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sábado, 8 de marzo de 2025

8 DE MARZO: NOS EXTRAVIAMOS DE TANTO ANDAR

Haydee Massoni, Angélica Agüero, Ana Cárdenas, Catalina Salazar, 
Rosa Espinal,  Amalia Portal, Rosario Calderón. Enero 2018.
De tanto andar, descender, caer, levantarse, resisitir, gritar, denunciar, luchar, trepar, sostener, perecer, embriagarse, imitar, autoconsolar, disfrazar, parapertarnos, abundar, agendar, delegar, agenciar, organizar, institucionalizar, movilizar, colaborar, compartir, vanalizar y mercantilizar el 8 de marzo nos extraviamos.

Hemos olvidado conmemorar con respeto, compromiso, admiración, reproducción y continuidad a la lucha de mujeres sin derechos. Las pioneras, defendieron primero la igualdad de derechos políticos desde la Revolución Francesa (1789)1, insistiendo a su derecho al voto y ciudadanía (1848), seguido del derecho al trabajo asalariado digno e igual remuneración que el varón por una labor similar (8 de marzo 1908)2, el reconocimiento jurídico internacional de iguales derechos a para mujeres y hombres (1946), el reconocimiento de los derechos de las mujeres como derechos humanos (1963)3, el derecho a la salud de las mujeres por ser responsables5 de la reproducción de la especie (1987)4, la eliminación de toda forma de violencia contra la mujer, por el hecho de serlo (1994)5, la creación de organismo intergubernamental de igualdad de género (2010), por anotar algunos hitos6.

Si miramos lo alcanzado entre los dos últimos siglos, aparentemente es más de lo soñado y a velocidad de la luz, respecto a los siglos previos. Pareciera que hemos transitado hacia la igualdad, de ser nadie. De estar dibujada o narrada principalmente por varones como parte del paisaje, un apéndice, un ser ausente e intrascendente en la historia humana, un mal necesario, una mercancía, el botín de guerra, un animal doméstico y domesticable, una tentación, el pecado hecho carne, la responsable de los males del mundo, un ser binario santa o puta para las iglesias.

Con Elvira Torres, Junio 2024
La visibilidad y lucha de mujeres por cambiar nuestra situación y posición de sometimiento, subordinación, explotación, discriminación y ciudadanía de segunda clase, despojadas de derechos por el poder, convención y licencias de varones en el planeta. Nos ha llevado por caminos de encuentros, desencuentros, affidamento, victoriosos, sinuosos y también estancados, hasta callejones sin salida y/o techos de cristal. Puesto que persisten sociedades donde la situación de sus mujeres, se corresponden con los primeros siglos de la historia humana. Demostrando que los derechos humanos aún cuando pretenden serlo, no son universales en su práctica y menos respecto a niñas y mujeres.

Las barreras simbólicas, sociales, culturales, económicas y religiosas son monstruos de mil cabezas que se reproducen tantas veces como se cortan, con más fiereza, fuerza y poder que su versión anterior. Nadie quiere perder hegemonía, situación y posición inventada, heredada o impuesta de 19 siglos, reptando hasta nuestros días. Aferrándose con uñas y dientes quienes se benefician históricamente directa e indirectamente, sea por comodidad o miedo al cambio a reinventarse para estar, ser y hacer en un mundo de iguales. Despojado de privilegios impuestos por la fuerza, manipulación y/o credo. Sin ventajas de poder, abuso, colonización y sometimiento.

Con Agustina Anchante, diciembre 2024
Hoy nuestras agendas de lucha como mujeres parecieran diversificarse y cuasi difuminarse ante la arremetida de quienes pretenden retornar a tiempos idos, con versiones innovadas sobre viejas prácticas, nuevos rostros con narrativas ancestrales, estrategias reinventadas con alfiles y viejos aliados(as). Accediendo y empleando nuevas herramientas con ropaje digital y de posmodernidad, sobre el mismo espectro negacionista, avasallante y de aplanadora como sucede con el naturalismo, biologismo, sexismo, misoginia, nacismo, racismo, clasismo y fanatismo religioso.

De tanto andar pareciera que nos perdimos entre redes, nodos, bifurcaciones, alianzas, delegaciones, vocerías, representaciones y presentaciones de lo políticamente correcto, prudente, oportuno y reconocimiento.

Con  Angélica Agüero, febrero 2025
De tanto aliarnos con mujeres y hombres discriminados por cuestión de etnia, raza, clase, credo, idioma, sexo, género... nos extraviamos hasta mimetizarnos y cuasi desintegrar nuestras agendas en generalidades como familia, sociedad, etnia, cultura, humanidad, desarrollo.

