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viernes, 12 de agosto de 2022

DRAMA COLONIALISTA EN LA ERA DIGITAL ALVA Vs. CORTEZ

Como he mencionado más de una vez, veo TV y noticias muy poco y hay días que ni me entero de los escándalos y escandáletes. Esta noche que leí el post de mi amiga Nury GC, buseé al respecto apropósito de su escrito. Constatando nuevamente la exhibición de ira desmedida en la figura de una mujer aparentemente educada y preparada para las lides políticas y manejo de poder sin perder el control de sus emociones.

Las imágenes revelan a un ser experimentando emociones fuertes en un espacio público político, increpando con ira manifiesta y crecente a cada uno de las(os) involucradas(os), independiente del guion que se desarrolla, luego entendería que se estaban una vez más cuotas de poder y enrostrándose unos a otros quién era más corrupto o delincuente, donde no tiene cabida la condición de género, porque es desbordado por la clase, el ejercicio de poder y discriminación.

El desenlace era el menos deseado pese a quienes pretenden calmar los ánimos, el despliegue de ira y fuerza contenida, se desborda con prepotencia, agresión y abuso no hacia el sujeto que lo provoca sino a quien percibe como intrusa, vulnerable y sujeto de irrespeto. Su colega Isabel Cortez que alcanza ese escaño desde su condición de sindicalista de trabajadoras de limpieza pública. Para Alva aquella mujer a la que percibe impertinente y en quien descargar su ira. La percibe como atrevida e igualada, por estar allí y meterse al espacio de su bancada, del cual primero la arroja, al ser desobedecida la agrede, puesto que en medio de su ira y frustración no ve en ella a la compañera, sino a una de sus empleadas, seres inferiores y despreciables1.

Mi primer pensamiento, fue suscribir el post de Nury mientras decretaba que esta vez Carmen Alva no salga impune, sea tocada donde más le duele (su bolsillo) con la máxima sanción en el Congreso, el de su partido político y también el poder judicial, bien pudiendo accionarse flagrancia. De modo que toque piso, descubra que ya no tiene el poder de la presidencia congresal sinónimo de prepotencia ejercida a lo largo de su gestión.  

“Nada justifica la violencia de la ex presidenta del congreso, M. Carmen Alva, contra la congresista Isabel Cortez. Ello no solo iba dirigido a la compañera, ex trabajadora de limpieza municipal y sindicalista. Otra vez Alva es vocera de los otorongos para vomitar su desprecio de clase, racista, antifeminista y colonial. Es el odio hacia quienes se salen de "su lugar", a quienes nunca más aceptarán ser pongos de sus haciendas (que ahora se extiende al aparato de gobierno, como si fuese su chacra).

Lo de Alva no es un exceso o "error" individual, es parte de una cultura política de dominio y de poder. Uno de los fines es que en su país de "blancos e indios" los primeros sigan teniendo derecho a tener derechos, privilegios, pero a costa de negarlo a otras, de negar hasta la vida.

Pareciera que no es posible sentir más indignación, así como el repudio por todo ello, pero sobre todo solidaridad con la compañera Isabel, solidaridad de clase, solidaridad en la lucha” (Nury G.C, 12de agosto 2022)

Mi segundo pensamiento, es que independiente del desempeño y posturas de Isabel Cortez como congresista respecto a la distribución del poder en el tiempo de su mandato, ser quien llega al congreso por mérito propio y ser víctima de atropello agresivo implica la solidaridad de quienes defendemos la vida, convivencia pacífica, democracia y respeto.

Mi tercer pensamiento, me llevó hacia las causas de la palabra, práctica y actitud discriminadora, agresiva y prepotente de María del Carmen Alva que al igual como muchas(os) políticos del país son recién llegadas(os), sin haber realizado mérito alguno a una posición sensible de poder, tampoco haberle ganado a nadie en un terreno igualado y menos hecho patria aportando a la solución de nuestras principales necesidades y problemas.

