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viernes, 15 de octubre de 2021

CRONICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA, CATALIZADOR O DAÑO COLATERAL

¿Cómo mirar el pasado?


A partir de los 30 años, nombrar al deseo y el acto en pasado sin que haya sucedido, suele ser un desperdicio por lógica básica de quién tiene dos dedos de frente. Hablar en pasado perfecto o imperfecto de algo que no sucedió como deseable y sugerible, es un argumento imposible, por irresoluble, tanto en plural como singular, en primera, segunda y tercera persona, el pasado es irreversible por acción u omisión.

Sin embargo, frecuentemente decimos: "hubiera(as)(n)", "quise(siste)(ieron)", "pensé(ó)(ron)", "creí(ste)(yeron)", "pude(iste)(ieron)". Porque pese a creernos más sabias(os) en el presente que el pasado, descubrimos lo mucho que nos falta para ello, mientras nos empeñamos en modificar o acomodar la narrativa respecto a quién éramos entonces, con elementos de lo que hoy creemos que somos, pero que mañana no reconoceremos. A eso suelo decir, ¡Cada quién tiene su propia historia de la historia!

Pero también existen algunos modos de mirar el pasado a históricamente, sus extremos patológicos son: a) recrear ese pasado como “nuestra historia” según nuestras necesidades e intereses presentes, generándose leyendas, fábulas, cuentos y novelas. Por tanto, se trata de “acomodar la historia a nuestra historia” y b) o bien negar, omitir, ignorar e invisibilizar el pasado, sea porque es doloroso y/o vergonzoso para el SER en el que nos hemos convertido en el presente (sea persona, grupo o sociedad). "No hay pasado que importe, sólo el presente", Sin considerar que sin ese pasado quizás nos seríamos quienes hoy somos.

Si bien ambas tendencias sobre el modo de lidiar con el pasado, tienen sentido para quienes los elijen, su hándicap es que la reedición o negación, impide el aprendizaje y superación del mismo, al punto que cíclicamente este vuelve a reproducirse en las futuras generaciones. Por eso suele decirse que una sociedad sin memoria de su historia (tal como se dio) está condenada a reproducirla una y otra vez, ergo se aplica también a la vida de cada familia y sujeto. Sin lograr el quiebre de la tendencia ni trascendencia de las prácticas.  

¿Cómo lidiar y ganar del pasado?  

Tanto la práctica de acomodo de la historia como su negación y/o rechazo, demuestra entre otras cosas, la discapacidad para la resiliencia -haber asumido, aprendido y transformado-, aprender, superar, no volver a reincidir.  Refugiarse en la negación o imaginación se transforma así, en garantía de reincidencia cíclica, personal que a veces involucra a varias generaciones hasta cuando alguien rompe con el círculo y silencio. Es el caso que bien grafica Renato Cisneros quién con maestría revisa, conecta, vacía la historia de su familia y la propia para SER[1], que a su vez es nuestra historia como país trascendiendo con su novela de lo nuclear a los social.

Cuando incursioné en la investigación social, donde la(s) pregunta(s) se producen sobre los actos, hechos, prácticas y fenómenos sucedidos y percibidos por la población. Haciendo que nuestra atención vuelva al pasado no para rasgarse las vestiduras, victimizarse, avergonzarse, ni acomodarla, sino para analizarlo, comprender y saber actuar asertiva, propositiva y proyectivamente ante situaciones semejantes en el presente y futuro, si se corresponde con una investigación representativa, inferencial y con mínimo margen de error.

Si en cambio, se corresponde con actos, hechos, prácticas y fenómenos singulares, la investigación será cualitativa, permitiendo una exploración para aproximarse y conocer esa singularidad que rompe con la continuidad. Conocerlo y/o estudiarlo casuísticamente, identificándolo como un todo o en sus partes en otras situaciones inadvertidas. Pero si se trata de experiencias de intervención para modificar una situación dada, entonces será la sistematización que pasa por reconstruir los pasos andados, para comprenderlo, analizar y aprender de sus lecciones como enseñanzas a ser referentes sea: a) como inspiración para una nueva investigación hipotética y representativa o b) una nueva intervención profesional más exitosa, asertiva, masiva y/o acciones preventivas.

Dicho esto, sin ánimo alguno de contradicción, sino de cierta arqueología de la autopercepción de mis años de neófita en los estudios de género, donde  mi rechazo y rebeldía a lo convencionalmente establecido emergía cuando colisionaba con mis derechos, intereses y libertad. Hoy tengo la tentación de modificar algunas condiciones en mi pasado, como el acceso a algunos registros, para una lectura comparada de mi razonamiento con perspectiva de género.

Me refiero a la falta de un archivo digital donde recuperar un escrito que realicé a inicios de los años ochenta del siglo pasado, puesto que accedí a una computadora como parte del vulgo, a partir del 1987 como maquinaria del centro laboral y no como hoy, un equipo personal desde donde escribo en este momento. Para 1981, ya existían las computadoras de 4ª generación Apple y las IBM[2], para el primer mundo y sectores de élite.

¿Puede una obra literaria ser catalizador o generar daño colateral?

De no ser así, hoy tendría como referente para este artículo, el comentario que elaboré en mi vieja Olivetti tras la lectura de “Crónica de una muerte anunciada”[3] de Gabriel García Márquez. Sin lugar a duda descubriría un gran abismo entre una lectura sin y con perspectiva de género, como el que nos narra Nadia Celis[4] cuya arqueología escrita de los borradores del propio García Márquez sobre la novela, evidencia que la maestría del auto para la narrativa, fue tal que logró con su ficción sustituir una realidad. La mentira hecha ficción, se transformó en noticia, generó sanción social, con una alegoría que lindaba con apología a la discriminación, maltrato abuso familiar y social de una mujer, bajo el pretexto de defender su “honor”, así como el silenciamiento de ella.