De tanto creer que podemos compartir nuestra lucha con otras causas que nos miran de soslayo, desconfían de nuestro hacer e ironizan con nuestro ser, vanalizando nuestro andar, cuestionando nuestro hacer, hasta dejarnos de lado cuando dejamos de ser útil.

De tanto creer que podemos ganar poder para las mujeres, gestionando desde el poder patriarcal, autoritario y corrupto, nos perdemos en su laberinto hasta igualarnos, autoconvencidas de nuestra inmaculez, heroimo e impunidad, sin necesidad de rendimiento de cuentas.

De tanto autopercibirnos vacunadas contra nuestros demonios como el machismo, patriarcado, misoginia, discriminación, autoritarismo; nos zambullimos en el laberinto del poder de turno, prometiendo y prometiéndonos que cambiaremos el sistema, mientras somos tontas útiles para reafirmarlo y profundizar sus raíces. Al ser expectoradas, retornamos al redil, para exigir desde las calles o la red, aquello que no fuimos capaces de hacer cuando fuimos parte o comparsa del poder.

Desdenos, enero 2011
De tanto creer que hemos conquistado molinos de viento, nos descubrimos más expuestas y en riesgo que ayer con los mismos demonios, mitos y atributos. Mientras exhibimos con orgullo reconocimientos y certificaciones de autoridades que pisan fuerte y violan derechos de las mujeres. Incluimos como parte de nuestro ser, títulos de "EX" que como tal a nadie distingue ni suma, menos si no fueron ganados, sino transados.

De tanto querer cambiar el mundo sin perdernos, hoy el mundo se ha reducido a aquello ridículo y tan pequeño como el que hemos construido o reducido cada una, para no morir en el intento por dentro y fuera. Cada vez nos refugiamos en bunkers de círculos estrechos, desonfiados, defensivos e intolerantes. Distorcionando prácticas de justicia en parapetos como el escraches que lindan entre denuncia7 y sensura8, poniendo en riesgo el debate y disidencia, al mismo tiempo que nuestros márgenes de actuación e impacto se amplían, fortalecemos en guetos o sólo interacciones virtuales.

Teresa Mestanza, Edith Terrones, Victoria Ramirez, Luz Rojas, Nely Vargas,
 Esther Ruiz, Luisa Cabello, Haydee Robles,  Elsa Lopez, Elba Escobar,
Corina Rafael, María Chong, +Vilma Romero, Graciela Salazar, xx ,
Julia Zamora, 
Lupe Vargas, Georgina Galvez, Gladys Uribe, 
Catalina Salazar, diciembre 2017
Los retos de hoy para las mujeres de ayer y las herederas del mañana son diversos, dispersos y distorsionados. Unos son abiertamente de entronque de viejas y nuevas agendas explicitas. Otros están camufladas esperando el menor descuido para derribar lo conquistado. Los más, son brillantes hasta el enceguecimiento con atracción de luz entre tinieblas, similar a la polilla para cortar nuestras alas una a una, o el canto de sirena hasta la locura, convenciendonos que la lucha por el derecho de las mujeres, es un falso positivo.
El monstruo de la resistencia al cambio generado por el reconocimiento y aplicación de los derechos de las mujeres por los Estados y aquellos pendientes por obtenerse, también se ha diversificado, sofisticado, reconectado y cohesionado sea por condiciones e interes compartidos; por complicidades y contubernios entre desiguales beneficiados por los márgenes de un poder que se retroalimenta, construido sobre relaciones de servilismo, mercantilismo, delincuencia organizada, mercenarismo, fanatismo político y religioso. Siendo el principal escollo, mujeres con cabeza de hombres, por cuanto no basta ser mujer para apostar y aportar a la defensa de nuestros derechos como género.

Conmemorar el 8 de marzo, como el día de una lucha inacabada de las mujeres por derechos, podría ser un modo de mantener la memoria y no perdernos en el intento de cambiar el mundo.

Con mamá, 8 de marzo 2009.
Mi homenaje hacia el infinito, a cada una de las mujeres cuyas huellas marcaron nuestro andar.
Mi homenaje a las mujeres, cuya historia alimentó mi propia historia.
Mi homenaje a las mujeres, de cuya estirpe me forjé.
Mi homenaje a las mujeres, referentes, fuente y destino de mi sentir, pensar, ser y hacer de hoy.
Mi homenaje a las mujeres de mi vida, cuyo recuerdo, presencia y/o ausencia fueron y son fuente de aprendizaje permanente.

viernes, 8 de marzo de 2019

8 DE MARZO DEL 2019: CAMBIOS Y PERMANENCIAS


Hoy 8 de marzo conmemoramos el Día Internacional de la Mujer en nombre de todas y cada una de las mujeres que nos legaron su ejemplo, luchas, conquistas y vida en torno a la igualdad de derechos entre mujeres y hombres.

