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domingo, 18 de enero de 2015

DUELOS: SIGNIFICANTES Y SIGNIFICADOS


Para quienes hemos aprendido a ser gregari@s, existen diversos modos de procesar colectivamente nuestras pérdidas o duelos, dependiendo de quienes están para realizarlos. Quienes somos o hayamos sido en vida nuestros vínculos, el modo como hemos dejado crecer o no a nuestro ser, la forma como hayamos construido nuestro estar para vivir o dejar de hacerlo y hacer para servir o sólo servirnos. 
En los sectores populares urbanos y andinos, donde he compartido frecuentemente estos procesos, existen tantos ritos como diversos modos de vivir se han configurado. En algunos casos se inicia antes de la muerte propiamente dicha, cuando el estar se deteriora progresivamente a través de una enfermedad terminal que puede durar años o meses, produciéndose   actos y gestos   expresos que dan   contenido a la solidaridad. Los que serán intensos o breves, cercanos o distantes, dramáticos o festivos, expresos o implícitos. En realidad todo dependerá de los lazos   de amor entretejido o el grado de individualismo instalado en cada un@, la idea dela reciprocidad, semejanza y reconocimiento de la propia finitud. De la idea que se tenga en torno a la vida y la muerte. Por cuanto la compañía, asistencia, apoyo, cuidado o sólo aprendizaje vendrá a ser consecuencia y concatenación del modo que se expresa la vida y la muerte.
Como bien dice Elisabeth Kubler Ross, las experiencias y convivencias con situaciones de enfermedades terminales, se produce una profunda reciprocidad, que suele recubrirse con un enfoque de auxilio al paciente, cuando en realidad es un acto de intercambio, que sólo es posible advertir cuando se asume nuestra propia finitud: “Aunque iban a morir, comprendían que era posible que su vida aún tuviera una finalidad, que tenían un motivo para vivir hasta el último aliento. Podían seguir creciendo espiritualmente y contribuir al crecimiento de quienes los escuchaban.” (Kluber-Ross: 200, 58)[1]
En casos donde la muerte llega imprevistamente, el golpe y la movilización solidaria es veloz, aquí no cabe “Mi tío es bombero”, como decía mi amiga Rosa Pacheco allá por los ochenta.  Es o no es, se está disponible o no se está, se tienen fuerzas o se agotan, no hay espacio para el   mañana, se moviliza o inmoviliza. La noticia corre como reguero de pólvora, vecin@s,    deud@s y   buen@s samaritan@s emergen y asumen su rol, haciendo que el tránsito entre el dolor y la despedida no sea desvirtuada por los requisitos y exigencias de procedimientos legales que nunca faltan ni sirven, para la vida menos durante la muerte pero hay que hacerlo, es nuestro modo de dejar constancia que estuvimos un tiempo en esta dimensión, por lo menos   estadísticamente. 
Paralelamente l@s deudos más vulnerables ante la muerte y el duelo son acompañad@s en el dolor que es vertido en el velorio simbólico de prendas percibidas como favoritas de quien en vida fue, para ubicarlo al lado de quienes sufren su partida, evitar se extravié en su nueva vida, tenga eterno descanso y quizás la comprensión de su alma que pasó a otra dimensión, como vemos cada día más en más de una película.
El velorio del cuerpo presente, es sin duda el momento central del proceso de despedida de quien ha muerto, creando el espacio anímico, social, cultural y religioso, para dejar fluir el dolor. Cada quién y cada cual a su modo. Un velorio en su contendido y significado podría catalogarse de igual en nuestra sociedad, afirmamos frecuentemente que   independiente de quienes fuimos somos iguales ante la muerte,   a veces pienso que sólo se trata de que todo@s somos finitos. Pero si nos detenemos en los procesos gestos, ritos de unos y otros, hallamos marcadas diferencias de cómo se vive la muerte y en cada sector social.
En este punto sólo haré una anotación respecto a otros sectores sociales por ser notables las diferencias. En los sectores medios y altos, el velorio se realiza en un velatorio, espacios ad hoc a la muerte, transformándose en acto público aun cuando sea privado por cuanto hay que guardar las formas y horario definidos, como si se hubiera previsto administrar el discurrir de los gestos y sus intensidades. No es posible quedarse más de un breve tiempo porque se satura.  Para l@s deud@s, aligera la permanencia al lado de la muerte, los saludos y el dolor desgastante, alguna vez escuche afirmar que estos espacios permitían enfrentar a la muerte con estoicismo y dignidad. Me pregunté en su momento si esto era posible.
En el caso de los sectores populares, inversamente, es un acto privado aun cuando sea público, quien muere pobre o no rico se vela en su casa, su calle o barrio y en el mejor de los casos tiene misa de cuerpo presenten en su capilla, parroquia u iglesia. El espacio del velorio deja de ser impersonal para transformarse en pertenencia y pertinencia, donde por última vez espacio donde los diversos actores se funden, transformándose en acto simbólico de reunir, unir y comulgar a la diversidad con los que vivió hasta la muerte. Las mujeres y hombres se distribuyen la atención de unos a otros.
En los pueblos del Perú y los conos de Lima, el contenido del velorio se transforma en oportunidad para que cada quien establezca la última conexión con quien en vida fue a través de sus sobrevivientes y dolientes.   Cada cual   va dejando su tributo unido a una narrativa de los hechos previos,   encuentros misteriosos,   anuncios y despedidas premonitorias, hasta el     estado en los momentos de partida. Siempre me ha conmovido el esfuerzo por cargar sobre sus hombros el cuerpo de quien en vida fue y la reverencia simbólica de despedida de su casa, el lugar preferido y el barrio. El carro fúnebre va delante en tanto hombres y mujeres se turnan en cargar el ataúd. Pueda que en todos estos gestos, se reelaboren el significado y significante del dolor ante la muerte hallando    consuelo en el descanso en paz del que en vida fue y la resignación de tod@s.
El rito comunitario   entrelaza la vida, muerte, dolor, consuelo, solidaridad y compartir, que va desde gestos de aporte material a modo de ofrendas florales, pasando por café, azúcar, galletas, hasta sal. Aquello que siempre me conmueve en las comunidades andinas y las zonas populares es la materialización visual y simbólica de unidad, como una unidad (comunidad). Se deja atrás distancias, diferencias, tensiones que se producen en la vida cotidiana. De quien menos se espera emerge la disponibilidad, entrega y compañía. La muerte aligera tensiones y salda deudas reales y simbólicas, mientras que el padecimiento crea espacio para los perdones.
El entierro o crematorio (cada vez más usual aun cuando resistente para ciertas creencias y prácticas), es el último acto de compañía y solidaridad, en él suele desbordarse el dolor en gestos y palabras, los sentimientos de culpa o asentarse la resignación, es la oportunidad de elevar la voz, para el recuerdo, perdón y hasta la exigencia de justicia.  Culminado el entierro las personas más cercanas e íntimas a los deudos retornan hacia el hogar en duelo para un último compartir.