Mi lectura de esa primera edición pueda que haya alimentado a subrayar el maltrato de la literatura a la imagen de la mujer de los mediados del siglo XX, encarnado en este caso por la colombiana Margarita Chica Salas, justificando su maltrato así como abuso del marido y hermanos, la tergiversación de la prensa y movilizando la maledicencia pública.

“Lo terrible del inaudito amor entre los esposos, sugiere el narrador del epílogo suprimido, es que se alimenta de esa forma extrema de machismo que empuja a los hermanos Vicario a matar, cuya brutalidad es denunciada abiertamente en la novela. Una lectura contemporánea de este clásico supone revisar, además, la violencia ejercida sobre la protagonista femenina, la del drama real y la de la novela.” (Nadia Celis, 2021)

Lo cierto es que carezco de aquel mi comentario escrito, pero intuyo que fue acorde a lo señalado por Celis, debido al desenlace que tuvo en mi propia historia de entontes. Por tanto, comparto el contexto y su daño colateral o papel catalizador que jugó la novela en mi vida.

Realice aquel comentario, satisfaciendo el pedido de un enamorado en aquel periodo, quien consciente de mi debilidad por la lectura, me entregó la obra recién impresa de “Crónica de una muerte anunciada”, pidiéndome que lo leyera y le diera una opinión por escrito, sin más detalle. El desconocía entre otras cosas, que Gabo era uno de mis autores predilectos y esa lectura lo reafirmaría, con ficción y vida propia en mi historia.

Leí de corrido aquella primera edición de “Crónica de una muerte anunciada” que me resultó ligera, en contraste con “100 años de soledad”, que había devorado creyéndome cada una de sus fantasías. “El otoño del patriarca”, al cual leí sin parar y literalmente sin respirar en sus 80 páginas, por ser el escrito de un solo párrafo. “El coronel no tiene quien le escriba” conmoviéndome el olvido, la miseria y dignidad tozuda de un militar, que espera una pensión ganada tan larga como sus carencias, como sucede a diario en nuestros países latinos. “El general en su laberinto”, que pinta al libertador Bolívar con distintos colores que la historia oficial de cada país que él había tocado de la hoy América Latina.

Mi primera intención fue escribir un comentario manuscrito, pero al ver mi letra ilegible incluso para mí, preferí mi vieja máquina. Aquella con la cual producía los trabajos de mi pregrado universitario, que me acompañó toda una vida por gratitud a quién me lo obsequió, reconocimiento y apego a su compañía en mis noches de desvelo. Sólo me desprendí de aquella máquina por amor, hasta perderlo, como suele perderse muchas cosas que se ama, por otro amor no necesariamente mejor ni mejor destino.

Recuerdo que fue un comentario en más de una hoja, pero no cuántas exactamente, porque era un escrito intrascendente para alguien con quien tenia una relación de confianza, con borrones -sobre escribiendo con xxxx en alguna palabra errada-, algo que no es posible hoy en el texto digital, salvo un tachado.

Entregué el comentario a aquel enamorado y me olvidé, unas semanas después, él me contó como gran acontecimiento, que fue presentado como trabajo de grupo obteniendo la mayor calificación. Aun incrédula pensando que comprendí mal, le pregunté: “¿será al trabajo que hicieron como grupo al que añadiste mi comentario”. Y él respondió con soltura: “De ningún modo, presentamos lo que me diste y sólo añadimos nuestros nombres”.

Yo me quedé atónita -acostumbrada a realizar monografías con sumo cuidado y dedicación, para obtener como máxima nota 14 a modo de mayor exigencia-, emoción que sin duda se reflejó en mi rostro. Él se incomodó y sin entender mi sorpresa hacia el nivel de irresponsabilidad de un grupo académico, así como la escasa exigencia del docente agregó: “vez como eres, uno quiere alegrarte con un reconocimiento y tú sales con esa pose de superioridad”.

Con esa lectura a mi reacción, indudablemente para él fue una decepción mi actitud “soberbia”, como para mí fue otra decepción descubrir la mediocridad con que asumía un trabajo de grupo, el uso de mi debilidad por la lectura y su capacidad para victimizarse.  Permitiéndome visualizar aquello en quien se convertiría, así de lineal fue mi análisis y síntesis. Transformándose “Crónica de una muerte anunciada”, en una de las razones para que él, transitara al estado de ex.

En las conversas con mis sobrinas y nietas, a este tipo de eventos suelo graficar como: “él estaba a dos cuadras cuando lo dejé”, porque cuando indagan sobre mis relaciones de pareja, dibujo para que comprendan, que las más importantes, solían iniciarse sobre tres elementos: respeto, admiración y atención.  Y que solían terminar pese al respeto y atención, que lo había dejado de admirar, al descubrir que en nuestro andar, él se había quedado una cuadra o más detrás.

Para este caso en particular, la obra de Gabo, no sólo me distrajo, generó que trabajara sobre su lectura seguramente en la línea de su fantasía, pese a ello, también me esclareció en mi vida cotidiana. Aun sin el registro correspondiente del comentario, puedo inferir que mi lectura y crítica fue en consonancia con la lectura poco crítica y masculinizada del docente que lo revisó y calificó destacadamente, valorando el trabajo ausente de un grupo. Proporcionándome con ello los elementos para mirar quién era mi acompañante de camino, hasta perderse en la distancia de nuestros pasos.

Hoy sé que mi lectura y comprensión de la obra sería distinta, por mi formación y especialización en relaciones de género sumado a la información de Celis. Cuyo producto valoraría de distinto modo un docente igual que aquel, descalificando al grupo, en ese caso si fuera un conservador, sería mi pareja quien se decepcionaría de mi lectura, viéndome como amenaza y alejaría, ergo también me liberaría.

En uno y otro caso “Crónica de una muerte anunciada”, tanto ayer como hoy, con este ejercicio de pensar en el pasado, dice que entonces me liberó al despojar de brillo que admirar. De suceder hoy, me volvería a liberar, porque mi lectura extraviaría su atención por ser subversiva.