Abuso Colonialista de Carmen Alva contra Isabel Cortez 

Pese a ser ambas congresistas del Perú Isabel Cortez para Carmen Alva no es su igual, ergo sin merecimiento de respeto y cuidado. Para Alva, Cortez es una advenediza a la que no sólo desprecia sino puede agredir en público como podría hacer cotidianamente con todas las(os) Isabel con quienes se pone frente a ella, y hasta quizás, hasta patearla como lo hizo García con un ciudadano "desubicado", colocándolo en su "lugar", porque para la percepción de personas clasistas, cada quien debe estar en su lugar, más cuando el o ella se merece el mejor y de mayor valor.

Alva desde que alcanzó al poder del congreso y luego presidirlo sin mérito propio, se vio desbordada sin saber qué hacer con un poder que no imaginó en sus más locos "sueños de opio", como le sucedió a Fujimori, Villarán, Vizcarra y hoy Castillo. En situaciones así, un ignorante y discapacitada(o) sobre qué le corresponde hacer con un puesto donde no tiene experiencia y con el poder que tiene. Peor aún, con escasez de condición humana para reconocerlo y pedir ayuda, suele ser vencida(o) por su subconsciente, hábitos, costumbres y sus deseos inconfesos cuando es un ser común y corriente.

Ese ser inconfeso oculto en sus profundidades, emerge con toda la fuerza de s represión, carga cultural-social cuasi genético y manifiesta en toda su fuerza bruta. Según Jan Car, es la sombra, aquella que se intenta ocultar hasta de sí misma(o) se manifiesta e impone, porque puede hacerlo tiene el consentimiento del poder que lo protege.

Carmen Alva con las manos en el poder legislativo por walkover -Vizcarra a quien le tocaba por mayor votación, había sido censurado por sus antecesores y luego jurídicamente-, es el claro y patético ejemplo de cómo ante la improvisación, perviven prácticas sociales, políticas y culturales de nuestra historia como país, que nos avergüenzan y duele. De la cual hemos hecho resiliencia la mayoría sea consciente o inconscientemente al valorar, respetar, amar y convivir en igualdad/ justicia, el orgullo de ser peruana, peruano, peruane y elegir la democracia. Pero el monstruo, sigue allí hibernando, cual parásito cómodo, mientras exista un huésped que lo cobije.

Una amenaza que no podemos ni debemos seguir negando, ignorando y menos tolerando, porque son monstruosas prácticas de negacionismo de quienes somos e impedimento de aquello que podemos ser si sacamos lo mejor de nosotros. No se debe seguir permitiendo la imposición de un colonialismo trasnochado por la fuerza bruta, con violencia e impunidad.

Los actos, gestos y poses de Alva producto de la herencia oligárquica, colonialista, racista, machista y patriarcal que aun subiste en el alma de quienes nunca fueron aristocracia, aporque se lo inventaron y creyeron, sigue vivo y coleando aun cuando a momentos parecen petrificados.

La oligarquía peruana y/o los colonizados de la mente, trataron y quieren olvidar a través de románticos cuentos de ser extranjeros en el país, porque solo sueñan con el norte y Europa. Recubriendo que todo peruano y peruana, con piel y genes distintos al inca y los pueblos originarios, somos herederos de la mezcla de la sangre de bandoleros, inquisidores, despatriados, sobrevivientes, piratas, aventureros sin historia y las mujeres de la realeza inca y pre inca:  princesas, sacerdotisas, doncellas, cacicaz como primer botín de la colonización. Y posteriormente de esclavas negras, chinas y aventureras europeas que llegaron a medida que fuimos metamorfoseando a República.

De modo que si algo de aristocracia se ha de reclamar y enarbolar es la del Inca, Quechua, Kichwa, Shipibo, Ticuna, Awajun, Achuar, Asheninka, Bora, Harakbut, Kakataibo, Kukamiria, Matsigenka Ocaina, Shawi, Urarina, Wampis, Yagua, Yanesha, Yine y más. No de Europa, norte y oriente, que expectoró a sus ancestros colonizadores como sobras, indeseables, devaluados y prescindibles por no ser de la realeza. 

Y si lejos de anhelar por una seudo monarquía democrática, abrazamos nuestra mixtura, nuestro mestizaje con una y mil historias originarias, asumiendo que nos hermana compartir el hecho de quien no tiene de inga lo tiene de mandinga, oriente y occidente y la generosidad de esta parte del planeta que nos acoge en nuestro tránsito por esta vida, tiempo y dimensión. Somo y seremos más grande que nuestros problemas.