Al recordar a aquellas feministas históricas también rescatamos las agendas pendientes y aquellas otras que emergen como parte de este tiempo, constatando que a diferencia de ayer, hoy somos más y diversas[1] con nuevas alianzas y entronques.

Desde que un día como hoy murieron 146 mujeres calcinadas dentro de una fábrica de camisas en Nueva York (1857)[2], se fueron sumando a la historia feminista, las luchas colectivas e individuales de mujeres contra la indiferencia de los Estados. Logrando que en 1975, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declarara al 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer[3].

A partir de ello, mucha agua ha corrido bajo el puente a lo largo de 118 años. Sin embargo, el fango bajo el agua que discurre, aparece más sinuoso a medida que pasa el tiempo y conquistamos más derechos, porque perviven resistencias y emergen reacciones de oposición, quizás más fieras y brutales que los producidos en tiempos fundacionales de nuestra historia humana  donde reinaba la ley de la selva “imponiéndose el más fuerte”.

En tanto que el agua que discurre bajo el puente, cuyo caudal se ha incrementado por el temporal, hoy bajo la figura del cambio climático, es impredecible en su crecida y furia, trayendo consigo turbidez y desechos tal como sucede con  la vida de las mujeres.

Cobrando relevancia la noticia que vende: “Mujer degollada en hotel”[4], “Mujer en cementada en un barril”[5], “Mujer quemada en cilindro”[6], “Restos de mujer en un cilindro”[7], “Mujer atacada con un destornillador”[8], “Mujer muerta a martillazos”[9], “Madre y bebé asesinados”[10];  dejando  de colocar en cuestión su situación y posición, para revertirlo. Contemplamos espantadas(os) como desbordar nuestra imaginación, la violencia contra las mujeres en saña[11] y crueldad[12] en cada rincón del planeta[13].

En plena era digital, aún existen sociedades que han hecho de aquello que nos distingue a mujeres de varones respecto a lo anatómico y biológico, el sustento para devaluar, discriminar, excluir, someter, explotar, abusar y asesinarnos con impunidad de unos respecto a las otras[14].

Tanto se ha exacerbado el odio de género, que el asesinado de un ser humano a otro es insuficiente para comprender, tratar e impartir justicia. Por ello denominamos feminicidio[15]  al asesinato de una mujer, realizado con poder y odio desde el feminicida, que generalmente suele ser un hombre, quien es o fue su pareja, bajo la condena del pensamiento simbólico de apropiación: “Si no es mía no será de nadie”.

Fenómeno que se incuba en la idea y práctica machista de que el cuerpo, pensamiento y vida de las mujeres puede ser poseído, apropiado, sometido. Reproduciéndose e incrementándose en el país, la región[16] y el planeta, interconectándose con otras formas de violencia[17] contra las mujeres, al punto que la Organización Mundial de la Salud de la ONU, la define como pandemia[18].

Al mismo tiempo que esto sucede,  la condición de reproducción y perpetuación de la especie humana a través del vientre de las mujeres, discursiva y simbólicamente es elevada al altar de la maternidad bendita, por ende, se sigue condenando oficialmente el aborto en muchos países.

Pero esa misma mujer, ya madre es también arrojada al infierno de Dante, sea porque su maternidad se ha producido fuera de los cánones establecidos,  o bien requiere y hasta demanda condiciones apropiadas para el cumplimiento de sus derechos sociales, económicos y políticos.

Debido a que persiste y reproduce un sistema de organización social patriarcal, que real y simbólicamente, impone el poder del varón mediante prácticas y costumbres culturales[19] teniendo a favor vectores como: la religión, el derecho, las instituciones, los acuerdos sociales fundacionales (constitución) y los sistemas productivos.
Si bien cada vez se denuncian más y se censura las prácticas que afectan el cuerpo, la salud, vida y futuro de las mujeres, estos se tornan más violentos.

Pareciera que la crueldad, deshumanización e injusticia que históricamente hemos experimentado como mujeres, se habría naturalizado bajo el manto del respeto a la diferencia cultural, sin embargo evidenciadas las prácticas que niegan nuestra condición humana, hace que elevemos la voz y nos movilicemos más número de mujeres y hombres, a medida que pasa el tiempo[20].