En ambos casos, por enésima vez afirmo que los libros me hacen una mujer libre y feliz. Y el gran Gabo, uno de mis autores preferidos, aun cuando pecó con la realidad imponiendo su imaginación, me salvó ayer por omisión y me salvaría hoy por acción.



[1] Cisneros, Renato. (2015) La distancia que nos separa. Lima: Editorial Planeta, 384 p.; (2017) Dejarás la tierra. Lima: Editorial Planeta, 336 p.

[2] Hernández García, Gerardo Ignacio. (s.f.) HISTORIA DE LAS COMPUTADORAS, recuperado de https://www.uv.mx/personal/gerhernandez/files/2011/04/historia-compuesta.pdf, 27 diciembre 2021

[3] García Márquez, Gabriel. (1981). “Crónica de una muerte anunciada”. Bogotá, Colombia: Editorial Oveja Negra, 137 páginas. 

martes, 18 de junio de 2019

MAS BLACK & WHITE MENOS MONKY MAN

Tarzán era una de mis historietas favoritas entre los seis y ocho años, cada fin de semana mi padre me proveía número a número todas sus secuencias. Yo esperaba con ansias el sábado, encantada por saber más de cómo sobrevivía un bebé dentro de una selva inhóspita, al cuidado de una tribu de gorilas, hasta hacerse más fuerte y poderoso que un gorila e inclusive que el rey león. Eso no me quedaba tan claro, de cómo un rey de la selva, se somete a un seudo gorila. 


Imaginaba que todo podía ser posible, en un lugar oscuro, descocido, tétrico, espantoso y amenazante, como debía ser la selva, mi ignorancia de la misma y las revistas en blanco y negro acrecentaban mi temor imaginario, al mismo tiempo que agigantaban la valentía de Tarzán.


Cuando tuve la primera obra en mis manos, supe que no fue su mamá gorila quien lo nombró Tarzán, sino Edgar Rice Burroughs (1912) y que no significaba hombre mono (Monky Man) sino hombre blanco. Mi segunda sorpresa fue que era un autor de origen norteamericano y no inglés, en tercer lugar que nunca conoció Inglaterra ni el continente africano. Así que me quedé con la interrogante de cómo alguien que no era inglés nos contaba una historia inglesa y mostraba una selva que desconocía, allí es donde caí en el contenido del concepto historieta, que de ningún modo era historia (registros de un pasado que existió), sino el remedo de ella, con espacio para graficar y escribir nuestra imaginación, una magia que algún día yo haría. 

No sé si por este descubrimiento o porque fue mi lectura de niña que se agotó en ella, ya no me atrajo más la obra de Tarzán quedándome sólo en la primera de cuatro novelas “Tarzán de los Monos” (1914). Cuando vi la primera película con James Pearce, sentí que se aproximaba a la imagen que guardé de niña, sin la magia de entonces, seguramente porque la lectura hace que nuestra imaginación supere a la del productor de cine. 

Me dije que mucho de aquello no debía ser ni ligeramente posible. Pensé que el autor seguramente sustituyó a la soga por lianas como medio de incrementar la velocidad de Tarzán por toda la selva, tomando ventaja a animales más veloces que él, que en verdad no podía nadar sin ahogarse en ríos tan caudalos. Al conocer la selva, lo que menos pude hallar fueron lianas, facilidad para caminar en zonas vírgenes sin un machete y mucho menos atravesar a nado el Huallaga, Río Negro o Amazonas. 

Cuando comprendí las historias de colonización americana, entre ellos el nuestro y los EE.UU., recordé nuevamente a Tarzán, para ilustrar el sentimiento de los descendientes de colonizadores que se siente migrantes permanentemente, de paso en su país origen, esperando el tiempo suficiente de enriquecimiento para el retorno, teniendo como ilusión de alcanzar la gloria y reconocimiento futuro, mientras insistían afirmar las costumbres del país que expectoró a sus ancestros, aquellos que no tuvieron posibilidades ni oportunidad para sobrevivir en su tiempo.

Por eso, antes de construir y valorar quien eran en realidad, Edgar Rice atribuía a Inglaterra -país que añoraba-,  todo el heroísmo, valentía y valores que probablemente no percibía o subvaluaba en sí mismo y los norteamericanos de inicios de siglo XX, dejando de pincelar en sus narrativa, la cultura mestiza de norteamericana de migrantes ingleses pobres y  colonizadores de indios americanos, para centrarse en aquella oficial, la de aristócratas y académicos ingleses hechos exploradores y "estudiosos" de otros hombres  junto a sus pueblos a ser esclavizados, con sus altas y bajas internas. Con sus ambiciones de colonización y sobrevivencia en nuevos habitad al igual que Tarzán, un hombre mono que no dejó de ser nombrado hombre blanco encubiertamente, porque muy en el fondo pueda que inconscientemente  filtraba en su historia aquel sentir de mestizo inglés, de quien nació norteamericano, sintiéndose migrante, sobreviviente y lleno de melancolía por aquella madre patria que lo expatrió. 

Este fin de semana vi la última versión “La Leyenda de Tarzán”, producida por David Yates (2016), me percaté que había perdido el cincuenta por ciento de aquel enfoque inglés impregnado por Rice y cuasi dos tercios de su historieta. Si bien Tarzán seguía asociado a la condición de sobreviviente inglés, era encarnado por el sueco Alexander Skarsgård, aun atrapado en el papel de vampiro con su elevación cuasi mágica hacia la rama de un árbol con capa y botas (Tarzán lo habría trepado), su coprotagonista Margot Robbie (Jane), era el prototipo norteamericano en femenino, al igual que el negro  doctor George Washington Williams, encarnado por Samuel Leroy Jackson. 

