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viernes, 30 de mayo de 2025

CAMINANTE QUE HACES CAMINO AL ANDAR

El impacto de la pandemia, ha cambiado nuestras vidas, prácticas y haceres, sino para todas(os), si para la mayoría. En mi caso se ha producido un cambio procesual que longitudinalmente se inició en febrero del 2012, a causa de un accidente que primero me detuvo por cuasi dos años, sin impedir que continuara con mi labor cotidiana de tutoría online que ya en ese tiempo me había incursionado en la docencia virtual, paralelo a otros haceres. Luego de ello, reorienté mis actividades a la focalización de la investigación, evaluación y sistematización hacia la academia y asesoría en el terreno internacional.

A partir del 2020, enlacé el terreno internacional con el nacional, sistematizando y evaluando proyectos implementados en el país con impacto planetario, como sucede con la reducción de la delincuencia transnacional entre las que destacan la violencia contra la mujer, la niña y niño; la violación y el embarazo involuntario, la delincuencia organizada, el sicariato, el tráfico humano, estupefacientes y de armas. Atentados contra la ecología, los factores que aceleran el cambio climático, los derechos de los pueblos indígenas y la conservación de las reservas de oxígeno para el planeta.

En medio del entrelazamiento temático y análisis, para hallar la punta de la madeja que permitiera valorar lo avanzado y proyectar los futuros escenarios, nos halló el contexto a quienes estábamos embarcadas(os) de esos haceres. El mandato de aislamiento como única medida ante el desconocimiento del combate al covid19, por la ciencia y los Estados del globo. En nuestro caso con mayor rigurosidad, en contraste con muchos otros, sólo contábamos con 250 camas UCI (MINSA, 2021, 13)[1] para más de 33 millones de peruanos.

En estas condiciones mi hacer se concentró en investigación, orientación vocacional, apoyo académico virtual, unido a otras labores asociadas a mis especializaciones y experiencia profesional, con menos presencialidad de la necesaria. A medida que ha pasado el tiempo, otras prioridades ha generado espacio para mirar hacia adentro y fuera con distinta perspectiva. Contemplar en rededor, el horizonte, hacia abajo y arriba, con más detenimiento y mayores interrogantes. Apreciando lo bello y sabio que puedes descubrir en el momento y lugar menos imaginado y disfrutar del andar, mientras en mi mente resuenan temas como “Cantares”[2] de Joan Manuel Serrat, que llena de música al gran poema de Antonio Machado[3]:

Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

Caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace el camino,

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino

sino estelas en la mar

(extracto Proverbios y Cantares de Machado)[4].

Uno de esos descubrimientos, fue Rosa, una anciana detenida en una silla de ruedas debido a un derrame cerebral que la dejó paralizada del lado derecho de su cuerpo. Me demostró en acto y palabra que estaba paralizada pero no contenida. Ella había descubierto una ocupación cotidiana que la hacía vivir, como era alimentar a las aves que sobrevolaban su calle día a día, las que nunca faltaban independiente de la estación, era como una cita entre ella y las aves prestas a su salida de casa.

Le pregunté si no temía que esas pequeñas aves se quedaran en su casa o alrededores, invadiéndola. Ella me respondió que no, desde el tiempo que las alimenta y de eso hacía más de tres años. Al principio temía que sucediera así, porque cuando caminaba por la plaza de San Francisco, pensaba que dar de comer a las aves era invitarlas a quedarse en casa o la calle donde uno vive, al igual que a cualquier animal doméstico: perro, gato, conejo, gallinas, etc. Pero es desde su ubicación en la silla de ruedas, que descubrió el modus vivendi de las aves y su particularidad. Desde hace más de tres años me revelaron que son seres libres, puntuales y frugales. Sus alas las llevan a donde quieren y hacen que retornen puntualmente a donde hallan comida, la cual toman hasta donde necesita y no más. En cambio, las personas, son todo lo contrario.

Respondí a su confidencia, que yo al igual que ella, tenía ese temor, hasta la fecha tenía depositado alpiste en casa, tras mi frustrada experiencia de cuidado de un ave pequeña que hallé en el camino. En espera de la oportunidad para llevarlo, justamente a la Plaza San Francisco. Conocer su experiencia me animaba a entregarlo a las aves que suelen pasar por mi casa, sin ese temor de invitarlas a quedarse, porque comprendo hoy que no son ni quieren ser domesticadas.

Así es como aprendí de Rosa el modo de desprenderme de algo estancado por temor al apego, pero principalmente, que el cambio en nuestras condiciones de vida, no significan obstáculo, sino oportunidad para hallar nuevas modalidades como experiencias de vida manteniendo relación de convivencia e intercambio con otros seres. Me despedí de Rosa, capturando una foto con su permiso, que hoy comparto.

En este tiempo que me cuesta más la caminata, por la falta de energía que antes me desbordaba, lo hago a un menor ritmo, pero con más atención a mis pasos y el trayecto. Hecho que me permite identificar situaciones que en otro momento pasaría desapercibido ante mis ojos. Como la composición de los parques, tan distintos y semejantes en su uso entre unos y otros, donde la conducta de las personas es de escaso cuidado y máximo disfrute. En cambio, los árboles, suelen ser generosos proporcionando todo aquello que les corresponde. En la zona, son, además, testigos silentes de un pasado que cuenta de los usos que tuvieron esos espacios.

Están los imponentes ficus, que, en el caso de un parque, casi lo cubre todo, dejando apenas pasar la luz. No menos notables son los N arbustos frutales de higos, pacay, moras, guanábana, etc. que crecen en línea recta dibujando el canal de regadío extinto. El limonero al que nadie plantó ni ha tratado de eliminar, tampoco abonar, sólo de tanto en tanto el dueño de la vivienda que colinda le provee un poco de agua. Seres siempre bondadosos proporcionando sus frutos a otros seres que habitan la zona como ardillas, aves, lagartijas, etc. Sobreviviendo a los ataques periódicos de leñadores con uniforme de jardineros municipales[5], que no tienen idea de cómo ni cuándo podarlos.


Ayer que retornaba a casa, cuasi al medio día, en una calle de esas calles y bajo un árbol de Pacay, descubrí muchas pepas esparcidas, pensé cuánto pacay han cosechado y devorado, dejado con descuido las pepas por doquier en pista y vereda, colocando en riesgo el tránsito y al transeúnte por su ser resbaladizo y duro.

Avancé sumergida en estos pensamientos, cuando advierto la caída de más pepas, miro en rededor sin descubrir a nadie, levanto la mirada, el follaje tupido que no me permite distinguir a quien con irresponsabilidad arroja las pepas. Es cuando descubro a los pillos, eran tres pájaros que devoraban con placer y gran apetito la deliciosa pulpa madura de pacay, con envidiable habilidad en sus picos para abrir las vainas, extraer uno a uno los frutos, separando con destreza la pepa de la pulpa. Evidentemente, sin el cuidado de no regar las pepas descartadas por toda la radio donde alcanzan la copa del Pacay.

Me detuve a contemplar con ternura y maravilla la magia e interacción de la naturaleza, cuando no hay seres que atenten contra ninguno de ellos. En este punto me asaltó la idea, que el dueño de la vivienda cercana no atribuya su trabajo de limpieza al árbol y las aves, y en su intento de controlarlos, termine por cortar el árbol como ha sucedido en una de las avenidas donde las moras eran copiosas y generosas. Le pido al universo que ejerza su poder y enternezca el corazón humano para que esto no suceda.




 

miércoles, 11 de septiembre de 2024

UNIDOS EN LA PARTIDA


En algunas religiones orientales, como el budismo, el hinduismo y el sijismo, existe un principio central que rige el actuar de sus creyentes, como es la ley de causa efecto, donde las acciones, palabras y pensamientos de una persona determinan su calidad de vida actual, su muerte y después de ella, puesto que la muerte no es un fin sino un tránsito de una vida a otra.

El karma viene a ser la deuda, el pendiente que da contenido a esa ley de causa y efecto, como principio universal de justicia y equilibrio. En tanto que el Dharma, es la misión que toda persona ha de realizar para su perfeccionamiento y crecimiento espiritual en cada una de sus vidas, sincronizándose su actuar con el equilibrio del universo y la vida como un todo[1]. De modo que las consecuencias de sus actos se asumen tanto en el plano humano como espiritual.

En las religiones católicas, protestantes, cristianas e islámicas, para sus creyentes, existe sólo una vida y tras la muerte la vida eterna en el paraíso/infierno para unos o la promesa de la reencarnación al fin de los tiempos, para otros. Produciéndose una polarización entre el bien y el mal, pese a reconocer su existencia dual. Así mismo, se separa el plano terrenal de lo divino, al punto que las malas acciones que no son juzgados terrenalmente, enfrentarán la justicia divina (incluso de no creyentes), de modo que en vida todas(os) son justiciables y de los muertos “no se debe hablar por respeto” y en la práctica cultural de la desmemoria, todo muerto cuasi se santifica porque su juzgamiento está en manos de Dios.

