactuar profundamente,  expresar sentimientos y emociones. Un milagro y misterio de la vida, que pocas veces cuidamos, comprendemos  y valoramos, salvo para revestirlo del modo que se nos antoja para satisfacer el ego o las exigencias del poder  coyuntural. Olvidamos neciamente que el soplo de vida puede abandonar  en cualquier momento a nuestro cuerpo estresado,  devaluado, explotado,  adornado  y a veces torturado según nuestro capricho. Para ello basta sólo unos segundos, es suficiente con dejar de respirar voluntaria o involuntariamente.
El tiempo de Margarita en la tierra llegó a su fin,  ha trascendido a una dimensión escasamente conocida por cada uno  de nosotr@s aun cuando sea pre-sentida. Aquello que compartimos ambas, pertenecerá conmigo, lo vivido como colectivo  forma parte de una historia que habla o calla de un  nosotr@s y cada caso tiene su propio significado y significante.  
Cuando cada acto personal y del ‘nosotr@s’  que permitió reconocernos y vivirnos, re- inspirado en la esencia de Margarita, sea compartido con  otr@s  y las nuevas generaciones,  fluirá su energía para inspirar nuevas vidas y práctica mientras permanezcamos en la tierra, impidiendo que su SER fenezca,  permitiéndole la eternidad etérea.
Hasta siempre Margarita Segura Salazar, amiga, confidente, compañera y semejante de este nuestro tiempo en la tierra, estoy segura que desde donde hoy te encuentras, percibes los  sentimientos que alimentaron este escrito a modo de homenaje  personal a tu partida,  que me antecede. Estoy segura que cuando me llegue mi propia finitud, sentiré  menos incierto la siguiente dimensión,   porque  sé que estarás preparando la acogida como solías hacerlo,  para retomar nuestras conversas de a dos,  no sé bajo que contexto ni ambiente, eso te lo dejo a ti en tu condición de anfitriona.

Con amor que enjuga al dolor Catalina

martes, 15 de mayo de 2012

DESCORRIENDO EL VELO DE LA MATERNIDAD

Magia, misterio y exigencia... será Sin duda el título o por lo menos contenido de un articulo futuro, que resumí en el mensaje de texto: "Querida... más allá de la dimensión comercial e interesada de la maternidad, espero hayas pasado un lindo día. Hago votos porque te sigas reinventando en uno de los roles más exigentes, mágicos y aleccionadores...", enviado vía celular a   mis amigas que ejercen el rol de la maternidad como secuela biológica luego de un embarazo y parto. O como mandato social porque cumplen una labor adquirida como extensión de su maternidad. Pueda que también como herencia cultural porque suelen reproducir en cada uno de sus actos una relación maternalistas con los suyos y ajenos.  Sin duda habrá algo  de espiritual, sea   enlazado  la maternidad con su misterio general, unos dirian que su rol de madre  vienen  impreso en sus genes otros donde me incluyo   parte de su karma/ darma.
Algunas respondieron reactivamente a mi mensaje, por la misma vía. Otras llamaron como gesto de reciprocidad y el resto lo comentó a su modo por diversos medios virtuales, en mi caso me inmovilicé hasta este momento, pueda ser por mi dificultad de hoy, para hablar y hasta escribir. O porque no me sentí aludida, puesto que más de una volvió a colocar sobre la mesa una interrogante de niña: ¿Por qué  cuando creen que  te conoce algo te rebautiza? al punto que no te sientes aludida,  un  tema más para un artículo.
El trece de Mayo ha sido una fecha de un doble homenaje en mi caso, el recuerdo de la partida de un ser amado que me permitió reconocer las fronteras de la vida con la muerte. El domingo   cumplió dos años de la partida de mi hermano mayor Pedro Herrera, que dejó de ser mi primo desde cuando nací porque según mi madre un niño adolescente de catorce años suspendió sus travesuras para seguir mis pasos inseguros,  más adelante protegerme  durante las horas laborales de mi madre y animarme en mis proyectos.

Mis recuerdos de él son de siempre, fue uno de los pocos hombres con quien compartí  y viví su ternura, honestidad, gratuidad, solidaridad y brutal sinceridad. Con él aprendí la reciprocidad y la satisfacción que se acomoda en el estómago, ante el brillo de sus ojos con las cosas simples de la vida, nunca me negó ni le negué nada, estuve y estuvo a mi lado siempre que fue necesario, como sucedió en el tiempo de su partida. Aun en ese momento ante mi dolor y duda,  recibí como  gesto de su reciprocidad el contacto con su alma, con el  escalé un peldaño nuevo en lo espiritual, al comunicarme con su cuerpo etéreo. Será por eso que la vela encendida de este tiempo me acompañó tres días y noches.
El trece de Mayo, también se correspondió  con el calendario social para  celebrar  a la Madre, teniendo como contexto a una sociedad machista y marianista donde se exacerba el rol materno y estereotipada de una madre santa, sacrificada y pura,   reedición de la Virgen María deshumanizada  en nuestro tiempo. Invisibilizando  y satirizando a las madres de carne y hueso que están en rededor,  aquellas que públicamente  cubren las portadas de periódicos con prácticas inversas. Y que en lo privado, cuando se tiene fuerzas para mirarse  ante el espejo y reflexionar la relación con de un hij@  con su madre o de una madre con su hij@,  le genera tensión y conflicto entre la imagen simbólica de la maternidad ideal distante de la real. Experimentando sentimientos de culpa,   frustración, dolor y resentimiento, olvidando que la maternidad al igual que muchos roles humanos son variados.