En la trama Jane pierde su extracción inglesa original, apareciendo como la hija de un educador norteamericano cuyo recuerdo del encuentro con Tarzán se muestra en formato  cuento de hadas en medio de la selva. El villano Capitán Rom (Christoph Waltz) representa la maldad asociada con la ambición proyectada, esta vez, más belga que inglés o norteamericano, triangulando al hombre blanco por todos los lados. La ambición de ayer como hoy, es el poder y apropiarse de los diamantes, símbolo de la riqueza africana y el sometimiento de su población, sea esta humana o animal, que si bien es la mayor amenaza queda de lado, por el truculento rescate romántico de Jane. 

Ver a un Tarzán, en la imagen simbólica de la raza aria tan valorada por Hitler que justificó su xenofobia, excepcionalmente alto, esbelto y vestido de lord, a momentos desnudo y muy lejos del Tarzán que James Pearce hizo leyenda. Junto a una Jane revestida de blanco desde el inicio hasta el final de la película, variando en tonos hasta el percudido, en su papel de damisela en peligro. Apoyado por la sabiduría y manejo bélico de un negro culto y persistente como George. Pasando por el rito de acogida de la tribu de referencia en blanco y negro; el desenlace de una deuda ancestral entre tribus de humanoides gorilas y humanos en lucha salvaje de blanco y negro, hasta un final con abrazo entre el lord blanco y doctor negro. 

Me deja la sensación, del alejamiento definitivo de sus orígenes en la forma, pero explícitamente lejos de la historia y realidad de un país norteamericano actual y de inicios del siglo XX, es decir, la historieta persistentemente enajenada en el fondo, no asumiéndose como migrante, colonizador, hoy aquejado de amnesia histórica, construye muros buscando sentirse a salvo de sí mismo, bajo su nueva idea de raza y sociedad predominante, impone sanciones y vetos comerciales de todo que nos sea Made In USA, mientras implanta libre mercado mediante TLC y condena la exigencia mínima de pasaporte en otras fronteras. 

La Leyenda de Tarzán, me deja esa sensación de una película más a lo black & white y menos monky man, no por la ausencia de colores o gorilas en escena, sino la secuencia recurrente entre lo blanco y negro como continuum, más próximo a aquellas fiestas de clase media jugando a ser aristocrática, que nunca llegarán a serlo –salvo en el cuento de la cenicienta-, no sólo por falta de abolengo de sus protagonistas, sino porque en un mundo global de una era digital, son cuasi extintos. 

Revelándome hoy como ayer, la melancolía con su toque holiwoodense de David Yates por lo inexistente y su auto enajenado en versión digital, como aquella que inspiró a Edgar Rice hace más de un siglo, cuando empezó a elaborar las historietas de Tarzán en papel amarillento pensado y dirigido al consumo masivo.

jueves, 14 de junio de 2018

DE TEMPORERAS A CIUDADANAS

1940: Plaza de Acho, Puente Amazonas y lecho del río Rímac
La migración masculina de los cuarenta, fue seguida por una primera generación de mujeres migrantes asidas de su rol de madres cuando sus   familias de padres ausentes cíclicamente, fueron sincerados como familia uniparental con mujeres e hijos(as) abandonados. 

Mujeres madres que migraron ante la incapacidad de alimentar a sus hijos o tras las huellas del padre extraviado, intentando recuperar sus derechos. Para encontrarse de cara con la orfandad y soledad de pies a cabeza. Algunas se hicieron temporeras, otras obreras y la mayoría se puso al servicio de la naciente familia urbana bajo la condición de amas de leche, nanas, cocineras, lavanderas, muchacha o sirvientas de todo servicio.

Y cuando fundaron sus propias  familias, con dificultad para cuidar de su prole, animaron a las jóvenes de su pueblo a imitarlas bajo el velo del protectorado parental, sea como tía(o), hermana(o); vecina revestida de madrinas y/o apoderadas, dinamizando sin percatarse el más antiguo sistema de trata de personas bajo el manto de la promesa de un mejor futuro, heredado socialmente hasta nuestros días,al punto que muy pocas familias de regiones y provincias del país reconocen la trata como delito.

Las mujeres migrantes hicieron del trabajo doméstico su principal destino laboral a cambio de vestido, alimento y cobijo; frecuentemente sin salario, restandose oportunidad para crecer y emanciparse, a cambio se incrementaron los riesgos y abusos del cuerpo y la sexualidad especialmente en el caso de mujeres adolescentes y jóvenes. 

Transformando en tabú un rol encubierto en cuatro paredes,  que sumo a la bastardía colonizadora, aquella que nacía recubierto de servicio doméstico convirtiéndolas silenciosamente en iniciadoras sexuales de hijos varones y/o la satisfacción del maridos, que gozaban del servicio completo dentro y no fuera del hogar. Práctica que atravesó todas las clases, porque el abuso sexual nos iguala hacia abajo. Ensanchando las bases del machismo, sumando a los hijos(as) del matrimonio el de la trabajadora del hogar, bajo la figura del ahijado(a). Como si eso no fuera suficiente, el "padre de familia" sumo familias paralelas que emergieron tras su deceso demandando derechos de linaje  y herencia. Para hallar sus huellas basta hurgar sólo un poco en nuestro pasado parental, un ejemplo de su constructo, se grafica en Cisneros (2015)[1]

Parte de las dos primeras generaciones de mujeres migrantes al “servicio de”, con el tiempo se emanciparon del "protectorado" del servicio doméstico sin salario y algunas con relativo éxito tuvieron ahorros, transitando  hacia al sector terciario  de servicios como expendedoras en los nacientes comercios, con explotación y menos ingresos que los hombres; algunas  se calificaron en costura y modistería, incursionaron en la industria principalmente textil.  En el mejor de los casos accedieron al empleo público como docentes, enfermeras, secretarias,  conserjes y guardianas. Cuya necesidad de soporte doméstico, a su nueva familia, alimentó y acrecentó la reproducción de la trata de personas en las siguientes generaciones.

