domingo, 10 de enero de 2016

GLADIS VILA, SER SIN RENUNCIAR A SER MUJER INDIGENA ANDINA

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Luz Gladis Vila Pihue, llegó a mi mundo uno de esos días del primer quinquenio del siglo XXI, por los designios del universo que a momentos me lleva hacia donde menos imagino con sólo una llamada. Donde no cuentan los planes, expertis o la voluntad, por cuanto prefiero pensar que son fuerzas del universo. 
Hasta entonces conocía a la mujer andina a través de la migrante en la costa y aquellas con las que interactué eventualmente en zonas rurales.
Las andinas migrantes estaban principalmente afincadas en los conos periféricos de Lima, desplazándose como usuarias, proveedoras o servidoras del centro y zonas residenciales. Algunas con más arraigo costeño que las costeñas, más mazamorreras que las limeñas, al punto de sustituir recuerdos y costumbres de sus orígenes por aquél que era su nuevo hogar. Sin negar la presencia de aquellas que conquistaron la Gran Lima izando banderas de cada pueblo, imponiendo o combinando culturas, prácticas, costumbres, creencias hasta parir el crisol que hoy nos enorgullece en el mercado, música, moda, cocina y la mixtura maravillosa de alimentos.
Frecuentemente me interrogaba sobre el grupo que sepultó su ser andino con la migración ¿Cómo se daba esa transmutación del ser a cambio de construir un ser no discriminado, devaluado y marginal? ¿Qué factor lograba mimetizarlas hasta extirpar sus orígenes? ¿Cómo vivían el desenraizamiento y la orfandad cultural? 
Preguntas que siguieron flotando cuando incursioné en el mundo andino ya no desde la lectura sino disfrutando de cada trecho de su espacio para descubrirme como parte de una diáspora de mujeres andinas, con coincidencias como distancias entre sí y las migrantes.
Coincidían entre sí, en su arraigo y encarnación de Gaya -la tierra y todo lo que ella implica-. El orgullo de pertenecer a una comunidad, estancia, pueblo, caserío, distrito, provincia, región. El amor a sus ancestros y reproducción de costumbres y ritos aun cuando eso significara la entrega y sometimiento a los suyos. Diferenciándose en cómo enfrentaban y afrontaban su condición de ser mujer, madre, campesina, comunera, oligarca, pasajera, extranjera, pobre, rica, sola, soltera, casada, viuda, iletrada, letrada o intelectual. Desempeñarse como agricultora, ganadera, comerciante, artesana, artista, dirigente, líder, mujer de su casa. Sus modos de procesar la pérdida, dolor, tristeza, llanto, gratitud, alegría, danza y canto. Incluyendo el silencio, habla, acogimiento, rechazo.   Donde el enfoque cultural y de género eran incipientes.
A las mujeres amazónicas, las conocí primero a través de mi compañera de estudios Adriana, quien fungió de embajadora para mostrarnos un mundo distinto a los conocidos, con mayor fluidez en expresar al ser, hacer, querer, sentir y resentir. Sin ese atavío de mujeres costeñas y andinas por recubrir, disfrazar y disimular tanto cuerpos como sentimientos, claro que se produjeron encuentros y desencuentros, pero esa es otra historia. 
Más adelante cuando me aproximé a la ceja de montaña y hundí en la amazonía, me confirmó que era un mundo diverso, misterioso, sencillo, complejo, extraño e inexpugnable. En realidad mi conexión fue elemental,  principalmente con colonos(as) europeos y de extensión andina, conminados a trastocar o polarizar su propio ser en el centro de un ambiente tan exuberante como expuesto. En tanto que los hombres y mujeres amazónicas se difuminaban en la profundidad de la selva para posar de tanto en tanto al gusto del turista.

http://blogs.upc.edu.pe/vu/posts/v05-06-exposicion-amazonia-con-rostro-de-mujer
Tras mi largo tránsito por los caminos y reflexiones del género podría ensayar en señalar que tanto mi embajadora amazónicas como aquellas que conocí en las orillas del oriente peruano, estaban despojadas de prácticas de doble moral de nuestra sociedad seudo occidentalizada con sublimación del patriarcado que pasó de largo, para asentarse en un claro de la profundidad amazónica, con la colonia Alemana en Pozuzo[1].

Patriarcado entendido como sistema de relaciones alrededor de una ideología jerárquica encabezado por el pater family, cuyos roles permiten ocuparse de “los suyos”, representarlos, tomar decisiones y establecer relaciones de sometimiento entre quienes dependen de él[2]. Condiciones que se produjeron mínimamente a lo largo de la historia peruana a  cambio se desarrolló el machismo[3], marianismo[4], padre ausente[5], sexismo[6] y racismo [7]. Conviviendo simultáneamente  un sistema comunitario (sur andino),   feudalista (trapecio andino) entroncado con el oligárquico (norte) y el capitalismo neoliberal (grandes ciudades), donde el rol de mujeres y relaciones de género   está aún por develarse en toda su complejidad.

