domingo, 1 de febrero de 2015

IN MEMORIAM DE MANUEL BENITES

Cerrando y abriendo un día enorme, perforados profundamente con tantos sentimientos y emociones encontradas. He llegado a casa en medio de una lluvia torrencial, increíble en una ciudad emergida del desierto, gracias a la meteora Gina Galvez Velarde, que me aproximó a mi casa rondando la dos de la mañana. Ya en ella, tras sortear una segunda inundación en el mes, he encendido una segunda vela por Manuel Benites Llanos, mientras buscaba alguna foto sin éxito, así que decidí escribir para dejar que mi alma levite, fluyan mis sentimientos una vez más tras el registro abstracto de un escrito que no llegará a ser texto, más quien sabe por esos misterios del universo, llegue de algún modo a su destino por las vías del internet. 
Todo empezó con la llamada de Gustavo M.  ayer por la noche. Vivificando mi fuente inagotable de bromas que van y vienen entre ambos,     en nuestra larga relación de tira y jala en lo académico, político,   inte-género, social, amical. Es   uno de los escasos compañeros traducido en amigo, con el peso de su significado, de una relación sin tapujos ni medias tintas como suele ser nuestro vínculo. Con Gustavo es posible re- sintonizarse sin mediación de tiempo, poder, honores, gloria, nombre y   protocolo que prontamente adoptan algunos hombres (sin duda unos más que otros) y por qué no, también algunas mujeres (felizmente son muy escasas) que incursionan al espacio del poder público aun siendo ciudadanos/as enanos/as, porque jamás crecen en compromiso y práctica,   ni tienen vocación de servicio público, pero sí el insaciable deseo de servirse.
Desde mi experiencia relacional, afortunadamente, son más hombres   que mujeres, quienes suelen adoptar actitudes y conductas grotescas de protección, espantando a los espectros de su pasado, porque para ellos sólo cuenta el preciso momento que se transformaron en sapo, siempre me pregunto ¿Por qué prefieren borrar la previa condición de renacuajo?
No es de extrañar, que bajo esa lógica   una amiga irreverente es sinónimo de   amenaza subversiva, alguna vez alguien me dijo: “En verdad te temo, porque no puedo imaginarme que eres capaz de expresar en voz alta”, se refería a mi memoria fotográfica de elefante, acentuada con los años. Mientras él afirmaba eso, volví a recordarlo cuando era renacuajo y lo vi tal cual era antes y después, para tranquilizarlo alcance a decirle: “Te puedo asegurar que puedes esperar no más ni menos de lo que fui testigo. Pero no te inquietes, es un esfuerzo que tengo reservado paro los amigos, para cuando todas las   hojas del calendario se hayan agotado y necesitemos   memorias de a dos para reírnos de quienes intentamos ser, dejamos de hacer y pasar, llegamos a ser e hicimos”.
Con Gustavo hemos descubierto que aun cuando pase el tiempo, el no intentará negar que fue renacuajo, ni yo esperaré al final de los calendarios para reírnos de nosotros mismos, como lo hicimos desde cuando nos conocimos, porque cada vez que hay oportunidad nos reímos a morir, en verdad creo más él que yo. Por eso no imaginé la sorpresa del que suelen estar preñada  una llamadas tras   larga hibernación y silencio.
Deteniendo mi ímpetu me dijo   esta vez llamaba por una situación sentida. Me contó que hace un mes (29 diciembre), Manuel Benítez había fallecido. Siguió hablando mientras experimenté un dolor en el vientre, como de un golpe inesperado o la perdida de estabilidad bajo los pies.
En medio de los detalles y tras colgar el teléfono, recordé a Manuel, aquel compañero de maestría   cerrando los noventa, quien bordeaba los tiempos de jubilación, alto, fornido, formal, protocolar, ex viceministro de educación del primer gobierno de Alan García. Uno de los pocos apristas que respeté en su militancia, porque con sencillez y firmeza se desprendió de su caparazón de militante disciplinado   de un partido que cuida mucho de las formas, para decirme que a sus años había retornado a las aulas, para reciclar, remirar lo vivido,   prepararse bien y a la altura de las exigencias de los nuevos tiempos para cuando su partido volviera a gobernar.