La migración de la tercera generación, coincidió con los años sesenta, donde se abrieron otras oportunidades en el contexto como el acceso a la educación nocturna, llave para la organización y el tránsito de servicio doméstico a trabajadoras del hogar que reivindicaron su condición de tal, despojándose del adjetivo y la connotación de "sirvienta, ama de leche, ama, nana, doméstica, natacha, muchacha ". 

Aun así su referente social continuó siendo parental y de paisanasgo el día libre de fin de semana, creo un habitad ficticio fundando el "hospedaje", "alojamiento" o un cuarto alquilado en la vivienda de un pariente para pernoctar un día a la semana y acumular sueños, prescindiendo de la casa propia y con ella todo lo básico para desprenderse de una labor de 24 horas y fundar la familia propia.
La cuarta generación coincidió con la independización de generaciones previas y el gobierno militar que reconoció a las invasiones. Al dejar la labor del trabajo doméstico y arriesgarse por una actividad económica diferente, enfrentaron igual o mayor desventaja que los inicios de su migración, al  volver a empezar con más años encima, una familia o solo parte de ella con un hijo(a) a cuestas que dificulta el hospedarse,  en un familiar o paisano(a).

Tornándose en vecina de los barrios populares. Algunas retornaron al trabajo doméstico  ya no como trabajadora del hogar por 24 horas, sino como prestadora de servicios: lavado de ropa, cocina, limpieza.   Y aquellas cuya labor era preciada, retornaron a las familias donde antes laboraron, con menos capacidad para negociar un salario y una mano de obra invisible de su hijo(a). 

Cuando escribo este párrafo recuerdo los rostros e historias de las admirables mujeres trabajadoras del hogar de SINTRAHOGAR, con quienes he recorrido historias y procesos de reflexión, descubriendo en el entramado de quienes se especializaron como trabajadoras del hogar, dirigentes y líderes. 

La quinta generación llegó con los ochenta y se reinventó así misma creando sus fuentes de trabajo, afirmando o adecuando su cultura y prácticas de convivencia. 

El país había cambiado, la mano de obra desbordaba y absorberla era cuasi imposible por la industria, el gran comercio y empresas que  entraron en recesión. Las migrantes dejaron de ser parientes y el paisanasgo, para ser vecinas y poblaron del arenal, los cerros y las quebradas por los tres costados de las grandes ciudades costeras, incluyendo Lima, fueron ellas las que invadieron y lucharon por un pedazo de tierra, agua, energía y construyeron con sus manos la nueva ciudad a su medida.

Impulsaron el trabajo ambulatorio, el taller o micro empresa con auto explotación, la impulsaba a la necesidad del reconocimiento y apuesta por el éxito.  Reproduciendo y adecuando sus ritos, creando asociaciones costumbristas y establecieron conexión de apoyo con sus pueblos de origen,  debilitando  la trata de personas, porque  es posible el emprendimiento y el trabajo ambulatorio.

La migración fue incrementándose por iniciativa propia  y expulsión de los pueblos empobrecidos, hacia los sectores del emprendedurismo basado en el trabajo familiar,  que sumo al migrante en mano de obra barata basada en la cultura de la solidaridad, del trabajo compartido y rotativo, ya no en el trabajo rotativo de la tierra sino en  la promesa del emprendimiento propio construyendo al norte el cluster del calzado, al sur la zona franca y en Lima el el cluster textil, hoy  mas conocido como emporio de Gamarra. 

Dejaron de mimetizarse con una ciudad ajena, apropiándose de ella, reproduciendo su cultura e  influyendo con sus prácticas y valores,  recreando sus raíces para no renunciar a su proceso identitario.  En este punto la migración masculina y femenina confluyó para conquistar y transformar la ciudad.

La sexta generación, coincidió con el desplazamiento del campo a la ciudad, el desborde y el miedo. La emergencia de mujeres que se habían posicionado de la ciudad, quienes se especializaron en el trabajo del hogar partieron a los vecinos países de Chile, Argentina, Venezuela. Aquellas calificadas en especializaciones técnicas como enfermería partieron hacia Europa.

Quienes se quedaron lo hicieron con derechos arrancados uno a uno, descubriendo que toda trabajadora del hogar que se respeta, es socia de uno de dos sindicatos existentes y asociaciones que las forma, representa, respalda y asesora. En el nuevo siglo, son muchas mujeres jóvenes,  ya no andinas  sino amazónicas, que no se afilian porque transitan por esa etapa romántica de relación con las familias donde trabajan bajo ese icono de novelas que les hace soñar en casarse con el hijo de la dueña de casa. 
Desborde Lima

Las más decididas(os) sacaron cabeza propia y reinventaron al país, en medio de la crisis que no dio respiro a la tradicional población limeña aristocrática y pequeño burgués que se extinguía al igual que se diluía la promesa del empleo seguro, la casa y el coche propio.

En tanto la clase media empobrecida y la aristocracia moribunda, con  nostalgias por el espíritu europeo o norteamericano, tomaron sus cuatro letras, maletas y sus dólares muc, partiendo tras el sueño americano a reproducir el papel del migrante andino como emigrante latino hacia el viejo mundo y Estados Unidos, con los mismos o mayores sueños de hombres y mujeres andinas decididos a trabajar en "lo que sea", ellos(as) partían colocando al mar de por medio.

En Lima la conquista de la ciudad en términos de Iván Degregory y otros (1986)[2], se transformaron en conquistadores y luego de invasores a invadidos, afirmándose con la música chicha, el emporio Gamarra y un sistema económico fuera del financiero: el préstamo, la junta y el pandero se sostuvo bajo palabra y el prestigio. Naciendo con ellos el rey de la papa, la yuca, de Gamarra, de la copia, la piratería, el diseño, la creación e innovación hasta nuestros días, la invención de la imaginación.  

Construyendo lo que es hoy el Perú,  un destino cultural del mundo, uno de los que tiene mayor crecimiento en la región de Suramérica y el Caribe, inspiración para el retorno de quienes se fueron tras el sueño americano tornado en pesadilla y/o por el retiro;  atracción de nuevos imigrantes del asia y  la misma región.