Para quienes creemos que esta vida ha de ser vivida (independiente de lo que suceda después de la muerte), en coherencia y responsabilidad de nuestras acciones en sociedad donde el derecho de uno, termina donde empieza el derecho del otro(a). Ergo, toda acción y omisión tiene consecuencias punibles, cuyas huellas han de registrarse para no olvidar ni reproducir sea como norma, costumbre, leyes, cuentos o leyendas del puablo a pie. Porque e la historia oficial suele contarnos, unargumento convenientemente elaborado por quienes tienen o sirven al poder de turno del contexto en el que fue producido.

Quiero pensar, que hoy murió el último dictador del Perú, en términos de Godoy (2021)[2], sin pena ni gloria para la mayoría del país, salvo para quienes son sus aliadas(os) políticas(os) de turno, cuyas acciones tuvieron consecuencias en su propia vida, de quienes lo secundaron y secundan, así como impactaron en la vida de quienes no viven para contarlo y quienes sobreviviendo para contarlo, son acallados en su demanda justicia y memoria. 

Su muerte tiene muchos significados para cada uno de ellos y sus herederos[3] de linaje y políticos, ellos contarán su propio cuento. Yo quiero resaltar el significado simbólico de las coincidencias, entre dos personajes aparentemente antagónicos, pero que en los hechos se aproximan más de lo que podrían  distanciarse.

El 12 de septiembre de 1992 es detenido y cae preso Manuel Rubén Abimael Guzmán Reynoso[4],   tras una larga y secreta operación que incluyó el 11 de setiembre, gracias al trabajo de inteligencia del Grupo Especial de Inteligencia (GEI), al punto que fue desconocido por el presidente Fujimori quien se hallaba pescando en una reserva amazónica y su asesor Montesinos ocupado en sus maquinaciones en un evento social, esta vez ninguno pudo impedir la captura de Guzmán, lo como si lo hizo en diciembre de 1990 [5], puesto que era el cuco a quién recurrir políticamente como cortinas de humo,  cuando las aguas se movieran, si fracasaba un inventado conflicto bélico fronterizo.

Guzmán fue percibido por sus seguidores y el mismo, como la cuarta espada del comunismo (Roncagiolo, 2007), tras 12 años de actuación subversiva fue detenido, encarcelado y condenado  a cadena perpetua, por ser responsable ideológico, político y líder del Partido Comunista Sendero Luminoso (SL) que provocó y dirigió el mayor conflicto armado y sangriento en el Perú a lo largo de su historia republicana.

Se autodenominó presidente Gonzalo, enarbolando la bandera de cambio socioeconómico, político y cultural ante sus seguidores, justificando que sólo sería conseguido, a través de la lucha armada y un río de sangre por sacrificio, donde él, no derramó una gota, pero creó las condiciones para que ingenuos(as), desesperados(as) e inocentes que estuvieron en el lugar y hora equivocada murieran entre dos fuegos.

Con la captura de Abimael Guzmán, se inició una leyenda política de derrota de la violencia y pacificación del país por Fujimori y su asesor Vladimiro Montesinos (fujimontesinismo), al mismo tiempo que concluyó la metamorfosis de un profesor universitario mediocre, que se erguía como dictador sostenido por su asesor en la sombra. Mientras nuestro ingreso al manchay tiempo (tiempo del miedo) como país,  perduró con fuerza por más de dos décadas e inclusive en estos tiempos resurgen de tanto en tanto sus mitos [6].

El impacto de las acciones de Guzmán a través de Sendero Luminoso, fue la adopción simbólica de su presencia amenazante manipulado por el fujimontesinismo y los subsiguientes gobierno de turno, que sumó el terruqueo como instrumento de agresión, represión y condena a quién no estuvieran de acuerdo con el uso y abuso del poder del gobierno fujimontesinista.

11 de septiembre del 2021, muere Abimael Guzmán a los 86 años. A 19 años de condena y encarcelamiento perpetuo, sin arrepentimiento, sin pedir perdón, ni pago de S/.1.00 (un sol) de reparación a huérfanos, viudas(os), deudos y con el silencio del destino de desaparecidas(os), convencido de la validez y viabilidad de su ideología. Además del inmenso daño económico que provocó con los actos de terrorismo al fisco, contribuyó a la profundización de la pobreza, la discriminación y el estigmatismo a quienes provienen de las zonas y pueblos que sometió, controló  y dominó bajo su dictadura.

11 de septiembre 2024, muere alias Alberto Kenya Fujimori Fujimori, puesto que su nombre de pila sería Kenya Inami Inamoto [7]. Coincidiendo con Guzmán, vivió 86 años, víctima de una enfermedad terminal. A diferencia de su alter ego, en condición de libertad, con una pensión vitalicia como ex presidente y delincuente amnistiado, torciendo una vez más la mano al Estado, a través del poder legislativo, sumando una felonía más de robo al fisco y bolsillo de cada contribuyente que seguramente se extenderá a sus herederos(as) quienes no tendran la descencia de renunciar a él, puesto que están hecho a imagen y semejanza del padre.

Si Guzmán murió sin claudicar de su pensamiento Gonzalo, Fujimorí lo hizo haciendo honor al refrán: "Genio y figura hasta la sepultura", con su último latrocinio a peruanas(os), ejecutado por su banda del chino,  que nos dejó impávidas(os) ante el delito cometido en nuestras narices y a la luz del día, y si eso no fuera suficiente, será despedido segurmente de cuerpo presente con honores de digno mandatario de un país bananero. No importa el medio, si la meta es el poder, qué más se puede esperar de su prole, que no sólo lo explotó políticamente en su periodo de mayor padecimiento y deterioro físico, sinó que sacará ventaja de su cuerpo inerte y memoria como el más hembriento animal carroñero.

Fujimori gobernó una década, se fugó un quinquenio, a modo de años sabático en Japón, tratando de arropar una cobardía para no asumir la responsabilidad de sus acciones como gobernante, se declaró inocente desvistiéndose de su imagen de estadista y estratega, para atribuir todos los delitos a su asesor y tener la osadía de vociferar "¡Soy inocente!".

Traicionado por su ego y/o los cantos de sirena de sus cómplices, pretendió volver al poder por Chile confiado en la vigencia de sus mito y la desmemoria de sus votanes, más la reserva de dignidad existente, logró que fuera extraditado, enjuiciado y condenado por delitos de abuso de poder, latrocinio, violencia contra la mujer, liderar una organización criminal armada (grupo Colina), idear, planificar y ordenar ejecuciones extrajudiciales, secuestros, asesinato y exterminio de población inocente, incluyendo poblaciones más vulnerables como mujeres, niños y ancianos, violando derechos humanos.

Fujimori compartió con Guzmán el derramamiento de sangre sin perder una sola gota suya, decidió al igual que él, sobre la vida y muerte de otros, correspondiéndole la responsabilidad política de su actuación en la dirección del Estado, al combate y desactivación del conflicto armado. Renunció a su condición de estadista, descendiendo al nivel de Guzmán, compitiendo en similares estrategias, tácticas y crueldad, al que sumó impunidad, pese a poseer el poder político para cambiar las condiciones del contexto, la inteligencia institucionalizada para una respuesta focalizada y efectiva, la fuerza de las armas para derrotar en combate abierto, disuasión con el poder de la legitimidad de la fuerza, armas, autoridad y justicia de su lado, en favor y protección de la población directamente afectada. 

Pero él hizo todo lo contrario, generando un terrorsismo de Estado. Por cuanto ambos, fueron y serán históricamente responsables del asesinato de inocentes, cometiendo delitos de lesa humanidad que no prescriben aquí ni en el más allá.

Ambos compartieron la condena y encarcelamiento por sus delitos, pero se diferenciaron en  la dimensión y el cumplimiento del mismo. Guzmán murió tras 19 años en la cárcel, como correspondía. En cambio Fujimori, cumplió poco más de la mitad de su condena (14 de 25 años), ergo una vez más le sacó la vuelta a su propia constitución, mientras segía siendo enjuciado por nevos delitos, que  su cómplice de cohechos Montesinos había reconocido y declarado su cuulpabilidad, por cuanto,  incrementarían años a su condena.  

Fujimori, compartió con Guzmán,  la falta de arrepentimiento, su negación a pedir perdón, ni asumir la reparación de sus delitos, ergo erigieron su karma. Al igual que su alter ego, no pagó S/. 1.00 de reparación que debía a los deudos y al fisco por daños, pero el sumó un monto de 57 millones por su latrocinio nacional, es decir robo a las(os) peruanas(os), muere con deudas pendientes constante y sonante. Pero principalmente con la sangre de víctimas a consecuencia de sus decisiones como candidato mentiroso, autócrata, delincuente felón y cobarde.

Fue elegido por su promesa de no aplicar el shock que Mario Vargas Llosa concertó [8] con las multilaterales, acompañado de un Programa Social que amortiguara el impacto del ajuste económico. Fujimori a escasos 10 días de haber asumido el poder, aplicó un shock mayor  y sin un programa social, al no estar ni poseer condiciones de negociar con las multilaterales del emergencia. Siendo responsable de soltar el primer globo de ensayo del neoliberalismo que provocó el suicidio de personas desesperadas tras su fujishok del 8 de agosto de 1990 y la generación de extrema pobreza en 6 millones de peruanas(os), con muertes no registrasas por su impacto. Desde el inicio, hasta el final de sugobierno, legitimó la cultura de la mentira, mendicidad, discriminación, clientelaje, corrupción e impunidad. Ajusticiado, preso y hasta sus últimos días, validó estas prácticas como su mayor contribución a su linaje y a la sociedad.