Con Gladis Vila, toda aquella aproximación a la mujer andina como amazónica quedó empequeñecida.  En la primera entrevista, me miró con desconfianza, tomando distancia, midiéndome. Se reconocía como líder indígena andina, para mí no había necesidad de un nombre y apellido en tal sentido, así que le pedí se explicara obteniendo a cambio una clase magistral de interculturalidad. Demostrándome la diferencia, entre ser mujer indígena andina y mujer indígena amazónica: “Somos hermanas porque pertenecemos a los pueblos indígenas, pero somos distintas en nuestra lengua, percepción del mundo, nuestras prácticas, necesidades, intereses y formas de vida”.

Gladis Vila, prontamente cambió su rol de entrevistada a entrevistadora, de una forma sutil y firme para conocerme y leer en mi mensaje corporal, mi enfoque. Finalmente sentenció: “Como ves Catalina, me he formado en la universidad de la vida, tu sabes tan poco de nosotras como nosotras de ti”. La miré con respeto y admiración, porque comprendí que ella se había apropiado de los elementos que muchas mujeres migrantes se despojaban. Y en base a ellos se había hecho  fuerte, grande e inquebrantable. Fuerza para cambiar condiciones de vida y ejercer derechos como mujeres indígenas andinas, empezando por ella misma. A eso es lo que yo llamo empoderamiento real, aquel que deja de ser teoría para traducirse  en gesto y acción. .

Gladis Vila, había transitado de ser una joven dirigente en su pueblo hacia la atención a los intereses y necesidades de mujeres como los  pueblos indígenas. Forjándose a lo largo de una década, en la identificación y defensa de sus derechos como género [8] y sociedades milenarias[9],  moviéndose con facilidad en espacios internacionales[10], donde no sólo desarrolló conocimiento sino construyó un discurso, con  notable conciencia de quien era, a quienes representaba y  sus propuestas, recolocando su agenda al interior de cada agenda donde estaba presente.

http://www.onamiap.org/2012/11/25-de-noviembre
-un-ano-mas-de-lucha.html
Gladis Vila, no se había “especializado” en términos de nuclear y reducir su agenda a un tema aislado -el derecho de la mujer indígena-, lo relacionaba con cada uno de los elementos y factores que involucraban a los pueblos indígenas, el medio ambiente, los retos de la globalización y la economía de mercado, logrando lo que muy pocos líderes habían alcanzado: una visión integral de las oportunidades para ubicar los intereses y necesidades colectivas. Cuenta con  capacidad para integrar e integrarse en los diversos escenarios y espacios el tema mujer y pueblos indígena. Sin tanto anuncio conceptual, transversalizaba su agenda desde la práctica concreta.

Gladis Vila, durante la sistematización de la primera década del TPMIAAP (Taller Permanente de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú)[11], no sólo miró el proceso transitado (1995- 2005), sino visualizó el futuro. Junto con Melania Canales[12], se propusieron arrancar al Estado la creación de las Defensorías Indígenas[13] y conducir el desarrollo de sus pueblos. Donde las integrantes del TPMIAAP fueran reconocidas y nombradas como Defensoras Indígenas[14].

Para Gladis Vila, el TPMIAAP fue el espacio a través del cual se reconoció y afirmó como mujer indígenas, proyectando tal condición con orgullo hacia otras mujeres del globo[15], en tanto los grupos de organizaciones de las mujeres urbanas se miraban el ombligo y hacían zancadillas para emerger unas más que otras en un reducido trecho que les había cedido la convencional práctica política partidaria, ella y sus compañeras se miraban en el espejo de las mujeres globalizadas para afirmarse en quienes eran.

Gladis Vila, junto a las mujeres TPMIAAP descubrieron  su derecho a tener derecho como mujeres sin dejar de ser indígenas, 25 años después de las mujeres urbanas,  por cuanto su proceso de concientización y construcción de perfil con agenda propia se produjo intensa y aceleradamente. Mostrando los efectos multiplicadores del coaprendizaje y el encuentro con otras mujeres de similares experiencias desperdigadas por el planeta.

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A Gladis Vila y las mujeres indígenas amazónicas y andinas, les llevó menor tiempo reconocer el valor y la necesidad de una organización nacional enlazada con   la región y el planeta, por eso es que formaron ONAMIAP (Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú) llegando a ser su principal dirigente[16]. En cuyo proceso ha madurado el pensamiento, práctica y estrategia[17].

Gladis Vila, por tanto no es una recién llegada a la política, puesto que su ser y quehacer es intrínsecamente político. Su trayectoria y liderazgo es producto de una dinámica intensa de trabajo hacia adentro como afuera  en lo personal y colectivo: pueblo y organización. Con estrategias locales e internacionales, entablando procesos de negociación de agendas donde ha aprendido a desplegar abogacía, incidencia, negociación, estrategia para posicionar la agenda de las mujeres[18] y los pueblos indígenas[19].