En los pueblos andinos y sus migrantes de las ciudades, se produce un último adiós a los cinco días “pishgay” (cinco)[2], un rito espiritual que consiste en asumir la muerte como partida irreversible, universal y sin excepciones, una nueva oportunidad   para mirar la vida y muerte propia en perspectiva, que en un nuevo esfuerzo de negación y resistencia, se trasfiere   al alma de quien en vida fue, expresando una vez más “X… puedes ir en paz”. Y se limpia en comunidad y/o parientes  la casa, cada objeto suyo, aquello que fue tocado en vida, para generalmente distribuirlo entre cada persona que fue significante. Es una herencia colectiva que va más allá de la materia, enlazándose en lo espiritual.  Creándose una nueva oportunidad de   compartir y departir el dolor que circula entre todos, no se apropia de sólo un@ por cuanto no se transforma en tristeza que deprime, enferma e incapacita. Un proceso de desapego material que exorciza   y aleja la tristeza, para asumir al dolor como aprendizaje de vivir con la ausencia del ser, en tanto que presencia espiritual y simbólica es vívido permanente. 
Conocer y compartir estos procesos permite entender el dolor profundo y la inviabilidad de la resignación para quienes no ha sido imposible hacer el rito de despedida hasta enterrar a sus muertos, puesto que los funerales viene a ser el último acto humano donde es posible el reencuentro de la vida con la muerte entre seres amad@s, apreciad@s y la renovación de la idea primigenia de nuestra finitud material que intentamos día a día olvidar y actuamos como si ella no existiera, así como la   infinitud espiritual que ignoramos porque nos libera de obligaciones hacia adentro, o porque a veces es más tentador vivir cada minuto como si fuera el último que cada minuto como como si  fuera el primero En el duelo andino se va más allá, son ritos que ayudan a estructurar una respuesta a la experiencia existencial de la muerte en el plano de los valores, las creencias y el sentido de la vida y de la muerte. Este plano más profundo del contenido, lo cognoscitivo, que en ciertas terapias se quiere dejar de lado, está también presente en los ritos del duelo andino.”(Alaez: 2001)[3].
En cada uno de estos ritos hombres y mujeres con diferentes credos y fe, hacen suya la oportunidad de "mostrar respeto", colocando al centro la memoria de quien dejó de existir. Las personas cercanas dan cuenta de cada   facetas de su ser desde su percepción, lectura, memoria y reconstrucción –nadie se opone, ni discute; cada versión es válidas y verdaderas-, por cuanto el ser inerte, pese a carecer de voz, ella se encarna en cada un@ haciéndose firme, permanente, integral y central. Plasmándose la idea de que sólo te conocen, reconocen y valoran   cuando ya no puedes negar o afirmar y que no hay muerto malo. Por ello no es extraño que se construyan misterios, fábulas, mitos y leyendas cumpliéndose la máxima que no hay difunto malo ni humano, sólo ligero o pesado.
La partida de Emma Hilario al producirse en la distancia   privó de todos estos ritos a quienes la conocimos y vivimos. Compensándose en parte con un momento de reencuentro que tuvo como texto una misa de bendición a sus cenizas. Si bien el tiempo no transcurrió en vano, haciendo que la homilía fuera abstracta, la agenda de fondo fue colocado por las compañeras de base y   las dos mujeres que compartieron con ella la responsabilidad de representación y dirección de comedores autogestionarios (1986 -90) y populares (1991-96), por ello no es de extrañar que     de las expresiones se agolparan y expresaron diversamente, transformándose el acto de peticiones, en homilía de pueblo desde el llano y no el púlpito.
En términos ortodoxos de Luis Cipriani seguramente la misa no habrá alcanzado las exigencias para ser reconocida como tal, existiendo suficiente pretexto para poner en práctica una serie de medidas eclesiales represivas que van desde la sanción a sus autoridades hasta la excomunión de sus fieles.
Para quienes hemos aprendido que la misa es una celebración comunitaria que si bien congrega a fieles creyentes y comulgantes con la religión católica,   tiene   suficiente    espacio a modo de casa abierta para acoger con respeto a simpatizantes, agnósticos e indiferentes.  Donde su concepto de iglesia participativa ha incluido desde hace mucho: el canto, cuento y la oración como espacio de expresión de su comunidad.
La misa para Emma Hilario, fue una oportunidad para mostrar tolerancia, apertura   y pluralidad desde un ala de la iglesia católica, pero principalmente fue ese espacio de comunión y comunidad para el rito de despedida, donde admite la muerte como inicio de una nueva vida, invitando a pensar en la vida, su contenido, oportunidades y exigencias.
Así es como el espíritu de Emma, nos convocó a un momento de comunión entre diversidades, unión y compromiso. En mi caso particular, me permitió mirar el pasado con ojos de hoy,   aprendizajes acumulados análisis y reflexión, que son menos ingenuos y apasionados, mientras se desgranaba los discursos políticamente correctos, agradecí a la vida y Dios haber sido parte de las  historias de mujeres que sobrevivieron a los tiempos sin nombre y pudieron contarlo. Para mirar desde adentro a la responsabilidad de cerca, lo que fue el devenir de nuestros propios haceres entre ensayo y error porque a nadie se nos preparó para vivir lo vivido.
Los abrazos me llevaron   nuevamente hacia sentimientos agazapados, interrogantes que jamás nacieron porque en ese tiempo desconfiábamos de nuestra propia sombra y cuando la osadía e intrepidez dejaba   filtrarse alguna temeridad, sólo se volvía la vista hacia otro lado o bastaba con acusar de no ponerte la camiseta. El silencio, la sordera, el monólogo fue un espacio propicio para que se acrecentara el miedo y el terror se instalara. Ahora que lo pienso, los actores principales de la violencia política (Estado y grupos violentistas) fueron sin duda   responsables centrales de la muerte, el abuso, la inseguridad de hombres y mujeres colocados al centro del conflicto. Y donde mujeres de a pie  como Emma Hilario[4], Elvira Torres y Rosa Landaverry[5]  fueron para ambos bandos  daños colaterales que pueden contarlo y otras como María Elena Moyano[6] y Pascuala Rosado[7] murieron en el intento sin haber comprendido realmente su propio derrotero y la absurda insania que les arrebató la vida[8].
Para quienes fuimos acompañantes, aliad@s, comparsas, apoyos de esas mujeres, con poco o mucho miedo, conscientes o inconscientes de nuestro propio riesgo, como sucedió con Consuelo García[9] que dejo la vida en ello. Aún queda mucho por revisar, comprender y aprender de nuestro papel en tiempos de miedo, para no abstraer y generalizar responsabilidades, sino mirar adentro y derredor aciertos, desaciertos, silencios, omisiones, complicidades, olvidos y reediciones. Para no cerrar la página sin aprender la lección por un nunca más. Para no   creernos consciente o inconscientemente fábulas propias o ajenas, para sólo dormir tranquil@s o cosechar congratulaciones   ahuyentando a nuestro propio espanto.  
Con estos pensamientos por compañía me alejé de la segunda parte del rito en memoria de Emma. Cuando miré en derredor descubrí no estaba sola,   era  un sentimiento compartido, guiándonos hacia nuevas exploraciones de percepciones retrospectivas  mientras transitamos las calles que hace más de 23 años transitó y  vivió Emma Hilario, mas  ese es un nuevo tema  a compartir otro día. 