Prácticas similares a la de Alva, tienen que entenderse en esos términos y no minimizarlo como un exabrupto o producto de embriaguez como acabo de leer en un muro de un "aristogato" donde se rasgan las vestiduras por el baño de popularidad del Premier Aníbal Torres y sobre la “hazaña de Carmen Alva, sólo un chiste.

Democracia que se Construye Día a Día

Tenemos que entender que somos un país que se ha hecho sobre los sueños de libertarias/os, pero también sobre el hombro de la fuerza de trabajo de ancestras y ancestros, los nuestros y de nuestros hijos.

Los capitales son necesarios, el ingenio imprescindible, las normas nos ayudan a la convivencia en seguridad y confianza, la justicia necesaria para cuando nuestros acuerdos se omita, olvide o niegue; para cuando se quiera tomar del otro/s aquello que no nos pertenece o reducir sus derechos.

Las autoridades que elegimos, es sólo por un periodo. Tiempo en el que han de cumplir el mandato encargado, lo comprometido como partido y candidata(o). Respetando y haciendo respetar las normas y leyes sin excepciones. Se resuelva nuevos problemas y no crearlos, sin que cada decisión niegue ni omita los acuerdos previos. Asegurar el equilibrio de condiciones para que el bien común alcance a todos, todas y todes; parta y reparta en equidad y justicia.

Sin embargo, nosotras(os) olvidamos al elegir, que entregamos el poder por ÚNICA vez y tiempo, que el poder concedido puede ser retirado, evaluado y reconocidos. Que nos toca ser vigilante para que se haga aquello que fue encomendado, pedir cuentas, hacer un balance de lo avanzado y proyectar lo que falta, para reconocer, destacar o sancionar.

El olvido nuestro, hace creer a quienes elegimos que son dueñas(os) del poder concedido, manipulando nuestras percepciones, para hacernos creer que son imprescindibles, le pertenecemos y le pertenece el poder por derecho, herencia y mandato divino. Tanta es su osadía al arrebatarnos a cada una(o) el poder cedido que si sólo intentamos recordarles nos arrancan la dignidad despreciándonos, devaluándonos, transformándonos en mendigas(os) y miserables con quienes pueden hacer lo que les da la gana.

Y hay de quien se atreva a poner al lado de una autoridad enajenada otra igualada, siendo diferente en origen, piel, lenguaje, revestimiento y ser. La percibirá desde inventada clase, con rezago colonial, ideología oligarca, nostalgia patriarcal, racismo, xenofobia, misoginia, homofobia y mezquina. La tratará como de segunda clase, no igual, sino como advenediza(o), con menor valor y prestigio.

Percepción que se traducirá en una práctica de agresión sostenida y desprecio a diestra y siniestra como hoy distingue a Carmen Alva, compitiendo por el primer puesto son las Patricias Chirinos y Jurares, Lady Camones, Norma Yarrow. Haciendo mucho mérito para tener su propia performance Jorge Montoya, Francisco Guerra-García, Wilmer Helera, Freddy Díaz.  

No es posible olvidar a quienes se ganaron el repudio de las personas pensantes y hoy carecen del poder político que creyeron de su propiedad. Ganando con creces y a su modo el mismo prestigio que Carmen Alva, están las Marthas Chávez y Hildebrand, Alcorta, Aramayo, Bartra, Becerril, Letona Chacón, Galarreta, Mulder, Tubino, Víctor Belaúnde, sólo por anotar a algunas/os.

Sus conductas y actitudes están registrados como mal ejemplo, demostrando hasta donde se puede golpear con acto, gesto y palabra. Acusando sin pruebas, impidiendo que sea escuchada(o), mentando la madre hasta las lágrimas, cerrando la puerta y llevándose todo cuanto puedan cargar no importa que sean cables, pollos a la brasa, dinero, oro en lingotes, porque les pertenece, definiendo a sus actos como dignos, honestos, transparentes y patrióticos. Mientras que el mismo o menor acto en otros es corrupción, incapacidad moral y tradición a la patria.