Gladis Vila, al incursionar en este tiempo como  parte de la contienda previa para ser elegible como congresista[20], revela de sí el convencimiento que es tiempo que las mujeres indígena andina recoloque en la escena del país esa dimensión orgullosas de ser quienes son, que no requieren negarse a sí mismas para brillar con propia luz y aporte[21], porque este país es grande en tanto posee el crisol de sus mujeres y hombres que es su riqueza, cuyas diversas miradas y prácticas es su principal fortaleza en un mundo globalizado que amenaza por unicidad.

http://servindi.org/actualidad/146931
Gladis Vila, muchos éxitos en este tiempo y el futuro que será tuyo y de las diversas mujeres del Perú profundo, que es más grande que la anquilosada práctica partidaria de quienes han gobernado el país, mostrando un solo rostro indígena caricaturizado, empobrecido y envilecido. Del cual se ocupa sólo en elecciones creyéndose que no tienen discernimiento, memoria y capacidad de decisión.

Gladis Vila, bajo el concepto de hermandad que aprendí de ti y las hermanas amazónicas como andinas, pido a los dioses y las diosas de nuestros antepasados: al apu mayor San Cristóbal de Lima, al mayu Rímaq, a la mama Qhucha sumergida bajo el municipio de San Juan de Lurigancho, a la mama killa y el taita Inti, que te acompañen en este nuevo proceso, te inspire, irradie y limpie el camino.






jueves, 7 de enero de 2016

NI SUMISA, NI DEVOTA. MARIA YSABEL CEDANO

Me hallé con María Ysabel Cedano, por esos caminos misteriosos de la vida en un evento por el  día de las mujeres en marzo de 1993. En mi caso  asentada en el sur del país  acompañando haceres políticos, gremiales, comunales y de sobrevivencia de las mujeres de Ilo. Por el suyo, apenas haciéndose abogada  e integrándose a DEMUS (Estudio Para la Defensa de los Derechos de las Mujeres)1 con el ímpetu y la pasión juvenil por los derechos de las mujeres.

Más adelante coincidiríamos en la promoción de género 1995-96 de la PUCP, cuya particularidad en composición, dinámica y devenir lo sabemos  cada quien que la conformamos en ese tiempo  y espacio. A partir de allí, para mí  es Marysabel, la brillante y apasionada abogada de hermosos ojos, sonrisa plena y fuerza inquebrantable. Primer puesto en ingreso PUCP, tercio superior de su promoción y decidida a marcar  historia en los derechos de las mujeres.

Marysabel  imagen simbólica de la joven mujer creyente, militante  y visionaria del feminismo, que desde ese entonces, retaba y ponía en cuestión ese viejo temor de las mujeres que veníamos del movimiento de la teología de la liberación, barrial y del desarrollo. Fue una de las jóvenes promesas que introducía frescor  a  un movimiento a su vez detenido por el miedo ante la muerte irracional  de una violencia política que toco a su puerta cuando  estableció como blanco de tiro,  el cuerpo de   mujeres líderes en Lima, tras arrasar otros cuerpos incontables o dejarlos como despojos, en la profundidad del país durante más de una década.

A través de Marysabel,    me asomé   a ese lado de la política desde y para las mujeres, impulsando cambios en las prácticas de la vieja guardia feminista -mientras las intermedias se lamentaban de la escasa cuota poder, ella tomó el poder por asalto posicionándose-, transformándose desde entonces  en mi referente, experta, aliada y respaldo para   diversos casos de mujeres que habían experimentado   violación en sus derechos que desbordaba mi quehacer. Y por qué no, también  el   propio cuando este ha sido necesario. Su apoyo y aporte me consta es inigualable.

A  Marysabel, me liga tanto los estudios de género cómo los espacios de organización, movilización y lucha de las mujeres en tiempos donde defender nuestros derechos era cuasi un acto heroico por lo frágil que aparecía la voz de las mujeres y la ciudadanía. En el 2003, con el informe de la CVR (Comisión de la Verdad y Reconciliación)[2], descubriríamos que también fuimos temerarias y cuasi suicidas (1996-2000), debido a que por menos de lo que nos atrevimos a realizar fueron torturadas y asesinadas 20% de mujeres peruanas (de 23,969 personas reportados muertos o desaparecidos y 69,280 estimados) ¿Porque ellas y no nosotras? Pueda que se deban a las razones sostenidas en el informe:  ser andinas, amazónicas, quechua hablantes, iletradas y estar en las entrañas del país. (ICVR: 2003, 162)[3]

