| Con Rosa y Elvira, enero 2015 |
Me quedo con ese fulgor en la mirada con el que transitaste
esta dimensión y tiempo, que te permitió despejar la penumbra, adéntrate en la
oscuridad y descubrir el brillo al final del túnel, transitando con firmeza hacia
ella. Con tu fuerza para hablar voz alta y primera persona, sin dejarte atrapar
por los cantos de sirena. Erguirte ante tirios y troyanos, para colocar la agenda
de las mujeres organizadas en Comedores Populares Autogestionarios (CPA), sostener sus propuestas, movilizando al mar de mujeres para arrancar derechos. Al haber aprendido a lo largo de tu vida, que nada gratuito obtenemos como mujeres,
independiente de nuestra condición, edad y clase, puesto que sólo se intensifican cuanto más expuestas y vulnerables somos.
Me quedo con tu sonrisa, que desplegabas sea como ironía o simple
celebración y alegría. Esa alegría de vivir, convivir, partir y compartir. En
medio del trajinar diario, los espacios de gestión colectiva de la sobrevivencia,
la organización de mujeres, donde se cocinaba a fuego lento las agendas,
estrategias y arengas. Se aderezaba la última información sobre medidas
de represión, el termómetro político, las alianzas, que inspiraba tácticas para romper las barreras, desviar la
atención y alcanzar objetivos. Con una pisca de canto que se hace himno.
Me guardo las emociones encontradas durante las jornadas de
lucha, de temor a la represión vs. la audacia de la confrontación. La rabia
para exigir derechos vs. la celebración por el tramo avanzado. De indignación ante
la distorsión y desinformación del movimiento vs. nuevos y viejos canales de información innovados. De la parálisis ante el proceso de cooptación y desorganización
impulsado desde el ejecutivo vs. el ingenio para recrear y refundar nuevas formas de organización, influencia, entrelazamiento y crecimiento.
Me quedo con tu sabiduría, para enhebrar el ingenio de
muchas otras mujeres, que transformaron el trabajo doméstico en contenido para develar
la posición de discriminación, sometimiento, explotación y desigualdad de las
mujeres, con mayor énfasis en el caso de las mujeres de sectores populares, que
habían superado en jornadas de trabajo, a las mujeres de clase media que
luchaban por visibilizar su doble jornada de trabajo producto de sumar al doméstico y el
trabajo remunerado.
En tanto las mujeres de sectores populares, asumían el trabajo
doméstico familiar sobrecargado con el cuidado, extendiendo esa misma labor de cocina hacia lo colectivo, motor del comedor popular, estirando el reducido ingreso familiar mediante el aporte invisible de las amas de casa mediante el abaratamiento de
la alimentación. El trabajo organizativo a nivel local, zonal,
metropolitano y nacional, para cuidar y consolidar lo contruido y defenderse del poder Explícito y aquel que reptó desde las sombras. El trabajo comunitario pro obtención de servicios
básicos y de defensa, así como la exigencia de reconocimiento y valoración de las organizaciones
de sobrevivencia al interior de la comunidad y la sociedad toda. La capacitación en distintas fuentes de conocimiento, necesaria para crecer
en capacidad de gestión y organización, hasta alcanzar la autonomía plena, y sin apenas darse cuenta encontrarse a sí mismas en identidad y derechos.
Me quedo con tu modo de ser y hacer colectivo codo a codo con las compañeras, junto a mujeres que experimentaban contradictoriamente su rol de madre, que de un lado la sociedad e instituciones del Estado santificaban y por otro las privaba de mínimas condiciones para cumplir ese rol plenamente. Situación que tomaron con ambas manos para a partir del cumplimiento de la reproducción de la familia a través de la alimentación, volcar la lucha hacia la defensa de la misma como derecho básico, agenda de lucha y defensa prerrequisito para asegurar a la vida y salud de las personas, exigiendo ante los poderes del Estado, la garantía de la seguridad alimentaria y nutrición adecuada según edad, sexo y actividad, como derecho humano. Y reinvindicando la condición y posición ciudadana al reconocerse como sujeto de derecho.