La agresión, discriminación y prepotencia de Carmen Alva a Isabel Cortez, es una práctica ciertamente histórica, que se actualiza periódicamente trenzando clase, raza, género, discriminación y despotismo. Sin distinción de sexo, porque cuando de desprecio, discriminación, choleo, negreo o indianización se trata, tanto hombres como mujeres con mentes colonizadas y alienadas alcanzan la paridad.

Práctica que debemos censurar y juzgar, para superar y dejara atrás. Porque nos transforma en seres miserables e inseguros tanto a quienes lo ejercen como a quienes son sometidas(os) como víctima sea en espacio político, público y privado. En instituciones públicas o privadas. En ámbitos del Estado, gremio, partido, organizaciones, plaza, calle, casa y hasta cama.

martes, 16 de abril de 2019

ENTRE EL CELIBATO Y PEDERASTIA


Tras mi peregrinar por credos y religiones a lo largo de mi segunda vida -considerando que cada una de ellas tiene ciclos de siete años-,  me detuve en ese entonces en aquella que  mis padres me heredaban, donde fui bautizada y encomendada a la santa de mi madrina, en la semana que siguió a mi nacimiento, porque no pasaría de ella.  Por cuanto soy Católica por opción, convicción e iniciativa de mis catorce años, donde hice simultáneamente mi primera comunión y confirmación, eligiendo la iglesia, el proceso de preparación y la madrina, sin ocupación ni presión de mis padres o inversión de conversión de la iglesia como institución.

A diferencia de muchas personas que buscan su espiritualidad cercano a la muerte y por temor a ella o sólo por el peso de sus “pecados” y las  ganas de depositarlo en algún lugar o responsabilizar a un  ser supremo de su destino,  yo lo inicié aproximadamente alrededor de mis seis años, tomada de la mano de mi tía abuela Rosa Herrera.

En aquel entonces,  mi posición de exclusividad como ombligo del mundo fue trastocado, había nacido mi hermana Lucy,  por tanto dejé de ser el centro en la vida de mis padres, así que mi abuela Rosa era mi refugio, especialmente los fines de semana. Por su lado,  ella había iniciado el proceso usual, tras la búsqueda de su espiritualidad, así que por esos abismos y puentes de encuentro intergeneracional, recorrimos juntas las iglesias protestantes, nos asomamos a las sectas y hasta los círculos de oración.

Mi abuela se detuvo en la biblia, cuando bordeando los setenta años aprendió a leer. Pienso que se habría agitado y conflictuado menos, si hubiera decido aprender a leer antes de su incursión por todos los credos, hasta que finalmente se libró de todas las religiones, siguió a su propio corazón y divinidad. Mientras esto sucedía con mi compañera de viaje espiritual, yo seguí en mi búsqueda, inclusive después de declararme católica. Hoy estoy cercana a mi abuela, gracias a ella, requerí menos de la mitad de su tiempo para comprenderlo.

Cuando alguien me dicen lee la palabra de Dios, suelo mirarla con conmiseración pienso y me digo en silencio: “Si supieras que he leído desde mis seis años, todas las traducciones, incluyendo las apócrifas”. Sucede que durante el peregrinar de mi abuela, me pedían leer por ser la única de mi edad que lo hacía con propiedad y también porque muchos de los(as) participantes no sabían leer tal y como mi abuela. En tanto que yo aprendí a los cinco, al igual que mi niña Puñuy, luego  leería con avidez la biblia, y más adelante, participaría de muchos curso de teología.

Un tema que he discutido largo, con más de un amigo sacerdote y monja, especialmente entre mi adolescencia y juventud, fue el cuestionamiento a sus votos de castidad y/o sometimiento al celibato,  sobre esa renuncia “voluntaria” a ejercer su sexualidad. Lo hice gracias a mi privilegiada cercanía y posición irreverente,  mi observación de hechos,  vidas y haceres compartidos. 