lunes, 28 de julio de 2014

IN MEMORIAM ISABEL INCA

Se puede convivir con algunas personas  por muchos años  sin llegar nunca a conocerlas verdaderamente, ni que ellas lo hagan contigo. En otras ocasiones puedes hallarte con alguien  sólo un tiempo y conectar reconocimientos no sólo de una vida, sino de muchas otras. Tanto que cuando se agota el tiempo de una(o), la reacción  de quien se queda es indescifrable.

Seguro que para muchas(os) de los(as) presentes en el sepelio de Isabel Inca, era incomprensible mi desconsuelo y llanto, especialmente para quienes compartimos un espacio colectivo durante poco más de tres años, pero se  a mi vez, que Isabel lo entiende y eso basta.

Escribo en este momento, para activar mi mecanismo de registro que me saque a flote de esta inmersión en el dolor, procesando los sentimientos que me unen y desbordan en este tránsito de aceptar que Isabel partió el 27 de julio, cerrando nuestros proyectos. 

Isabel, aceptar que ya no podré compartir contigo mi tiempo, sentir, alegría y risa, que sazonaba nuestra conversas. No  es fácil asumir que ya no enlazaremos tarde con amanecida. Incrementa  mi pena saber  que ya no podremos,  fugarnos a algún evento  o lugar  disfrutando la mutua compañía. Y en un intento de expresar la certeza de mis sentimientos intento trazar los hilos de nuestra amistad, que es mi modo de tributar a nuestro tiempo y tu partida.

Para quienes no sabe de nuestra historia conocí a Isabel, producto de esos arrebatos que se tiene, cuando se pretende seguir creyendo que comulgas con quienes conoces de mucho tiempo,  en esa confianza te embarcas en una aventura o un proyecto de objetivos explícitos compartidos,  mientras cierras los ojos a los implícitos -que suelen inmovilizar e impiden apostar por seguir siendo y haciéndote un ser  gregario-, así que casi a tientas y toneladas de fe me embarque a la creación de un grupo de mujeres con nuevos tonos, sinfonías, sabores y posibilidades.

Isabel asomó a mi vida ese cinco de abril del 2010, en la primera convocatoria a un proyecto colectivo de mujeres, del que se ausentó hasta cuando se transformó  en DesdeNos. 

Cuando revisamos en más de un balance anual nuestro proceso, confesaría  que lo hizo con incredulidad, puesto que era un espacio no tradicional para ella. Porque venía de una larga especialización en organización barrial, social, asistencial, política, etc. 