Lima desde el Club el Golf
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Ayer como hoy chinos(as) que llegan por miles, descubriendo que   peruanas(os) son buenos consumidores de todo cuanto más exóticos mejor. A u lado la distante India nos ha invadido con sus inciensos, aceites, affeites y mujeres emprendedoras. 

Los imigrantes de los países vecinos, lo hacen reconvirtiendo ese deseo ancestral de invasión y apropiación como sucede con chilenos(as) que en el nuevo siglo lo hacen adquiriendo cuanto pueda en el mercado donde todo se transa, desde empresas emblemáticas hasta el patrimonio cultural que incluye bienes tangibles e intangibles como costumbres, cultura y hasta el respiro, para patentarlo todo bajo el sello chileno.

Y llegan argentinas(os) para sumarse a nuestra frívola farándula logrando que el escándalo se eleve hacia niveles inimaginados. Colombianos(as) empobrecidos para enrostrarnos hasta donde podemos exhibir nuestra miseria humana. Mexicanos(as) que han calibrado el déficit de la seguridad ciudadana que les permite ampliar su mercado de tráfico. Y  venezolanas(os) que creen haber hallado su tabla de salvación, para andar los paso de las mujeres migrantes de los setenta,  redinamizando el mercado ambulatorio junto a su lamento por su país, al igual que lo hicieron chilenos(as) en los ochenta, cuando  Pinochet  los persiguió y 
exilió.

¿Y Que pasó con nuestros(as) emigrantes en el exterior, mas allá del volumen de remesas enviadas?

miércoles, 13 de junio de 2018

MUJERES TRAS LA OLLA DE ORO



Golondrinas https://www.warrenphotographic.co.uk/28019-
swallow-in-flight-series
Recordé el cuento de mi abuela sobre el otro lado del arco iris, a propósito del artículo que denuncia la situación de las mujeres temporeras marroquíes[1] en la cosecha de fresas, que en pleno siglo XXI se hace por estaciones para aliviar la economía familiar, sin traducirse en una migración definitiva sino de tiempo en tiempo, como diría mi abuela tras su propia olla de oro lo suficiente llena que permita sobrevivir junto a su familia. Una labor de mano de obra barata, que no tendría mayor análisis que la explotación desde la perspectiva económica, ha mostrado su lado de explotación esclavizante, sexismo y racismo. Evidenciando que no basta el enfoque socio económico para comprender y hacer justicia. Cae por peso propio la necesidad de un análisis fino para una agenda militante, que se incluya enfoque de derechos humanos, género y raza.

En las ciencias sociales a la práctica de migración temporal denominamos, fenómeno social de migración golondrina o estacionaria, que en el Perú se produjo hasta mediados del siglo pasado, donde la principal actividad era la agricultura con baja tecnología y gran demanda de mano de obra barata, que suele ser femenina, adolescentes y niños(as).

Hoy aún se produce pero con menos desplazamiento y proporción que antaño, probablemente  con más presencia de mujeres que hombres, eso es un tema a estudiar. La actividad es intensa en  costa norte y sur del país, para la siembra o cosecha de  productos  orgánicos de exportación no tradicional[2],  pero con menos  migración estacionaria porque hay suficiente mano de obra permanente en la zona circundante (periférica) y tecnología.  ¿Cuánto se reproduce de aquello que sucede en Huelva?, expuesto por temerarias periodistas[3] respecto a abuso sexual y racismo es otra tarea por dilucidar. Algo han escrito al respecto las amigas de Aurora Vivar[4] que apenas se asoma al problema de condiciones laborales quedando mucho por indagar respecto al acoso y abuso sexual.

Plano de Lima cuadrada 1940
Algunas pistas podrían estar en el modo como se produjo el fenómeno de la migración y sus costos para las mujeres peruanas en contraste con los hombres. También al respecto  se  tienen poco trabajo desarrollado, pese a que ha experimentado diversas etapas y ha configurado las relaciones entre mujeres y hombres que hoy experimentamos con sus aciertos, desaciertos e implicancias.

Si uno googlea mujer 1940 Perú migración apenas aparecen 95 referencias. Destacan  trabajo de Javier Iguiñez (1983)[5] que menciona 14 veces a las mujeres en libro de 318 páginas, Julián Antesana (1984)[6] con 49 menciones y escaso análisis de su significado e implicancias.  

Vista panorámica de Santa Ana, Hoy Plaza Italia
Mi abuela fue una de las primeras migrantes andinas de los cuarenta, se hizo limeña, en los Barrios Altos, cuando reflejaba en su contenido en nombre,  enhebrando su blancura y ojos azules a  favor en una sociedad discriminadora y discriminantes,  con sus cortinas, sábanas, manteles y mantillas, balcones, azucenas, pensamientos y gardenias. Sus dulces limeños inconfundibles e insuperables, se hizo bilingüe con aquel español sin acento andino y ese quechua dulce al cual no renunció, pero guardó con esmero junto con su ternura para la intimidad. Eran tiempos donde ser chola(o) era suficiente para ser discriminada(o), explotada(o) y adjetivada(o) de serrana(o).  

Ella nunca volvió a su tierra, salvo una u otra visita ante lo irreparable como la muerte de algún pariente significativo. Se hizo limeña entre Barrios Altos y la Plaza de Acho, cuando entonces Lima cuadrada era nombrada por su significado, puesto que en su interior se producía lo central de la vida urbana, disputando el predominio con el distante y desavenido Puerto del Callao, al cual las mujeres de bien no podían ir, porque estaba lleno de amenazas y tentaciones, mi abuela la llamaba la pequeña babilonia.