Fue en la despedida de Enma[1],
que abrimos juntas nuestro cofre de memoria, al estilo de Gabriel García Márquez
desde los hechos presentes hacia los pasados, pincelando la convivencia del
cuarteto Enma, Elvira, Lucila y Rosa[2],
en la lucha por el reconocimiento de las Organizaciones Sociales de Base, su
aporte a la política de salud pública reduciendo el hambre, desnutrición y morvi mortalidad, tras el impacto de las medidas que
sumió en la pobreza a más de 6 millones de peruanas(os) entre agosto de 1990 y
diciembre de 1995.
Condición que las transformó en objetivo de la barbarie de Sendero Luminoso entre 1990-1995, colocando en la mira la vida de cada una, obligando a Emma refugiarse en el extranjero, tras sobrevivir al atentado del 20 de diciembre de 1991. Elvira sobrevivió a un atentado y aun puede contarlo, sucedieron las amenazas colectivas e individuales a Rosa y Luzmila. Las tres sobrevivieron y resistieron con trabajo transparente, público y el apoyo solidario de las compañera, haciendo frente colectivo, manteniéndose como dirigentes, implenetando prácticas de defensa, desplazándose con cuidado, sabiduría y estrategia.
Al respecto reflexionamos y casi en oración recordamos
a otras mujeres dirigente que dejaron su piel y sangre, asesinadas y/o desaparecidas entre dos fuegos, por un lado la barbarie sunversiva en pos del poder y el abuso del poder desde el Estado. Nombramos
a algunas de las hermanas caídas como: Guadalupe[3],
Ricardina[4],
María Isabel[5], Doraliza[6],
Mercedes y Marina[7].
Pascuala[8].
Junto a mujeres que incursionaron por primera vez en el poder local: Carmen[9],
Leonor[10]
y María Elena[11]. La lista era larga y la memoria frágil una razón más par registrar su nombres en piedra.
Retrocedimos más, a los tiempos del hambre tras el fujishok a
partir del 8 agosto de agosto de 1990, donde nos fuimos de cara contra las
mentiras de Alberto Fujimori en campaña, quien ganó la presidencia del
país, con su promesa que en su gobierno no implementaría el shock económico, para
mostrarnos su desprecio a sólo 10 días de haber asumido el poder, tomando la
medida económica más brutal, desprovista alguna medida de política social que reduzca aquel impacto.
Dejamos de lado todo lo vivido y compartido en esos cuatro meses de 1990 donde trabajamos 24 x 7, creando las condiciones de apoyo a la población a través de los comedores, que pese a lo entregado resultó insuficiente y boicoteado por el mismo ejecutivo. El costo social de las política, en aquel periodo, siguen siendo encubierto hasta hoy. Silenciando la vileza de un ajuste brutal shock, carente de programas de apoyo hacia el sector de extrema pobreza, cobrando la vida de más de tres millones de peruanos(as) vulnerables, también hasta hoy invisibilizados y olvidados, que perecieron de enfermedades infectontagiosas como la TBC que se disparó en las zonas más empobrecidas y desorganizadas. En las grandes ciudades como Lima, se tradujeran en suicidios. En este punto, se nos escarapeló el cuerpo de sólo recordar aquel tiempo.
Recuperamos el ritmo del pasado nuestro, volviendo a aquellos sueños que enlazaron nuestros pasos en junio de 1986, recordando las expectativas y apuestas, al descubrir el poder de nuestras manos dispersas y regadas por todo el país, que fueron percibidas como botín social por el poder de turno. Reflexionamos entonces y en ese momento, sobre el poder en primera persona durante nuestros estudios y contraste de la práctica con la teoría[12]. Ese poder que aun exuda por nuestros poros, invadiendo los ambientes por donde transitamos.