Con Marysabel y un puñado de mujeres (1998 y 2000) tomamos las calles publicitando lo que todos(as) sabían y no querían aceptar. Aquello que sucedía en el Perú en   tiempos de secuestro social, político  y cultural,  gracias a una dictadura encubierta en ropaje de democracia con una constitución ad hoc.  Esforzándonos en crear opinión pública alrededor de una serie de avasallamiento de derechos de las mujeres, trabajadoras, estudiantes, viudas, madres y ciudadanas. Teniendo como telón de fondo a medios de comunicación sordos, mudos y testarudos que no sabía, no veían  ni opinaban. En cambio nos llenaban la visión cotidiana de programas donde se exhibían la miseria humana “los reality show”[4] parodiando principalmente a  sectores populares como lumpen  y miserables, deformando la realidad,  desconfigurando la pobreza y a los pobres. Hoy profundamente abyecto, atentan  derechos de niños, niñas y jóvenes[5]

A Marysabel he secundado y admirado, en la valentía que  más de uno podría llamar locura, cuando nos plantamos ante el hospital de la Policía Nacional del Perú, pidiendo cuentas sobre el estado de Leonor la Rosa[6] y más adelante depositado nuestra confianza, para que   junto a Giulia Tamayo León ingresaran  la denuncia del caso ante  la CIDH, un 8 de diciembre de 1998[7] que aun recuerdo. En tanto   que quien se atribuyó autoría para obtener réditos políticos temblaba y transpiraba frente a ellas. Evidenciando una vez más,  en el momento de los hechos son  más  los actores y hacedoras de aquellos que los patentan.

Con Marysabel, nos descubrimos en aquellas  largas reflexiones teóricas sobre género, opresión, discriminación, exclusión, negación y socavamiento de la identidad femenina a partir de la práctica de nuestras propias vidas, descubriendo  que  por encima de las diferencias, nos igualaba la condición y posición de ser mujeres en un país tercermundista, machista, marianista y androcentrista, donde nos habíamos creído como natural e inmodificable que no teníamos derecho a tener derecho.

Me consta que Marysabel, tiene la capacidad, vehemencia y fortaleza para defender y colocar los puntos sobre las i, en casos de judicialización de violación de derechos humanos de las mujeres en la época de violencia, como sucedió con mama Emérita y de las víctimas de esterilizaciones forzadas, sin retroceder un milímetro, acrecentándose en su talla gracias a su convicción, firmeza y sapiensa.

He visto a Marysabel caminar, detenerse, evolucionar, afirmarse y encarnar la lucha por los derechos de las mujeres y en su interior por uno de los grupos más vulnerables las lesbianas, con quienes se ha identificado con claridad, madurez y consecuencia. Y me he condolido de su dolor cuando este ha asomado en un breve gesto o   valiente registro público de lo experimentado en carne propia, rasgando el velo de lo encubierto en el mismo seno de las mujeres, como sucede con la violencia intragénero. En su momento resintiendo a   mi alma y entristeciendo mi espíritu, mientras mi reflexión se afirmaba que falta mucho por hacer en todos los resquicios de la sociedad y sus diversas expresiones.

Marysabel, ha ensayado y agotado todas las vías desde la sociedad civil y ciudadanía, destacando su lucha sostenida para erradicar la violencia contra la mujer, que la llevó a ser Directora de la Mujer del Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social (MIMDES) [8], la defensa de las mujeres víctimas de esterilizaciones forzadas y las víctimas de negación de aborto terapéutico,  con impacto en su salud y vidas[9]. El impulso de campañas como: déjala decidir[10],   la alfombra roja[11],    un hombre no viola[12],  acoso callejero[13], entre otros. Más adelante las consultas con los jóvenes[14] y militantes del partido que abrazó hace una década.

A Marysabel, me ata  la amistad construida,  día a día. Con cada acto, gesto, discusión, desprendimiento y  magnanimidad primero mirándonos a los ojos, luego entre  las orillas de un mar humano   o la virtualidad,  sin diluir un ápice  nuestra conexión. En síntesis, no sé si ella, pero yo la quiero bien y de todo este tiempo hasta el final de cada una, por ser quien es y re-significar  el contenido,  discurso y  la acción de  ser mujer y feminista;  sobrevivir sin perderse a la experiencia  en el poder ejecutivo, la dirección privada, la militancia partidaria, la representación latinoamericana. Y la seguiré queriendo aun cuando me rompa la confianza, si opta por los senderos de otras mujeres que se desprendieron del feminismo o sólo desvistieron para abrazar al oportunismo.

La candidatura de Marysabel, para mí estuvo claro como el día,  desde mucho antes de la coyuntura electoral actual, sin mediar intercambio alguno sobre el asunto. No es necesario ser bruja, maga o adivina, sólo leer el proceso,  la vertiente hacia donde le han conducido sus pasos y quehacer. Luego de su largo batallar como sociedad civil, participar como ejecutiva en los espacios de toma de decisiones del país, moverse entre corrientes internacionales y transitar por  el terreno de la militancia partidaria, en tiempos donde los viejos cuadros abandonaban el barco sea porque el ciclo de vida culmina o por un plato de lentejas,  la visualicé   reconstruyendo ese barco y conduciéndolo.  