Junto a otras mujeres de su tiempo, destacó en el mundo público por su entereza, coraje y lisura como vecina, Tan distintivos como sus platos y aderezos que hacían sinfonía con firmeza, postura y sabrosura incomparable. Ella se esforzó como muchos migrantes de entonces por borrar todo signo de choledad que disminuyera su presente. Estrategia al que recurren muchas(os) peruanas(os) aún hoy, aquí y fuera del país, postergando el reconocimiento del valor de nuestra multiculturalidad y multilingüismo como una de nuestras posesiones que nos permite un lugar distinguido en el planeta de un mundo globalizado que lo arrasa todo.

A mediados del Siglo XX, Lima cuadrada aun concentraba el aroma de villa colonial, con zonas de veraneo distribuidos en Chosica, Barranco y Canto grande, que asemejaba a un viaje interprovincial. Los(as) migrantes fundacionales se asentaron alrededor de ella dando nacimiento a las primeras barriadas y zonas populares apropiándose de los cerros y las zonas periféricas de entonces. Fundando matrimonios y nuevas familias, sin saldar aquello que abandonaron en los andes creados en convivencia, así como ello la conformación de los actuales distritos populosos màs antiguos:  Leticia, Chacarilla, el Cerro San Cristóbal, Ciudad y Campo, La victoria, El Agustino, Lince, Jesús María, Breña, el Rímac, Magdalena.

Paralelamente se producía el lento de poblamiento de Miraflores, San Isidro, San Borja con los dueños de los solares y callejones de Barrios Altos que se alejaban del bullicio de la Lima Virreinal donde la muralla virreynal había cedido al cordón de migrantes,  a quienes ya no podían ignorar ni fundir con el paisaje.  

Decidieron dar vida a sus sueños europeisantes, imitando a los palacetes de sus anhelos. Lima moderna, que fue acrecentado con la llegada de inmigrantes italianos, americanos, alemanes, ingleses, japoneses, tras la primera guerra mundial. La historia y memoria, es ironía a las poses de fronterizos sobre fronteras, que hoy hacen gala quienes ayer fueron parias.

A medida que la producción se sofisticó, surgieron  las agroindustria y  se hizo insuficiente la migración masculina golondrina. Dando origen al proceso de atracción de la mano de obra no calificada de las mujeres especialmente de la zona andina, que poco a poco se transformó en migración masiva a partir de los años sesenta y pese a que la industria se redujo y con ello menos manos de obra, otro fenómeno creció y engendró el éxodo del campo a la ciudad durante el último decenio del siglo XX.

La agudización del conflicto armado colocó a la población civil entre dos fuegos, motivando que la migración adquiriera condición de desplazamiento de pueblos enteros con sus familias y vida entera, hacia las grandes ciudades del país, para finalmente desbordar la capital, transformándola en la mega ciudad  que es hoy con sus más de nueve millones de habitantes. Haciendo que dos tercios de la población peruana se haya transformado en población urbana, en tanto que en los andes se erigen pueblos fantasmas, algunos  sólo habitados por ancianas(os), niñas(os) y mujeres madres.   


[1] https://politica.elpais.com/politica/2018/06/09/actualidad/1528569474_339395.html
[2] http://auroravivar.blogspot.com/2011/05/dia-internacional-de-las-trabajadoras-y.html
[3] https://www.elsaltodiario.com/explotacion-laboral/dos-periodistas-alemanas-mostrado-mundo-abusos-temporeras-huelva
[4] http://auroravivar.blogspot.com/
[6] https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/20764/D-10852.00_es.pdf

domingo, 22 de abril de 2018

¿Y SI NOS DEDICÁRAMOS A ORIENTAR AL PASO?