A fines de los setenta, la necesidad había extraído a las
mujeres madres del aislamiento en sus hogares, juntándose entre sí para alimentar
a la familia. Descubriendo en ese proceso de gestión colectiva y participación de
todas sus integrantes, el contenido práctico de autogestión y autonomía
organizativa de mujeres, distinto a los existentes hasta ese tiempo. Apropíandose del poder colectivo que nos haría
apostar por una organización popular de mujeres a nivel nacional, cuyo derrotero, memoria y narrativa, requería ser escrita por nosotras mismas, como tarea conjunta pendiente. Algo de ello queda registrado en esta tu memoria y despedida querida Rosa.
Me quedo con tu abrazo, con ese calor cómplice de hallarnos
a lo largo del tiempo, sin las distancias de los roles, solo como mujeres
amigas, cómplices y semejantes tras un largo bregar en la lucha por sobrevivir,
vivir y apropiarnos de la historia compartida, la mirada crítica a los pasos inciertos,
los perdidos y los retomados, afirmando cada una al estilo de Edith Piaf: “No, me
arrepiento de nada”[13].
¡Ve al infinito querida Rosa, con la levedad que produce la misión
cumplida!
¡Ve con tu alforja cargada de amor de la familia
consanguínea!
¡Ve cargada del amor de la familia elegida y cada persona
que compartió tu caminar!
[1] Artemisacat: De Costa Rica a la Eternidad: Adiós Enma Hilario
[2] Junto a Enma
Hilario, Elvira Torres y Lucila Martínez, Formaron el cuarteto que condujo la
Comisión Nacional de Comedores hasta 1995. El cual surgió como Comisión Nacional
Provisional de Comedores Populares (CNPCP) el 20 de junio de 1986, integrada
por: Elvira Torres, Lucila Martínez,
Rosmeri Pintado, Irma Martínez, María Gozu y Eleodora Carrazco. (Salazar, 2001).
[3] Guadalupe
Ccallocunto, presidenta del comité de desaparecidos de Ayacucho, es detenida
por militares el 10 de junio de 1990, sumándose a la lista de desaparecidos,
[4] Ricardina
Romero Medrano, presidenta de la Asociación Campesina de la comunidad de Pucará
(Ayacucho) Asesinada por S.L. el 19
de setiembre de 1990.
[5] María
Isabel Infante Gonzales, por organizar
a las mujeres campesinas para enfrentar los abusos por SL es asesinada el 14 de
marzo de 1992,
[6] Doraliza
Espejo Márquez, coordinadora del Vaso de Leche del A.H. José Carlos Mariátegui
de San Juan de Lurigancho e asesinada por SL el 4 de diciembre de 1992.
[7] Mercedes
Paucar Zevallos y Marina Contreras Casas, la primera con su hijo en brazos, fueron
detenidas y desaparecidas por el Comando Político Militar del Frente de
Huamanga el 11 de mayo de 1993
[8] Pascuala Rosado Cornejo, fue secretaria General del Asentamiento Humano Huaycán, retornado tras refugiarse en Chile, ante el anuncio de derrota y eliminación de SL por el gobierno de Fujimori, siendo asesinada por SL el 6 de marzo de 1996, logrando así sus tentaivas a los que sobrevivió en 1993, por haber organizado el Comité de defensa de Huaycán en 1993ver detalle. Así como el video.
[9] Carmen
Velázquez, Alcaldesa de Pativilca,
asesinada por SL el 12 de agosto de 1991.
[10] Leonor
Zamora, ex alcaldesa de Huamanga es asesinada, el 5 de enero de 1992, a los dos
días de los hechos, SL negó ser el autor.
[11] María
Elena Moyano, teniente alcaldesa de Villa el Salvador fue asesinada el 15 de
febrero de 1992, tras convocar y presidir una marcha de rechazo a la
convocatoria de paro armado de SL, destacado por la prensa.
[12] Definido
por Hanan Ared en sus obras La Condición Humana (1958), Sobre
violencia (1970).
[13] Edith Piaf, Non, je ne regrette rien