Cada quien cuando  ha elegido o asumido reproducir su propia maternidad, pone en práctica el único modo   que ha aprendido, el de su madre  o el de otras madres próximas. Pero nada de lo aprendido ni ensayado le asegura el éxito de su rol materno, sólo la tranquilidad de haberlo intentando  lo mejor posible mientras la vida de otro ser ha dependido de ella.
La celebración del día de la madre en mi caso, fue la suma de un día  domingo más en familia. Con brazos, gestos y un compartir llenos de  amor  que nos permite celebrar nuestros acontecimientos privados como el mejor y el más importante. Este domingo  fuimos once,  nuestro núcleo cotidiano de cinco,  crece a nueve domingo a domingo con Janet, José, María José y   Belén de Jesús. Este domingo se extendió a once con la grata  compañía de la abuela María, mamá de mi cuñado y su hermano mayor Víctor.
En realidad no dormí, pero ese es otro cuento. Mi hermana  Luz que iluminó mi día y aligeró  mi desvelo,  con un jugo de melón  y el desayuno en cama, como cada mañana  desde hace 51 días, esta vez tuvo que hacer un doble viaje a la cocina,  pues su  mano  izquierda está  inmovilizada   por una férula  producto de un daño colateral  de mi estado. Desde hace dos semanas compartimos sesiones de rehabilitación, apoyarme sostenidamente le ha producido contractura y tendonistitis.  Nos abrazamos,  este abrazo fue de felicitación y agradecimiento por ser la gran madre   para  todas y todos en casa,  distinto al abrazo  cotidiano de  perdón, fortalecimiento y ánimo   propio de  este tiempo.
Los gestos fueron  intercambio de haceres   producto de los dones da cada quien. Luz preparó con  asistencia de Pancho y Rodrigo en el trabajo pesado, un   lechón al horno que le salió como siempre celestial, al punto que José quien había quedado en almorzar con su madre, decidió cambiarlo por una cena. Janet trajo el delicioso Pie de Limón, en atención a mi debilidad por este postre. Mamá hizo su especialidad: ají triturado en batán y ensalada con mucha yerbabuena para facilitar la digestión. Los hombres, pusieron la mesa, nos sirvieron y atendieron. En mi caso  por mi movilidad restringida   preparé durante toda la semana previa y   amanecida del sábado,   labores a crochet y bisutería para regalos  propios y ajenos–Rodrigo fue mi único cliente porque me compró tres juegos de collares y pendientes-.
 De mis gestos, Luz fue la primera, eligió los pendientes más  largos con cuentas  de metal que van desde el tono  plata brillante hasta  el  quemado diciendo: “No sé porqué pero se me ha antojado aretes largos”. Mamá    fue feliz por los aderezos de azul iridiscente sobre una base    dorada,  siempre pienso  que fue reina en su vida anterior, le encantan los brillos y el dorado,    lució sus pendientes y collar con su frase eterna: “Hija aun estando así te has ocupado de mí”. Janet estuvo  feliz con los  pisos que esta vez tejí para ella: “Pupoti,  que lindo pero quiero mi mantel, el piso que 'me llevé el domingo', está luciéndose en mi sala”.  La abuela María  se alegró de sus pendientes y collar negro que combina con su luto persistente, cuando Rodrigo le hizo entrega de su presente.
Los cuatro  hombres hicieron lo suyo, se acomodaron en la  sala, la mesa del comedor solo fue de mujeres,  mamá hizo el brindis mientras asumía una vez más su matriarcado: “Agradezcamos a Dios la oportunidad de estar juntos, todo lo que nos pasa nos hace más fuertes y unidos”.   Seguida por la abuela María y cada una de nosotras las hijas y niet@, bisnietas. Mayu, dejó de ser demandante en la mesa y ocupó su papel de hermana mayor,  Belén hizo honores a su alias de niña Puñuy (sueño) manteniéndose en silencio hasta la sobremesa. Donde todas y todos lo celebramos como sabemos hacerlo.
En mi rincón egoísta,  me queda el recuerdo de la felicidad de un domingo más compartido, con el sabor a ternura  que mana de  los cuatro  meses  de vida de Puñuy. Las confidencias de Mayu  intercalada con sus dulces y cómplices besos que me acompaña los días de su ausencia. La caricia  que demanda  atención exclusiva  y  excluyente de mi hija   engreída que no renuncia a serlo, aun cuando   cumpla su función nutricia con un infante en el brazo o compita entiempo con su hija. La calidez y  abrazo  cómplice  de Rodrigo cuando volvemos a quedarnos en núcleo y revisamos lo vivido. La conversa, gracia y cariño de Luz,    las bromas de Pancho, la compañía de mi madre, fuerte, dura y protegida por seres de luz que la rescata de  sus quejas de desvalida y dolencias sostenidas.   
Un día social de reconocimiento a la maternidad, en mi caso, sumó alegría y felicidad a mi tiempo de paciencia, cual placebo compensatorio a mis sentimientos del día previo, donde me anunciaron  debí procesar una nueva intervención en mi tobillo izquierdo. En estos días estoy preparándome para volver a rehacer el proceso que  viví desde el 23 de marzo  -mi primera operación- a la fecha. Disfruto cada  momento de desplazamiento que   experimento desde el 28 de abril, lo real tiene mucho peso en   estos días,  por cuanto espero que comprendan mi retraso en reaccionar al cariño y gestos de amistad por diferentes vías. Hoy dedico menos tiempo a la virtualidad, para vivir y beber lo que es mi realidad, paladeándolo con paciencia y cada vez, menos con impaciencia.

miércoles, 28 de marzo de 2012

CARTA A MANUELA, EXORCISANDO EL DOLOR DE TU PARTIDA

Lima 28 de Marzo del 2012
Recordada Manuela1:
Escribo  esta carta,  porque sé que  allá donde te encuentras, estas libre de muros que impedían tu derecho a la comunicación. El dolor que anulaba toda dedicación a una lectura no existe más, la tristeza por todo lo vivido ya no nublará tus ojos. Sabrás que los sentimientos que me mueven son profundos aun cuando nunca nos conocimos, escuchamos el timbre de nuestras voces o nos miramos en los ojos de la otra.
Entenderás que es tu partida aquella que nos ha conectado por  sobre las dimensiones que nos separan,  provocando tanto dolor que me desborda, abrillanta los ojos, se me escapa por los poros, movilizando  mis dedos para exorcisar estos sentimientos y pensamientos.  
Manuela siento tanto dolor como impotencia  por ti,   por mí, por las mujeres que precedieron y las que nos suceden. Por todas las manuelas del Perú, América Latina y el Mundo. Por aquellas que diariamente mueren sistemáticamente asesinadas por un sistema que nos dice como vivir y cuando morir a nombre de la vida y el derecho del neonato.
Un sistema que  no precisa ¿Cómo  te sobrevivirán?  Aquellos que te aman, las que se te parecen y las diferentes que se reconocen en ti. Mujeres   que tienen como particularidad,   el periodo y lugar en el que les  toque  reproducir tu   historia, porque a pesar de las políticas de equidad e igualdad, los objetivos del milenio y los “N” convenios internacionales a favor de los derechos de las mujeres, seguimos siendo ciudadanas de segunda categoría, semi- humanas,  poco menos que discapacitadas mentales para decidir sobre nuestro cuerpo y vida.
Me duele tu vida tanto como tu muerte,  por lo cruel e injusta, a manos  de una ley que nadie te consultó, la cual se elaboró en mayoría sin considerar tu ausencia. Fuiste representada por quienes carecen  de condiciones para juzgarte y experiencia para comprenderte. A tu nombre se decidió que debías parir en su tiempo, sanos y fuertes a todos los hijos que pudieras concebir, sin considerar tu historia: psicológica, fisiológica, genética, morfológica, biológica, social, económica, educativa, prácticas y costumbres.
Los mismos que hicieron las leyes, las promulgaron y derivaron para que se implemente, sin que en algún momento su “brillante coeficiente intelectual y el poder que les diste con tu voto”,  fuera asaltado por la prospectiva de casos excepcionales como  la perfección de la especie humana que desecha espontáneamente las concepciones inviables. Sabiduría ancestral, por el que se recomienda a toda gestante,  no divulgar un embarazo hasta que el neonato  supere  los tres meses de gestación.
·         ¿De qué modo quedó  registrada tu muerte legal y bajo qué principio religioso se celebró tus exequias?
·         ¿Habrá alguien que recupere el proceso de tu calvario y se anime a escribir para que tu sufrimiento y muerte no sea en vano?
·         ¿Cuál de los personajes políticos hizo de plañidera en tu sepelio y cuál es el programa de los medios de comunicación que hoy se ocupa tanto de tu muerte mientras en tu vida hizo campaña para condenarte?
·         ¿Acaso fue tu epitafio: Aquí yace  Manuela, cuyo útero se reveló a la prohibición del  aborto bajo cualquier circunstancia…?
·         ¿Cuál es el principio ético y moral bajo  el cual se te torturó y desconoció tu condición humana condenándote a un largo padecimiento hasta morir? 
·         ¿De qué modo contarán los cuentos sobre ti a las nuevas Manuelas… Alguien te recordará al cabo de algún tiempo?
La ofuscación que produce el poder de los ausentes y la impunidad del silencio, obvió  la previsión de la tipificación del delito para los/as responsables de tu muerte, sumándose tu caso a los miles de casos de Manuelas en el mundo que mueren a causa de la mitad de la humanidad que decide sobre la otra mitad. Manuela perdiste no sólo la vida, también tus huellas pronto serás  parte de un porcentaje.  
Aun cuando sienta tu tristeza y perciba tu sufrimiento en cada una de las Manuelas que siguen tus pasos, no cuenta, porque este carta   llega tarde como para consolarte, tampoco será leída por otras manuelas que podrían revelarse. Y para quienes hablan en tu nombre y el mío, es inexistente, porque  tú o yo no contamos, salvo en elecciones  sea para justificar tu muerte o remover tu recuerdo y martirio. Jurando y perjurando que te harán justicia, repararán a tus deudos aunque ello no permita resucitarse, construirán un monumento o mejor un museo que sea imagen simbólica: “Ninguna Manuelas mártir a nombre de un neonato expulsado por un útero”.