En todas ellas tenían en común estar al 'servicio de', y ella siempre estuvo al 'servicio de', desde su desempeño laboral, pasando por su trabajo doméstico, rol del cuidado, hasta el político y social. En tanto que DesdeNos era un espacio para pensar en sí misma de adentro para afuera. Re-descubrirse, amarse y apostar por sí misma. Renunciando al aplauso por el buen servicio o los desencantos del aprovechamiento por ser: "buena gente", "mujer de pueblo", "mujer de lucha", "mujer de base", "mujer guerrera". La exigencia era SER y HACER de sí misma en comunión con otras iguales y diferentes.

La historia de Isabel se ata con la mía sin conocernos, desde muchos años previos, cuando ella ingresaba a la juventud en tanto yo bordeaba la adolescencia. Había  terminado la secundaria en la misma época y centro educativo donde yo ingresaba, para cursar mi educación secundaria: Juntas recordamos en una de las tantas  veces compartidas, el himno del colegio y nos moríamos de la risa de-construyendo su contenido. También ambas descubrimos que no fue casualidad encontrarnos y compartir muchas cosas en común, como el tiempo lo desgranaría.

Se inició y jubiló en el sector público primero bajo el auspicio y  dirección de Consuelo Gonzales Posada Eyzaguirre de Velasco, quien dio los primeros pasos por aquello que hoy conocemos como INABIF. Desde muy joven fue testigo de excepción en el modo como se hacen e implementan  las políticas de asistencia, así  que nadie mejor que ella para sentenciar que  jamás fueron suficientes. Eso explica  en parte su intento de compensar a través de su trabajo y entrega más allá de la exigencia laboral. Perfilando una labor administrativa enlazado con la socio-asistencial, práctica que alimentó su sensibilidad y entrega a los demás, incluso postergando urgencias personales.

Fue su  lucha por una vivienda aquella que la forjó en el campo de la organización social, a diferencia de mujeres que construyeron su liderazgo desde la sobrevivencia, ella lo hizo desde su desempeño profesional y condición de vecina-ciudadana, levantando sospecha en quienes pretendían, homogeneidad en los orígenes de las mujeres del sector popular, pero al mismo tiempo conociendo con ojo crítico como silencioso quien era quien desde sus adentros -eran tiempos donde escaseaban mujeres que tenían un trabajo remunerado y conciencia crítica-. Asomarse al corazón del tejido social y el mito socio-comunista de la izquierda de los ochenta, antes de detenerla le permitió enfrentar las exigencias de la vida sumando, jamás restando, tomando decisiones sin vuelta atrás, a pesar de dejar desgarros de su inocencia de funcionaria pública y pobladora,  tiras de su piel  y corazón en ello.

Cuando se develó  su condición de mujer, lo hizo desprendiéndose con energía a herencias de inicios del siglo XX, en una época de rupturas y sueños de emancipación compartida por muchas mujeres de los setenta. Apropiándose con todas sus fuerzas de su libertad y derecho a ser respetada por quien era, hasta imponerse por encima de los convencionalismos y colocarse al frente de su hogar,  como una más de las miles de madres jefes de familia  que hacen grande este país. Con dos hijas, un nieto, madre y padre  ancianos sobre el hombro se dibujó una sonrisa y tiró adelante. 


Ejemplo que impacto en la vida de sus dos hijas: Luz Rosario y Milagros, ella estaba segura que a sus hijas, nada las detendría ni vencería en el futuro porque habían aprendido a enfrentarse a la vida y a sus exigencia con las manos y el apoyo que ella siempre estaba dispuesta a proporcionar.  En tanto su amor acrecentado tenía por nombre Daniel, soñaba disfrutar a través de él, la evolución a ser buen ciudadano en el siglo XXI, ver consolidarse una mejor persona día a día,  donde pudiera visualizar los hilos de su herencia genética, social, cultural, ideológica de SER y HACER.

Aprendió a vivir la vida cada segundo,  apostando por una relación saludable y humanista con el medio ambiente, social y cultural, producto de su tránsito en el cuidado de su padre por un largo periodo, hasta su partida. En tanto su madre retomó la posta de sus cuidados tornándose en centro de atención   hasta no hace mucho. Ese aprendizaje y sabiduría la llevó a solidarse primero con su prima  y aquella madrina con enfermedad terminal, que concentró la dedicación de su tiempo.

Sin desentenderse de los compromisos colectivos, sociales y políticos, sea de forma directa o indirecta, siendo soporte de los suyos, para asegurar que las metas sean alcanzadas en las mejores condiciones, aun cuando en ese proceso debía reconocer que no todo aquello que brilla es oro,  hasta toparse de cara con cada una de las miserias humanas expresadas en la práctica política tanto de abajo como de arriba –en mi caso suficiente para desistir-. Para ella, insuficiente para provocar su desánimo, todo lo contrario, lo transformaba en energía que la impulsaba a continuar.


En nuestras pijamadas improvisadas, intentaba hacerla reflexionar a cerca de la importancia de presionar por la coherencia de líderes y políticos/as por los/as que apostábamos, ella solía decir: "La coherencia, transparencia, desinterés, desprendimiento es central, sin embargo, todos/as han aprendido de la forma equivocada de hacer política, tendremos que seguir adelante hasta que haya condiciones para exigir". Significaba, por tanto, que ella no podía dejar de apostar por una línea que había elegido por uno o algunos elementos que con su actuar pusieran duda y hasta fueran en contra de sus propias apuestas. Tampoco jamás me cuestionó por tener una actitud y práctica opuesta a la suya, en tanto yo aprendí a apoyarla aun cuando no creyera en su persistencia  y lealtad a líderes y lideresas con manos y pies de barro.  
En este momento que escribo al respecto, reconozco que su  apuesta fue estratégica,  como suele ser la línea de una mujer comprometida con proyectos políticos que trascienden a sus propias exigencias, principios e ideales, ella fue vencida y reconvertida muchas veces por el proyecto colectivo, aun cuando se desgarrara por dentro.