Con el autogolpe del 5 de abril de 1992, destruyó la democracia, eliminó el equilibrio de poderes, violó la constitución e impuso otra espuria a su medida.  Producto de la toma delincuencial del Estado y el establecimiento de una red criminal ptodujo  nuevas víctimas directas e indirectas.

Primero desmanteló el sector público, rematando los bienes de todos que fue revendido por mucho más por sus clientes. Arrazó con los dereches laborales eliminación la seguridad social, los sindicatos, la estabilidad laboral y engendró la terciarización de la mano de obra. Engendró el sub empleo, autoempleo, la informalidad y bautizó las relaciones económicas combi, la  prevenda, corrupción e impunidad que reptó y se asentó en el poder político, hasta extenderse en la educación, justicia, cultura y costumbre. 

Aportó al incremento del crímen organziado, haciéndose parte del tráfico de armas, desentenderse del tráfico de estupefacientes, humano y políticas de violación de derechos humanos en el terreno militar y civil a través de privatización de servicios sociales de salud, educación, alimentación  y vivienda. 

Sus efectos se extienden hasta nuestros días  desde  sus acciones directas en salud como las esterilizaciones forzadas, principalmente a mujeres pobres de zonas rurales. Hasta la actual inexistencia de condiciones y garantías de salud pública para afrontar situaciones de emergencia como sucedió con el cólera y se reprodujo con la pandemia, del Cóvid19. Al  transformar la salud en mercancía, privilegió y enriqueció al sector privado, en servicios y medicamentos.

En la educación la el incentivo, promoción y facilitación de la educación privada, para despojarse de la pública,  y la eliminación de la investigación científica como medio de  profesionalización, ha producido generaciones de profesionales discapacitados para desempeñarse en aquello que fueron formados y una débil competencia para quienes asumen responsabilidades sensibles de servicio a la sociedad como son los trabajadores de la salud y educación, que en su condición de  serumistas  y docentes,  hoy  desaprueban evaluaciones básicas para su desempeño y quienes aprueban,   califican entre 10.5 a 12.8 sobre 20, con raras excepciones de 14 y 15.  Pero sobre todo a ciudadanos(as) con escaso pensamiento crítico, síntesis, reflexión y acción.

Sin un estado regulador, que arbitrara las fallas del mercado como sucede en los países realmente liberales y capitalistas, la producción de alimentos hoy se encuentra poder de monopolios y oligopolios que en tiempos de crisis como las que vivimos, concertan el incremento de precios sin sanción alguna. La ausencia de oportunidades en el interior del país, ha incrementado la migración, despoblamiento y reducción de la producción de alimentos para autoconsumo de los más pobres y el abastecimiento minoritario.

Para que un país, con una larga cultura de trabajo, autosostenimiento, solidaridad, acogimiento del caminante y honradez se transforme en inestable, violento, inseguro, desconfiado y en incertidumbre, se requiere que se produzcan condiciones favorables por más de un quinquenio, con un periodo de seguimiento, monitoreo  e incentivo a lo largo de unas tres décadas.

Alberto Fujimori sembró las condiciones durante un decenio, teniendo como cajón de resonancia al APRA y hoy a APP. Dejó como responsables del seguimiento y monitoreo a su primogénita y su engreído quienes se encargaron de reclutar nuevos alfiles con igual o mayor sed y ambición de poder que Montesinos, pero con menor inteligencia y perspectiva.

El universo es sabio y suele darnos mensajes si queremos leerlo. Fujimori y Guzmán se fueron en un día simbólico, el primer número primo cabalsitico en lo positivo y negativo, 11 por partida doble puesto que 11 de septiembre también genera 11.  Todo parece indicar que es una fecha cabalística para mostrarlnos el talón de aquiles, de aquello que parece inexpugnable e indestructible como las torres gemelas, para sobre sus ruinas, recrudecer sus medidas. Y también como se desvanecen los sueños frágiles de un modelo de sociedad diferente como sucedió con Salvador Allende.

Guzmán pasa a la historia como genocida siendo ejemplo de cómo una lectura sesgada de la realidad peruana posicionado en una universidad pública de la región Ayacucho (el rincón de los Muertos), concibió una propuesta de cambio basado en la destrucción de todo lo existente, tomando el Estado a través de la lucha armada de su Partido Comunista Sendero Luminoso (SL) y encendió la pradera por más de un decenio.

Fujimori pasa a la historia como el último dictador delincuente probado y condenado, siendo ejemplo de cómo el miedo y la inercia de una sociedad rica en recurso, pero colonizada en la mente entrega el poder y permite que un profesor de una universidad pública, poco notable, con atisbos de corrupción en ese medio, dificultades para la comunicación, escasa visión política al postular como candidato presidencial y congresista, limitada inteligencia afirmativa y gran ego, se fungió como el último emperador, por no asumirse dictador.

Ambos nos dejan como lección, que nuestra salvación no está en manos de un mesías violento ni otro felón, sino de nuestra decisión de tomar en nuestras manos nuestro destino y asumir las consecuencias de nuestras acciones.



[1] Chopra, Deepak (1994) Las 7 leyes del Éxito. https://www.colomos.ceti.mx/documentos/goe/sieteLeyesEspiritualesdelExito.pdf

[2] Godoy Mejía, José Alejandro. (2021). El último dictador, vida y gobierno de Alberto Fujimori. Perú: Debate, 531 págs. ISBN: 9786124849701, 6124849704

[3]Godoy Mejía, José Alejandro. (2022). Los herederos de Fujimori: El legado de El último dictador. Perú: Penguin Random House Grupo Editorial Perú.  

[4] 11 de septiembre de 2021. Muere en prisión el fundador de Sendero Luminoso Abimael Guzmán en Perú. https://www.swissinfo.ch/spa/muere-en-prisi%C3%B3n-el-fundador-de-sendero-luminoso-abimael-guzm%C3%A1n-en-per%C3%BA/46940552

[5] 12 de septiembre de 2017, Cuando Alberto >Fujimori y Bladimiro MOntesinos, dejaron escapar a Abimael Guzmán.  https://wayka.pe/mitos-y-verdades-de-la-captura-de-abimael/

[6] 12 de septiembre de 2017, Cinco Mitos y Verdades de la Captura de Abimael Guzmán. https://wayka.pe/mitos-y-verdades-de-la-captura-de-abimael/ 

[7] 25 de julio de 1997 Afirman que Fujimori se llama Kenyo Minami.  https://www.clarin.com/politica/afirman-fujimori-llama-kenyo-minami_0_ByqxFGZWRFg.html?srsltid=AfmBOop9ZpY8RUW2CohML_iWdUAqFcdjivb9KHhHfwJ34aXnWqm9c2fF

[8] Ver narrativa detallada por Mario Vargas Llosa, en su obra "Como pez en el agua"

martes, 2 de julio de 2024

IN MEMORIAN A MARGARITA MARÍA OSTERLING SALAS

 

Tomado del Muro de Margarita Osterling 
 
Estoy consternada, acabo de conocer que Margarita María Osterling Salas, falleció cerrando junio del 2024[1], antes de cumplir los 52 años el 11 de este mes, el mismo día del cumpleaños mi prima Irene que también partió previamente.

Una nueva partida que se suma a otras más, que entristecen mi alma, a lo largo de este nuevo siglo, acentuándose con la pandemia. Para quienes se van, sólo ellas(os) experimentaron estos cambios y para quienes permanecemos, la diferencia antes y después de la pandemia, es la despedida.

El viernes pasado en una asesoría, a dos psicólogas una en proceso y otra especializada en gestión empresarial, me preguntaron, cómo aprendí y desarrollé profesionalmente multidisciplinariamente. Respondí que fue más allá de las aulas, en interacción con otros profesionales en el desarrollo de experiencias concretas de trabajo, una de esas profesionales y gran persona fue Margarita, a quien conocí cerrando la primera década del siglo XXI, cuando inicié el dictado de cursos en la Dirección de Educación Continua de la PUCP[2]. En aquel tiempo el empleo de los recursos virtuales se producía, en una plataforma de emisión y recepción, unido al correo electrónico de cada estudiante.

Del muro de margarita

Ser docente online fue todo un proceso de aprendizaje con un equipo formado por Margarita María Osterling Salas como experta pedagoga en el empleo de herramientas y presentación de contenidos, junto con Mario Guerrero Azabache en el uso y manejo de los recursos virtuales. Asegurando que mi conocimiento como experiencia en evaluación y monitoreo aplicado a la investigación[3], fuera desarrollado como aprehendido, para efectiva y eficientemente ser aplicado por profesionales nacionales e internacional.