viernes, 23 de marzo de 2012

DESTIEMPO

Cuantas veces al día insistimos hacia adentro que no tenemos tiempo. De tanto repetirlo no sólo estamos convencidas/os, también lo expresamos para establecer nuestras relaciones y el decreto en el devenir de nuestro día a día.
Todo es urgente antes que contemplar el brillo del verano o la lluvia de invierno, el vuelo de un ave, despertar de una flor y revoloteo de mariposas en primavera. La madurez de un fruto o desprendimiento de hojas en otoño.
Nos falta tiempo para advertir un rostro, descubrir su estado, tomar la mano que se extiende o dejarse abrazar de amor espontaneo. Menos aún mirar el fondo de otros ojos porque causa espanto, es preferible contemplar viejas o nuevas fotos inertes.
Estamos tan urgidas/os, que dejamos de disfrutar la textura que da contenido a nuestro sentido del tacto, privando de su sabiduría para distinguir la suavidad o firmeza de aquello que nos rodea o persistimos en rodearnos sin valorarlo.
El tiempo ha huido de nuestras vidas haciéndonos esclavas/os sin-tiempo sin disfrutar cada día como si fuera el último o entregarnos al misterio de la noche, que suele entibiarse o iluminarse según la compañía.
Nos hemos desprendido de los placeres que unen placeres, como el aroma inconfundible del café recién pasado, mientras compartimos planes que tenemos entre manos para el nuevo día o los hechos de la jornada agotada.
Pese a correr siempre llegamos tarde y olvidamos la sonrisa porque explotamos el tiempo adicional crispándonos por justificaciones para no quedarnos en el lugar de paso, reiterando nuestro destiempo en el nuevo destino, que se reedita como nuevo tránsito.
Nuestro tiempo dejó de serlo, quedó atrapado en la voluntad de un chofer, la mala práctica de un servidor público, el abuso y uso de nuestros derechos, la amnesia de nuestras obligaciones, el olvido de la gratitud cual mueble desvencijado.
En una era digital y simultánea. Extraviamos mensajes sensibles en la red, olvidamos de agradecer con sólo un Ok, enter o respuesta automática el dato valioso que nos hacía falta, mientras hacemos leña con quien nos imita.
Seguimos tan atrapadas/os que tenemos cuatro correos, el faccebok, tweeter, skayp, hai five, youtube y todos los enlaces, mas no tenemos tiempo de leer el mensaje ajeno, mientras enviamos “N” mensajes para que otros nos lean.
Algunas/os que dejamos crecer nuestro ego hasta la capa de ozono, asumimos que somos fuente y no destino al punto que ante una necesidad llamamos al “contacto” que en algún tiempo fue amigo/a descubriendo que es su misa de mes.
Nos cuesta creer que tantos amigas/os tuvieron tiempo de saludarnos en el cumpleaños o solidarizan con nuestro duelo, mientras nos arrepentimos por ser tan distraídas/os cuando confundimos fechas, obviamos llamadas y omitimos gestos.
La enajenación del tiempo ha significado renunciar al diálogo cómplice o reanimador. La llamada oportuna o carta a atesorar. Mordazmente contrastado con las posibilidades de interacción que promete el audio y virtualidad que que  exhibe nuestra angurria.
El tiempo es el mismo de nuestros ancestras/os que lo vivieron y bebieron mientras nos heredaban todo aquello que hoy es nuestro orgullo y maravilla, está compuesto por segundos, minutos, días, años, posibles de abstraer sin extinguir.
Hoy que contemplo al tiempo con esa majestuosidad que da la quietud, puedo comprender qué fácil es estafarnos a nosotras/os mismas/os, cuando a nuestra pereza o decrepitud de relación humana le llamamos falta de tiempo.
Depende de cada quien vivir o beberlo, para su buen uso, asistencia de herramientas que la maximicen su calidad o ensordezcan al alma y discapacitarnos voluntariamente de nuestra condición humana, cultural y social.

jueves, 22 de marzo de 2012

8 DE MARZO: RADICALIZANDO LA IGUALDAD


He recibido muchos mensajes de felicitación por el día de la mujer, invitaciones y algunas reflexiones que suenan mas a arengas y porque no, algunas anotaciones interesantes, inclusive tuve llamadas de amigos extraviados que no sabían si felicitarme o no por el día de la mujer en medio de un estado de inmovilidad física.

Estuve tentada de aceptar lo que llega como y por donde viene, acostarme temprano porque he de madrugar para estar puntual en mi cita médica -inusual en mí ritmo que une la noche con la madrugada-. Por ello preferí hilar algunas ideas para agradecer colectivamente a todas/os por los buenos deseos, puesto que ellos ensanchan las buenas vibraciones del universo y avanzar a mi modo en la reflexión a cerca del contenido del día de la mujer.

Algunos avances

Que el 8 de marzo haya dejado de ser una fecha de importancia sólo y entre mujeres, es en sí mismo un indicador de avance, porque es un pretexto para mirar no sólo con ojos de mujer sino también de varón el largo trajinar de las mujeres por alcanzar una vida digna y con igualdad de derechos como seres humanos que los hombres sin por ello renunciar, ni hacer que ellos renuncien a las diferencias, puesto que es la variedad aquello que sigue hermoseando la convivencia entre los seres humanos y también otros seres.
Nos permite vencer nuestro egoísmo cuasi innato de especie, para a aceptar y amar a otro ser con sus virtudes y defectos, con sus dones y límites, en sus altas y bajas. Pero principalmente hacer juntos un mundo mejor donde es bueno vivir e invitar a vivir a otros seres que vienen a través de uno.

Distorsiones

En una sociedad neoliberal como la nuestra y donde el libre mercado campea -a nivel global-, en tiempos donde todo se vende y compra, todo tiene precio y se exhibe, quedando escaso espacio para la privacidad e intimidad. Sin duda que un día simbólico referido a la mitad de la población se torna en mercado apetecible para la transacción.

Poco a poco vemos que el 8 de marzo, día de conmemoración a la lucha y muerte de muchas mujeres por lograr el respeto de su sus derechos y el de sus congéneres por su condición humana a lo largo de muchos siglos de la historia humana, se va transformando en fecha de celebración, ergo pretexto para el consumo requerimiento de obsequios.

En el terreno político donde el costo / beneficio se mide por el rédito político que hace elegible a los(as) autoridades políticas y el reconocimiento populista a las autoridades, se inventan las gratificaciones. Premiando grotescamente a una, en representación de innumerables mujeres aquel acto desplegado que suman fuerzas e imaginación para salir de la pobreza, inventarse formas de subsistir bajo condiciones extremas, arrancan al sistema los resquicios de sus defectos para sobrevivir un día más, extender el padecimiento de una enfermedad terminal hasta donde el cuerpo resista, morir una y otra vez por inacceso a servicios públicos, atención, protección y cuidado.

Y las mujeres, que desconocen no sólo la historia, contenido y sentido del ocho de marzo, se felicitan así mismas y exigen felicitaciones por ser mujeres, como si tener un sexo diferente al varón requiriera celebración o los roles y prácticas socialmente designadas y asumidas por las mujeres, requirieran festejo.

 Dificultades

Existen muchas dificultades desde las más inadvertidas, como el hecho de una equidad políticamente correcta en tanto persiste, la idea y práctica de abuso, explotación, maltrato, subordinación y marginación de las mujeres por el hecho de serlo en diferentes etapas de su ciclo de vida.

Un periodo de enormes transiciones que se producen en la aldea global respecto al acceso, participación y uso de la oferta del merca por las mujeres nacidas afines del siglo pasado e inicios de este nuevo siglo, que son mujeres con derechos adscritos, en tanto las prácticas y el pensamiento sigue siendo principalmente androcentrista, dualista, heterosexual e inequitativa en la práctica respecto al acceso y uso de esos derechos, teniendo como sus principales guardianes de su permanencia a las distintas religiones, el sistema organización familiar hterosexual con el poder centrado en el varón, instituciones conservadoras a cerca de las práctica y costumbres sostenidas en la ideología patriarcal.