A través de ella re-conocí el derrotero político y humano del movimiento social en el cono norte en tiempos de re-visiones, así que cruzamos información y la triangulamos con terceros para tener una idea menos brumosa de las tendencias, los liderazgos, las agendas y coyunturas. Ensayos de dos que facilitaron la de-construcción del gran poder y de los mezquinos pequeños poderes y sus indicadores. Tener el contexto claro me permitió   apoyarla en más de un proyecto barrial en su distrito y Lima Metropolitana, por supuesto que no tuvieron los resultados que esperaba, así que luego de sus desencantos nos refugiábamos en nuestra mutua compañía.


Compañía que sentiré en adelante cuando viaje hacia la mar o decida quedarme un feriado largo en casa donde juntas acampábamos en compañía de Rodrigo y sus amigos, mientras el resto de la familia viajaba, ensayando nuevas recetas y tragos. Disfrutando de sus platos saludables,  o ella, tomando nota de los míos. Irnos a ver una película  o a una exposición  sin planificar, si estaba disponible y tenía un antojo bastaba con llamarla, al cerrar la jornada, y al pie  de la acera donde nos separábamos, celebrábamos lo bueno de la emancipación: sin ataduras que nos invisibilice, con años sin dueño, preferencias y sueños coincidentes.


Isabel se ha  ido como deseamos, decretamos y visualizamos, más de una vez a lo largo de mi detenimiento donde fue  compañía sostenida. Se ha ido sin enfrentar un tiempo de deterioro, dependencia, ni menoscabo de facultades. Sin espacio para el padecimiento del postrado o la enfermedad terminal que ambas  habíamos acompañado a nuestro modo. Más no imaginamos ninguna cuánto duele para quien queda.


Isabel, durante los misterios de tu despedida, Tania afirmó que sólo quienes no tienen dificultad para ingresar al cielo se van en sábado o domingo, de ser así allí estarás. Y desde donde te encuentras en este tu nuevo tiempo, seguirás conectada a tus hijas, nieto, parientes, a las amigas/os y a mí. Como sucedió este día, que dispersaste mi dolor,  cuando hiciste me percatara del libro que dejamos pendiente para leerlo juntas, recordándome que escribir también ves un modo de llorarte, guardándome algo de ti para cuando mi recuerdo se llene de brumas en las tardes de mi vida -si esta dura más de lo esperado y no tengo la bendición que te alcanzó-,  dejarte ir  y compartir  mi corto asomo, a lo que fue tu largo e intenso transitar por esta vida.

Sé que no te has ido definitivamente, que estas en un plano desde el cual seguirás siendo mi compañía, inspiración, soporte y protección. 

Se que volveremos a juntarnos, cuando esto suceda, prometo que ingnoraré tus postergaciones y si no vienes a mí llamado, iré a buscarte.

Se que entonces como en este tiempo nuestros planes serán menos vulnerables al punto que nada impedirá disfrutar la mutua compañía que nos alimentaba. 

Sé cuando me quieres, como yo a ti por sobre el tiempo, espacio y dimensión, así que retomo tu firma de siempre, Isabel TQM. 

domingo, 11 de mayo de 2014

LOS ROSTROS DE LA MATERNIDAD

Es un viernes nueve de otoño,   dos de la tarde, en dirección  a mi última sesión del “Taller de Enfoques y Estrategias para la Investigación Académica”, cuando el vehículo bordeaba  la Plaza  la Bandera  y toma la avenida Sucre,  de pronto veo casi sin mirar una escena desgarradora.
P
Un niño de probables siete años de edad tiraba de una maleta con ruedas más grade que él -como aquella de mano que usamos para viajar en aviones-, una mujer que parecía ser su madre,   caminaba paralelo a él  como a un metros de distancia, de pronto  se acercó,  le tiró de las orejas y le  dio una bofetada  ubicándose nuevamente a la distancia inicial entre los segundos que va del golpe  a que el niño rompió en llanto desconsolado.
A su lado aquella maleta pareció crecer, su brazo cedió por el dolor o quizás   la impotencia. Mientras aquella mujer  recriminaba a gritos al niño que seguro no escucho entre su llanto y el ruido del tránsito.

La escena quedó suspendida en  mi recuerdo, la imagen de aquella mujer desgreñada, con su cuerpo contraído por la ira.

Me preguntaba: ¿Qué habría transformado a esa mujer en el rostro de madre castigadora? 
Imaginé que habría ido a la celebración del Día de las Madres en el colegio del  niño, donde por extraña ironía,  habría recibido una amonestación en el colegio o una queja por la conducta del niño. O quizás se habría frustrado porque su hijo no destacó en la actuación, y hasta  pueda ser, que no se sacó la ansiada canasta de víveres que todas las madres esperan obtener. Quién sabe, si como todo niño inquieto, aquel cometió alguna inconducta censurada por ella que desde su perspectiva requería de su autoridad  sancionadora y control que linda en el abuso.

Recordé   aquel ensayo a fines de los noventa, donde intenté rastrear los orígenes de la violencia juvenil, en  el abuso infantil por sus progenitores y los socializadores secundarios. Willy Rochabrún en aquel entonces hizo trizas a mis hipótesis, asomándome a la Teoría de la Resiliencia1.