Marysabel, en este tiempo que te adentras en el terreno sinuoso de la práctica política dentro del poder público, militante, consecuente y comprometedora, deseo desde el fondo de mi alma que pueda sobrevivir en ese mismo  terreno donde muchas(os) no sólo han claudicado, sino retorcido y estrangulado sus propias aspiraciones tranzando la opción, ante el mejor postor a cambio de mendrugos  de poder e intentando borrar sus propias huellas, ejemplos   hay muchos, la historia será quien las  juzgue.

Decreto   Marysabel, en este momento de preludios aún por ser elegida, que lo serás, sin importar el tiempo. Y cuando esto suceda, deseo que en verdad hagas la diferencia, porque a pesar de los golpes y rasguños en la esperanza por antecedentes nefastos de congéneres que incluso competirán contigo frente a frente y seguramente a mansalva.Sin importar tu larga trayectoria que te hace elegible, que yo apenas he pincelado desde mi estrecha mirada.

Me  atrevo a afirmar  que ambas,  estamos convencidas que nadie en verdad, representa nuestros interese y necesidades. La diferencia es que tú has tenido la valentía de encaminarte hacia las entrañas de la bestia. En tanto yo mantengo mi condición de sociedad civil,  por ello te acompañaré como hago con mis amigas(os) que optan por esta vía: no tan lejos que se congele la amistad, ni tan de cerca que se auto- incinere; pero lo suficientemente próxima para recordarte este tiempo de contienda, las motivaciones que te llevan a competir.






domingo, 29 de noviembre de 2015

MÁXIMA MUJER INVISIBLE E INVENCIBLE

http://servindi.org/actualidad/142178
En estos dos  largos fines de semana que involucran viernes a domingo,  me he re-abastecido de amistad, alegría y amor, llenando   mi odre espiritual y alma. Re-energetizando eso que no se trueca por nada, la amistad  con seres que la vida nos enlaza por caminos  a veces inusitados como es el trajinar incansable en diversas veredas, moviéndonos entre múltiples aristas y siendo parte de inimaginables espacios bajo diversos roles y prácticas. 
Fin de año suele ser de movilización,  en pos de un café,  conversa, confesión o reunión con amigas y amigos, parientes elegidos. Con quienes nos damos un respiro para mirarnos, escuchar nuestras voces y tocarnos, porque lo hicimos poco, fuimos postergando o fueron espacios distintos aquello que  evitó la relación cara a cara. Encuentros que también ofrecen oportunidad para conocer a nuevos seres y tentar a diversos temas. 

Uno de esos temas que llamó mi atención por ser recurrente, es el caso de Máxima Acuña De Chaupe,  historia y perfil  de una mujer  que   destaca por su lucha cuasi bíblica entre un ser común y un gigante, para quienes estamos medianamente informadas(os).  Cuando la percibí invisibilizada,  me impactó, recordándome una práctica crónica en nuestra memoria colectiva, que de permitirlo continuará reeditando desaparecidas(os) y/o abusadas(os), como aquellos de las dos últimas décadas del siglo XX. 


La particularidad de un perfil de invisibilidad, es que difumina algo que existe, algo así como correr un velo sobre aquello que  está ante nuestros ojos, provocando que pase inadvertido, es como colocarse esas viceras (blinkers) que usan los caballos de carrera para mirar solo hacia adelante. Concentrándonos sólo en  nuestro   objetivo e interés  y no distraernos con lo que pasa en derredor, que sin duda es elemento de éxito, pero que transformado en enajenación nos genera todo lo contrario en nuestra condición humana. 


En nuestra historia como país descubrimos tras muchos años y trabajos las diversas prácticas  de invisibilización a  que  ha recurrido la sociedad 'oficial' para construirla a su justa medida al mundo andino (Cecilia Méndez, 2011)1 y al interior de él,  las mujeres.  Por ello es poco lo  que se conoce de nuestra herencia inca respecto al papel de las mujeres salvo trabajos como los de María Rostowrosky 2  (19883 ,19954).


Hoy sabemos que durante  la conquista puso en duda su condición humana [5], en la colonia usó su vientre para construir una sociedad basada en la bastardía (Emma Mannarelli, 2004)[6] en la lucha por la independencia se la denominó rabona, exacerbando su entereza y fiereza (Flora Tristán) [7] la república la transformó en parte del paisaje y durante el machay tiempo [8] fue el cuerpo sobre el cual se libró tantas batallas como se requirió para exterminarla[9], de sobrevivir estrujarle las entrañas, ensañándose con sembrar en ella, nuevos seres sin nombre, historia, ni memoria [10].   Una invisibilidad que intento robarle el alma olvidando que pertenecen a una estirpe que resistió y sobrevivió a quinientos años de oprobio.