Las mujeres especialmente jóvenes y en edad de reproducción son estimuladas públicamente a ejercer sus derechos, sin embargo ese mismo derecho le es restringido en el espacio privado, por la familia, las costumbres la pareja; y en el espacio público, el acoso, la agresión y violación. El acceso a la educación y el trabajo amplia las aspiraciones, competencias y capacidades de las mujeres, que reducen las condiciones de ser sujetos de sometimiento y control, sin embargo esa misma condición se transforma en su principal fuente de vulnerabilidad porque estimula a un pensamiento patriarcal, machista y androcentrista a acabar con la fuente que amenaza y desestabiliza su poder, en este caso la libertad y rebeldía de la mujer, transformándola en objeto de violencia principalmente de su pareja, candidata o víctima de feminicidio.

Por tanto, la principal dificultad está en la idea de igualdad, satanizada por quienes argumentan que las mujeres compiten con los hombres para ser igual a ellos generando rechazo, resistencia y nuevos mitos. Flameada como bandera, niega la diferencia inclusive entre las propias mujeres, por ende, termina siendo peor el remedio que la enfermedad.

Extremada y distorcionada la idea de igualdad con clonación (literal y lineal), se transforma en insulto a la inteligencia e imaginación porque es como mirarse así misma(o) en un espejo o convivir consigo mismo en medio de una multitud con todo el peso de sus implicancias. Para los(as) enemigos(as) de la igualdad de derechos y obligaciones, es sinónimos de la grotesca parodia de intercambio de sexos.

Apuestas

La igualdad a la que aspiramos algunas mujeres, de ningún modo está reñido con la diferencia y la diversidad, todo lo contrario se inspira y bebe de ella para plantear acceso a igual oportunidad social, política, económica, cultural para todas y todos, así como estar en condiciones de ejercer el libre albedrío para ser lo que queremos SER. Sin que ello esté mediado por restricciones de pertinencia a un sexo hombres o mujeres y a un molde único sin reconocer las diferencias tanto al interior de los hombres como de las mujeres. La historia ha demostrado que por ese camino llegamos a ser únicamente desdichadas(os), si no calzamos con la idea de “ser mujer” o “ser hombre” al que sólo accede un pequeño sector.

La igualdad por la que apostamos muchas mujeres, es aquella que provee derechos sexuales, ciudadanos, económicos, culturales y políticos por nuestra condición de ser humanos donde no exista espacio para ningún menoscabo bajo el pretexto de nuestra condición de ser mujer. En la medida que estos derechos tengan peso distinto para mujeres y hombres o para algunas mujeres y otras no, se transforma en puerta de ingreso para su correspondencia con otros determinantes como edad, idioma, raza, creencia, opinión, opción sexual que justifiquen la existencia, permanencia y reproducción de situaciones atentatorias a la dignidad, el cuerpo, la libertad y la vida de las mujeres, y a través de ellas a todos quienes son parte, para retornar cual bumerán a la misma sociedad.

Retos

Cuesta mucho pensar a mujeres y hombres, en relaciones mediadas por la igualdad, en el esfuerzo que cada una(o) ha de colocar en las relaciones interpersonales, en una sociedad con hombres y mujeres con igualdad de derechos respetando sus diferencias, porque nos hemos construido con una serie de prácticas que nos acomoda inclusive cuando proviene de la incomodidad. Es más conocido y por tanto menos temido el modo de relacionarnos a través de la imposición, manipulación, fuerza, poder y abuso que producen aparentemente beneficios para unos y perjuicios para otros, pero misteriosamente persisten unidos y se retroalimentan inexplicablemente.

Nos consterna mirar cada día titulares que absorben a los medios de comunicación, cuya crueldad y aberración pone en cuestión no sólo la lucha de las mujeres sino las contradicciones de una sociedad como la peruana y un planeta como la tierra donde a la par del desarrollo en la tecnología y la ciencia, nuestras prácticas no tienen mucho que envidiar a épocas arcaicas en que la pugna terminaba con el exterminio del oponente.

Sin duda hay mucho que reconocer a cerca de los avances y el destaque de las mujeres en este nuevo siglo, sin embargo aún queda por valorar su aporte en la modificación o re-afirmación de relaciones que se ha concentrado sólo en medidas de equidad y/o exclusión mientras queda en paréntesis otras dimensiones.

Radicalizar la Igualdad

Al Radicalizar la Igualdad también damos contenido intrínseco a la Libertad, pero la libertad en todo su significado, nos obliga a hacernos cargo  de nosotros(as) mismos(as), sin espacio para ocultarse tras el rol socialmente atribuido o la espera del héroe o príncipe para salvarnos de nosotras mismas. Implica que la división del trabajo no necesariamente es de producción o reproducción sino de producción y reproducción. Y que no necesariamente sólo la mujer puede y deba hacer el trabajo reproductivo o sólo el varón el trabajo productivo, habrán tiempos y/o condiciones que llevará a la pareja a buscar el mejor acuerdo, valoración y respeto por el rol que le toca al otro.

Significa que necesitamos de un profundo cambio tanto en mujeres como varones, para percibir y valorar roles tradicionalmente estigmatizados y devaluados. Cuando nos toque estar en el zapato del otro(a), porque nos quita del refugio donde justificábamos nuestros fracasos, para no enfrentar y vencer nuestros miedos día a día. A las mujeres nos empuja, reconocer nuestras fortalezas y barreras auto-construidas cual cerco, so pretexto de los otros, para sacar a flote las capacidades encubiertas.

La libertad entendida como capacidad para ser y hacer, nos arroja a enfrentar nuestros espantos y temores, a reconocernos que podemos ser el ser subliminal que todos esperan o superar a la mayor tirana que se esconde en el fondo de nosotras, que nos hace manipuladoras y controladoras, con eficiencia para reproduciendo las pautas, códigos y mecanismos de poder existente. Es más exigente y cuesta mucho, ser parte de procesos, acompañar y facilitar la libertad de los seres que son las hijas y los hijos, repensar y ensayar nuevas prácticas sin morir en el intento. El miedo que nos paraliza puede también a empujarnos a ser nuestra propia antítesis.

La libertad para mujeres y hombres, pero principalmente para mujeres que tienen miedo a la libertad, es el reconocerse como principal responsable de su SER, desde donde tiene la obligación de leer el contexto que la rodea y si no es bueno para ella tampoco lo es para conjunto o viceversa. Es tomar conciencia y asumir compromisos, correr riesgos, establecer relaciones basadas en el respeto, igualdad de trato y expectativa similar, haciendo ejercicio de mi derecho que termina donde se inicia el derecho del otro/a. Cuando me hago cargo y no dejo más el encargo de cambiar el mundo a partir de mi propio mundo e impedir que fenezca.

Una libertad radical es lo que tenemos en el horizonte, porque aun cuando mucho hemos trajinado, poco hemos echado a andar esta revolución de cambios que no se imaginaron nuestras ancestras que tuvieron como reto pelear por cada paso.

Por un paso dado se abren nuevas brechas, las barreras siguen creciendo al interior y fuera de las mujeres, porque el cambio significa, cambio de todo un sistema social, las formas de relación y prácticas de poder.


Pueda que estemos en una nueva era y ello este más cercano, por cuanto la resistencia es mayor y el endurecimiento de los factores en contra de las mujeres son extremos, hoy podemos asomarnos y analizar en detalle el horror de los hechos, pero no podemos contrastarlo con el pasados porque carecemos de registros, en la medida que su práctica era tolerada y asimilada como propia y pertinente.

sábado, 25 de febrero de 2012

MI PIE IZQUIERDO, NOVENO Y DÉCIMO PRIMER DÍA

Son diez para las ocho de la noche e ingresé al quirófano. Es mi  primea vez,  sólo había visto operaciones  quirúrgicas de película, cerrando los ojos o haciendo  zapping cuando mostraban escenas crudas o de humor negro. Estoy sobre una mesa verde y me dejo llevar por las olas de la mar de Pozo de Lisas, el sol brilla mientras un rostro desde el infinito me sonríe.
Todo lo vivido en estos once días, sin duda es capítulo aparte, pueda que me anime a escribir cada dimensión en algún momento.  
Aquí trataré de volcar, los signos y hechos que anteceden la situación actual, aquello experimentado en el momento del accidente, el hacerme consciente de mi condición y estado hasta la consciencia de ser una paciente. 
El papel de mis ángeles, arcángel, sanador/as, hadas madrinas.Las caras y adversos de la amistad. La percepción de cada día vivido y compartido  desde mi inmovilidad animada.