Tuvo suficiente proyección   para saber que el APRA tendría un segundo gobierno a pesar del desastre que fue el primero, con el mismo candidato y gobernante también reciclado -por él supe que García estudiaba la social democracia en el exilio (1998)-, lo que no vio venir es que un militante de la vieja guardia, reciclado, consciente, comprometido y con nuevas formas de pensar y hacer lo público no tendría cabida en el segundo gobierno, salvo que se transforme en operador silente, ciego, sordo y mudo.  
Recordé, cómo al ser desbordado por la teoría sociológica desplegada primero por Guillermo R. y Luego por Martín T. , se me aproximaba   para decirme: “Compañera   he vuelto a las aulas para estar preparado y servir al país y el partido cuando volvamos a ser gobierno, el país hoy exige que estemos preparados. Pero me cuesta,    no entiendo cómo hacer para comprender estos ladrillos, me esfuerzo pero en verdad no entiendo”.
O ante mi conducta no convencional con el estereotipo de ser mujer: “Compañera me quito el sombrero, en tantos años de militancia política y quehacer público no he hallado una mujer que pueda desplazarse con tanta seguridad, desenfado e irreverencia como usted, si hubieran mujeres así en el partido otra serían las cosas”.  Yo solía bromear diciendo que era como me describía, justamente porque no era de su partido, pero que yo no era un bicho raro, tampoco la excepción, puesto que las cosas empezaron a cambiar desde mediados del siglo XX, donde mujeres de quienes no alcanzaba a ser   pálido reflejo, marcaron la diferencia. Que si hubieron mujeres valiosas y excepcionales en el APRA como Magda Portal[1] y otras como ella, lamentablemente su partido discolo la desperdició. 
Replicaba con vehemencia: “Compañera son excepciones y disidencias que hasta hoy no comprendo y hay diversas versiones”. Yo argumentaba, que la práctica y perspectiva política de las mujeres se tornaba desentrañable al igual que   la teoría sociológica de Weber, Althusser, etc.  si es que no abrimos la mente, si seguimos pensando bajo teoremas anacrónicos, si estamos distanciado de otros pensamientos y perspectivas por viejos prejuicios.
Por eso, sólo  si nos abrimos a comprender el pensamiento del otro y la otra bajo sus categorías y no la nuestra, podremos aproximarnos a su perspectiva y comprenderlo/a. Y que   después de este esfuerzo de comprensión -en y desde su perspectiva-, solo en ese momento, será posible contrastarlo con nuestra perspectiva.
Manuel   con mucho esfuerzo y tenacidad lo comprendió, fluyendo entre la teoría sociológica moderna y pos-moderna, entre el marxismo y neo-marxismo pese a la dureza de las exigencias analíticas. En nuestra relación,   nuestras conversas inicialmente complicadas sobre políticas y género pasaron a ser un verdadero intercambio. En ese proceso   dejó expresarse la sensibilidad humana, su verdadero sentido ético y moral en la política.   
Una vez luego de mucho tiempo nos volvimos a encontrar, deteniendo nuestras urgencias, entramos  a conversar en un café, me dijo: “Tomemos un café compañera como en los viejos tiempos”.  Una vez más advertí en esa conversa, su lealtad a prueba de todo, su compromiso y esperanza por sobre todo. Y como buen caballero  guardó los detalles, mientras  me dijo: “Catalina, ahora comprendo mejor lo que solías decir, he aprendido mucho más en este mi tiempo que todo el previo sobre la política donde no hay cabida para la ética, pero sabes soy terco confió en que cambie el país y las nuevas generaciones, por eso no abandono la educación, por eso persisto con mi instituto”. Aquel instituto donde nos acogió para celebrar la llegada de la primogénita de Allison y en ese gesto su desprendimiento y generosidad.
Esta es la arista por donde me asomé a la vida de Manuel Benites Llanos, durante dos años de estudios de maestría en sociología, ingresando por la ventana de las exigencias académicas hasta situarme en el centro de su humanidad. Seguro que habrá mucho que decir sobre su tránsito por este tiempo y dimensión, en mi caso he optado una vez más por liberar mis sentimientos, compartiendo un breve trozo de quien en vida fue y se enlazó a mi historia.
Sé que estás en paz querido Manuel, porque  hallaste a tiempo, esa paz que a todos/as nos llega cuando se descubre la misión que cada quien tiene en esta vida y se entrega a ella plenamente.  