De pronto me hallé confrontada con una película en blanco y negro, cuya trama el auditorium adivina  a medias  o como quiere, porque es muda.  En  nuestro país  la desinformación e ignorancia de lo que sucede en su interior y a más de cinco mil metros sobre el nivel del mar  es una constante, a cambio se construyen nuevos mitos, en plena era digital. Sin duda por el sesgo de los medios de comunicación, pero también, por la escasa práctica de leernos, reaccionar, dialogar. 
Pese a la gran información alternativa que circula por las redes  y el internet, suele ser menor nuestro detenimiento para enterarnos, reflexionar y ser parte de las corrientes de opinión que discurren  o crear alguna otra. 
Los grupos con los que departí fueron pares ilustradas(os), sensibles, comprometidas(os) con el país, preocupadas(os)  por los aconteceres como: inseguridad, temeridad de moverse en la megaciudad de Lima y las grandes ciudades del país; las elecciones ad portas, el riesgo de la captura del Estado  y a pesar de todo ello, descubrí que más de una(o),  historia de Máxima Acuña, su lucha actual, fuerza y ejemplo. 

 
http://elpais.com/elpais/2015/03/17/planeta_futuro/


Máxima Acuña, suma a ese perfil de mujer quechua hablante, iletrada, andina, habitante de la puna;  una talla de solo metro y medio, donde guarda su fortaleza titánica [11] la compañía del hombre que  junto a ella fecunda la tierra, al igual que su vientre, de donde les nacieron cuatro hijos que son su compañía.  


La familia es la razón de su vida conectada umbilicalmente con esa tierra que ama y respeta, porque es la fuente cierra su círculo de relación con el planeta y otros seres cuyas vidas dependen de ella. La tierra que   la vio nacer, crecer y cobija [12]  


Máxima Acuña, vive en uno de los picos más altos de los andes peruanos dentro de la región Cajamarca, allí donde nace el agua  y es posible cultivar solo papa, quinua, quihuicha, pescar trucha, criar auquénidos y  ganado menor.  Su mayor delito es amar  y defender lo que es suyo y de sus ancestros [13] cuyo cuidado y bondad se multiplica para quienes aún pueden beber agua no contaminada en los pueblos bajos. 

Su delito es no haber cedido, primero a las ofertas para vender un terreno agreste o entregar la laguna para su evaporación,  para ella valen mucho más que el oro, porque ha establecido una conexión incorruptible con todo lo que le rodea, incomprensible para quienes no tienen esa herencia ancestral de amor y veneración de la tierra, el agua, sol, los cerros.  


Su invisibilidad se debe a que  mantiene   una lucha  en condición de desventaja, por defender lo que le pertenece, enfrentando al poder, el dinero, los mecanismos de presión, el sistema de corrupción[14] sin retroceder un milímetro de su posición de propietaria de los terrenos y la laguna azul[15] ante la ambición y presión de Yanacocha[16].

Máxima Acuña, es una mujer que tiene la solidaridad del mundo, pero menos del 2% de peruanos/as habla de quien es,   se suma a su causa y respalda. Para llegar a más peruanos y peruanas, es insuficiente que se haya filmado una película alrededor de su causa y lucha [17] puesto que la misma, carece de morbo y escándalo sexual o sangre. Tampoco haber  ganado el juicio ante el poder judicial a  Yanacocha [18] es digno de atención, pese a ser una lucha desigual con una de  las empresas mineras  más poderosas del planeta. Menos aun que la hayan premiado como defensora del medio ambiente [19]  en su pueblo , porque es un lauro que tiene escaso valor social.  


Las cruzada que se ha levantado a su favor por ser víctima de violencia contra la propiedad privada [20] o a su condición de mujer por haber sufrido maltrato y agresión de quienes deben protegerla como ciudadana[21],  se han producido por medios regionales y vía  electrónica por  más de tres años. En vísperas de la primera sentencia  en su contra  registró 1068 respaldos [22], más adelante una carta de apoyo de intelectuales [23] Diametralmente opuesto a un escándalo choliwodense o un evento grotesco que ocupan los puntos de atención y audiencia en los diversos medios de comunicación.  


El nuevo reconocimiento como heroína ambiental en el marco de la cumbre de Naciones Unidas  24 la coloca en el escenario internacional, tiene solidaridades externas mientras adentro se invisiviliza. Su caso sigue desarrollándose entre los telones de un país, que se desgarra por occidente, escandaliza con medio oriente, padece por el Asia, así como con  las atrocidades contra el planeta, pero desconoce o sólo ignora lo que sucede en su patio trasero.
http://portalelreportero.blogspot.pe/2015_03_01_archive.html
En este periodo de adviento, que es anuncio de nuevos tiempos, en el  penúltimo mes del decimoquinto año del siglo XXI,  donde nos aproximamos(as) unos a otros(as), me vi interpelada con esta invisibilidad que me toca como mujer, peruana y ser comprometida con todos los seres que existen en el universo. 
Por eso he querido colocar mi grano de arena en contar algo de Máxima Acuña[25] anudado a otros cuentos,   para que quienes lean este artículo y despierten su curiosidad y puedan profundizar en ella a través de los veinte y cinco enlaces. Que crecerá si cada quien  añade otros en los comentarios. 