En mi rol de profesora de especialización, fue mi responsabilidad producir, generar e impartir conocimiento ad hoc a cada participante, pero también, fui aprendiz de Margarita y Mario en pedagogía, gestión y soporte de cursos online, así como de las exigencias y oportunidades de cada estudiante para aplicar sus aprendizajes en las diversas áreas de desempeño profesional.  

En ese espacio académico, tuve la oportunidad de conocer la dimensión humana de Margarita, cuyo espíritu de permanente ánimo, positividad y disposición ante mis preocupaciones sobre el real de aprendizaje de las(os) estudiantes bajo la modalidad virtual, nos impulsó a explorar en el empleo de nuevas estrategias, herramientas y prácticas por explorar en el 2010, como sucedió con el aula virtual que hoy es una herramienta cotidiana.  Evidenciado su búsqueda por ampliar la bastedad de la práctica pedagógica unido a su gran capacidad de innovación en el campo de la educación para nuestro país.

Margarita no se conformó con una experimentación de experimentación del aula virtual en la educación online, sino que se ocupó en que la misma fuera compartida y replicada por profesores universitarios de la PUCP, a nivel nacional e internacional, incluyéndolo como contenido del primer encuentro de profesores de educación online, comprometiéndome en la exposición y asumiendo ella la elaboración de la ayuda visual. Un registro de ello, es la foto de mi correo electrónico, que hoy es parte de su memoria.

Si bien es práctica cotidiana en la PUCP, el empleo de fuentes de información y referencias confiables, igual que el cuidado del derecho de autor, pero fue Margarita quién me animó a tomar en aquel entonces, cursos de propiedad intelectual y de patentes, evidenciando su holística ocupación de docencia, que incluye la formación de estudiantes y sus profesores.

Margarita, tras un periodo de labor en formación universitaria donde aportó al continuo desarrollo capacidades y competencias pedagógicas desde una perspectiva educativa integral e intercultural, considerando la especificidad de cada estudiante[4] para asegurar el ampliamente de las brechas de acceso y empleo de recursos digitales. Desde su labor de asistencia a equipos de investigación, incluyó estas dimensiones en cada disciplina con la que colaboró[5]. 

Del muro de Margarita
Especializándose en la producción de contenidos para el desarrollo de pensamiento crítico en las(os) estudiantes[6],  de las diversas partes del país desde su apuesta por una Educación Alternativa Intercultural. Aportando al desarrollo de contenidos para la educación pública a nivel nacional, tanto para estudiantes[7]  como para la práctica de las(os) docentes[8]. Llevándola a proyectarse hacia una experiencia de trabajo rural en la extensa provincia de Urubamba del Cusco, formando parte de la Unidad de Gestión Educativa Local de Urubamba- UGEL. Tarea que queda trunca, con su partida inesperada en esa localidad.

Margarita Osterling partió cuando menos lo esperaba y nos imaginábamos, por esos designios del universo y la finitud inesperada de la vida, para cada ser humano.

Antes de la pandemia, era una llamada telefóniica que me unía a la comunidad de parientes, amigas y amigos.  Despedíamos a cada una(o) colectiva y personalmente, recordando y nombrando nuestro modo de relacionarnos, convivir, disfrutarnos, amarnos, cuidarnos, aprender juntas(os). Ese recuerdo entrelazaba aún más, las relaciones con quienes éramos amigas(os) mutuos, actualizaba nuestros compromisos y promesas de mayor acercamiento, atención y comunicación. Reiniciando prácticas suspendidas como el compartir algún espacio coincidente, algún fin de semana, celebrar cumpleaños, con mayor insistencia cuanto más sumábamos al calendario y reconocíamos el amenguamiento del mañana, viviendo cada oportunidad como si fuera el último, creando nuevos recuerdos y aliñando mejor nuestro amor.

Muro de margarita
Las partidas desde marzo del 2000, han reconfigurado nuestras despedidas, durante los dos primeros años de la segunda década del siglo XXI en contradicción con el desarrollo, ampliación y accesibilidad a la tecnología digital de información, ampliado, renovado, facilitado la conexión y comunicación sin límites de distancia ni espacio. Nos enteramos de quienes partieron en la red, e parte eso es bueno, porque algunas veces estamos a tiempo para nuestro rito presencial de despedida. En otras, generalmente nos toca de golpe, sin más detalle de lo sucedido, y en muchas de las mismas, varadas en el dolor, puesto que no sabemos si es prudente o no preguntar a sus deudos.

Nuestras despedidas presenciales a quienes parten se han reducido de cinco personas a los más cercanos, aproximándose a los sepelios privados de personajes públicos que deben irse en privado, porque no es posible manejar la masividad, noticia y poco o no conocidos de sus parientes. Contradicción que se inició con la cuarentena por la pandemia del covid19 donde se desconocía su causa y el modo de contagio, para persistir en pospandemia, por una serie de razones que dilucidaremos en algún punto del futuro.

Despedirnos de nuestros seres amados y cada una de las personas significantes en nuestra historia de vida se ha reconfigurado, extendiéndose por más tiempo la tristeza al no ser parte de los ritos de despedida, la posibilidad de compartir el dolor, retomar las relaciones de los deudos con las amistades desconocidas del difunto(a), en algunos casos, por la proximidad generada por la red, nos conectamos con algunos parientes, principalmente hijas(os) e interactuamos reconociéndonos y/o compartir recuerdos.

Cuando converso con algunas personas sobre esta nueva experiencia de despedir a sus seres amados, suelen decir que tienen la sensación que el alma de sus difuntos sigue rondando en sus vigilias como si estuviera en sueños o tener sueños como vigilias. Con las(os) más cercanos hemos quedado en reeditar ritos para que quienes partieron y nos toque a nosotras(os), nos vayamos en paz, reconozcamos que es tiempo y quizás aprendamos nuevas formas de seguir conectadas(os).

Como he señalado en más de un escrito, en mi caso aprendí a despedirme de mis seres amados y de luz además de sentir, pensar y sufrir, mediante el escrito de nuestra historia compartida, para en parte, perpetuar digitalmente el registro una micra de sus pasos en este tiempo y dimensión que fue compartido conmigo como fue mi relación con Margarita, profesional de alta calificación, gran disposición, talento y calidez, creando un espacio grato y de confianza para el trabajo de equipo difícil de hallar en tiempos de labor estresante y cuasi impersonal.

Querida Margarita, que tu alma quede en paz y dicha, como fue tu vida creativa, sonriente, persistente, entregada al servicio de cambiar las condiciones del país desde una educación inclusiva, el amor a tus hijos y familia, la transparencia y sinceridad en tu amistad y relación esperanzadora  con este plano.

¡Buen viaje astral e infinito querida Margarita!



[1] UGEL Urubamba (28 junio 2024) Comunicado del fallecimiento de Margaríta María Osterling Salas. https://www.facebook.com/photo/?fbid=901327502010181&set=a.449817903827812&locale=en_GB

[2] Pontificia Universidad Católica del Perú. Sobre Educación Continua. https://www.pucp.edu.pe/educacion-continua/sobre-la-formacion-continua-en-la-pucp/ 

[3] Curso de Especialización en Investigación cualitativa aplicada al monitoreo y evaluación de proyectos sociales Profesora Catalina Salazar Herrera https://videos.pucp.edu.pe/videos/etiqueta/dimdim

[4] Osterling Salas, Margarita; García Talledo, Herminia; Sánchez Ortiz, Daniel (2012). Desarrollando capacidades y disminuyendo la brecha digital: una experiencia de formación con estudiantes de educación Asháninkas, Nomatsiguengas y Yaneshas de Río Negro. Informe Final: Fondos Concursables Administrativos. Recuperado 2 julio de 2024 https://dars.pucp.edu.pe/proyectos/desarrollando-capacidades-y-disminuyendo-la-brecha-digital/equipo/

[5]  Olivera Cárdenas, Luis Humberto et al.    (Coordinadora). (2011-2012). Hacia la construcción de un diálogo intercultural en la educación superior: procesos, gestión y saberes ashaninka de la corporalidad, etnicidad y medio ambiente. Recuperado 2 julio de 2024 https://textos.pucp.edu.pe/pdf/1607.pdf

[6] Osterling Salas, Margarita. (16 dic 2018). Introducción al pensamiento crítico. Recuperado 2 julio de 2024 https://es.slideshare.net/slideshow/introduccin-al-pensamiento-crtico-126061472/126061472

[7] Galarza Fernández, Gracia Fernanda; Osterling Salas, Margarita. (2020) Comunicándonos.  Seguir aprendiendo. Dirección General de Educación Básica Alternativa, Intercultural Bilingüe y de Servicios Educativos en el Ámbito Rural (Digeibira) Dirección de Educación Básica Alternativa (DEBA). Recuperado 2 julio de 2024.  https://repositorio.perueduca.pe/recursos/c-textos-escolares/intermedio/comunicacion/comunicandonos-3-intermedio-texto.pdf

[8] León Zamora, Eduardo. (2017). El fenómeno ECE y los efectos en las prácticas docentes. Lima: Tarea. Ediciones originales: Margarita María Osterling Salas. Recuperado 2 julio de 2024. https://www.grade.org.pe/wp-content/uploads/FORGE_El-fenomeno-ECE-Eduardo-Leon.pdf   

martes, 19 de diciembre de 2023

IN MEMORIAN JUANA HERRERA TRUJILLO: MAMAJUANA

Chaquinani de Cementerio a Pomacancha
Has partido Juana Herrera Trujillo, a las dos de la madrugada de este Jueves 14 de diciembre 2023, en Lima la gris y sin garúa, transitando por un segundo año para sumar a tu siglo de vida, al encuentro con tu Dios, con quien mantuviste un pacto especial, asida de tu fe, la mirada y vela de tu hijo e hija, las oraciones de tu cuidadora y los nervios como el celular encendido de quienes te acompañaron en tu partida. 