domingo, 18 de enero de 2015

DUELOS: SIGNIFICANTES Y SIGNIFICADOS


Para quienes hemos aprendido a ser gregari@s, existen diversos modos de procesar colectivamente nuestras pérdidas o duelos, dependiendo de quienes están para realizarlos. Quienes somos o hayamos sido en vida nuestros vínculos, el modo como hemos dejado crecer o no a nuestro ser, la forma como hayamos construido nuestro estar para vivir o dejar de hacerlo y hacer para servir o sólo servirnos. 
En los sectores populares urbanos y andinos, donde he compartido frecuentemente estos procesos, existen tantos ritos como diversos modos de vivir se han configurado. En algunos casos se inicia antes de la muerte propiamente dicha, cuando el estar se deteriora progresivamente a través de una enfermedad terminal que puede durar años o meses, produciéndose   actos y gestos   expresos que dan   contenido a la solidaridad. Los que serán intensos o breves, cercanos o distantes, dramáticos o festivos, expresos o implícitos. En realidad todo dependerá de los lazos   de amor entretejido o el grado de individualismo instalado en cada un@, la idea dela reciprocidad, semejanza y reconocimiento de la propia finitud. De la idea que se tenga en torno a la vida y la muerte. Por cuanto la compañía, asistencia, apoyo, cuidado o sólo aprendizaje vendrá a ser consecuencia y concatenación del modo que se expresa la vida y la muerte.
Como bien dice Elisabeth Kubler Ross, las experiencias y convivencias con situaciones de enfermedades terminales, se produce una profunda reciprocidad, que suele recubrirse con un enfoque de auxilio al paciente, cuando en realidad es un acto de intercambio, que sólo es posible advertir cuando se asume nuestra propia finitud: “Aunque iban a morir, comprendían que era posible que su vida aún tuviera una finalidad, que tenían un motivo para vivir hasta el último aliento. Podían seguir creciendo espiritualmente y contribuir al crecimiento de quienes los escuchaban.” (Kluber-Ross: 200, 58)[1]
En casos donde la muerte llega imprevistamente, el golpe y la movilización solidaria es veloz, aquí no cabe “Mi tío es bombero”, como decía mi amiga Rosa Pacheco allá por los ochenta.  Es o no es, se está disponible o no se está, se tienen fuerzas o se agotan, no hay espacio para el   mañana, se moviliza o inmoviliza. La noticia corre como reguero de pólvora, vecin@s,    deud@s y   buen@s samaritan@s emergen y asumen su rol, haciendo que el tránsito entre el dolor y la despedida no sea desvirtuada por los requisitos y exigencias de procedimientos legales que nunca faltan ni sirven, para la vida menos durante la muerte pero hay que hacerlo, es nuestro modo de dejar constancia que estuvimos un tiempo en esta dimensión, por lo menos   estadísticamente. 
Paralelamente l@s deudos más vulnerables ante la muerte y el duelo son acompañad@s en el dolor que es vertido en el velorio simbólico de prendas percibidas como favoritas de quien en vida fue, para ubicarlo al lado de quienes sufren su partida, evitar se extravié en su nueva vida, tenga eterno descanso y quizás la comprensión de su alma que pasó a otra dimensión, como vemos cada día más en más de una película.
El velorio del cuerpo presente, es sin duda el momento central del proceso de despedida de quien ha muerto, creando el espacio anímico, social, cultural y religioso, para dejar fluir el dolor. Cada quién y cada cual a su modo. Un velorio en su contendido y significado podría catalogarse de igual en nuestra sociedad, afirmamos frecuentemente que   independiente de quienes fuimos somos iguales ante la muerte,   a veces pienso que sólo se trata de que todo@s somos finitos. Pero si nos detenemos en los procesos gestos, ritos de unos y otros, hallamos marcadas diferencias de cómo se vive la muerte y en cada sector social.
En este punto sólo haré una anotación respecto a otros sectores sociales por ser notables las diferencias. En los sectores medios y altos, el velorio se realiza en un velatorio, espacios ad hoc a la muerte, transformándose en acto público aun cuando sea privado por cuanto hay que guardar las formas y horario definidos, como si se hubiera previsto administrar el discurrir de los gestos y sus intensidades. No es posible quedarse más de un breve tiempo porque se satura.  Para l@s deud@s, aligera la permanencia al lado de la muerte, los saludos y el dolor desgastante, alguna vez escuche afirmar que estos espacios permitían enfrentar a la muerte con estoicismo y dignidad. Me pregunté en su momento si esto era posible.
En el caso de los sectores populares, inversamente, es un acto privado aun cuando sea público, quien muere pobre o no rico se vela en su casa, su calle o barrio y en el mejor de los casos tiene misa de cuerpo presenten en su capilla, parroquia u iglesia. El espacio del velorio deja de ser impersonal para transformarse en pertenencia y pertinencia, donde por última vez espacio donde los diversos actores se funden, transformándose en acto simbólico de reunir, unir y comulgar a la diversidad con los que vivió hasta la muerte. Las mujeres y hombres se distribuyen la atención de unos a otros.