[1] https://youtu.be/JypV3kJl4uU
[2] https://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/features/WCMS_152727/lang--es/index.htm
[3] http://www.un.org/es/events/womensday/history.shtml
[7] https://peru21.pe/lima/policiales/feminicidio-san-juan-lurigancho-hallan-restos-mujer-interior-cilindro-nndc-462118
[9] https://peru21.pe/lima/olivos-mujer-hallada-muerta-martillazos-interior-casa-459698
[12] https://elpais.com/internacional/2019/03/05/mexico/1551807618_628300.html
[15] https://xenero.webs.uvigo.es/profesorado/marcela_lagarde/feminicidio.pdf
[18] http://iris.paho.org/xmlui/bitstream/handle/123456789/18386/CD549Rev2_esp.pdf;jsessionid=4852812C887FF67DD0396032F2F4175E?sequence=8 

jueves, 7 de enero de 2016

NI SUMISA, NI DEVOTA. MARIA YSABEL CEDANO

Me hallé con María Ysabel Cedano, por esos caminos misteriosos de la vida en un evento por el  día de las mujeres en marzo de 1993. En mi caso  asentada en el sur del país  acompañando haceres políticos, gremiales, comunales y de sobrevivencia de las mujeres de Ilo. Por el suyo, apenas haciéndose abogada  e integrándose a DEMUS (Estudio Para la Defensa de los Derechos de las Mujeres)1 con el ímpetu y la pasión juvenil por los derechos de las mujeres.

Más adelante coincidiríamos en la promoción de género 1995-96 de la PUCP, cuya particularidad en composición, dinámica y devenir lo sabemos  cada quien que la conformamos en ese tiempo  y espacio. A partir de allí, para mí  es Marysabel, la brillante y apasionada abogada de hermosos ojos, sonrisa plena y fuerza inquebrantable. Primer puesto en ingreso PUCP, tercio superior de su promoción y decidida a marcar  historia en los derechos de las mujeres.

Marysabel  imagen simbólica de la joven mujer creyente, militante  y visionaria del feminismo, que desde ese entonces, retaba y ponía en cuestión ese viejo temor de las mujeres que veníamos del movimiento de la teología de la liberación, barrial y del desarrollo. Fue una de las jóvenes promesas que introducía frescor  a  un movimiento a su vez detenido por el miedo ante la muerte irracional  de una violencia política que toco a su puerta cuando  estableció como blanco de tiro,  el cuerpo de   mujeres líderes en Lima, tras arrasar otros cuerpos incontables o dejarlos como despojos, en la profundidad del país durante más de una década.

A través de Marysabel,    me asomé   a ese lado de la política desde y para las mujeres, impulsando cambios en las prácticas de la vieja guardia feminista -mientras las intermedias se lamentaban de la escasa cuota poder, ella tomó el poder por asalto posicionándose-, transformándose desde entonces  en mi referente, experta, aliada y respaldo para   diversos casos de mujeres que habían experimentado   violación en sus derechos que desbordaba mi quehacer. Y por qué no, también  el   propio cuando este ha sido necesario. Su apoyo y aporte me consta es inigualable.

A  Marysabel, me liga tanto los estudios de género cómo los espacios de organización, movilización y lucha de las mujeres en tiempos donde defender nuestros derechos era cuasi un acto heroico por lo frágil que aparecía la voz de las mujeres y la ciudadanía. En el 2003, con el informe de la CVR (Comisión de la Verdad y Reconciliación)[2], descubriríamos que también fuimos temerarias y cuasi suicidas (1996-2000), debido a que por menos de lo que nos atrevimos a realizar fueron torturadas y asesinadas 20% de mujeres peruanas (de 23,969 personas reportados muertos o desaparecidos y 69,280 estimados) ¿Porque ellas y no nosotras? Pueda que se deban a las razones sostenidas en el informe:  ser andinas, amazónicas, quechua hablantes, iletradas y estar en las entrañas del país. (ICVR: 2003, 162)[3]

Con Marysabel y un puñado de mujeres (1998 y 2000) tomamos las calles publicitando lo que todos(as) sabían y no querían aceptar. Aquello que sucedía en el Perú en   tiempos de secuestro social, político  y cultural,  gracias a una dictadura encubierta en ropaje de democracia con una constitución ad hoc.  Esforzándonos en crear opinión pública alrededor de una serie de avasallamiento de derechos de las mujeres, trabajadoras, estudiantes, viudas, madres y ciudadanas. Teniendo como telón de fondo a medios de comunicación sordos, mudos y testarudos que no sabía, no veían  ni opinaban. En cambio nos llenaban la visión cotidiana de programas donde se exhibían la miseria humana “los reality show”[4] parodiando principalmente a  sectores populares como lumpen  y miserables, deformando la realidad,  desconfigurando la pobreza y a los pobres. Hoy profundamente abyecto, atentan  derechos de niños, niñas y jóvenes[5]