Solía preguntaba porqué y cómo canalizaban su  natural  y humano líbido. Hoy debo reconocer que sólo debía pensaren aquello que sucede en la convivencia militar allí donde los hombres se juntan poniendo siempre a prueba su virilidad y estereotipo, abusando del más débil, aquel que no cubría los atributos del macho fuerte.
La pederastía(1) como práctica sistemática al interior de la Iglesia Católica (IC)  nos mueve y remueve, por su implicancias y significado, su desborde es cual huayco que arrasa con todo,  sea por el lado personal de los(as) involucrados(as), como por el colectivo, social e institucional. Mostrándonos cómo se entronca la subordinación de la sexualidad al poder de la religión, en manos de una secta, alta y efectivamente organizada para la satisfacción de sus fines.

Ese binomio poder  y sexualidad, puede crear y recrear monstruos aberrantes, en las instituciones religiosas encerrarlos bajo siete llaves, encubrir y tolerar monstruosidades de la puerta para adentro, en tanto que desde un púlpito o la puerta para afuera, se condena el ejercicio sexual libre y diversa como seres humanos que existen en la tierra.

Casi adolescente me di cuenta de la humanidad de mujeres y hombres tras los hábitos. Sólo tenía 10 años cuando un monje franciscano fue a realizar su labor de profeta a mi colegio, era muy  joven posiblemente alrededor de los 25 años; pronto fue rodeado y acosado por las chicas de quinto,  el pobre no sabía cómo sortear esos momentos mostrando en el rostro el cambio de colores igual que un camaleón.  En casa me habían enseñado que los curas eran santos varones a los que se debía respeto y obediencia que constataba en la realidad que no era así, para mí  un monje era igual que un cura u obispo, porque todavía no diferenciaba un hábito de otro ni jerarquía alguna. 

Observar el comportamiento de aquel fraile y mis compañeras mayores, unido a mi mirada deambulante por otros credos me hizo suspicaz y menos crédula, aterrizando pronto en el convencimiento que no eran santos ni diferentes a todos(as), salvo sus trajes incómodos hasta los pies. No terminaba de comprender, porqué  si tanto criticaban que las niñas usáramos pantalones (en aquel entonces), los curas usaran sotanas cual vestido largos de mujeres  y los tomaban por santos. Tiempo después, lo poco que quedaba de la aureola mística de los curas, se me diluyó cuando leí la anticlerical novela Flor del Fango del José María Vargas Vila (1895)[2], que hallé en la basura sin pasta y faltando algunas hojas iniciales.

Más adelante cuando me hice  parte de la gran comunidad cristiana de San Cristóbal que en ese entonces  involucraba todo San Juan de Lurigancho y parte del Rímac,  donde Gustavo Gutiérrez y compañía desarrollarían la Teología de la Liberación,  observé como los curas  entre broma y broma se toqueteaban con algunas laicas y monjas, pareciéndome cada vez más humanos y menos alados. 

A ello se sumó que en cuarto y quinto de secundaria, nos enseñó el curso de religión una monja, que era mejor artista cantando y bailando el flamenco que profesora de religión. Cuando tenía oportunidad le preguntaba por qué  seguía de monja, ella respondía: “Porque amo a Dios y estoy casada con él”, yo insistía: “¿Lo has visto o sentido alguna vez?”, ella decía: “Todos los minutos de mi vida”, sonreía y se alejaba, en tanto yo me seguía preguntando cómo sería eso de amarse sin tocarse. Aun hoy me sigo preguntando, respecto a los casos de amores virtuales.

En la parroquia discutía con los seminaristas, diáconos y curas, cómo se sentían con su voto de castidad, por qué los hermanos nunca llegarían a ser sacerdotes, las monjas no podían hacer misa, porqué se tenían que ir de un lugar a otro y no tenían idea de dónde envejecería. Algunos me eludían con evasivas, otros me sonreían  y muchos se refugiaban bajo el concepto de vocación y también había quienes sólo me miraban con sospecha.

Cuando conocía Rosa Dominga en su trabajo con las prostitutas, declarada feminista y me asomó a los primeros escritos colocando el dedo sobre la llaga; junto a la masiva fuga de los seminaristas  jesuitas, curas que hacían misa y algunas monjas  entre 1978 a 1985, para sumarse a los partidos de izquierda, la educación popular, fundar o cofundar  las primeras ONG, estuve convencida que la enajenación de la vida sexual, familiar  de monjas y sacerdotes era insostenible.