Ahora que lo pienso ante los sucesos, me digo que si la resiliencia puede ser una esperanza para una proporción de niñas(os) maltratados, que no se transforman en abusadores  o abusados(as) del futuro2Deja de ser la vía  para  quienes mantendrán tal condición hasta  tornarse en tan o más violentos que su padre o madre. En estas disquisiciones llegué a mi destino y tuve una larga jornada que hizo dejar atrás mis reflexiones de la maternidad y abuso infantil.


Al cerrar la noche, tras una larga jornada y boemia en compañía de Cynthia Tellez, me dirigí a casa. Mientras esperaba mi transporte, me hallé ante  un segundo  evento que nuevamente me conmovió. Una hermosa niña de aproximadamente siete años,  venía brincando al compás de del ritmo de sus pasos, de pronto tropezó y cayó, mi susto se desvaneció cuando ella se levantó riéndose. Su madre angustiada soltó la mochila de la niña y su bolso que traía a cuestas, la revisó con rapidez  por si se había hecho daño, luego la besó y acarició, mientras la niña seguía riendo y celebrando. Cuando la  madre se aseguró que no fue más que un susto,  ambas me sonrieron por ser silenciosa espectadora de los hechos, recogió la mochila, su bolso y  la mano de su hija, retomando su camino. 

Cuando se perdieron en la noche, me dije que todas las cosas que nos suceden tiene un sentido si destinamos el  tiempo para detenernos en ello. Recordé el evento anterior de aquel niño llorando desconsoladamente por el abuso de la madre, en contraste con la risa de una niña  golpeada por la vida, animada  y amada   por la madre, así es como me di de bruces con las distintos rostros de la maternidad.

Allí es donde mi pensamiento se concentró en los matices del ejercicio de la maternidad de lo que somos testigos(as) cotidianamente y que deja de asombrarnos,  transformándose en el paisaje  inadvertido que nos rodea, sin detenernos a pensar  y preguntarnos: ¿Por qué?, ¿Para qué? y ¿Cuáles  son sus implicancias?

Y si algo nos  incómoda dejamos de ocuparnos diciendo que unas cosas cambian y otras no, que cada madre y padre educa a sus hijos(as) como quiere y puede, hasta cuando a la vuelta de la esquina ese niño(a) por imitación, se  ha transformado en amenaza social tocándonos como espiral  de violencia   cotidiana hasta tornarse en pandemia ocupando el  el rubro de inseguridad ciudadana que hoy sacude los cimientos de nuestra mega-ciudad al "profesionalizarse y venderse" bajo el rubro de sicariato.

Sin lugar a dudas es en el cuidado,  aprendizaje y  protección   donde niños(as) aprenden y desarrollan la conducta social del futuro. Son los(as) adultos o mayores  los responsables de cómo será su relación con el otro. Es su  madre, padre, hermano(a), tía(o), abuela(o), maestra(o), sacerdote(tisa), pastor(ra), etc. quienes  cooperan con  las bases de cada identidad y la canalización de las pulsaciones individuales, creando condiciones para distinguir y optar por el bien o el mal, deteniendo los  deseos allí donde empieza el derecho del otro.

¿Cómo  dejamos de ser conscientes de ello?, ¿Cómo dejamos de asumir tal responsabilidad dejando que dos tipos de tendencias se acentúen?
Generalmente en  nuestro país por las características históricas y especiales de ser madre, se adoptan la vía más “sencilla y eficaz”  la dureza,  para amoldar a hijos(as) según  mandatos de la sociedad bajo el mismo principio que hemos aprendido a convivir,  sin revisión alguno de su significado en nuestra propia vida,  así es como ejercen el  poder y autoridad se instrumentaliza a través de la imposición, monólogo, manipulación, voluntad desmedida, vaciado de información en la mente infantil.
El poder se ejerce mediante la fuerza, abuso, agresión psicológica, simbólica, verbal y física, del subordinado(a). Al igual que los eventos del día me revelaron con la escena del  niño golpeado por  una mujer  mayor que fungían de su protectora y la niña golpeada por la vida.

La primera madre representaría a aquellos adultos socializadores que perciben como más costoso en tiempo, imaginación, innovación, crecimiento personal optar por una maternidad estimulara del desarrollo de la inteligencia emocional, orientar, educar, socializar horizontalmente, ejercer la  democracia a través del diálogo, el argumento, hacer de cada evento el referente para cimentar valores, conductas, prácticas de convivencia sana,  de confianza, respeto y amor entre seres. Al que se aproximaba la segunda madre  en la noche de ese mismo  día.

No es difícil imaginar que la relación de aquel niño golpeado será de sometimiento ante otros golpeadores hasta transformarse en “lorna”3o abusador para quien esté por debajo de la escala de la ley del más fuerte, con muchas dificultades para superar los fracasos. En tanto que aquella niña que se ríe de las caídas a las  que la vida le enfrente, seguirá riéndose y lo  superará porque tiene la protección  y el respaldo de los mayores en los que confía y ninguna frustración la detendrá para alcanzar sus metas y lograr el éxito4.

Este sábado que acaba de transitar,  vi en familia la película “Asu Mare” en un canal de televisión  y entendí el marco de estos eventos y  ¿Por qué ha sido la película más taquillera? Un monólogo llevado a la pantalla que narra principalmente el rol represor, manipulador, mágico y visionario de una madre castigadora. Seguramente  que muchos hijos(as) y madres se identifican con esta forma de educar y ser educados, justificar el abuso como los límites y la condición previa de encausar a sobreponerse a la condena del fracaso.

Una versión llevada a la cinta de la madre castigadora y el padre ausente, que termina siendo asertivo y exitoso por el modo pícaro que Machín  ha encontrado de exorcizar caricaturizando su relación de abuso con la madre. Aquella que es elevada hasta casi la santidad por ser una madre de “raza pitbull que clava el palo de la escoba como jabalina pero calculado en velocidad y fuerza”.  