A Marysabel he secundado y admirado, en la valentía que  más de uno podría llamar locura, cuando nos plantamos ante el hospital de la Policía Nacional del Perú, pidiendo cuentas sobre el estado de Leonor la Rosa[6] y más adelante depositado nuestra confianza, para que   junto a Giulia Tamayo León ingresaran  la denuncia del caso ante  la CIDH, un 8 de diciembre de 1998[7] que aun recuerdo. En tanto   que quien se atribuyó autoría para obtener réditos políticos temblaba y transpiraba frente a ellas. Evidenciando una vez más,  en el momento de los hechos son  más  los actores y hacedoras de aquellos que los patentan.

Con Marysabel, nos descubrimos en aquellas  largas reflexiones teóricas sobre género, opresión, discriminación, exclusión, negación y socavamiento de la identidad femenina a partir de la práctica de nuestras propias vidas, descubriendo  que  por encima de las diferencias, nos igualaba la condición y posición de ser mujeres en un país tercermundista, machista, marianista y androcentrista, donde nos habíamos creído como natural e inmodificable que no teníamos derecho a tener derecho.

Me consta que Marysabel, tiene la capacidad, vehemencia y fortaleza para defender y colocar los puntos sobre las i, en casos de judicialización de violación de derechos humanos de las mujeres en la época de violencia, como sucedió con mama Emérita y de las víctimas de esterilizaciones forzadas, sin retroceder un milímetro, acrecentándose en su talla gracias a su convicción, firmeza y sapiensa.

He visto a Marysabel caminar, detenerse, evolucionar, afirmarse y encarnar la lucha por los derechos de las mujeres y en su interior por uno de los grupos más vulnerables las lesbianas, con quienes se ha identificado con claridad, madurez y consecuencia. Y me he condolido de su dolor cuando este ha asomado en un breve gesto o   valiente registro público de lo experimentado en carne propia, rasgando el velo de lo encubierto en el mismo seno de las mujeres, como sucede con la violencia intragénero. En su momento resintiendo a   mi alma y entristeciendo mi espíritu, mientras mi reflexión se afirmaba que falta mucho por hacer en todos los resquicios de la sociedad y sus diversas expresiones.

Marysabel, ha ensayado y agotado todas las vías desde la sociedad civil y ciudadanía, destacando su lucha sostenida para erradicar la violencia contra la mujer, que la llevó a ser Directora de la Mujer del Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social (MIMDES) [8], la defensa de las mujeres víctimas de esterilizaciones forzadas y las víctimas de negación de aborto terapéutico,  con impacto en su salud y vidas[9]. El impulso de campañas como: déjala decidir[10],   la alfombra roja[11],    un hombre no viola[12],  acoso callejero[13], entre otros. Más adelante las consultas con los jóvenes[14] y militantes del partido que abrazó hace una década.

A Marysabel, me ata  la amistad construida,  día a día. Con cada acto, gesto, discusión, desprendimiento y  magnanimidad primero mirándonos a los ojos, luego entre  las orillas de un mar humano   o la virtualidad,  sin diluir un ápice  nuestra conexión. En síntesis, no sé si ella, pero yo la quiero bien y de todo este tiempo hasta el final de cada una, por ser quien es y re-significar  el contenido,  discurso y  la acción de  ser mujer y feminista;  sobrevivir sin perderse a la experiencia  en el poder ejecutivo, la dirección privada, la militancia partidaria, la representación latinoamericana. Y la seguiré queriendo aun cuando me rompa la confianza, si opta por los senderos de otras mujeres que se desprendieron del feminismo o sólo desvistieron para abrazar al oportunismo.

La candidatura de Marysabel, para mí estuvo claro como el día,  desde mucho antes de la coyuntura electoral actual, sin mediar intercambio alguno sobre el asunto. No es necesario ser bruja, maga o adivina, sólo leer el proceso,  la vertiente hacia donde le han conducido sus pasos y quehacer. Luego de su largo batallar como sociedad civil, participar como ejecutiva en los espacios de toma de decisiones del país, moverse entre corrientes internacionales y transitar por  el terreno de la militancia partidaria, en tiempos donde los viejos cuadros abandonaban el barco sea porque el ciclo de vida culmina o por un plato de lentejas,  la visualicé   reconstruyendo ese barco y conduciéndolo.  