En los pueblos del Perú y los conos de Lima, el contenido del velorio se transforma en oportunidad para que cada quien establezca la última conexión con quien en vida fue a través de sus sobrevivientes y dolientes.   Cada cual   va dejando su tributo unido a una narrativa de los hechos previos,   encuentros misteriosos,   anuncios y despedidas premonitorias, hasta el     estado en los momentos de partida. Siempre me ha conmovido el esfuerzo por cargar sobre sus hombros el cuerpo de quien en vida fue y la reverencia simbólica de despedida de su casa, el lugar preferido y el barrio. El carro fúnebre va delante en tanto hombres y mujeres se turnan en cargar el ataúd. Pueda que en todos estos gestos, se reelaboren el significado y significante del dolor ante la muerte hallando    consuelo en el descanso en paz del que en vida fue y la resignación de tod@s.
El rito comunitario   entrelaza la vida, muerte, dolor, consuelo, solidaridad y compartir, que va desde gestos de aporte material a modo de ofrendas florales, pasando por café, azúcar, galletas, hasta sal. Aquello que siempre me conmueve en las comunidades andinas y las zonas populares es la materialización visual y simbólica de unidad, como una unidad (comunidad). Se deja atrás distancias, diferencias, tensiones que se producen en la vida cotidiana. De quien menos se espera emerge la disponibilidad, entrega y compañía. La muerte aligera tensiones y salda deudas reales y simbólicas, mientras que el padecimiento crea espacio para los perdones.
El entierro o crematorio (cada vez más usual aun cuando resistente para ciertas creencias y prácticas), es el último acto de compañía y solidaridad, en él suele desbordarse el dolor en gestos y palabras, los sentimientos de culpa o asentarse la resignación, es la oportunidad de elevar la voz, para el recuerdo, perdón y hasta la exigencia de justicia.  Culminado el entierro las personas más cercanas e íntimas a los deudos retornan hacia el hogar en duelo para un último compartir.
En los pueblos andinos y sus migrantes de las ciudades, se produce un último adiós a los cinco días “pishgay” (cinco)[2], un rito espiritual que consiste en asumir la muerte como partida irreversible, universal y sin excepciones, una nueva oportunidad   para mirar la vida y muerte propia en perspectiva, que en un nuevo esfuerzo de negación y resistencia, se trasfiere   al alma de quien en vida fue, expresando una vez más “X… puedes ir en paz”. Y se limpia en comunidad y/o parientes  la casa, cada objeto suyo, aquello que fue tocado en vida, para generalmente distribuirlo entre cada persona que fue significante. Es una herencia colectiva que va más allá de la materia, enlazándose en lo espiritual.  Creándose una nueva oportunidad de   compartir y departir el dolor que circula entre todos, no se apropia de sólo un@ por cuanto no se transforma en tristeza que deprime, enferma e incapacita. Un proceso de desapego material que exorciza   y aleja la tristeza, para asumir al dolor como aprendizaje de vivir con la ausencia del ser, en tanto que presencia espiritual y simbólica es vívido permanente. 
Conocer y compartir estos procesos permite entender el dolor profundo y la inviabilidad de la resignación para quienes no ha sido imposible hacer el rito de despedida hasta enterrar a sus muertos, puesto que los funerales viene a ser el último acto humano donde es posible el reencuentro de la vida con la muerte entre seres amad@s, apreciad@s y la renovación de la idea primigenia de nuestra finitud material que intentamos día a día olvidar y actuamos como si ella no existiera, así como la   infinitud espiritual que ignoramos porque nos libera de obligaciones hacia adentro, o porque a veces es más tentador vivir cada minuto como si fuera el último que cada minuto como como si  fuera el primero En el duelo andino se va más allá, son ritos que ayudan a estructurar una respuesta a la experiencia existencial de la muerte en el plano de los valores, las creencias y el sentido de la vida y de la muerte. Este plano más profundo del contenido, lo cognoscitivo, que en ciertas terapias se quiere dejar de lado, está también presente en los ritos del duelo andino.”(Alaez: 2001)[3].
En cada uno de estos ritos hombres y mujeres con diferentes credos y fe, hacen suya la oportunidad de "mostrar respeto", colocando al centro la memoria de quien dejó de existir. Las personas cercanas dan cuenta de cada   facetas de su ser desde su percepción, lectura, memoria y reconstrucción –nadie se opone, ni discute; cada versión es válidas y verdaderas-, por cuanto el ser inerte, pese a carecer de voz, ella se encarna en cada un@ haciéndose firme, permanente, integral y central. Plasmándose la idea de que sólo te conocen, reconocen y valoran   cuando ya no puedes negar o afirmar y que no hay muerto malo. Por ello no es extraño que se construyan misterios, fábulas, mitos y leyendas cumpliéndose la máxima que no hay difunto malo ni humano, sólo ligero o pesado.