Machín muestra en su narrativa a pepe el vivo que termina perdiendo todas sus jugadas. Un muchacho de barrio alienado que toca fondo después de los “N” fracasos al no saber que hacer con su vida. Un drogadicto que es salvado por la campana cuando un ángel de la calle le regala su futuro, “la nariz de payaso” y produce una parodia machista. 


Sin embargo no todos los machín del país son tocados por un ángel. En el peor de los casos, son quienes  asesinan a su  congénere por una zapatilla, un celular o diez soles, o sólo porque le paró el macho. Y están los otros machín que matan a su madre, su tía, su padre, porque no hay otro modo de satisfacer su dependencia, ese fondo que han tocado y del que no pueden salir si no es en la cárcel o la muerte. Y están aquellos que recubren su ira, se transforman en galantes conquistadores y hasta se casan hasta cuando pueden ejercer control y abuso reproduciendo el círculo de violencia que han heredado.


Y como en todas las cosas socialmente aprendidas elaboramos conceptos absolutos en momentos de sublimación de un rol como suele ser cuando se conmemora el día del maestro, el padre  y la madre. De todas las conmemoraciones, en la que más se inyecta de sublimación y homogeneidad es la maternidad, sea para esteriotipar la conducta matermal de “la mujer” omitiendo a las mujeres y sus diferencias.

O para proveerle de atributos a su rol de madre  hasta naturalizar y adjudicarle un “instinto materno” omitiendo que en la base misma del concepto de instinto está la ausencia de excepciones, es decir, que se no varía y se da en todas y cada una de las mujeres. 
Si las mujeres madres lo fueran por instinto,    entonces no habrían mujeres que aborten, den en adopción formal sin volver a saber de él o  ella- aun cuando en el futuro los escudriñe en la búsqueda de su identidad-, o bien  lo más común de nuestra sociedad, la adopción informal o encubierta, cuando la madre y el padre dejan o se truecan los(as) hijos(as) con los pariente. Otras matan a sus infantes o hijos(os) en todo el planeta.

Y como si todo esto no fuera suficiente la maternalidad de la mujer es extendida  hacia el mundo público y político para condicionar su conducta bajo las pautas de su rol de cuidado y reproducción, ya no sólo biológico y fuerza de trabajo  en la familia, sino de la mayor moral, ocupación de puestos secundarios y de servicios en los partidos y una mayor exigencia  de su conducta política que la del varón y hay de aquella que quiera ocupar  o competir un puesto de poder.

Del mismo modo olvidamos el origen del día de la madre de nuestro tiempo que fue una medida norteamericana (1914)5  que de una protesta contra la guerra, avanzó hacia la reivindicación de las mujeres por el trabajo remunerado6 que luego fue contrarrestado con la sublimación de la maternidad para su comprometido el retorno incondicional al  papel de “ama de casa”, ama, dueña y señora del trabajo doméstico. Más adelante sublimación explotada  por el mercado en su rol de reproductora biológica independiente de si está preparada o no para asumir la maternidad. Sin negar otros contenidos y valores de las diversas culturas desde la perspectiva interculturalista7.


Hoy que una vez más se celebra el Día de las Madres, va mi reconocimiento y abrazo, a mis amigas y lectoras madres que además de parir a un hijo(a), invierten su esfuerzo cotidiano por hacer de cada uno ellas(os) buenas personas, tan buenas, como los son ellas y por eso mismo no han renunciado a  ser seres libres e independientes.  
A mis amigas mujeres que no parieron, pero que han asumido la maternalidad, haciendo de muchos seres humanos que se han cruzado por su vida, tan buenas personas como ellas, va mi abrazo.
Gracias a ellas y a esa opción de tomar el camino más largo, está asegurada  la reproducción social, en cada minuto de cada día para hacer de este mundo más acogedor y humano.

jueves, 10 de abril de 2014

IN MEMORIAM GIULIA TAMAYO LEÓN

“ven; pero no en los insomnios de la noche
sino cuando el sol comience a calentar;
ven con la hermosura de tu nueva forma
y con luz más hermosa que la misma luz.”

(In Memoriam A.H.H. Lord Alfred Tennyson (1809-1892)


Giulia querida, me resisto a creer que partiste tan  pronto, antes de retornar, antes de abrazarte, de agradecer que hayas  cumplido el rol de reveladora en mi vida. Agradezco al universo haberte encontrado en ese paraje nebuloso que se llama feminismo, coincidiendo con tu energía, sabiduría y fuerza por dar, elevar la voz y hacer que prenda el fuego de los derechos de las mujeres. Esa pasión contagiante que nos envolvió a todas(os), unas a favor otras en contra, pero jamás indiferente.


Te has ido Giulia, no sé si a sentar jurisprudencia en otra dimensión, o cuestionar  aquello que parece inamovible, "natural", intocable, un mito.  En el mejor de los casos estarás junto a seres de luz que siempre admiraste, te inspiraron e iluminaron en momento tormentosos, por favor cuéntame de tanto en tanto, ilumíname. Estoy segura que en donde hoy te encuentres hallarás los hilos  que ayude a desmadejar tanto lo invisible como visible difuminado.

Te has ido Giulia, quizás para encontrarte con nuestras ancestras,   mujeres mágicas, hechiceras, visionarias, libertarias fundacionales y soñadoras inagotables, que fueron capaces de revelarse a su tiempo y mundo, abriendo camino para llegar a lo que hemos llegado a ser hoy,  a pesar de ello, ni siguiera logramos asomamos a lo que serán las mujeres mañana.