Hasta inicios  de los noventa, insistí en aplicar el análisis social a las instituciones entre ellas la iglesia católica, y por ende, la necesidad del cambio en sus políticas, estaba convencida de la impostergable su democratización. Mi convencimiento creció, cuando fue esclareciéndose el papel de la Iglesia Católica en la vida política y el poder con la actitud, opinión y práctica del ex Cardenal Cipriani[3], se me antojaba cada día más castrense, más hipócrita e incoherente en su cúpula, mientras los de abajo tenían vidas uniformes, de privaciones y parecían mitad monje, mitad soldado,  despojados principalmente de su libertad de elegir, hacer, estar, con  quien y como vivir.

La castración simbólica de hombres y mujeres al  servicio de la Iglesia Católica aparecía desde mi infancia como  insostenible, porque era negar una condición humana a veces profundamente compleja  e impredecible, como sucedió con una pareja que ha quedado en nuestra historia, nos guste o disguste. 

Me refiero al caso del ex sacerdote Carlos Álvarez Calderón Ayulo quién renunció a sus votos  y se casó con la ex monja que se convirtió en Nelly Marión Evans Risco de Álvarez Calderón. El murió abrazando la educación popular que fue a lo largo de su vida su vocación y refugio[4]. Ella  lo abandonó junto a sus hijos para ser parte de Sendero Luminoso, transformándose en un hilo de la madeja que  hizo caer a Abimaél Guzmán[5], fue encarcelada y sobrevivió a la matanza del penal Castro Castro bajo el régimen de Fujimori y vivió para contarlo[6], pago su deuda social con 15 años de encierro y hoy está libertad[7].

Me asomé a las implicancias de las condiciones de vida de las monjas y sacerdotes,  fuera de la iglesia es decir la comunidad donde actuaban, cuando comprendí aquel viejo dicho: "Y por qué  que no a mí, ¡Acaso soy hijo del cura!", descubriendo el contenido simbólico del mismo. Pese a la presión del celibato, los curas de ayer como hoy tienen familia e hijos(as) gracias al amparo  de la distancia entre las zonas alejadas de un país y su capital, menos por rebeldía que flexibilidad institucional.

Allí donde no llega el Estado se diluye tanto el derecho como la norma y sólo se impone la costumbre, los códigos, pactos y poderes locales. Allí tampoco llega las manos de las autoridades eclesiales ni los "pecados sancionados por Dios", la presión institucional y/o sanción, pueda que por ello que sólo se expresa complicidad, tal como se grafica dos siglos atrás en la novela  Aves sin Nido de Clorinda Matto de Turner (1889)[8]  ambientada en el Cusco o en la Distancia que nos Separa de Renato Cisneros (2015)[9]  cuya historia se inicia en un pueblito de Huánuco y discurre hasta nuestras vidas contemporáneas.  

Fue alucinante en mis primeros viajes hacia el interior del país conocer  por ejemplo, las leyendas del convento de Santa Catalina en Arequipa (1975)   y luego de Santa Rosa de Ocopa en Concepción (1983)  donde todo  lo asociado con fetos enterrado parecía sólo superstición y maldad pura de ateos.  La cúspide fue cuando haciendo turismo con mi hija (1993)  conocí a Santa Fortunata, (momia a la que le crecía el cabello y las uñas) en el convento de Moquegua,  supe de la historia de la niña milagrosa,  que al poco tiempo aparecería como  contenido en la obra "Del Amor y Otros Demonios" de Gabriel García Márquez (1994)[10].

Allí me convencí entre la realidad y ficción que el sufrimiento humano de los seres alrededor y dentro de los claustros de la iglesia católica desbordaba mi argumento de democracia y derechos personales para situarse en el centro de los derechos humanos. Será por eso que la obra de Gabo me dolió hasta las lágrimas, en tiempo que estas no existían en mi vida, siendo desde ese entonces el regalo predilecto para mis sobrinas(os), junto con el Profeta de Khalil Gibran (1896) [11], Carta al Padre de Franz Kafka (1919)[12], las poesías de Ernesto Cardenal (1966)[13], 20 poemas de amor y una canción de Pablo Neruda [14]. 