Convivencia entre la inmobilidad

En la habitación para tres camillas de la clínica donde fui a parar tras mi accidente, hacia mi lado izquierdo se sucedieron tres compañías en once días, una a una, con sus redes, ritos, mecanismos y prácticas para moverse en el sistema de salud contra accidentes. Primero  una mujer mayor que sobrevivió a ser arrastrada por un micro,  luego dos mujeres jóvenes alrededor de veinte años,  una detás de la otra. La primera por gastritis aguda y la segunda sobreviviente de un accidente interprovincial. A mi diestra  estaba Kattya también de veinte años, a quien encontré y dejaré al salir de alta, también por accidente de tránsito, cuya compañía me permitió transitar una experienci en manos de las/os trabajadores de la salud, con quién logramos sincronizar nuestras necesidades y estados de vigilia.

Aquello que me faltaba de gestos provenientes  del sur hasta antes del accidente, lo he hallado en estos días aquí, completamente detenida a través de la compañía, el drama y las extensiones de mis compañeras de cuarto. En esta otrora habitación exclusiva de la Clínica Internacional que hasta fines de los noventa del siglo XX fue sede de la embajada de Estados Unidos.  
Sigue siendo anónimo, un señor mayor golpeado en la cabeza, salió de alta al segundo día de mi ingreso donde estaba dopada. He tendido nuevas redes con Sara Flores, Pamela López y su abuela Isabel Cuadros, procedente de Huamanga que viene a animarla. Pamela es una de las víctimas del choque de Cañete entre un bus de Soyuz con un tráiler, que por milagro y no otra cosa, sufrió una herida en una pierna con los vidrios de una ventana, aun así enfrenta cirugías exigentes, su novio que venía a su lado murió en el acto. Kattia Chauca Salazar  -hasta podría ser mi pariente por eso de los apellidos-, fue atropellada por un camión a inicios de febrero, tiene una herida expuesta, ha experimentado tres cirugías y tiene pendiente otras. La visitan su joven esposo, una señora que yo creía su madre, era su suegra. Me contó que su madre era migrante de Tingo Maríay su padre de Huánuco, a quienes nunca vi en los días compartidos.

Kattya
El 14 de febrero del 2012 adquirí mi condición de víctima en un accidente de tránsito, cubierta por  un sistema de Seguro Obligatorio contra Accidentes de Tránsito (SOAT), por esa magia de los milagros me condujo a una clínica y no a alguno de los hospitales públicos, de haber sido lo contrario,  seguramente serían  otros los resultados que contienen  este registro. Hasta el momento puedo afirmar que la atención obtenida en mi condición de impedida y paciente no tiene nada que envidiar a lo logrado en las clínicas más costosa que pululan por toda la avenida el Polo,  cuya ubicación seguramente hubiera facilitado la fluidez de ese lado de mis amistades, quienes  una a una se excusaron por la distancia. Algunos enfermaron parientes, otros celebraron contratos impostergables, las más oraron y me desearon mejoría, seguro que Dios atenderá sus plegarias porque van a misa sin falta,  colaboran con toda obra de caridad y sus diezmos son los más notables, pero sobretodo, me aman mucho si estoy feliz, disponible y aporto a sus proyectos.

A ellos se han sumado los saludos de mis colegas y amigos/as académicos, políticos/as, militantes de las calles,   que por  vacaciones disfrutan de alguna playa al sur o norte, encontrándose demandadas/os de tiempo como para darse el trote de manejar hasta el centro de Lima en medio de un verano infernal como este. Pero siempre hay excepciones, esas ha sido marcadas por mis dos amigas del Grupo X, mostrado que ante impedimentos, cuento con tres de cinco vértices unidos, eso es bueno, te permite distinguir con quien te diviertes y con quien sufres.

En el mundo de las objetividades y las simbologías,  en estas cosas como en todo hecho social  uno tiene que ubicarse. Un impedido(a)  físico requiere de buenos deseos, puesto que es el paciente quien únicamente padece el proceso de una situación como esta. Por ello se explica que haya sido desbordada de hermosos mensajes, PPT y por supuesto de muchas flores que he debido compartir con otras habitaciones, era una lástima concentrar tanta belleza en un solo ambiente,  más aun impedir que fluya la intención y buena vibra con  el que venían inspirados. Agradezco a la vida,  por contar con  colegas tan buena onda.
El valor agregado de mi  hospitalización céntrica,  proviene de aquello que ha sido el eje de mi vida -sostenida laboral  y/o voluntariamente-, la formación y compartir con mujeres de la zona norte, este y centro de Lima. Esta situación ha vuelto a reencontrarme con ellas. Anudado lazos de solidaridad como en los viejos tiempos. Con las DesdeNos, su construida sorpresa les produjo más sorpresa a ellas que a mí,  si embargo,  evidenciando que este tiempo compartido ha permitido  fortalecer afectos y amor colectivo.
Y qué decir de mi familia ese núcleo de cinco extendido a ocho, es en este tiempo donde se han estrechado, distendido, esclarecido y fortalecido nuestros lazos, la forma de ser y amarnos como sólo nosotros sabemos hacerlo, hoy más que ayer sé con quienes son nuestros referentes en tiempos de crisis, cuya reflexión, requieren un espacio propio.

Mis ángeles  y arcángel
En este punto provoca concentrarme en el noveno día enlazado con el décimo, que corresponde a mi operación quirúrgica para reconstruir la fractura múltiple de mi pie izquierdo con seis clavos, seis tornillos y una placa de platino.
Escribo para para compartir con quienes se manifestaron y enviaron buenos deseos o han circulado todos estos días mostrándome su amor, animándome y llenándome de energía positiva.  Para quienes no se han enterado, será una forma de estar informadas(os)  para cuando volvamos a hallarnos, toquemos otros detalles y no los de este tiempo.  Especialmente para quienes me animan a escribir,  esta es una oportunidad para darles gusto en primera persona.

Nunca antes  había sido intervenida, aun cuando a los seis años de edad,  por majadera, me extrajeron arena del ojo izquierdo que bien pudo ser sólo un tratamiento mecánico, hecho que   impedí exagerando mi dolencia. Registrando de aquello,  la nefasta experiencia en el uso de sedante por la vía oral,  donde te piden que respires mientras te ahogas,  mi primera constatación de la contradicción entre el mandato y resultado.

Ahora que lo pienso, podría hallarse en esta experiencia un hilo  del entramado donde se sustenta   mi rechazo a cualquier tipo de cirugía, aun cuando  he contado con más de una orden imperiosa para ello. Por increíble que parezca para quien se mueve en el mundo de los hechos y la objetividad profesional, mi humanidad cotidiana, permanece impregnada  del espíritu abierto a diversas alternativas de salud. Antes de extirparme algo en el 2003  me inicie en la magnetoterapia a través del cual lo superé, de pasó  me liberé de  otras afecciones crónicas como la gastritis, pero principalmente amplié la tolerancia hacia mi subjetividad  y otras subjetividades.
Volviendo a los momentos previos de mi operación, todo el trayecto del segundo al quinto piso,  fui conducida por dos técnicas,  que a estas alturas, conocían todos mis pudores en sólo nueve días de convivencia mucho más que mi madre. Fuimos acompañadas hasta cerrar la puerta de ingreso al área de cirugía, por un cuarteto de tres mujeres y un hombre: Lucy, Rosanna, Vilma y Rodrigo.