En esa nueva dimensión, te acogerán los amores que te esperan y tú deseaste tanto. Tu tránsito fue acompañada y rodeada de amor en tu lecho, como tantas veces tú lo hiciste con quienes antecedieron. A unos(as) sosteniendo sus manos misericordiosamente, animándolas a superar su temor para “pasar de esta a otra vida”. Aquellos(as) que no lograban desprenderse de su apego a la tierra, sus posesiones y aceptación de su finitud, orabas en silencio, mientras aliviabas su sufrimiento con tu magia. A quienes, pese a tus esfuerzos y amor, debías dejar partir, bañada en llanto, orabas por su alma de rodillas, asida de tu fe, amor y esperanza de hallarlos en esa “otra vida”, acallando el dolor devoraba tus entrañas.

Camino de Capilla Jirka 
Eras magnífica en tu andar, hacer, parlamento, ironía y reír al mundo. Permitiendo que ese dolor profundo, aflorara de tanto en tanto, en noches de cuentos y encantos, días de acopio de plantas mágicas cuyos poderes y nombres sólo tú conocías. Y en tardes de recogimiento donde te despojabas el sombrero, cruzabas las manos y agradecía por un día más, tus ojos se tornaban brillantes por un instante, recordado a tus difuntas(os) siendo quizás los más dolorosos tu hija “Allma” (2004) y “Capulina” (2010.

Siempre me asombró tu modo de transitar por la vida y encuentro de cara con la muerte, dialogar y contarlo. Cuando era adolescente, eras mi tía mágica, sin miedo y poderosa; pasabas de la narrativa del día, al cuento de tu último avistar o encuentro con espectros, sea al atardecer, la noche previa o sólo hace unos minutos.

A veces con “un alma en pena” de quién había muerto y aún andaba tras sus pendientes, a él o ella no los interrumpías, te santiguabas y dedicabas una oración para que encuentre su camino a la luz. Cuando se trataba de un alma que “andaba recogiendo sus pasos, porque pronto partiría”, cargabas con tu fe y sabiduría para acompañar su tránsito y animar a la familia doliente, advirtiendo del tiempo que tenían para prepararse con sólo con tocar la muñeca del moribundo(a).

Coherente con tu ser y hacer, en tu trato con la vida y la muerte, reeditaste la preparación de tu hermana Mayor Francisca, para recibir con respeto, dignidad y suntuosidad a la muerte tras una vida tomada, aquella que nunca te regaló nada, por lo que le arrebataste cada parte de ella con coraje, decisión y perseverancia.

Tras el entierro de “capulina” (Pedro), nos quedamos solas cuando todas(os) retornaron a lo suyo, ese fue el tiempo donde ambas pudimos vivirnos en conciencia e intimidad profunda, de diálogo, escucha y comprensión, enjugando nuestros dolores, animando nuestro ser, sentir, vivir, pensar, querer, saber y asumir nuestra finitud.

Pudimos sintonizar entre tus 88 y mis 52 años nuestra forma de concebir la vida/muerte de la condición humana. Cuando te conté que solía asombrar o asustar en estos temas a mis interlocutores, afirmando que: “He vivido a mi manera y estoy satisfecha, no me arrepiento de nada, porque he tratado de ser coherente cada día de mi vida, de modo que, si la muerte se asomara en cualquier momento no le pediría ni un minuto adicional, sólo que fuera piadosa”.

Tú me miraste profundo, tomaste mi mano y dijiste “Hay Pichu Chanca, desde cuando naciste con siete meses, luego te salvaste con mis remedios de morir a las dos semanas de esa infección estomacal. Hasta te bautizamos de emergencia en la prelatura de Huari, con mi cuñada Deufilia Peña Espinoza como tu madrina, envuelta en una tela de colores, que compró de la única tienda en ese tiempo. Y cuando te fuiste a tierras extrañas, con pocos meses pegada al pecho de tu madre, supe que vivirías y serías fuerte, nada te tendría, porque siendo tan pequeña habías vencido a la muerte, fuiste a la escuela y te has hecho más sabía que todas en esta vida”.

Luego te quedaste en silencio, mirando tus maíces que crecían erguidos como tú. Respeté ese momento porque sentí que mirabas hacia adentro, en tanto yo recordaba que era la misma historia, que mi madre me contó desde niña cuando me ponía en riesgo por ‘traviesa, incansable y caerme tanto’, pero esta vez en voz de la actriz que sembró su fuerza y fe en mí. Tu voz volvió a sonar y añadiste: “Hija es bueno que estés preparada ante la muerte, pero no la desees, porque parece que cuando es así se tarda más. Desde que murió Allma le he pedido a Dios que me lleve con ella, he preparado todo y no sucede. Sabes que mi cajón lo he prestado tantas veces a quienes se van antes, y sigo estando aquí, hasta que papa Dios lo decida”.

En aquel tiempo, me mostraste tu alma para admirar no sólo tu espera, sino esa capacidad de prepararte espiritual, material y conscientemente que permitió comprobar mis lecturas y conocimiento de la cultura andina en mi quehacer por el país (sobre los ritos de muerte en el mundo andino escribí en este mismo blog en el siguiente enlace[1]).

Cuando murió tu hija Allma, creíste que no soportarías el dolor, porque sentías que tus entrañas estallaban y una parte de tu alma se iba con ella. Con desesperación rogaste a Dios se apiade de tu sufrimiento, esperando que así sea compraste tu féretro, mortaja y dispusiste los animales que se sacrificarían para dar de comer y beber a quienes te acompañarían. Esperando que todo el Callejón de Conchucos acudiría a despedirte, eran más de 200 ahijadas(os) de nacimiento por tu hacer de partera sin incluir, madrinazgo de bautizos, matrimonios, confirmaciones y a quienes arrebataste de las manos de la muerte tanto niñas(os), mujeres y hombres, sin discriminar animales.

Tumba de Allma (Armandina)
Tumba Capulina (Pedro )
















Cuando fuimos a visitar la tumba de Capulina y Allma, trepaste el muro que lo circulaba como si tuvieras 20 años, mostrándome el terreno donde elegiste tu tumba, al lado de tu hija. Allí me pediste que cuando fallecieras, viajara nuevamente para bañarte, vestirte y asegurar que enterraran en ese lugar, te dije entonces cuasi premonitoriamente “con papá Félix, descubrí que temo al frío de la muerte, no podría bañarte. Siendo planificadora entre otras cosas de mi trabajo, mi vida futura es un albur, de estar en mis manos como esta vez, volveré para hacer que tus deseos se cumplan, recorrer tus pasos y los míos durante un tiempo similar”.  

En tu banca de descanso para el caminante
Retornando a tu casa me mostraste tu mortaja, mencionaste el nombre de la familia que debía retornarte el cajón (féretro) prestado, las cosas que querías te acompañen en él, porque considerabas por qué eran “necesarias para la otra vida”. Recuerdo tus palabras como si fuera ayer: “Hija cada noche y amanecer agradezco a Dios por lo vivido, pido por mis hijos y su misericordia para que me recoja en mi casa, caminando, acompañada de la gente que me quiere y respeta. No quiero ir a ningún otro lugar, he conocido otras tierras antes que todos los de aquí y el corazón de la gente. Yo decidí quedarme cuidando lo que es nuestro, sirviendo a Dios y haciendo valer la justicia”.

Atardecer desde de Huamantanga
Ese nuestro día de peregrinas, se hizo tarde y nos alcanzó la noche, mientras reviviste los lugares a donde viajaste, viviste, cómo te iniciaste en medicina tradicional en LLamellín, uniendo el saber de tu madre, abuela y propio. Cómo venciste la afrenta de bruja desde tu propia familia cuando te hacías sabia, hasta hacerte la sanadora del Callejón de Conchucos y su partera.

Viajaste por todo el Callejón de Conchucos desde Huari a Sihuas, de Chavín a Huaraz y Chimbote, para ti fue ampliar tu territorio y la variedad de su belleza, pero igual de pobre y olvidado.

En Barranca te enamoraste nuevamente del amor, descubriste otras posibilidades de vida y las ventajas del idioma español, los trabajos temporales en la Fábrica San José, los campos de Pativilca y Medio Mundo, la pesca en Supe y Huacho. De Caral tomaste el ganado caprino, para mejorar los que había en tu pueblo.