Espero de este modo,  contribuir a una información oportuna, para evitar    que  cuando el horror  nos salte a la cara como sucedió en el 2003, no volvamos a resistimos en aceptar el peso de los acontecimientos e impacto. En aquel momento fue el volumen de muertos  y desaparecidos. Reaccionando unos con la ignorancia, otros negando que sea cierto, cuestionando las cifras, acusando un cálculo  antojadizo, por  temor a asumir nuestra cuota de responsabilidad y silencio. Porque no nos informamos a tiempo, nos fue indiferente, nos hicimos de la vista gorda, nos paralizamos por el miedo o fuimos cómplices silentes porque pasó ante nuestros ojos y no vimos nada.

martes, 6 de octubre de 2015

CUARENTA Y CINCO MINUTOS BAJO GARUA


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Hoy me descubrí paciente, sofocando a la urgencia y  atención de prioridades,  que en perspectiva quedan desnudas, sin ese ropaje abstracto con el que recubrimos todos los haceres, dejando que copen nuestro tiempo, hasta secuestrarnos como Ser, al punto que   enajena creyéndonos lo importante que somos  para perder el tiempo bajo una garúa de octubre .
Los primeros quince minutos coincidí con dos semejantes, cobijándonos bajo cornisas inexistentes de esta ciudad desprovista de espacios para acoger, permitir el respiro, aliviar el cansancio, animar el intercambio, la relación humana, menos proteger de los embates de la naturaleza. Diseñada sólo para el tránsito, si a pesar de ello, te detienes caes bajo sospecha. 
Aun así estábamos detenidas,  tres mujeres de mediana edad, riéndonos de los apuros que impulsan otros pasos y burlándonos de la  garúa sobre cada una, mirando de tanto en tanto hacia la perspectiva por donde asomaría la figura del  ser  amado(a) con quienes cada quien proyectaba el encuentro que espantara a la humedad que calaba los huesos y animara el alma. Acostumbrada con mis congéneres, a la puntualidad o llamada tranquilizadora ante la demora  me percaté que me había detenido en la parada errada porque los buses estaban desbordando. Era Carabaya, el paradero del metropolitano que va hacia el norte. Mi amiga vendría del norte,  que se detiene en  Camaná.  
Me despedí de mis compañeras de espera, caminé a prisa para absolver mi error temiendo ser yo quien se hiciera esperar.  Me animé pensando que tenía a  favor un día tan complicado como este, donde todo  está de cabeza,debido a la inaugural reunión de quienes deciden como se gobierna en un país que no es el suyo, pese a que nadie lo conoce, tampoco ha elegido y menos se hará responsable de  lo que pase después. Es más, deciden como se gobierna en el planeta, especialmente en zonas de mayor vulnerabilidad, calculando cuantos mueren y de qué forma bajo el rubro costo social. Como decía mi amigo Jhony Juarez:   “¡Quien tiene  plata puede y hace lo que quiere!, y quien no, aplaude o sólo mira”.  Para    simples mortales, sólo nos toca saber porque no podemos sustraernos de los indicios y su lógica e indignarnos. Así como, envidiar a quienes no saben y sólo se topan con sus secuelas como el tránsito  infernal.
Caminé un trecho, descubriendo entre el gentío  a una anciana de pasos lentos y cortos, que tenía un ramo de flores en los brazos, deslizándose dueña del tiempo y el espacio, casi sin tocar la acera. Me dije: “Si llego a esta edad, espero tener tanta fuerza como ella y caminar sin que nada más importe”. La rebasé y llegué a mi destino. La llovizna acentuaba, me sentía huérfana de cobijo, sólo postes de luz, farolas con tendencia regresiva y semáforos. Me resigné, adoptando una postura contemplativa.
Las siete menos cuarto, en la estación del Metropolitano que va del centro al sur, se reproduce la misma imagen anterior, con algunas particularidades, aquí nadie conversa, no hay murmullos, todos están en otro lugar a través de sus máquinas comunicantes. Hombres y mujeres jóvenes que a diferencia de la anterior parada, visten con formalidad, elegancia y moda, sin duda se trata de ejecutivos(as) de mando medio que agotada la jornada en los ministerios y empresas de Lima cuadrada retornan a lo suyo y la vía más rápida es el Metropolitano, hacía el sur oeste, zona de confort de la Lima tan diáspora.
Me percato que cada tres a cuatro minutos son tres a cuatro buses “A y C” que vienen del norte, con asientos libres de pasajeros, mientras que en el andén una veintena   aborda cada autobús, en tanto descienden de él, de tres a cuatro personas. Lo que no comprendo es por qué, la fila de ingreso al andén tiene hasta cuatro espirales de su mismo tamaño replegada en sí  en el exterior. 
La anciana me alcanzó me mira y sonríe como diciéndome: “Ilusa vez no por caminar ligera llegas más lejos, te alcancé”. 