Los casos de pederastia y abuso sexual, de niños(as), al cuidado de sacerdotes y también monjas, que  desde inicios de este nuevo siglo sacude a la Iglesia Católica, en lo personal afirma mis percepciones de adolescente, cuando observaba incoherencia entre discurso y práctica, como aquello que se decía en voz baja, que no quita la coexistencia de seres excepcionales con tanta devoción, gratuidad, entrega y servicio que conmueven en su ser y hacer. Aceptar esto último es también tolerancia y reconocer la diversidad en la sexualidad y la práctica de vida de seres humanos.

De allí atribuir  que el problema de los abusos y violaciones sexuales al interior de la iglesia católica  sea producto de algunos pocos "desviados(as)" es ocultar el sol con un dedo, negar la responsabilidad política de los jerarcas en una institución jerárquica y vertical, es no asumir con responsabilidad la atención y solución del problema.

Sigo creyendo como en mis 18 años, que la  decisión de castración simbólica  tanto de mujeres como hombres que son parte de la iglesia católica,  por obra y gracia de la  jerarquía eclesial, no anula su humanidad, sus tensiones, pulsiones y lívido, sólo se contienen hasta desembalsar en aquello que justamente condenan, abuso, felonía, en sus términos pecado.

Hoy estoy  más convencida que ayer, que tanto la estructura y dinámica de una iglesia jerarquía, dogmática de poder absoluto y cuasi divina que se instauró en la Iglesia Católica y que perdura hasta nuestros días, es aquello que se transformó en caldo de cultivo para el refugio de  pederastas, violadores, abusadores. Jamás sabremos la dimensión histórica, porque se remota a muchos siglos. 

Denunciar, buscar justicia y reparación, no sólo es la recuperación en parte de las víctimas, es ante todo despojar de divinidad los desaciertos humanos, así como la posibilidad de cambiar el sistema patriarcal y despótico instalada en las instituciones centrales de nuestras sociedades como suelen ser las iglesias, sus autoridades y el uso de sus religiones.



[6] Ver lo asociado con su relación de pareja, maternidad y familia ver pp. 8-11https://es.scribd.com/doc/163551000/Testimonio-de-Nelly-Evans-a-la-CVR

sábado, 9 de marzo de 2019

LAS MILLENNIALS, CENTENNIALS Y SUS DERECHOS

Si bien a partir de 1975, se ha intensificado el reconocimiento y conquista de los derechos de las mujeres negados durante más de XIX siglos, se producen dos tendencias opuestas en el planeta: por un lado, la resistencia y vejación de las mujeres negándoles sus derechos y por el otro, el nacimiento de mujeres con derechos las coloca ante un escenario donde el límite es el infinito.
Siendo el papel de las instituciones, la cultura y el Estado, claves para facilitar o retardar los procesos hacia el ejercicio real de los derechos de las mujeres, en tanto que las mujeres del nuevo siglo están decidas a no retroceder en aquello que asumen como natural sus derechos a ser, hacer y estar.

Estado, Instituciones y Cultura

La mayoría de sociedades apuesta  por la democracia como espacio de ejercicio de derechos, obligaciones y libertad. Por cuanto, asumimos que la esclavitud como sistema social está abolida en cuasi todas las sociedades del planeta, pero cada día hallamos en las redes, que muchas mujeres son privadas de su libertad con engaños o por la fuerza, ensanchándose el delito de trata[1], constituyéndose en una de las líneas de delitos transnacionales, que para su erradicación,  requiere de la cooperación entre países de origen y destino[2] para su erradicación.

Mientras se crean las condiciones para la cooperación y concertación internacional, seguimos siendo testigos de situaciones de esclavitud y comercialización sexual[3], bajo un contexto de doble discurso y práctica de los Estados, quienes proscribe la prostitución persiguiendo a las mujeres que lo ejercen, mientras no hacen nada por erradicar su consumo. Los clientes no sólo son libres sino estimulados al consumismo sexual a nivel local, nacional e internacional, bajo la figura de turismo sexual de niñas(os) y adolescentes[4], allí no hay diferencia ideológica, política ni de Estado,  todos los países se igualan como ofertantes y consumidores.  