Marysabel, en este tiempo que te adentras en el terreno sinuoso de la práctica política dentro del poder público, militante, consecuente y comprometedora, deseo desde el fondo de mi alma que pueda sobrevivir en ese mismo  terreno donde muchas(os) no sólo han claudicado, sino retorcido y estrangulado sus propias aspiraciones tranzando la opción, ante el mejor postor a cambio de mendrugos  de poder e intentando borrar sus propias huellas, ejemplos   hay muchos, la historia será quien las  juzgue.

Decreto   Marysabel, en este momento de preludios aún por ser elegida, que lo serás, sin importar el tiempo. Y cuando esto suceda, deseo que en verdad hagas la diferencia, porque a pesar de los golpes y rasguños en la esperanza por antecedentes nefastos de congéneres que incluso competirán contigo frente a frente y seguramente a mansalva.Sin importar tu larga trayectoria que te hace elegible, que yo apenas he pincelado desde mi estrecha mirada.

Me  atrevo a afirmar  que ambas,  estamos convencidas que nadie en verdad, representa nuestros interese y necesidades. La diferencia es que tú has tenido la valentía de encaminarte hacia las entrañas de la bestia. En tanto yo mantengo mi condición de sociedad civil,  por ello te acompañaré como hago con mis amigas(os) que optan por esta vía: no tan lejos que se congele la amistad, ni tan de cerca que se auto- incinere; pero lo suficientemente próxima para recordarte este tiempo de contienda, las motivaciones que te llevan a competir.






domingo, 8 de marzo de 2015

DEL MAL AMADO AL MAL AMOR

Es la mañana de un día cualquiera, debo cruzar la ciudad de nor-este a sur-oeste implica alrededor de 20 kilómetros, que   por vía convencional: automóvil o bus me lleva más de dos horas. Perspectiva que desde fines del 2014 eludo, usando el metro que recorre 16 km. en 24 minutos. De allí, con suerte, me desplazo unos 4 Km. en otros 30 a 45 minutos hasta mi destino ¿Cómo me demoro más del doble de tiempo en la cuarta parte de la distancia recorrida por el metro? Sencillo, gracias al corredor azul que entre el cruce de las avenidas Arequipa y Angamos, marca 90 segundos a favor del primero y 15 para el segundo.


Los 24 minutos de viaje en metro, compartido con mujeres y hombres -dependiendo del horario-, me permite contemplar el modo como evoluciona e involucionan las prácticas de relaciones de convivencia en un medio de transporte donde el ensordecedor y numeroso clacson de micros, gritos de cobradores y llenadores, así como la mentada de madre de choferes entre sí, ha sido sustituido por una grabación con voz de mujer, recordándonos las buenas costumbres, estaciones y un silbato que anuncia detenimiento y partida en cada uno de  12 paraderos de los que soy observadora participante.

Sin duda el mejor horario es el tren de las 9:21, en él todos/as están acicalados, es notable el aroma a jabón, las colonias de hombres y mujeres se confunden. La mayoría se dirige a trabajos de oficina o comercio  donde  el  ingreso es alrededor de las 10:00 a.m. Hay espacio para viajar con comodidad, buen ambiente y temperatura gracias al aire acondicionado. Las escasas ocasiones que están ausentes mujeres con bebés o niños/as pequeños, puedo sentarme y abstraerme en la lectura, en el resto de tiempo contemplo la ruta que cada día tiene algo nuevo  o me detengo a observar la conducta de viajeros(as) que suelen ser una fuente inagotable de conocimiento.
El viernes 6 marzo fue uno de esos días desbordantes de madres y niños, me coloqué al lado de una pareja joven. Cuando apenas se movió el tren, al instante me atrajo el sonido de un golpe, sorprendida miré hacia el punto del ruido. La mujer joven, había propinado una sonora y “cariñosa” bofetada a su pareja, él sonreía en el límite de la ira, mientras imitaba el gesto deteniendo su propio golpe a milímetros del rostro de ella, mientras afirmaba que algún día le “estamparía la cara”,  ella sonreía retadoramente.

Pensé en ese momento "sadomasoquismo público" y hundí la mirada en la ruta. La joven volvió a golpear a su pareja por segunda vez. Me volví al tercer golpe para interferir en el acto,   pero algo en mi interior me detuvo, pueda que sea la voz de Chachi diciéndome: "No es contigo deja que fluya". Simultáneamente   mi dimensión analítica y reflexiva tomaba primera fila. Tomé conciencia que estaba ante un escenario donde se desplegaba la gestación de una relación de pareja que a lo largo del tiempo se traduciría en violencia contra la mujer o quizá contra el hombre. Estaba ante una de las escenas pretéritas de violencia entre la pareja. Era el tiempo de  cortejo, seducción, medición poder a través de la atracción entre “enamorados”, donde se apelaba al golpe tolerado, provocado y animado como instrumento de seducción y persuasión.