Fue Lima de los 40 del siglo XX que cerró tu aventura migratoria y decidiste retornar y quedarte en tu pueblo. Lima la horrible, te mostró, que no era para ti, vivir entre paredes de 120 m2, ser sierva uniformada para distinguirte de un igual; ganar con esfuerzo un sueldo mensual que desaparecía en dos días, comprar por kilos los alimentos con precios según tu cara y color, ser burla del acento andino, fustigándote a dominar el castellano, pero abrazar más el quechua.

Fuente: Anselmo Reynoso Herrera
Retornaste a tu pueblo con nuevas herramientas para tu hacer y moverte entre el mundo hispano y quechua, recuperar tu aplicación de la justicia ancestral, comunitaria y tu mano hecha ley. Rechazaste así doblar la cerviz, porque tu alma rebelde no te permitió someterte a un trabajo servil, de explotación y discriminación, pero sobre todo cortar la libertad y horizonte de tu alma, en tierras extrañas.

Ennumeraste tus múltiples oficios, cómo te hiciste comerciante, tejedora de sombrero, telar, ganchillo y palitos, mientras me heredabas el crochet que guardabas de mi madre, porque el resto que pasó a ser propiedad de Allma, lo quemaste creyendo que así exorcizarías el dolor de su muerte.

Fuente: Anselmo Reynoso Herrera

Me narraste de cómo aprendiste a amar el trabajo e imponerlo a los tuyos y extraños, a veces siendo incomprendida. Cómo te hiciste la mejor agricultora, abrazaste y defendiste con amor la herencia de tu padre y madre. Cómo te hiciste ganadera, productora y trasformadora de alimento y el cuidado de animales menores. La gran panadera, chichera, cocinera y sanadora. Como curandera y partera, distnguías cuándo ayudar y recomendar el traslado hacia la posta u hospital a dos horas de distancia. Siendo reconocida en tu trabajo comunitario por instituciones públicas, privadas y religiosas.

Nos asomamos a tus amores, cómo los elegiste, conquistaste y los sacaste de tu vida. Tus aciertos y desaciertos como madre de tus hijas(os) y aquellos otro(as) elegidos, sus parejas, sus hijos(as). Y las razones por las que te quedaste, como matriarca amada y temida de Huamantanga, aún me parece escucharte alto y fuerte mostándome tus manos: “Con estas manos he labrado la tierra, sin necesidad de un hombre que me ayude, con ellas he recibido con vida a un nuevo ser, así como he hecho justicia contra todo hombre malo, abusador y ruin. Ellos han probado esta mano negra, incluso delante del Juez, claro que con respeto a la autoridad. Antes de pegar al sinvergüenza de turno, le decía «Con su permiso y perdón señor juez». Con estas mismas manos que he hecho justicia, le pido a Dios por todas las almas y la mía”.

Mamajuana fue la cuarta de seis hermanos(as) nacidos vivos: Francisca, Felipe, Jacinto, Juana, Margarita y Dominga. Tercera que creció con vida y segunda de cuatro hijas mujeres, de Toribio Herrera muñoz y Zaragoza Trujillo Aguirre. Nació en el día antepenúltimo, del quinto mes, en el año 22 del siglo XX, cuando la familia Herrera Trujillo vivía en Pariaucro, Huari.

Fuente:  Anselmo Reynoso Herrera
Su primera pareja fue un hombre elegido por ella, pero subyugado por su clan clasista, racista y sexista, durando la relación el tiempo de gestación y nacimiento de su pimogénito, mi hermano Anselmo Reynoso Herrera que rebautizó como Roberto, por el parecido a su tía paterna. Quien nació a tres meses de Pedro al que nombró Capulina, el hijo de tía Margarita disputándose la primogenitura de los Herrera Trujillo. Ella entre otras gracias, tenía la gran capacidad para los alias, incluyendo a sus hijos e hijas.

De su segundo matrimonio tuvo tres hijos y dos hijas: LLuntu (Francisco), Allma (Armandina), Chuschu (Marcelino), Dici (Diciderio) y Teo (Teófila). La mayor de las mujeres, murió a inicios del siglo XX, su adorada Allma quien se había hecho a su imagen y semejanza, al punto que dominaba todo los saberes y haceres de la su madre, siendo una gran pérdida para ella, su pueblo y comunidad religiosa.  

De izquierda a derecha, Roberto, Mamajuana, Allma y Pedro detrás sonriendo, durante la fista patronal de los 70, (Fuente: Anselmo Reynoso Herrera).

En mi historia, Mamajuana fue agente de sobrevivencia durante mi primera y segunda infancia. Primero sanándome física e inyectándome espiritualmente, mientras mi madre estaba postrada. Segundo, animándola y apoyándola con mi hermano y hermana para que ella se hiciera migrante. Insistió en ello, no una sino dos veces, la primera, con la esperanza que el apoyo familiar le permitiría una nueva vida para ella, sus hijo e hijas que luego de tres años se mostró inviable bajo la servidumbre parental. La segunda, sería la vencida y sin retorno, mamá se asentó como obrera y migrante en una Lima de los sesenta, que dejaba de ser agrícola.

En primera persona, la incursión inicial a Lima como bebé de pecho, evitó que murieran  antes de cumplir tres años de vida por mi vulnerabilidad de nacimiento prematuro, debido a la precariedad y carencias de servicios de salud, condiciones familiares, sociales y económicas en un caserío perdido de los andes, como sucede hasta hoy con muchas(os) niñas(o)s peruanos, donde el Estado está ausente y la pobreza se acentúa.

Con la segunda migración, me liberó de la confusión espacial, los problemas de comunicación y cultura de mi socialización primaria de un mundo urbano al rural, en un contexto de grandes brechas entre dos mundos. Una Lima con rezagos virreinales y un ande feudal, dentro de una república que se debatía entre la herencia colonial y los intereses oligárquicos, con anhelos europeos, mientras transitaba a una tímida industrialización, cargado de prejuicios, explotación, discriminación y exclusión por clase, origen, raza, sexo, lengua, credo y cultura. 

La educación, salud y calidad de vida en el mundo andino brillaban y aún brillan por su ausencia, sólo basta mirar la morbi-mortalidad de niñas(os) antes de 3 años, la desnutrición en menores de 6, el retrazo y deserción escolar, y sin ir muy lejos, los rigores de la pandemia entre 2020-2023, aderezado por instituciones tomadas por la delicuenci y corrupción.

Mi primera imagen simbólica sobre tía Juana, era una suerte de hechicera/ heroína/gigante, como los seres mágicos de mis cuentos y novelas. Construidos a través de la narrativa de mi madre, en su condición de hermana agradecida y recíproca, pues mamá cuidaba y apoyaba a los primogénitos Pedro y Roberto en Lima (quienes fueron mis hermanos mayores); mientras su hermana apoyaba a la abuela Zara, con mi hermano Moisés y hermana Vilma en Huamantanga.

Luego que todas(os) concretamos el proceso migratorio y el asentamiento familiar, tenía hasta tres leyendas claras sobre la tía Juana: a) humana, amada, buena, solidaria, inteligente y sabía para un(os). b) temida, evitada, odiada y envidiada, por su lisura y temeridad para otras(os). c) intrépida, incontenible, fiera, fuerte, firme, justiciera y bella para muchas(os).

Fuente: Anselmo Reynoso Herrera 
Conocí en primera persona y me aproximé al ser de tía Juana, con 12 años, asida de la mano de mi hermano Pedro, tras mi derecho a la identidad. Gracias a ella y el escrito de mi padre político, se hizo posible, si bien no completamente, lo suficiente para culminar mis estudios de educación básica regular.

La realidad de su ser y hacer, me mostró su grandeza, lo maravillosa, inteligente, estratégica y táctica que era. Careciendo de herramientas de lecto-escritura, tenía la seguridad, aplomo, confianza e interlocución necesaria para moverse al interior de un sistema social, cultural, legal, burocrático, discriminador, masculinizado y autoritario como eran las instituciones públicas y los actores de una provincia aun feudal en los años setenta del siglo XX. Transformándose en mi inspiración sobre demanda, negociación y conquista de derechos.

Si las leyendas sobre ella me cautivaron con su imagen simbólica, tenerla como mi abogada y protectora en primera persona, moviéndose con éxito y sin aspavientos en el mundo de adultos, me hizo percibirla como poderosa, invencible, incontenible. Imitándola en su habilidad para relacionarse con tirios y troyanos sin bajar la cerviz. Siendo notable, su práctica para desprenderse del estrés, al renombrar a las personas por su particularidad indiscutible, unido a la narrativa fuerte y clara.

Así es, como personal y conscientemente la asumí como Mamajuana, por ser una tía/madre que se fajaba y compraba el pleito con cuerpo y alma. Por eso me impresionaba la desfachatez de algún migrante igualado(a)  que retornaba con aires de quienes ella tomó distancia, que la llamaran Juana a secas o Juanita como si fuera una niña. 

Una segunda dimensión que descubrí en ese tiempo, fue su capacidad de gerencia y docencia. Realizaba más de una tarea simultáneamente, mientras que con fluidez y firmeza te hacia parte, delegando una actividad acorde a tu edad y capacidad, mostrándote el proceso, sosteniéndote en el aprendizaje, animándote y destinando para ti el producto de tu trabajo.