La partida de Emma Hilario al producirse en la distancia   privó de todos estos ritos a quienes la conocimos y vivimos. Compensándose en parte con un momento de reencuentro que tuvo como texto una misa de bendición a sus cenizas. Si bien el tiempo no transcurrió en vano, haciendo que la homilía fuera abstracta, la agenda de fondo fue colocado por las compañeras de base y   las dos mujeres que compartieron con ella la responsabilidad de representación y dirección de comedores autogestionarios (1986 -90) y populares (1991-96), por ello no es de extrañar que     de las expresiones se agolparan y expresaron diversamente, transformándose el acto de peticiones, en homilía de pueblo desde el llano y no el púlpito.
En términos ortodoxos de Luis Cipriani seguramente la misa no habrá alcanzado las exigencias para ser reconocida como tal, existiendo suficiente pretexto para poner en práctica una serie de medidas eclesiales represivas que van desde la sanción a sus autoridades hasta la excomunión de sus fieles.
Para quienes hemos aprendido que la misa es una celebración comunitaria que si bien congrega a fieles creyentes y comulgantes con la religión católica,   tiene   suficiente    espacio a modo de casa abierta para acoger con respeto a simpatizantes, agnósticos e indiferentes.  Donde su concepto de iglesia participativa ha incluido desde hace mucho: el canto, cuento y la oración como espacio de expresión de su comunidad.
La misa para Emma Hilario, fue una oportunidad para mostrar tolerancia, apertura   y pluralidad desde un ala de la iglesia católica, pero principalmente fue ese espacio de comunión y comunidad para el rito de despedida, donde admite la muerte como inicio de una nueva vida, invitando a pensar en la vida, su contenido, oportunidades y exigencias.
Así es como el espíritu de Emma, nos convocó a un momento de comunión entre diversidades, unión y compromiso. En mi caso particular, me permitió mirar el pasado con ojos de hoy,   aprendizajes acumulados análisis y reflexión, que son menos ingenuos y apasionados, mientras se desgranaba los discursos políticamente correctos, agradecí a la vida y Dios haber sido parte de las  historias de mujeres que sobrevivieron a los tiempos sin nombre y pudieron contarlo. Para mirar desde adentro a la responsabilidad de cerca, lo que fue el devenir de nuestros propios haceres entre ensayo y error porque a nadie se nos preparó para vivir lo vivido.
Los abrazos me llevaron   nuevamente hacia sentimientos agazapados, interrogantes que jamás nacieron porque en ese tiempo desconfiábamos de nuestra propia sombra y cuando la osadía e intrepidez dejaba   filtrarse alguna temeridad, sólo se volvía la vista hacia otro lado o bastaba con acusar de no ponerte la camiseta. El silencio, la sordera, el monólogo fue un espacio propicio para que se acrecentara el miedo y el terror se instalara. Ahora que lo pienso, los actores principales de la violencia política (Estado y grupos violentistas) fueron sin duda   responsables centrales de la muerte, el abuso, la inseguridad de hombres y mujeres colocados al centro del conflicto. Y donde mujeres de a pie  como Emma Hilario[4], Elvira Torres y Rosa Landaverry[5]  fueron para ambos bandos  daños colaterales que pueden contarlo y otras como María Elena Moyano[6] y Pascuala Rosado[7] murieron en el intento sin haber comprendido realmente su propio derrotero y la absurda insania que les arrebató la vida[8].
Para quienes fuimos acompañantes, aliad@s, comparsas, apoyos de esas mujeres, con poco o mucho miedo, conscientes o inconscientes de nuestro propio riesgo, como sucedió con Consuelo García[9] que dejo la vida en ello. Aún queda mucho por revisar, comprender y aprender de nuestro papel en tiempos de miedo, para no abstraer y generalizar responsabilidades, sino mirar adentro y derredor aciertos, desaciertos, silencios, omisiones, complicidades, olvidos y reediciones. Para no cerrar la página sin aprender la lección por un nunca más. Para no   creernos consciente o inconscientemente fábulas propias o ajenas, para sólo dormir tranquil@s o cosechar congratulaciones   ahuyentando a nuestro propio espanto.  
Con estos pensamientos por compañía me alejé de la segunda parte del rito en memoria de Emma. Cuando miré en derredor descubrí no estaba sola,   era  un sentimiento compartido, guiándonos hacia nuevas exploraciones de percepciones retrospectivas  mientras transitamos las calles que hace más de 23 años transitó y  vivió Emma Hilario, mas  ese es un nuevo tema  a compartir otro día. 