Contemplé detenida y abiertamente a la pareja –ellos no se inmutaron, mantuvieron el intercambio de gestos y actos como si estuvieran completamente solos-. Ambos no pasarían de los veinte años, ella tenía un hermoso rostro ovalado donde resaltaban sus ojos negros acentuados por el único maquillaje de líneas negras y firmes sobre el párpado superior, que creaban profundidad a esa fulgurante mirada colmada de deseo, control y posesión. La amplia sonrisa mostraba una perfecta y gran dentadura blanca. De nariz pequeña y pómulos armoniosos a momentos cubierto por su cabello  brillante de negro azabache que le llegaba hasta el nacimiento del busto. Tenía la piel canela, contrastante con un hermoso vestido de varias tonalidades con énfasis en el naranja, cuyo material de encaje elastificado modelaba sus hombros descubierto,   profundo escote y ceñido hasta la cintura cual segunda piel, liberándose hacia los muslos en una amplia media campana.

Llevaba una pequeña cartera blanca y sandalias del mismo color, con  taco muy alto y gran plataforma, que la elevaban algunos centímetros de su mal amado. A diferencia del rostro cuasi libre de maquillaje, eran notable sus aderezos: una medalla desgastada que revelaba su condición de cualquier metal no precioso, manos  con  anillos  varios y brazos desbordantes de pulseras, brazaletes y un reloj. Todos   tan brillantes como sucede con la fantasía.   Sus dedos castigadores terminaba en largas uñas barnizadas de color blanco iridiscente.     
Él era un contraste notable a su lado,  estaba hacia mi lado derecho, permitiéndome apreciar su perfil aguileño, una piel grisácea donde las huellas del acné habían dejado marcas de su paso y aun persistían. De ojos pequeños y huidizos, una media sonrisa   en labios tan delgados que   apenas dejaba entrever sus dientes irregulares y apretujados.  De cabello desordenado y opaco, hasta casi perder la intensidad de su  color oscuro.


Ella dice algo mientras pellizca el rostro de él y tira de su nariz, extrayendo entre sus dedos restos de grasa bajo la piel. Hace una impostura de asco exagerado: “Mira cuanta grasa”. Él velozmente coloca su índice entre los dedos de ella arrebatando  la grasa y casi simultáneamente traza una línea en los labios de ella, mientras sonríe sarcásticamente. Ella lo mira con ira, a punto de golpearlo una vez más, él la ignora mientras acaricia el  vientre de ella, ironizando con un imaginario embarazo. Despectiva ella anota: "No sea malo, porque sería terrible que se pareciera a ti”, esta vez lo golpea  en la autoestima, él se dobla hacia ella.

Repentinam,entebe adopta postura de niña engreída y pregunta “¿Irás al cumpleaños de mi madre?”. El responde: “Aun no sé”. Ella insiste: “Tienes que ir, aunque ella no sabe que estoy contigo, tienes que   llevarle un buen regalo, después de todo es tu suegra”. Él la mira indescifrablemente, en silencio. Ella arremete: “¡Y el regalo para mi mamá! debe costarte más o igual al celular que le has regalado a tu hermanito”. Mientras sus manos palmotean el rostro joven del enamorado. Él se resiste apenas y termina  aceptando la demanda.

Ha quedado un asiento libre, lo tomo y desde allí, puedo apreciar con más detenimiento la imagen de él. Tiene puesto un polo desgastado, vestido de revés, unas botas de vigilante sucio y envejecido, un buzo azul, con restos de pegamento, pintura y algo más. Advierto que la mochila inclina su hombro hacia el lado derecho por el peso que anuncia.  Imagino que está vestido de faena y dirigiéndose hacia algún punto de la ciudad para realizar alguna labor por ingresos, que le permita satisfacer las demandas de ella y también de su familia. 