Se ha sumado media hora  a la prevista y no puedo creer que esté parada en una esquina sin noticia alguna de quien espero. Me alarmo, llamo para saber si ha sucedido algo, como respuesta el re-direccionamiento del aparato me pide  dejar un mensaje, sin reconocerme señalo mi preocupación y disposición de seguir esperando. Cuelgo y me descubro sorprendida de mi misma, en otro tiempo u otra espera, simplemente hubiera señalado que no espero tanto y anotado inmediatamente que me iba, nos veríamos otro día, total la trascendencia no era mía, aun cuando me atravesaba. Me descubro, menos egoísta bajo la garúa, más humana y consecuentemente más disponible.
Tengo frío pese al gran abrigo, tomo un segundo emoliente, mirando a través de  las ventanas de los buses que se detienen uno  a uno,  si mi amiga se asoma.  De pronto me invade esa sensación de inseguridad que se suma a la incertidumbre, que estimula nuestra imaginación y empuja a prácticas irracionales. Advierto que  estoy al otro lado de la salida de pasajeros, que no me ubicará al bajar. 
He cruzado al frente, me confundo con el gentío que se agolpa   hacia la parada. Tengo otro panorama los buses que van al norte siguen desbordados, son los viajeros que van a domicilios con mediano o ningún confort, este se revela desde el apiñamiento de pasajeros hasta sus oscos rostros. El olor a palomitas de maíz me invade y  esa la larga cola de quienes van al sur, atrapa nuevamente  mi atención. 
Un bus totalmente vacío aparece, la reacción de hombres y mujeres es ,a pugna por ingresar, esfuerzo detenido por el mecanismo de ingreso, que permite logren su cometido sólo una espiral de la cola antes que el bus parta. Todo vuelve a la “normalidad”   mil preguntas se me agolpan: ¿Cuál es la racionalidad por el  que   pasajeros(as) hacen una larga cola para ingresar a  un andén apenas ocupado perdiendo la oportunidad de un bus vacío? ¿Cómo está planificado para agilizar el transporte en horas punta en una zona con escasa demanda, y otra, que si lo está? ¿Por qué los buses  van de tres en tres y paran en todos los paraderos? ¿Por qué no  es posible que unos paren en uno,  y otros, en la siguiente parada, para que todo fluya? ¿Es así todos los días? ¿Alguien monitorea o vigila para introducir cambios y mejoras? ¿Cuánto tiempo llevará modernizar el transporte? ¿Estaremos condenados(as) a un servicio irracional, miserable y disuasivo? ¿Por qué todos se someten? ¿El atropello y la deficiencia es sinónimo de servicio público masivo? ¿O en realidad lo único que importa es la rentabilidad por sobre la racionalidad del servicio?
La vibración del celular me rescata, es mi amiga diciéndome una serie de explicaciones que no entiendo, le digo donde estoy. La espero está vez  tratado de descubrir su rostro entre el gentío de todos los lados, porque en verdad no imagino por donde aparecerá, mientras me prometo que es la última vez que tengo la genial idea de esperar a alguien en un paradero para decidir de a dos dónde vamos, ergo sin planes, porque lo más importante es la agenda y la improvisación suele ser una aventura que te recuerda que la vida  también requiere una dosis de espontaneidad o medios planes de tanto en tanto. Similar a la silueta de aquella anciana  que  ha agotado  cuatro cuadras en tres cuartos de hora, su silueta parece despedirse saludando a mi espera, dos cuadras hacia el oeste.
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Llegó mi amiga y tras mutuas explicaciones y disculpas, decidimos cobijarnos en el Queirolo, no sin antes preguntarnos si era seguro, mientras nos reímos de la pregunta irónica, porque nada en esta gran ciudad es seguro, sólo ese momento de nuestro encuentro. Nos tomamos del brazo, hacia el Queirolo que a la distancia parece cerrado, pero a medida que nos aproximamos se revela… Caminamos ignorando los hedores que emergen de las penumbras, la soledad y abandono de aquellas calles, antes tomadas por pensadores, bohemios, poetas… guardamos silencio, quizás con la esperanza de hallarnos con los fantasmas de quienes en noches como esta, se juntaban a bosquejar este país.
Nos acogió el solícito servicio de siempre,  ubicándonos en una mesa para dos, en el salón de ingreso,  porque los siguientes habían sido tomados sólo por bebedores frecuentes,  nos sentamos, advertimos algunas mujeres salpicadas, aun en este tiempo sigue siendo un lugar masculino a esas horas, una vez mas, me siento tan a gusto de invadir un lugar seudo segmentario, semi pacato y tan libre. Pedimos un vino y piqueo mientras la noche  se viste de fiesta y el telón corre… abrimos nuestra agenda y corazón, pero ese es otro cuento.