Rosanna,  es aquella amiga que la vida te coloca como al azar, pero que sin duda ha de  estar contigo  cuando menos lo esperas, venciendo sus propias urgencias y emergencias; quien mejor que yo para saber de ellas y resignarme cuando dejamos que el tiempo imponga ausencias  o contrariamente, disfrutar al máximo compartires entre periodo y periodo, ocupando un completo fin de semana, donde construimos miles de proyectos para desaparecerlos cuasi inmediatamente que tomamos propios rumbos. A Rossana me une, no la ideología, tampoco el trabajo, los proyectos, la profesión, los  amores, opciones,  espacios coincidentes, barrio, extracción social, etc. referentes usuales de amistad... Ambas estamos seguras que nos une, nuestras vidas pasadas, puesto que ha sido el universo quien nos unió.
Compartimos la condición de ser mujeres parte de dos siglos, nuestra renuncia temprana a ser víctimas o victimarias, la posibilidad de reírnos de nosotras mismas, el modo de reconocer errores y aciertos, dándonos la mano, animándonos donde termina la fortaleza de una y empieza la capacidad de la otra.  Sin medias tintas ni ambages, pero principalmente sin intentar cambiarnos una a otra, sin perder el interés en  la opinión de la otra. Aceptándonos, reconociéndonos, valorándonos y respetándonos tal como somos.  Condiciones suficientes  como  para   hacerse parte de este momento conmigo, sin esperar yo y prometérmelo ella.

Lucy, mi hermana menor,  sintetiza esa identidad  de mujer que nos cuesta tanto entender, deconstruir  y seguir. Con seis años de edad menor a mí, fue mi primera muñeca –nunca me gustaron las muñecas y mi sabio padre  me proporcionó juegos  que avivaron otras habilidades-, luego mi hija-hermana. Hoy es mi amiga, madre, cómplice, socia, chef predilecta, sanadora efectiva, boticaria surtida, enfermera, administradora, corresponsable del cuidado de mamá, arquitecta, pintora, coordinadora de evento  para animar mi medio siglo. Fiel guardiana de la moral, los valores y ciudadanía comprometida.  Co-madre compartiéndome a su único hijo Rodrigo,  seguro que con su cuota  humana de re-celo pero con total desprendimiento y generosidad que sólo una hermana que se ama a sí misma y te ama bien, puede hacerlo, sin dudar un segundo  de aquello que le corresponde en su múltiple faceta.
Vilma, mi prima hermana paterna, es un símbolo del parentesco que trasciende al linaje. Siempre he creído que uno no elige a los parientes, sólo los acepta, anima, comparte, parte, reparte cada acontecimiento trascendente del ciclo de vida nacimiento, alianzas y funerales. En situaciones de protección a la salud mental,  uno los sitúa como parte del paisaje y el clima, ni lejos que te enfríe o cerca que te quemen.  
Con Vilma  me sucede eso que una sueña de los parientes más sublimados: abuela, abuelo, tío o tía preferida. Donde encuentras refugio, amor, confianza, admiración, gusto y regusto de estar juntas. Con quién no hay secretos, entre nos, la verdad fluye, para creer  y confiar basta nuestra palabra, sin necesidad de mirarnos a los ojos puesto que a veces lo hacemos desde el otro lado del globo. Cuando hablamos lo hacemos hasta recibir la aurora riéndonos a coro o a veces con largos silencios cuando ingresamos a las confesiones. Será porque no fueron nuestros padres quienes se ocuparon de animar este parentesco, sino nuestra propia necesidad de ser.
La conocí dos días después de haber celebrado sus diez y seis años por partida doble. Siendo dos años mas joven que yo, despertó  abruptamente en esa fecha a la responsabilidad de conducir una familia de nueve personas sin más herramientas  que  su experiencia de hermana mayor –desde su tercera posición en la lista-. En mi caso, jugaba a ser madre soltera sin haberme percatado  de ello. Durante quince años nos hicimos mujeres, madres putativas,  ciudadanas, trabajadoras de mil oficios  una al lado de la otra,  enlazando nuestras vidas con tal solidez, que ni siquiera un continente de por medio nos desdibujara. Retornó cuando a su maternidad putativa, la muerte le arrancó un hijo,  volviéndonos a juntar en esas condiciones para aprender a compartir el dolor. Gracias a Dios, que ha decidido quedarse para enfrentar sus propios elefantes blancos.
Rodrigo, mi hijo compartido de diez y siete años, debido a su condición de sobrino, ahijado, asistente, compañero cinéfilo, crítico, interpelador, asesor de compras y consejero financiero. Es el único que puede hacerme desistir de esa tentación  para satisfacer el consumo o dar por dar, recordarme que si una no se ama primero nadie lo hará, que tu calidad de vida redunda  en mejores condiciones de colocarte al servicio real de los demás y no recubrirlos con la doble moral de “labor social con impacto personal”.  Suele ser de tanto en tanto, mi alter ego  y siempre que esto sucede me recuerda el sincretismo de prácticas, valores y relaciones humanas inculcadas por su madre,  padre  y un granito de mi disfrute.
Janet, mi hija,  seguro que estará subiendo las escaleras porque la hora de mi cirugía se adelanto. Cada vez que la veo  admiro en ella esa capacidad para hacer  simultaneidades a mil por hora y acertar, pueda que se deba a la energía de su juventud o la prueba tangible de que una puede hacer que la planificación, estrategia  y eficiencia sea encarnada. En ese sentido debo revalorar mi aporte en organizar sus lecturas infantiles,  invertir año a año en ensayo de proyectos, planificar y llevar una agenda, en tiempos donde no era posible pensar más allá del día siguiente como fueron los noventa. 
Desde sus 21 años que embanderó su libertad, se emancipó económicamente. En,  todos los centros de trabajo donde se ha desempeñado y desempeña la gratifican como la trabajadora del año. Es  asertiva con sus proyecciones, cumplimiento de   todas sus metas laborales, personales y familiares. En estos días de licencia reproductiva,  viene compartiendo su tiempo entre su hogar y mi emergencia.  Atendiendo necesidades de cuidado especializado de una bebé sesimesina, el duelo de la hegemonía de su hija mayor con cinco años, una pareja silenciosamente demandante, a los  que ha sumado estos once días de seguimiento a mi estado, postergando su aun  frágil  estado. Me  antecedió con una doble  fractura también del tobillo izquierdo en pleno estado  embarazo, cuyo impacto la colocó ante un parto prematuro y de alto riesgo próximo a navidad. Todas mis amistades que han coincidido con ella en este tiempo  y espacio, celebran su fortaleza y estado,  significando que bien ha aprendido a superarse a sí misma.
Estas personas que he tratado de dibujar brevemente, fueron mis ángeles y arcángel acompañándome ante el episodio que intento registrar,  para exorcizar   mis demonios y reivindicar a mis seres de luz que han circulado y permanecido junto a mí en el día a día.