Te has ido Giulia,  sin contar con la ilusión que teníamos todas(os) quienes te amamos de volver a abrazarte, de sentir esa fuerza misteriosa, a  brindar con risa desbordante por sobre los tiempos aciagos como los compartidos. O sólo a desanudar temas para dejar atrás, cual un suspiro, alguna  discrepancias, obviásemos diferencias y sumáramos en coincidencias para sacar adelante lo inimaginable.

Te has ido Giulia, mientras yo me quedo recomponiendo el retazo de mi vida junto a ti que me permitió aportar a proyectos efímeros de mujeres por nuevas prácticas de poder, política, liderazgo, organización, movimiento feminista, movimiento amplio de mujeres. Ahora puedo decirlo  y registrarlo, que si no  nos hubiéramos encontrado no habría germinado ni nacido un Movimiento  Amplio de Mujeres en nuestro tiempo y en esas condiciones, por ser diferentes lo hicimos posible pese a la amenaza constante de ser un movimiento  únicamente feminista y otro sería el cuento. Tampoco habría sobrevivido a su primer intento de ruptura en 1999, ni habríamos elaborado aquella agenda de mujeres,  aun estando en posiciones opuestas.

Te has ido Giulia, con tu partida detienes mi proceso de desprenderme de todo registro mayor a diez años, arroparé nuevamente  los pronunciamientos del MAM que juntas elaboramos interrumpidas a veces por los celos de poder, de los ruidos circundantes que nunca faltan,  reconociéndonos,  aceptándonos  y haciéndonos una,  frente a viejas prácticas distractoras de manipulación. Eran momentos donde costaba tanto, mirarnos unas a otras con esperanza porque todo aparecía copado, segmentado, secuestrado y colonizado por los tentáculos del  fuji-montesinista.  

Te has ido Giulia, mientras en el país se retoman y embandera las esterilizaciones forzadas como reivindicación de derechos, justicia y reparaciones.  Tema que solitaria e incomprendidamente iniciaste, languideció por "inoportuno", tampoco llenaba primeras planas, hasta perecer en tus manos y ante tus ojos por inanición. Empalado en  un pasadizo intransitado, como la pila de libros testimonio de  tu tenacidad, visión, profesionalidad y sobre todo la convicción de estar en el camino, como solías decir: “Estar convencida y jamás vencida”. De allí tomaste un libro en una de las tantas noches sustraídas a los(as) nuestros(as), por los sueños y conspiración para nuevos tiempos, registrando para la eternidad lo que hoy atesoro:
“Para Caty:   
Por nuestro desgarro
cotidiano rompiendo
los silencios y elevando
nuestra voces” 
Giulia (1998)

Te has ido Giulia,  sin volver la vista, de ser así hubieran retardado tu transito al otro plano las agendas pendientes, las causas manoseadas, los sueños abortados, los vicios de oportunidades como oportunidades perdidas en favor de las mismas manos de quienes siempre lo tuvieron, como si nada  hubiera pasado, como si nada fuera a pasar, como si no hubiera esperanza de cambio y nuestros sueños solo fueran sueños de opio.

Te has ido Giulia, llevando contigo esa sonrisa plena de mujer bella, tan bella como tus sueños y tan provocadora como tus argumentos. Sin importar cual fuera la vereda que estuviéramos, aprendimos a debatir y mantener esa práctica de ejercicio democrático y argumentación que no he vuelto a ver ni vivir, será porque te fuiste, será porque todas cambiaron o se acomodaron; quizás  también porque yo cambié o me afirmé. Pueda porque estos sean tiempos donde no hay tiempo para otra cosa que escucharse a sí mismo(a) y coincidentes, dando contenido opuesto a la tolerancia y discrepancia.

Te has ido Giulia, a pesar que me resisto, tengo que reconocer que ya lo sabía, porque eres uno de esos seres que logró descubrir la razón de su existencia, su quehacer en esta vida y en este tiempo, lo dicen  tus poemas-post uno en especial: No me llames amor si no te arriesgas a perderme, no me llames amiga si no tienes de mí una confidencia inconfesable, no me llames compañera si no hemos estado en la trinchera de esa batalla por las verdades difíciles. Tantos amores, amistades y colegas que han trazado en mí el mapa de una vida plena. Lo que venga que me halle amando, con un inventario a favor de la alegría. En La mayor se juega a producir dulzura, en La menor a evocar heridas. La clave es la nota siguiente, como la vida misma: siempre por ser escrita, siempre por ser vivida, con ganas de ser cantada.” (Giulia Tamyo León, 30 de Agosto del 2013, Cerca de Tegucigalpa)

Te escribo entre  La menor y La mayor, evocando tristeza y alegría para expresar la dulzura del recuerdo que guardo de ti,   puedo llamarte amiga, porque  estuvimos juntas en una de tus trinchera, quizás sólo por un suspiro de toda  tu vida, para mí el suficiente, al ayudarme a descubrir sabidurías y dones inadvertidos, gracias a ti hoy puedo leer entre líneas a cerca de la política, los problemas de las mujeres y también entre líneas de una mano más cerrada que abierta,  quién es quién, cuánto ama o requiere ser amado(a).

Por todo eso y mucho más que queda entre nos,  me guardo angurriamente lo que me queda de tu paso por mi vida, tu libro, tu maestría en quiromacia, los carajos ante tanta ignominia, tu amor  por la vida buena con justicia,   el orgullo de  haber nacido peruana y ser mujer en tiempos donde no se nos hizo fácil, haciéndonos en la fuerza de quienes hemos logrado ser.

Hasta pronto amiga, habremos de hallarnos nuevamente, esta vez para contarnos los pendientes, intercambiar nuevas sabidurías y quién sabe…  
¡Un  salud por las mujeres con democracia en la calle, casa y cama...!