Para quienes no comprenden la educación del niño(a) en el mundo andino, en contraste con niñas(os) de cristal de este tiempo que sólo usan sus dedos en la pantalla, sería escandaloso. Para mí y tal vez, para quienes tuvimos oportunidad de vivirla y aprender de ella, fue docencia.

En el contexto y la cultura andina bajo la filosofía de “ama kella, ama llulla, ama sua” (no seas ocioso(a), no seas mentiroso(a), no seas ladrón(a); se trata de una educación donde se aprende haciendo, descubriendo el mecanismo, siendo parte activa del proceso y dominando cada actividad. Simultáneamente descubres el valor de ser útil, partícipe y aporte, mientras desarrollas habilidades, en un ambiente aderezado de diálogo, cuento, canto y risa.

Al final de la jornada, gratificado el trabajo compartido y comunitario, con alimentos bien ganados alrededor del fogón, recordando la historia de nuestros antepasados(as), intercambiando novedades del día, contrastado con anécdotas de cada etapa del ciclo de vida. Comprendiendo poco a poco el contenido de comunidad, como unidad colectiva, en sus particularidades y continuidades.

Mi segunda experiencia de convivencia con Mamajuana, fue después de dos años de la primera, durante las vacaciones escolares, en compañía de mi hermana mayor. Era febrero y fiesta de carnavales, celebrado distintamente a la zona urbana, donde la yunza, el baile, canto, serpentina y la machka (harina o talco) eran instrumento de aproximación entre hombres y mujeres para el intercambio, juego y enamoramiento. Que en otros momentos estaba mediado por la distancia.

Allí descubrí en primera persona la magia sanadora de Mamajuana, pese a todo el largo tratamiento médico, de una afección que tuve ese año, no lograba curarme. Ella volcó su sabiduría, aliviando mi salud y transformándome en su fiel creyente, lo que ella tocaba se sanaba.

También descubrí, su gran habilidad para la adivinación y el rastreo, a propósito del extravío de dos ovejas bebés. Fue de película, primero leyó la coca, luego preguntó al cigarro, cerrando con la lectura de maíz, para saber si estaban cerca o fueron llevados a otro pueblo, obteniendo por respuesta que estaban cerca y escondidos. Y si los hallaría, con repuesta positiva.

Tras la lluvia, pensé que no habría huellas, pero fui curiosa junto a ella, descubriendo como identificaba los pasos y los signos de la ruta, hacia el destino de sus ovejitas, hasta encontrarlas. A modo de broma solía decir que ella tenía un acuerdo con Dios, “Si alguien me hace daño a mí, a mis animales o mis seres queridos, beso mi cruz tres veces y recibirá su castigo”, nosotras moríamos de la risa junto con ella.

Luego venía el cuento próximo a la realidad, “A veces Dios está tan ocupado, ahí tengo permiso para hacer justicia con mis manos. Hace poco el Señor X, me insultó a propósito de los problemas de senderos, lo he cogido y puñeteado diciendo esta por decirme negra, esto por bruja, esto por tu falta de respeto, se ha ido escapándose de cuatro. Al día siguiente, nos encontramos cara a cara, tenía el ojo morado; pero se ha sacado el sombrero y con mucho respeto me ha saludado.”

Reía con esa risa cantarina de quien no tiene sentimiento de culpa, sino convencimiento de defensa de sí misma y sus derechos, solía decir: “Yo no he necesitado nunca que nadie me haga respetar, yo me he hecho respetar a las buenas o a las malas. Y cuando he visto algún abuso, no he visto a otro lado ni me he callado, nadie se ha salvado de mi mano, ni siquiera mi compadre. Cuando X le pegó a mi comadre, agarré el soplador [un tubo generalmente de fierro], puse el compadrazgo a un costado diciendo: «con su permiso compadre, a una mujer no se la toca, se la respeta», le he dado duro. Al día siguiente ha venido a pedirme perdón y besar mi mano, diciendo que no sabía lo que hacía”.

Su narrativa era tan fluida, gráfica y clara, que fue la gran cuentista, te atrapaba al punto de introducirte en ellos a sus escuchas. Una de esas noches que compartimos, nos contó sobre las almas, mientras su hija Allma le frotaba la espalda, para aliviar en sus músculos, el rigor del trabajo  tras la extenuante jornada.

Su puerta del dormitorio, era de dos hojas con ventanas a mitad de ellas, la noche cerró y  acentuó el frío, un viento helado ingresó por la ventana abierta amenazando con apagar las velas. Sin dejar de narrar le indicó a mi hermana, que cerrara la ventana, ella obedeció sin perder la concentración en el cuento.

Mamajuana, interrumpió su narración, para indicar a su hija el punto del masaje: “¡Cchay, cchay! (¡ahí, ahí!)”. Mi hermana creyó que le advertía a ella de la presencia de un alma. Dio un grito y salto de gacela, lanzándose sobre la cama. Mientas todas reíamos a carcajadas. Quedando el hecho esculpido en mi recuerdo, riendo nuevamente mientras escribo, espantando en algo mi dolor.

Una muestra pequeña de la narrativa de Mamajuana va adjunto,  contando a mi madre sobre sí misma  durante una de sus visitas a Lima. 

En esa segunda estadía, uno de esos días nos dirigimos hacia Jato, una zona ubicada en la puna entre 4,500 a 5,000 m.s.n.m., donde tía Pancha (Francisca) era dueña y señora absoluta, cuyos límites aparecían incalculables en mi visión adolescente. Allí vivía a veces sola con sus perros, cuando su hija bajaba a estudiar.

Comprobamos en esa visita que era ganadera de equinos, ovinos, caprinos y vacunos que sumaban una gran manada, además de la abundante agricultura de oca, papa, olluco, mashua, linaza, quinua, tawri, habas, y más. Con los que comerciaba y la hacía autosuficiente.

Tía Pancha era una mujer hermosa, corajuda y libre, la mayor de la hermana Herrera Trujillo, cubierto hasta sus ojos por un sombrero blanco de lana, ocultando el brillo de sus hermosos ojos azules y protegiendo su piel nívea del inclemente sol. Con ella descubrí siendo adolescente, que el poder de la fuerza no era atributo sólo del hombre, porque levantaba como si fuera una bolsa, los sacos de alimentos. Enlazaba, mataba y trozaba el ganado en un dos por tres. Sirviéndote un “mate” (plato hondo, de calabaza más grande que el parrillero) lleno de papas, habas y ocas, con un molde de queso, otro de cordero frito y un tercero de cuy entero, que sólo ver te quitaba el hambre.

A propósito de esa visita descubrí, la gran capacidad de clarividencia y premonición de Mamajuana, justo cuando nos dirigíamos a casa de tía Pancha, nos detuvo a ambas hermanas, para advertirnos tratar con cuidado a los caballos sin aflojar las riendas para no terminar entre sus patas, al igual que caminar y no correr por la ladera resbaladiza y traidora, para volver enteras.

Nosotras emocionadas, regias amazonas cruzábamos la llanura de Corral Pampa hacía la puna, mientras nos jactábamos a quién le tocó el mejor caballo. De pronto, el mío tomó la delantera, en seguida el suyo, de trote pasó al galope a punto de derribarla, en medio del susto sólo atiné a gritar, recuerda lo que dijo Mamajuana, ella reaccionó agarrándose como pudo y tensando las riendas, evitando que la primera premonición se concretara. Luego descubrimos que el suyo era caballo y jefe de manada, por eso la resistencia a que la mula que yo motaba le llevara la delantera.

Ya en Jato, extasiadas por el paisaje olvidamos todo, tras empacharnos de las bondades de la tía Pancha. Fuimos hacia la ladera verde, bella y traicionera, nuevamente fue mi hermana quien resbaló y cayó sentada, cual tobogán rodó un largo trecho, que felizmente no provocó rotura alguna (como aquella que hoy sí, supera), sólo un gran susto. Al retorno, fue curada, sanada y bendecida por las manos y magia de Mamajuana, del golpe, susto y corazón desbocado de ese tiempo. Ambas aprendimos queen adelante, lo que ella anunciara era mandamiento.

Ya adulta a mediados de los ochenta, durante mis vacaciones universitarias, retorné con mi madre a casa de Mamajuana, siendo testigo del amor de hermanas, sus reclamos sutiles, esclarecimientos, confidencias, cómo revivían sus tiempos, sus parecidos, diferencias, altas y bajas. Descubriendo que más allá de la vida elegida por cada una y sus posturas respecto a la misma, su modo de expresar felicidad siendo distintos, se conjugaban y acomodaban sin colisionar.

Mientras Mamajuana expelía satisfacción, felicidad y alegría por cada día, independiente de las carencias, exigencias y rigores de la ruralidad, mi madre optaba por los lamentos de la distancia, la fraternidad mediada y la insatisfacción de sentirse extraña en su tierra y desterrada en la ciudad. Ambas a momentos expresaban sus emociones con risas cantarinas y en otros con llanto que enjugaba una de la otra.