La Tetraktys y sanadores
Rosanna se coló al ascensor sosteniendo mi mano, Lucy, Vilma y Rodrigo nos ganaron por la escalera, me abrazaron, besaron y animaron hasta que la puerta del área de operaciones se cerró tras la camilla, aún así me pareció ver un destello brillante en los cuatro pares de ojos, no quise mirar más,  como no quise hacerlo luego del segundo siguiente del accidente, al ver el muñón de mi tibia y pie izquierdo colgando, pueda que esta vez no me salga el quejido de ese momento y si las lágrimas que me faltaron.
Entre el pasillo y la sala de operaciones esperamos quince minutos, tiempo donde pude percibir la humanidad en apuros de Jenny, la técnica que me conducía, quien no había tenido un espacio para vaciar su propia vejiga, urgida en atender  a nuestras cuarenta y cinco vejigas del segundo piso. La salvo del accidente inminente, dos médicas jóvenes que revisaron en detalle cada punto y documento del protocolo, insistiendo alrededor de mis alergias y probables causales de riesgo quirúrgico. Haciéndome pensar y dejar de sentir, advirtiendo que estaba rodeado de una numerología recurrente de diez, la tetraktys, la nueva unidad.
Introdujeron mi camilla de cabeza, a la sala de operaciones propiamente dicha, miré hasta donde alcanzaba mi visión  de cúbito dorsal,  una posición también nueva en mi vida,  permitiedo concentrar mi foco de atención al cielo raso de todo espacio por el cual me despazaban, ese que pocas veces  tomamos en cuenta, salvo si nos hallamos a campo abierto en  una noche clara de verano o en las alturas de los andes cuyo cielo tachonado de estrellas impide que lo ignoremos.
Miré una habitación  verde con techo blanco donde destacaban grandes reflectores circulares, a  mi izquierda, una mesa estándar también verde. Tan pequeña cuasi de medio metro de ancho y dos de longitud. Un espacio donde quepa todas las humanidades independientes de quienes son, de donde vienen, por qué razones y urgencias. 
Esa mesa me hizo reflexionar que en verdad, son muy pocas cosas  las que necesitamos cuando estamos en situaciones extremas,  como  había sucedido en esos nueve días con mi vida: un espacio de tres metros cuadrados, una camilla menor a una plaza de ancho, con ruedas  y rejillas –que importante se me ha hecho una cama cuna en mi medio siglo de vida-, la mesa de noche,  una silla y mesa graduable de una sola pata que sirve de comedor, lavadero y escritorio desde donde registro en este momento.
El valor de todo lo tangible a que un(a) ciudadano(a) de la aldea global aspira, se estresa y destroza en una vorágine de  ansiedades: casa, departamento de playa, casa de campo, carro, piscina, club, banco, oficina, mejor si avión o isla particular, dejan de  tener sentido. Y los que se tienen como centro lo intangible: la gloria, fama, éxito, distinción, poder y por decorado lo tangible. Todo ello se difumina, cuando nos miramos descarnadamente ante nuestra humanidad impedida. Aflora en este estado todo lo que somos, necesitamos y transformamos física, biológica, fisiológica, social, cultural, simbólica y espiritualmente.
Me rescató de mis cavilaciones la voz de la médico asistente, pidiendo  autorización para iniciar el procedimiento al "mejor anestesiólogo del país", el Dr. Rodolfo Díaz Espinoza, a quien no podía distinguir porque estaba hacia mi cabecera. Con su autorización y mi propio desplazamiento auxilada por mi pie derecho,  fui trasladada a esa pequeña mesa de cirugía donde las películas policiales y de criminología  muestran cuerpos inertes.

Observé sobre  mí, los reflectores más  potentes de la habitación. Bajo mi cuerpo sentí la dureza y frialdad de una  camilla cual altar de piedra para ancestrales ritos de sacrificio. En la pared del frente un reloj circular de los años cincuenta de un siglo que ya no existe, marcaba diez para las ocho, añadiendo un diez más a los cuatro que descubrí en el trayecto. En la superficie de una mesa  angosta muchos frascos ennegrecidos, ámbar, blancos y azules. Hacia el lado izquierdo debajo del reloj, un botiquín añejado, testimonio del tiempo de existencia del edificio y sus usos.
Intenté mirar hacia mi derecha e izquierda, las dos jóvenes mujeres me lo impidieron, una a cada costado. La de mi  izquierda tomó mi mano y la estiró, percatándome que en esa camilla a modo de altar de vida y muerte había dos extensiones donde los brazos descansaban, dibujando la imagen de un cuerpo crucificado. Nunca pensé que de este modo  reeditaría el suplicio de  Cristo en propia versión y formato femenino.
Mientras la doctora me conectaba a una serie de cables, se aproximó la voz del Dr. Díaz, finalmente pude verlo vestido de verde. Una desconfía siempre de los anestesiólogos, por el rol particular que juegan en cada caso exitoso o fracaso de intervenciones quirúrgicas. El no era la excepción lo miré y como respuesta me preguntó de golpe a cerca de Ilo, retomando el origen de mi alergia a la penicilina, que horas antes  anotó.

Ilo un nombre  de lugar  que en ese instante fue mágico mostrándome que cerca podemos estar de personas aparentemente tan extrañas y desconocidas. Esto sucedió entre ambos, con una década de diferencia, teniendo como marco,  esa pequeña caleta de pescadores que él conoció en los ochenta y el pequeño pueblo pujante donde yo viví, durante el primer quinquenio de los noventa. Mientras me colocaba la anestesia intravenosa, descubrimos que vivimos, bebimos, degustamos, disfrutamos  y recorrimos los mismos lugares coincidiendo en preferencias. Hablamos de los frutos del mar disfrutados en el mismo restaurant, quien sabe si en la misma mesa, aquella que te permite ver el horizonte azul y enormes barcos que día a día se llevan el cobre y la plata del Perú, mientras explotan en tu boca cada bocado de dioses.
Personalmente tengo limitada preferencia de alimentos marinos, sin embargo en Ilo, descubrí las distintas formas de  apreciar cada uno de sus platos gourmet estilo pueblo marino. A cocinar el fresco y barato lenguado que en Lima del siglo XXI supera los cincuenta nuevos soles el kilo (18 dólares), mientras que en Ilo, durante mil novecientos noventa y tres al seis, podía adquirirse uno mediano independiente del peso, a cinco nuevos soles (1.8 dólar), inspiándome en mis pininos de parrillas, salados, horneados y sudados. Nunca me atreví a hacer ceviche, porque justamente soy exigente, sólo me animo con el mejor y estaba más que segura  que haciendo ceviche era perfecta degustadora.   

CEOP Ilo
Recordé aquel muelle, uno de los pocos al  que mi olfato toleraba  en sus aromas marinos, no tanto porque fueran menos intensos,  sino porque mi  olfato quedaba en segundo lugar al ser atrapados mis otros sentidos por el festival marino en que se transformaba la interacción extraordinaria de hombres, mujeres, pelícanos, gaviotas, patos, grullas y lobos marinos. Siempre me asombraba el modo mágico que convivían, se movían y relacionaban. Algunos hombres se quitaban con los pelícanos el manojo de peces que llevaban consigo, mientras le increpaban su pereza para pescar por sí mismos, otros en cambio, los trataban como a cachorros, en tanto  que   las  mujeres los espantaban al mismo tiempo que engreían.
Un espectáculo propio correspondía a aquel lobo marino del muelle, distinto a sus congéres de Punta de Coles, quienes  ante la presencia humana se desesperaban y hasta despeñaban. Este tenía unos ojos de perro chihuahueño,  marrón oscuro y enorme, con unos bigotes largos  que agitaba cada vez que se acercaba a alguien. Con su lento desplazamiento movía sus más de cien  kilos, de un lado al otro a lo largo del muelle esperando la ración que cada expendedora le proporcionaba.
La voz del Dr. Díaz me alejó del muelle para juntos recorrer las playas del norte, de su fracaso de pescador, el papel de su mentor médico Julio Díaz Palacios, en tiempos donde aquél dejaba de serlo para transformarse en el primer  alcalde de Ilo. Hablamos de Rosa Pacheco a quien ambos conocimos, que fue mi enlace y espejo a través de quien me aproximé a esa realidad.  Prontamente en esos diez minutos similar a una consulta médica en el seguro social, me encontré con esté medico que acompañaría mi operación,  a manos de quien quedaría  mi halito de vida  y cuerpo  inanimado.
Cuando se aproximó el cirujano Pablo Chávez, ya había abandonado mi rol de una paciente inerte y pasiva, al punto que subraye: "No se olvide que se trataba de operar mi pie izquierdo y no el derecho". Sonrió y comprendí que me vio dueña de la situación asegurándome que todo saldría bien. Será por eso que cuando la conciencia empezó a ceder y emergía mi inconsciencia, les dije a ambos que me dormiría mecida por las olas de la mar de Pozo de Lisas y la inmensidad del amor de Dios como la mar.  Así sucedió… me vi mecida por esas olas azules, frías y transparentes mientras el sol brillaba fuerte como suele hacerlo en este tiempo  y miré el firmamento hasta creer que vi el rostro sonriente de Dios y me dejé llevar en paz.