miércoles, 31 de diciembre de 2014

DE COSTA RICA A LA ETERNIDAD: ADIOS EMMA HILARIO

Ayer 30 de diciembre, me enteré que Emma Hilario murió el 19 de diciembre en Costa Rica.
Tomado de https://es.groups.yahoo.com/neo/groups/peruforopaulofreire/
conversations/messages/37607
Todo el trayecto de retorno a casa pensé en Emma a quien conocí en junio de 1986, cuando nada ni nadie imaginaba aquello que nos deparaban los tiempos del terror. En medio del primer evento nacional de comedores populares autogestionarios, parroquiales, clubes, etc.  Donde ingenuamente creíamos que el problema central de los comedores en aquel momento era  el Programa de Asistencia Directa (PAD)  creado por el APRA para desconocer la labor de más de seis años de los comedores que surgieron como respuesta al hambre y la crisis que se instaló en los barrios populares desde fines de los setenta.  Mas adelante comprendería con el golpe y el devenir de los hechos, que en realidad el problema que se cernía era el espectro del terror que escaló a partir de ese periodo, concentrando su atención en las organizaciones de mujeres colocándolas al centro de dos fuegos: por un lado la política social y de Estado que las desconocía, quitaba piso y obstaculiza, que sin su intervención ya era dura la sobrevivencia. Y por el otro, los grupos alzados en armas: Movimiento Tupac Amaru (MRTA) y Sendero Luminoso (SL), las acusaban de impedir que la crisis se profundizara paliando el hambre. El MRTA intentaba coptarlas infiltrándose y SL amedrentarlas también infiltrándose para impedir su trabajo.



Era tanta la ingenuidad y escasa mirada de contexto de mujeres agrupadas alrededor de la sobrevivencia, como lo era de quienes las acompañábamos se de asesoras y/o instituciones, que en ese entonces redujo la perspectiva de avanzar las experiencias de centrales de comedores ya existentes hacia la  centralización de segundo (Lima) y tercer nivel País.

Contrariamente, colocando a las escasas centrales en condición de bases, se formó una Comisión Provisional  Nacional de Comedores (CPNC) integrada por Emma Genoveva Hilario Chuquipoma (Pamplona Alta), Elvira Torres(Agustino), Rosa Landaverry (Ermitaño) y Lucila Martínez (San Juan de Lurigancho),  que más adelante se transformaría  en Comisión    Nacional de Comedores (CNC) cuando su mandato temporal se trastoco en permanente 1986-1996. 

No  comprendí en su momento  la tensión al interior de la delegación del cono sur entre las que se encontraban Villa El Salvador, San Juan de Miraflores, Tablada de Lurín, Pamplona Alta etc. ahora cada vez lo veo más claridad. Las escaramuzas por la forma y contenido de la lucha de comedores que se inauguraba en ese momento en un local de retiro de Chosica lo trabajaré en otro momento, solo he anotado para afirmar que fue en ese contexto donde nos hallamos con Emma Hilario, una líder ya cuajada para entonces como aparece en la p.16 de Pensamiento, Voces & Saberes de mujeres1.

Prontamente despertaríamos a la brutalidad del contexto que nos rodeaba, uno de esas pesadillas fue experimentada por Emma Hilario, quien salvó de morir de un atentado de Sendero Luminoso el 20 de diciembre de 1991, engañándole a la muerte con un brazo herido, a cuya consecuencia primero debió vivir en clandestinidad y luego autoexiliarse desde el año 1992 en Costa Rica, para no sumarse a la lista de víctimas que se construía en medio de la violencia dentro del país.

El 19 de diciembre del 2014 la muerte postergada por 23 años la alcanzó  en Costa Rica,  esta vez culminó su tiempo, aquel que le correspondía, sobrevivió a la muerte por terror para poder contarlo luego de una vida entregada al trabajo comunitario que no se detuvo con el exilio2. Saber de su partida me removió el recuerdo, las entrañas y las heridas aun no cicatrizadas.

Emma vivió y murió fuera de su país porque  este, no le dio la oportunidad de ser y hacer, como no se lo ha dado a muchos hombres y mujeres que sobrevivieron a la violencia. Cerramos un año más con deudas de reparación a cuestas que no se ha podido saldar no sólo por falta de voluntad política sino porque aún nos cuesta asumir y superar como sociedad una deuda compartida.

Me duele la partida definitiva de Emma, tanto como me dolió su partida por salvar la vida de hace 23 años. Con su partida se produjo simbólicamente el quiebre del proceso organizativo de las mujeres populares, que fue cercenada con menos de una década en su construcción. En 1992 en medio de una dirección desborda de la CNC se creó la Federación de Lima Metropolitana  y el Callao -paralelamente a su permanencia como base de la CNC intentando mantener el soporte de los comedores de Lima y Callao que eran los más numerosos-. En 1996 en un largo evento, la CNC dio nacimiento a la Comisión Organizadora de la Central Nacional de Comedores (coincidentemente fui invitada de excepción al evento esta vez lejos de los claustros religiosos en los ambientes de Construcción Civil de Ate), lo sucedido después escapa a este artículo. 

Siempre me pregunto ¿Qué hubiera pasado si este movimiento de mujeres acorde a sus prácticas hubiera tenido el mismo tiempo de maduración que los gremios y partidos?
¿Si hubieran tenido más tiempo las líderes y socias de comedores autogestionarios,  en su mayoría habrían descubierto , las ventajas y eficiencia de la democracia que algunos experimentaron? 
¿De ser así cómo hubieran enfrentado uno a uno las arremetidas de las políticas pública, de los partidos, el terror?. 
De ser así, seguro que hoy no habría elecciones y triunfos  del menos ladrón, menos mentiroso, menos corrupto, menos… menos.