Es la estación de Miguel Grau, vuelven a la realidad. Me miran, miran a todos quienes les rodean, sonríen algo nerviosos y con complicidad mientras se aproximan a la puerta, el tren se detiene y ellos bajan. Sus imágenes y actuación se sitúan en mi recuerdo tras  ser observadora a lo largo de seis estaciones ante una escena de 12 minutos.
Usualmente, en el diálogo con una mujer violentada, ella suele decirme que no siempre fue así, que él la quería, que no recuerda cuando ni por qué cambio transformando ese amor y pasión en temor, luego en rechazo y más tarde en odio. Algunas aventuran explicaciones en las influencias de la droga o el alcohol, para superar su vida triste antes de ella. Otras afirman que es por culpa de su madre, sus hermanas/os y amigos que influyen negativamente en él hasta hacer que muestre lo peor que tiene. Muchas señalan los celos, la pobreza, la pérdida de su belleza. Y contrariamente, el desmedido dinero, las infidelidades de él, esforzándose por explicaciones donde ellas carecen del poder para cambiarlo. 

Se requiere mucho tiempo -que a veces nunca llega-, para abrirse a la sinceridad consigo misma, la recuperación de la propia autoestima, y sobre todo, aceptar que ella es parte del problema. Aceptar que la violencia es experimentada por ambos a través de intercambios de roles que van de agresor-victima-agresora-victima. Reconocer  que la violencia al interior de la pareja, no se produce como la erupción inesperada de un volcán, sino que es resultado de un proceso de pequeños desaires, desplantes, devaluaciones, agresiones verbales, gestuales que se entreteje lenta, minuciosa, cuidadosa y sostenidamente, bajo el autoengaño que: "Fue por su culpa”, “Ella lo provocó". Los celos de él o ella: "Es el modo de demostrar amor". O bien que ella  “Todo lo soporta por sus hijos”, y hasta: "Sea como sea, un hombre es la sombra de la casa".

Donde el “juego de manos” es sólo un gesto y modo equivocado de amar, creyendo que se coloca sal y pimienta a la relación. De modo que el primer moretón en el brazo se sublimisa: "él se aferró nervioso a ella",  el móvil temo a perderla, ergo ella vale mucho para él.El primer ojo morado o labio partido fue: "Un accidente" donde no fue imposible distinguir el ímpetu del intercambio entre  control y sometimiento. Y que en verdad  no importa, porque ambos se aman y las peleas alimentan y coloca adrenalina a la reconciliación íntima y principalmente luego de cada agresión, él se porta totalmente sumiso se humilla, promete. Hasta que nuevamente se torna irritable y violento.

Más adelante asumirá que ella estimuló y toleró una relación agresiva,   creyendo  que podía actuar con “energía”, porque ella "lo controla" y él en realidad es débil, un pobre emocional, dependiente.  Lentamente descubrirá que se transformó en fuente y destino de agresión in crescendo  a medida que el respeto, amor y cuidado del otro se fue contrayendo hasta desaparecer, dando paso a su propia agresión,  hacia quienes se relacionaban con ella en situación de desventaja.

Reconocerá que en los tiempos fundacionales de enamoramiento,  mantuvo la relación de agresión como “instrumento”   de chantaje y manipulación, algunas veces conscientemente lo llevó al límite porque descubrió que junto al sentimiento de culpa y arrepentimiento de él,  se ampliaban las oportunidades para obtener todo aquello que fuera material y suntuario que de ningún modo obtendría en otras circunstancias.

Y cuando finalmente  salga a flote él o ella, sabrá que la única forma de sobrevivir y salir del circuito de violencia en el que está inmerso, ha de ser a través del reconocimiento de su co-dependencia y tolerancia a una relación de violencia, sometimiento, jugando un rol de víctima y victimaria/o alternadamente, que el padecimiento de la enfermedad es compartida por ambos, estando llamado cada uno a enfrentarlo personal y directamente, a veces cuando todo se ha agotado cada quien por su propia vía.

Llegué a mi estación y bajé, convencida que esas formas complejas y agresivas de intercambio entre mujeres y hombres, en tiempos donde Eros y Tanatos son los dioses y ante cuyo altar se realizan sus ofrendas de amor de enamorados, son también las vertientes desde donde fluirán lenta pero inexorablemente los elementos que al enfrentar los retos de la vida cotidiana y convivencia sostenida, se incrementarán y profundizarán en sus  prácticas e iniciará una espiral de violencia.


Hoy 8 de marzo donde se conmemora la lucha de muchas mujeres por la igualdad de derechos, por el respeto a nuestra condición humana, donde los esfuerzos para erradicar toda forma de violencia contra la mujer, es hacia afuera, me pregunto: ¿Habrá un momento para mirar hacia adentro?, hacia nuestros propios actos entroncados con una sociedad donde las prácticas de violencia se reeditan en cada instante transformándonos  en sus comparsas y cómplices  -más de lo que quisiéramos-. Hay aún mucho por caminar tanto hacia afuera como hacia adentro de cada una. Lo segundo sigue postergado y podría transformarse en nuestro talón de Aquiles.