El calor humano cual hálito de vida
Una voz femenina me llama:“Señora la operación ya terminó, todo salió bien”. Siento algo en la boca, una presión en el pecho, intento toser y ella me dice: “¡Empuje con la lengua!”. Así lo hago, es un tubo que extrae de mi boca. Despierto a ese dolor que me invade y trae de golpe la consciencia. Los sentimientos suelen ser inexplicables, porque cada quien los vive única y personalmente. En este caso, mi dolor se concentraba en mi pie izquierdo y se apropiaba de todos mis sentidos.

Había olvidado aquel dolor del  momento de la fractura, mas  ella volvía a mí para invadirme, extendiéndose a todo mi cuerpo. Un dolor semejante a ese que uno padece en el preciso momento de la mayor flexión que se produce con una torcedura de pie, sólo que en esta oportunidad, ese dolor lacerante, punzante y que te doblega. Lo sentí constante, creciente, invasivo. Con voz dolorosamente ronca alcancé a decir: “¡Me duele!”. La voz de mujer me dijo: “Del  uno al diez  ¿Cuánto le duele?”. ¡No sé porqué dije ocho y no diez!, pueda que esperara un  dolor mayor.  Me dijo: “No se preocupe, ya va a pasar,  acabo de colocarle este analgésico que poco a poco la aliviará”. Abrí los ojos y mire a lo alto una bolsa de suero y analgésic, conectada a mi brazo izquierdo y sentí una nueva presión en el lado derecho. 
Pasee la mirada hasta donde me permitía mi posición de inmovilidad,  al fondo izquierdo había un reloj que marcaba diez para las doce, había estado inconsciente cuatro horas. A mi costado derecho sobre una mesa similar a la que me colocaron para la operación estaba el cuerpo desnudo de un  hombre con vendas sangrantes. 
Lo miré y sentí  frío, mucho frío, por mí, por él. En ese instante me percaté  que   yo estaba sombre mi camilla. Un pito empieza a sonar, siento una mano que me frota  el brazo mientras me dice: “¡Señora respire!… ¡Respire profundo!”. Intento respirar, recordar mis sesiones de meditación y relajamiento, pero cuán dolorosamente difícil se me hace.
Empecé a respirar profundo, intentando distraer mi mente de aquel dolor que no había disminuido un ápice. Inspiré y expiré, me dolió el pecho mientras oí mi voz tan extraña diciendo: “Tengo frío”,  sentí un nuevo peso como de una madera sobre mi cuerpo y una voz me dijo: “¡Ahora estará mejor, respire, no deje de respirar!”. Nunca imaginé que costara  tanto respirar,  pensé que si me concentraba en  respirar, el dolor  se alejaría,  lo hice una, dos, tres… y creí que había alcanzado un ritmo, pero vuelve a sonar el pito,  la voz está vez distante, desde algún lugar de la habitación exclama: “Señora respire, respire, no puedo estar con usted todo el momento”.
Nuevamente me esfuerzo por respirar,  vuelvo la mirada al lado derecho y logro sentir mi brazo, aun cuando no podía mover ningún músculo. No había nadie, intenté mirar al frente y sólo vi una línea blanca, adiviné una camilla en el pasadizo a punto de salir. Mas adelante, sabría que se trataba de Kattia mi compañera de cuarto, quien fue programada para las once y debió esperar hasta la una de la mañana,  porque se antepuso una emergencia a su intervención. Moví la cabeza de un lado a otro y el pito sonó otra vez. Me dije a mi misma: “No soy yo,  estoy respirando”.  La voz se acercó y logré ver su rostro, era una joven delgada, con lentes blancos.
Saqué fuerzas de donde no tuve y le pregunté: ¿Cómo se llama?,   dijo llamarse  Blanca, respondí: "Es la cuarta blanca en mi vida". Sonrió y el calor volvió a invadirme, me preguntó por las otras Blancas y le conté: “Mi amiga Blanca Sánchez del barrio, Blanca Merino de las calles y Blanca López del trabajo”.  Sonrió nuevamente me dijo que coincidentemente ella también era Blanca López. Le dije que mi amiga Blanca López, coordinaba la universidad de la experiencia en la PUCP y ella respondió que justamente pensaba entrevistarla porque venía realizando una especialización en gerontología. Le dije que fuera a buscarla y le contara que estuvo conmigo y ahuyentó mi frio aunque no alivió mi dolor  en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Sonrió y me preguntó del uno al diez cuánto dolor tiene le dije:  “Siete”. Respondió: “Cuando termine de bajar todo el analgésico por sus venas le colocaré otro resista”.  Le sonreí y ella colocó una almohada bajo mi cabeza, permitiéndome una mejor visión.
Ingresó una mujer vestida de verde,  pidiendo el espacio donde me encontraba, Blanca le respondió que aun estaba con dolor y no había acabado de ingresar el analgésico.  La médico le dijo: “¡Llame a su piso que vengan por ella, el dolor se lo atenderán en su piso!”.  Blanca asintió, la médico salió. Eran la una y media de la mañana en ese frio ambiente,  Blanca se acercó y me dijo: “No se preocupe demorarán en recogerla el tiempo que tarde en terminar de ingresar el analgésico, concéntrese en respirar”.
Respiré y pude mover mis manos, el calor volvió a mi cuerpo,  algo se movió a mi costado izquierdo, miré ahora con mejor posición, era  aquel hombre joven que miraba su brazo vendado ensangrentado,  moviéndose y agitándose. Su cabeza totalmente vendada y su torso desnudo ensangrentado.  Blanca se acercó con algo y él vomitó, ella le dijo: “Con calma Santos, ya está mejor”. Se recostó  cerró los ojos, sumiéndose en un estado confuso de sueño o muerte. Tras de él oí  un quejido de alguien que no alcanzaba a ver,  esto me hizo consiente que estaba en mejor situación de abrigo aun cuanto compartíamos el padecimiento del dolor,  sólo debía respirar, total el dolor cuando se instala no puede ser mayor de lo que es, aun cuando sintiera que tiraban de mis tendones desde bajo la rodilla hasta la punta de los dedos y temblaba por voluntad propia.
El timbre volvió a sonar simultáneamente al reingreso de la médico que esta vez con energía telefoneó  personalmente al segundo piso, pidiendo que vinieran por mi y Santos. Luego se acercó a mí y me miró, se acercó al botón del respirador y dijo: “No creo que sea usted porque se la ve bien, seguro que el timbre se malogró”. Le sonreí y dije: “Doctora debe estar cansada”. Me miró en silencio detrás de la mascarilla, adiviné a una mujer endurecida en las lides con la muerte para mantener la vida, sea de día o de noche, provocándome profunda lástima y comprensión su enojo,  en medio del cual me encontraba sin siquiera proponérmelo. Se alejó en silencio y quizás con furia, dejando tras de sí  una puerta mecida en su eje trascsus pasos o quizás sólo su impaciencia ante una nueva batalla.
Blanca se aproximó y me dijo: “No se preocupe, ahora estará mejor, le podré una subcutánea”. Así lo hizo, saqué la mano derecha  como para medir mi movimiento, me preguntó si quería que me deje su manta, lo pensé y le dije: “No,   seguro necesitaría para quien ingrese y sientan tanto frio como  yo, en mi piso me abrigarán”,  le agradecí sobre todo haber hablado conmigo. 
Me  bajaron a las una de la mañana y  allí estaba Rodrigo, tal como amenazó, se había quedado para seguir siendo compañía  en este momento. Lo acomodaron junto a mí, sostuvo mi mano y sentí que todo pasó, que sólo debía seguir respirando profundo. Había sobrevivido a la experiencia más fría y vulnerable de mi vida, descubriendo que la vida es sólo un respiro, que en todo momento hay piedad y sólo importa una mano para asirte, para que fluya  la tibieza de la energía, recordándote que tenemos hálito de vida, cuando sumamos  energía y sentimiento humano, que es compañía.