Sigo creyendo  que una sociedad donde la conciencia crece y la capacidad de ejercicio ciudadan@ es un aprendizaje que se adquiere desde el hogar, la vecindad, el barrio, las organizaciones, etc. crea mejores condiciones sostenidas para la madurez política y la práctica democrática.

Con la partida de Emma Hilario, debo reconocer que se aleja cada vez más y cuasi extingue la estirpe de mujeres que fueron mayores que sus problemas en tiempos de terror, hallando en la pobreza la inspiración para ser mas, transformar su medio y soñar con transformar el país. Hoy son nuevos los y tiempos, las mujeres y sus quehaceres. 

Aun creo que hace falta, establecer puentes entre las historias reales de ayer y hoy. Trascender  las fábulas y las construcciones antojadizas de imágenes simbólicas, sino mirar en aquello que se hizo y dejó de hacer  mujeres de carne y hueso que desde diferentes aristas vivieron (vivimos)   dos décadas previas al cierre del siglo XX y las  mujeres que vienen tomando la posta en estos dos decenios de inicios de siglo XXI que  aun está por hacer.

¡Descansa en Paz Emma Genoveva Hilario Chuquipoma!


sábado, 29 de noviembre de 2014

UNA TARDE FELINA

Hay un tiempo para cada quien,
hoy fue el mío dejando fluir a mi ser,
cavilando al rededor de días idos y por venir,
de seres que llegan a mi vida como las olas del mar,
a la par de un atardecer brillante e inesperado,
ahuyentando otros con polución de micro seres que luchan denodadamente para asentarse en mis sentidos.

Concebí una nueva estrategia, cero lucha, más comprensión,
anunciándoles que tenían libre el fin de semana y partieron raudos,
sea porque estaban tan agotados como yo en esta lucha estéril de desalojo e invasion,  
o por que se creyeron  realmente su erradicación con solidaridad de otro paciente para extinguir mi llanto alérgico por aquel ambiente. 



Para mi sacerdotisa será que hallé el punto de equilibrio en las dimensiones de mi ser acrecentando mi darma,
alejando a todo lo que mortifica sin aniquilarme
por esa necesidad mutua como infame  de sobrevivir conjuntamente, sin importar que yo sea organismo complejo y ellos unicelulares. 



Prefiero creer que fue la atención a mi laxitud ya cerrando la tarde con un banquete majestuoso de almuerzo-lonche y el deleite de combinar sabores de tres dulce limeños que reconectaron mi energía, sentidos, sensaciones y pensamiento, 
para apreciar en detalle lo bello que es la vida.



Atrayéndome una escena en medio del mágico crepúsculo, descubrí en mi perspectiva 
aquel encuentro, comunicación, intercambio y goce en la relación misteriosa y cuasi alegórica de seres felinos/humanos, conmovida pedí consentimiento para capturar ese momento de entrega terciopelada
entre felinos, mujer y hombre.




Mis sentidos apenas liberados se embebieron de escenas, cuasi celestiales de amor tangible, convivencia, intercambio y confianza,
discutible para algunos/as por transgresor de espacios,censurando aquello que muchos practican en privado pero que en público se censura porque sabe a amenaza.


Asido de la idea de que somos y tenemos diferente valor, donde unos son dueños y otros advenedizos,
los primeros con derecho de uso y ningunos los segundos, en un balance próximo a la creación de un nuevo teorema los menos en valor se constituyen en  peligro de los más valiosos.


Más allá de estas disquisiciones que persistirá,
hoy disfruté profundamente de esa realidad que se impone, la combinación de bellezas felinas libres y misteriosas, con gestos de amor a veces esquivo de humanos/as entre sí, con combinaciones cautivantes, reconfortantes y conmovedoras.




Como narraba a la familia mía, el gesto no distinguía edad, sexo, rol, condición,  posición, pertenencia o pertinencia al espacio.
Bastaba con volver la mirada para dulcificar el rostro, sentarse al disfrute compartido sea del adulto mayor o la niña, los celos se esfumaban entre las parejas dejando espacio a otro ser.