Es un lunes de abril, he salido presurosa con un libro de compañía para el trayecto porque el viaje será largo.
Abordé un vehículo y me hallé junto a una mujer joven, con una bebé en brazos que aferraba como temiendo se la arrebataran. Mientras pregunta al chofer si   falta mucho para el Poder Judicial. Él  responde: "Señora ya le dije que es en el paradero dos". 
Nosotros aún estamos por el paradero doce. La miro, mientras pienso que se dirige al mercado de la ley donde la justicia se compra y vende; dudo recordando que Rodrigo me dice que me meto donde no me llaman, Janet que sólo debo ayudar cuando me lo piden, pero puede más mí ser, así que pregunto: ¿Vas por pensión de alimentos?
Me mira con unos ojos marrones que destaca en su piel casi transparente,  sus ojos brillan con ese dolor que antecede al llanto, mientras hace un esfuerzo y me responde: "Si es por pensión de alimentos, y no sé nada".
A mi vez la miro y sonrío animándola para impedir que brote el llanto. Le digo: "¡Es bueno lo que has decidido! A quién no cumple con su obligación hay que obligarlo, no te preocupes todo va a salir bien, ahora hay más leyes que te protegen a ti y tu hija, de cuando tú o yo éramos niñas. Pero si no sabes nada, mejor baja en el siete,  allí está el Centro de Emergencia Mujer, 
para que te asesoren, oriente y apoyen según sea tu caso.  No te cobrarán nada porque es del Ministerio de la Mujer: Tampoco es una caridad, es tu derecho y de tu hija,   para eso pagamos a todos(as) los funcionarios con nuestros impuestos. Siempre hay un(a) abogado(a), una trabajadora social y un psicólogo(a)".
Me mira, con esa mirada que nos conecta a las mujeres, sin decir nada, pero significando que has hallado a alguien que responde a tu necesidad, en el momento preciso. Estamos a la altura del paradero siete, soy yo quien le dice al chofer: "Señor pare cruzando el siete, la señora con bebé baja en el CEM". El chofer me mira, intenta ignorarme y pregunta, a la señora: "¿Qué ya no va al poder judicial?".  Yo le digo: "No se preocupe, en este edificio la atenderán bien".
El Chofer me mira por el espejo retrovisor, el pasajero que está a su lado, voltea y me mira luego, vuelve la cabeza para mirar con desdén a la joven mujer que se aleja con su bella bebé en brazos, el estudiante que está a mi lado juega con su celular, con él no es. 
Me quedo sola en medio de tres hombres que deben pensar que soy una bruja mientras se solidarizan con el padre ausente, aquel hombre igual que muchos que no asume la responsabilidad de su prole, el verdadero machista que muchos confunden con el sexista, porque el machista es aquel que usa y cosifica a la mujer igual que el sexista, pero a diferencia de él, al machista no le importa el hijo o la hija. 
Por mi lado, decido ignorarlos, en eso soy buena,  recurro a mi mejor espanta hombres, como diría mi nieta Mayu, saco mi libro del bolso y me pongo a leer. ¡Claro que funciona!, ellos cambian de gesto y me ignoran, una mujer que lee es peligrosa.
Es las tres de la tarde, le robo tiempo al tiempo, he ido por seis libros para nuestro círculo de lectura, me muero de sed así que voy por un jugo de naranjas. La expendedora está llena de llanto, y su compañera le dice: “Tienes que denunciarlo”. Yo la miro y pregunto: “¿Tienes problemas con tu esposo?”.
Ella responde: “Ya no es mi esposo, hace cinco años que nos hemos separado, él se fue con otra mujer, pero no me deja en paz, es borracho, no le da la pensión a mis hijos, siempre quiere que vaya a cobrar mi hija que tiene quince años como si fuera su obligación, yo he abierto una cuenta para que me deposite y nada, he hablado de buenas maneras diciéndole que cumpla como padre, y no entiende. Cuando va a mi casa con el pretexto de la pensión se pone a tomar con sus amigos y nunca deja el dinero”.
Su amiga, de esas solidarias con las cuales no necesitamos enemigas, añade: “Ella siempre le habla bonito y él siempre le miente, le estafa, le restriega en la cara con su amante. Ella pone de pretexto que no tiene dinero para un abogado, para no hacerle  juicio, solo quiere que él cumpla a las buenas. Y él quiere volver con ella a la fuerza, sólo por un momento, para darle la pensión.”  
La mujer me ofrece el jugo, mientras desgrana todo su drama, yo escucho con atención y preguntas para entender mejor su historia, que para mi no es nueva, sólo tiene algunos acentos, matices, dolor; pero lo suficiente para entender que estoy ante una mujer que ama demasiado.
Finalmente le digo: “Mujer lo primero que tienes que preguntarte, es si quieres en verdad defender el derecho de tus hijos e hija o quieres ser “buena gente” haciendo que tu ex, deje de beber, tienes que preguntarte si tú lo quieres cambiar. Parece que no terminas de aceptar que él hace buen rato ya te cambió. Te has preguntado ¿Por qué quiere que tu hija de 15 años le vaya a cobrar?” 
Ella responde: “Por eso mismo lloraba porque coloca a mi hija en condición de mendiga”.
Yo insisto, “Tu mayor preocupación es su alcoholismo de él, y la parte material, olvidando que tu hija mayor está en riesgo ante él o sus compañeros de vicio, recuerda que a diario vemos y escuchamos, como un padre, abuelo, tío, vecino, hermano, destrozan la vida a niñas y adolescentes. Para que te dé una pensión de alimentos que es su obligación, no necesita verte ni que nadie le cobre, el juez sentencia cuál es el monto que él debe depositar en el Banco de la Nación, y si no cumple, hoy puede ir preso, si no tiene trabajo y no cumple, sus padres tienen la obligación de asumir esa responsabilidad".
Ella responde: "No crea yo tengo mucho miedo de eso, no de él pero si de sus amigos, mi hija ya está grande y el borracho no la va a poder defender, y no se que hacer".
La miro y aun dudando le digo: "Si en verdad estás decidida a defender los derechos de   tu hija e hijos, ve al Centro de Emergencia Mujer que está cerca a tu casa, allí te pueden ayudar, orientar y quien sabe hasta hacerte fuerte”.
Ella responde: “Yo vivo en ATE, mañana mismo iré, muchas gracias señora y por el jugo no se preocupe, ya me pagó”. Yo le digo: “¡De ningún modo, es el ingreso para tus hijos!”.
Me mira agradecida y dice: “No señora, necesitaba una abogado y usted ha sido mi abogada, psicóloga y ángel, un jugo de naranja es lo menos que puedo ofrecer ante un milagro, me ha quitado el dolor de este y muchos días. Déjeme que agradezca a Dios a mi modo”.
La miro conmovida, por esa cultura nuestra de reciprocidad, provocándome sentimientos que me desbordan, colocándome en ese estado al que llamo felicidad. Me despido, me voy con mis libros a cuesta, recordando la magia de este día que cierra,  donde fui instrumento del universo para retorné la serenidad a los rostros de angustia y dolor de dos mujeres que se cruzaron en mi camino, tan distintas en sus historias,  con los mismos pesares y necesidades, con las mismas carencias y urgencias. Con la misma desinformación y desconocimiento de sus derechos.Camino en medio de una tarde que se acentúa, el ruido silencia mis pasos.Vuelvo a sentir esa sensación de plenitud de los noventa cuando publicitaba por calles, plazas, mercados y dependencias sobre la necesidad de desenmascarar a una dictadura encubierta. De eso hace más de dos décadas, mientras me digo: "¡Sigo siendo bruja para unos, guerrera para otros, impertinente para los míos! ¡Allá ellos!, para mi es mi modo de vivir,  funcionó, funciona y funcionará mientras esté en esta dimensión.
En ese momento me pregunté, y  en este momento  que  escribo, te pregunto a ti que me lees: ¿Y si nos comprometiéramos en una cruzada cotidiana de orientación al paso, a las mujeres en sus derechos, sistemas, servicios y medios de los que puede servirse para protegerse y proteger a su prole?, ¿Cuántos rostros recobrarían la serenidad? ¿Cuántos niños(as) crecerían mas fuertes, con madres fuertes y decididas? ¿Cuántos confiarían en una sociedad que confía y se ocupa del otro(a) en el momento preciso?.