Con Mamá y Mamajuana en su cumpleaños
Mi madre solía decirnos de niñas a mi hermana menor Luz y yo, cada que mi hermana mayor no soportaba nuestras invasiones y travesuras: “Por qué no se quieren, nosotras como hermanas somos diferentes Pancha, Juanita, Margarita y yo, pero nunca nos hemos peleado, siempre nos hemos querido, porque hemos salido de una misma caja [vientre]. Inclusive, mi hermano Jacinto siendo hombre, era muy bueno conmigo. Cuando me cansaba de niña, él me cargaba en su espalda, nunca me maltrató. Se alejó y cambió cuando se casó, dedicándose a su familia, porque así tenía que ser. Pancha fue mi madre, ella me crio cuando mamá no estuvo. Con Juana hemos compartido todo, si no fuera por ellas dos, Margarita y Yo no habríamos ido a la escuela, no habríamos sido cómplices, ni andado juntas. En los peores momentos nos hemos consolado”.

Tía Margarita y Mamajuana 1992
Mamajuana a su vez contaba: “Nuestras historias de hermanas unas veces se parecen y otras no, depende de cómo hemos resuelto los problemas de ser mujeres. Pancha al igual que yo, nunca necesitó de un hombre, ella era viajera como papá y ganadera por sí misma. Se casó mayor, sin querer, por insistencia y presión de la familia de él, fue tan mal su experiencia que no quiso volver a casarse, al enviudar siendo joven y con una sola hija. Siempre tuvo en abundancia y nos ayudaba.

Yo era exigente, me gustaban los hombres más guapos, como el papá de Roberto y luego mi esposo. Con el segundo, tuve suerte los primeros años de enamoramiento, todos me envidiaban porque nos amábamos y cuidábamos mucho como cuculis [palomas]. Quizás el error fue casarme con un hombre de la costa, mientras yo amaba la sierra. Él nunca entendió mi amor por la tierra, el trabajo y los hijos, tampoco yo, su deseo por una costa ajena, desolada, pobre y abusiva. Me hice viuda antes que muera, y cuando lo hizo, abracé mi libertad, me buscaron muchos hombres, no más, mis manos son suficientes.

Margarita siempre fue la más sumisa de todas, quiso mucho a su marido, fue detrás de él por todos lados y le perdonó todo hasta el final. Tu madre que es la menor, su belleza y nuestro cariño la hizo presa de sufrimiento en estas tierras, Dios la premió lejos, con un buen hombre como don Felli [Felix], hasta el último de sus días. Tuve a mi hermano Felipe, seguido de Pancha, que murió siendo niño, mi madre no se recuperó. Jacinto mi único hermano hombre vivo, quizás porque éramos todas mujeres,  apenas se casó, se alejó de nosotras y nuestra madre”.

Mamajuana, Mamá, Teo y tía Margarita
En el 2018, por la necesidad de cuidados a su edad avanzada, fue trasladada por su hija menor e hijo a Virgen de Nazaret en Venado Muerto por la sierra de Supe que es capital de la provincia de Barranca del departamento de Lima. Al cuidado de la familia de su Lluntu, su segundo hijo. Era un espacio rural, que se asemejaba al de su casa, pero para su sentir, no era la suya.

Fui a visitarla allí más de una vez. La primera fue en abril, al poco tiempo de su llegada , allí me dijo: “Hay niña Catalina, llegas como el pájaro al vuelo con tu cashpi chaki (pie delgado), te dije que moriría en mi casa mirando mi cielo, chacra, gente y animales, pero no es así, me trajeron con engaños por unos días y no me dejan volver. Ayúdame a subirme al carro y de ahí, todo corre por mi cuenta, todos me conocen”. La consolé, diciendo que estaba cuidada y acompañada, más cerca para que sus hijos, la familia y yo la visitemos.

Me miró con desesperanza, mientras decía: “Así será pues, si tú lo dices, me quedaré en voluntad ajena que nunca quise. Niña Catalina una propone y Dios dispone, dejándome vivir tanto, sin escucharme”. Cada vez que mi vida lo permitía, hacía una visita no anunciada, para retornar con el alma partida y la impotencia de verla desarraigada, silenciada y mirando hacia adentro, porque sus ojos y oído, se iban apagando hacia afuera.

Fue cerrando agosto del 2021, durante la pandemia del covid19, que su salud se resquebrajó, siendo trasladada de Supe al Callao en Lima. Al cuidado de su sobrina Nelva, la hija mayor de su hermana Margarita, siendo sostenida en todo este tiempo por los hijos paridos en sus extremos. Su primogénito Roberto en Lima, entre su ser y hacer de hijo, padre y abuelo. Y Teófila, la última hija desde el extranjero, que en sus facciones se parece más a mi madre, heredado esta condición a su única hija. Contando con el apoyo sostenido de Miguel, quizás en agradecimiento al modo como Mamajuana lo hizo con él y hermanas(os) de niño cuando primero su padre y luego su madre enfermó, dejándolos(as) muy jóvenes en orfandad.

A ellos se han sumado el apoyo de sobrinas(os) que en tiempos de su poder y hacer fueron a su vez beneficiadas(os), sostenidas(os) y protegidas(os) por su amor, fortaleza y valentía. Mostrando la efectividad de la reciprocidad andina, en una sociedad que no se hace cargo de la tercera edad, ocupada en ser corrupta y expoliar los bienes de todas(os) los(as) peruanas(os).


Fuente: Anselmo Reynoso Herrera
Mamajuana vivió un siglo y un año más cumplido, acompañada y celebrada por personas que un día recibieron su semilla de amor. Mi participación en este tiempo, fue más virtual y mediada a través de Roberto, al coincidir con el cuidado de mi madre, compartido y partido con mi hermana Luz.

La vez que pude verla, me despedí, descubriendo que pese a su avanzada inmovilidad, falta de visión y escasa escucha, estaba consciente y lúcida, porque no sólo me reconoció atada a sus recuerdos, también me nombró, escribí detalles al respeto en[2].

El transitar y últimos días de cuidado de Mamajuana, me han permitido, constatar que la vida es un sueño, de idas y retornos, un pañuelo que al doblarse sus puntas suelen encontrarse. Como bien me dijo ella “Una propone y Dios dispone”, más cuando descansa la fuerza, los sentidos levantan vuelo y el poder se diluye, para mostrarnos que tal como nacemos dependientes, una larga vida deseada por muchos(as), nos hace nuevamente dependientes.

En el anverso de la moneda, de una larga vida, se  requiere de cuidado y calidad, fruto de un buen vivir y ser, puede tornarse o no amoroso con cargo y encargo. A Mamajuana la vida le retornó en reciprocidad su bondad y amor, con el cuidado, la compañía y amor de manos de Nelva, la mirada constante de Roberto, el monitoreo de su hija por sobre la distancia, la generosidad sostenida de su sobrino Miguel, así como visitas y apoyos de muchos amores.

El reverso de la misma moneda, muestra que el cambio, la calidad de vida social y económicamente establecida, no necesariamente conjuga con nuestro espíritu y alma, transformándonos nuevamente en recién llegadas(os) ad portas de irnos de esta vida. A veces desarraigadas(os) de aquello que fue el sentido de nuestra vida, independiente de haberse tomado medidas seguras durante el ejercicio del pleno uso de conciencia, la voluntad y decisión propia, en nuestras manos.

Mamajuana no se murió en su tierra santa como pronosticó, pero se enterró en ella, gracias a la generosidad de su sobrino, Miguel que la llevó y forma parte de su rito de despedida con la misma picardía y alegría que Mamajuana. Quedan seguro muchos registros, el siguiente es compartido por Anselmo Reynoso Herrera.



Escribí mi memoria de Mamajuana, desde nuestra historia compartida, que es un pequeño trozo de la larga, fructífera, aleccionadora y humana vida. Mi percepción sobre su ser, pensar, saber y hacer, que deja huella, de quien podría ser la última matriarca de Huamantanga que perteneció y talló la estirpe de mis ancestras, mujeres que su medio, clase, género, cultura, política, religión y rigores de la vida, no pudieron doblegarla, porque ella con su espíritu libre y alma firme, supo hacer sincretismo con poder, toma de decisiones y voluntad, hasta cuando las fuerzas fueron suyas. Aún tras la muerte, el descanso de su cuerpo en su tierra natal y según sus pautas, es su voluntad y se respeta (sobre el duelo andino hay un escrito previo en un artículo 3).

¡Descansa en paz de una larga vida y misión cumplida Mamajuana!

¡Ve a hallarte con nuestros antepasados!

¡Tus seres de luz y ascendidos te acogerán como bien amada!

¡Ve ante ese Dios humano que bien te conoce!

Pueda que no dejes pendiente alguno y saldada tus deudas, cerrando tu ciclo encarnado, para ser un espíritu ascendido, siendo así, espero tu acogida cuando me toque.

Yo me quedo cantando tu canto que es oración y esperanza en medio de la desesperanza de nuestro tiempo y aquello que nos toca después de tí.


 

Esta publicación ha sido revisada, comentada y aportada en datos y detalles, por Anselmo Reynoso Herrera, el hijo primogénito de Mamajuana, en la primera versión, gracias por ello.