Los seres que esta tarde me abrieron y mostraron sus sentimientos en un templo de convivencia de dos especies libres, impregnando a mi alma de paz, felicidad y alegría que animó este escrito cuasi alegórico para animarlos/as a visitar el parque felino/humano
quise decir el parque Kennedy de Miraflores.

jueves, 27 de noviembre de 2014

SE VA SIN NADA Y SE QUEDA EN TODO, UN PRESIDENTE DE PRIMERA. JOSÉ ALBERTO MUJICA CORDANO

http://www.milfrases.org/2014/03/jose-mujica-presidente-uruguayo.html 
Se va sin llevarse nada José Mujica, quien tomo el poder cuando descubrió que la fuerza ni las armas son herramientas para cambiar el pensamiento y práctica de un país. Accediendo a la presidencia con trabajo, entrega y militancia, palmo a palmo en ese espacio donde todos van a saquear y devorar desde hace siglos bajo inimaginables formas.

Pero se queda eternamente, como imagen simbólica de lo que puede ser y hacer un presidente latino, cuando se ha comprometido con todos/as y cada uno/a de su pueblo. Amando a su país de diversas formas a lo largo de su vida: entre urgencias juveniles,   aprendizajes adultos,  re-aprendizajes y lecciones de adulto mayor.

Se va sin llevarse nada material, como lo hará cuando deje este espacio y tiempo al final de sus días, él y cada uno/a de nosotras/os cuando también nos toque, si hemos vivido plenamente, sin pedir un minuto más. Nos iremos sin nada, completamente solos y quizás conscientes de nuestra trascendencia a diferencia de cuando llegamos acompañados/as de la vida y fuerza de una mujer.

Pero se queda completo de pie a cabeza, en la retina, corazón y memoria de Uruguay, de toda América Latina y el Caribe. Habiendo vivido y sobrevivido a los avatares de la dificultosa construcción de una joven e imperfecta democracia; venciendo a los demonios de colonización, republequeta, estatismo, dictadura y frágil democracia.

Se va con la frente en alto, quizás la misma sonrisa o mayor de cuando se hizo presidente, por la satisfacción del deber cumplido, los sueños concretados, deseos satisfechos y proporcionado contenido a una forma íntegra y digna de hacer política, ejercer poder y buen gobierno.

Se queda para siempre en la historia de su país, América Latina y el planeta como quien se propuso y registró con cada acto, gesto, palabra y hacer que es posible ser presidente ético coherente con sus principios, pensamiento y práctica. Superándose a sí mismo en sus defectos y errores.

Se va diciendo que no es pobre, sin soberbia  como decir que sigue “siendo el rey”, “inocente”, “sagrado”, “nada teme porque nada debe” o “papelito manda”, porque no ha sumado un metro, gramo o bien más a las posesiones precedentes a su mandato, que no le impedirá seguir viviendo en felicidad porque para serlo basta ser quien es.

Se queda nuestro aprendizaje, donde el reto y la eficiencia es hacer lo comprometido en un tiempo sin adendas ni reelección, puesto que la democracia es también alternancia y que todos son necesarios/as pero  nadie imprescindible, cuando la apuesta es el otro/a con   desprendimiento, temporalidad y sin anquilosamiento en el poder.
 
Se va con la conducta coherente de quien elige a la política como una forma de vida para servir al otro y no servirse de todos/as. Mostrando que es mucho más que las tentaciones de sus pares que se  reinventan prácticas delincuenciales para hacerse de "bienes" que en realidad son "males" a los que tendrán  que alimentar insaciablemente, perdiéndose a futuro en  la vorágine del enriquecimiento ilícito o vendiéndose con todo y su alma.

Se queda la esperanza hecha práctica, donde es posible gobernar sin robar, ni tomar ventaja de la posición de poder con clientelaje y compadrazgo que prostituyen "regalos", "prestamos", "confianza", "complicidad improbable" y "testaferría". Donde el teorema acuñado por corruptos y seudo-demócratas: "en el poder todos roban y/o no importa que robe si hace algo", se desmorona ante la práctica honesta y sin indicios de riqueza material de José Mujica.

Se va porque el poder es efímero, como aquel con el que fue ungido y tal como corresponde retorna a cada uno/a de quienes confiaron en él. Robusteciendo el espíritu de mandato temporal y sin posibilidad de seudo-monarquía hereditaria o insustituibilidad discapacitante, habiendo desplegado su sabiduría de estadista haciendo que en macro sucediera el cambio y quizás  sin posibilidad de retorno, aquello que a cada uno/a nos lleva todo una vida en micro, sin hacer el mínimo rasguño al sistema.

Se queda con las/os uruguayos, contigo, conmigo y todos/as el aprendizaje que es posible adecentar la política, construir un modelo de ejercicio de poder para todos/as, encarnando la teoría en la práctica. Alimentando nuestra esperanza que emergerán nuevos/as líderes hallando su modelo como referente empírico concreto de hacer política de la buena sin morir en el intento y no sólo quiera imitarlo, quién sabe si den nuevos pasos hacia la construcción de sociedades más humanas, confiables, de convivencia con todo y cada ser del planeta.

¡Gracias por la esperanza renovada José Mujica!