En tanto que bajo el manto cultural, persisten diversas creencias como prácticas sistemáticas de mutilación a sus cuerpos[5]. Se practica la ablación femenina (eliminación del clítoris)[6] en otros la mutilación senos y/o cosido de la vagina[7] con el propósito de negarles el placer sexual.

Delitos como el adulterio tolerados a los varones, son causal de sentencia a muerte lapidaria[8], así como la cruel eliminación de la niñez y hasta vida con matrimonios arreglados entre niñas y hombres adultos, que termina con la muerte de las mismas en su noche de bodas[9] o posteriormente debido a complicaciones de embarazo de alto riesgo al ser niña madre. 

Sin embargo estas prácticas no sólo se producen bajo el manto cultural, puesto que allí donde no sólo está prohibido sino penado, las niñas son objeto de abuso sexual y/o violación dando paso a situaciones de madres-niñas como resultado de estos hechos. Sin ir muy lejos en el Perú,  este mismo 8 de marzo, de conmemoración del día dela mujer, se produjo la muerte de una pequeña en el Hospital de Ica[10].

Millennials, Centennials y  derechos de las mujeres

En el otro extremo, la presencia cada vez más notable  de hasta dos generaciones de mujeres nacidas en y con derechos. La generación de las Milllennials (nacidas a partir de 1980)[11] y las Centennials (nacidas a partir del año 2000)[12]. Pese a las especificidades y diferencias de cada generación[13] no quepa en su imaginario dejar de ir al colegio por ser mujer o por esa misma razón estar impedidas de: acceder a un puesto de trabajo, una especialidad profesional, decidir cuándo y cuantos hijos(as) tener, transitar en el espacio público sin compañía de día o de noche, tener en su cuenta en el banco, elgir y frecuentar amistades de mujeres como hombres, adquirir una propiedad a su nombre, heredar, vestirse como mejor le plazca y acomode, hablar en primera persona, escribir sin necesidad de un seudónimo, tener un hijo(a) o no tenerlo, casarse o permanecer soltera, tomar decisiones, impulsar y desarrollar empresas y más[14].

En una palabra, las luchas sostenidas por las feministas desde siglos atrás, con sus altas y bajas, aciertos y desaciertos, evoluciones e involuciones, claros- oscuros; han logrado conquistar derechos en beneficio de todas pero principalmente de un importante sector de las mujeres alrededor de los 39 años por haber nacido con derecho, mientras nosotras, lo hicimos en tiempos donde no sabíamos, que teníamos derecho a tener derechos[15].

Las diversas realidades expuestas y compartidas por las mujeres, hacen que muchas jóvenes de la era actual, se asuman feministas en busca de justicia ante tanto terror, transformando su vida cotidiana en una lucha constante. En escenarios donde invierten coraje,  valentía y empoderamiento, redinamizando un movimiento a lo largo como ancho del país[16] y todo el planeta[17].

También en estos mismos escenarios, se reconvierten a favor de la vida de las mujeres, la agenda de mujeres organizadas. Quienes  en sus orígenes  se unieron para cumplir roles social  tradicionalmente establecidos, descubrieron en ese proceso que como mujeres las asemejaba los mismos problemas y padecimientos de género[18], tanto victimas como sobrevivientes.

Lo más notable de estas dos vertientes, el feminismo y las mujeres organizadas (zonas urbanas populares, campesinas, indígenas amazónicas e indígenas andinas), es  que hasta el 2010, funcionaban por cuerdas separadas, hoy han convergido en una agenda en común como es la lucha por erradicar la violencia contra la mujer y las prácticas de discriminación.

Para quienes reflexionábamos a finales de los noventa sobre el panorama desolador, acerca del feminismo y su futuro, puesto que el movimiento de mujeres feministas de los sesenta, setenta y ochenta, se habían institucionalizado, sin  un trabajo de transición de las luchas a nuevas parecía condenado a desaparecer. Claro que en 1996, no contábamos con la revolución que se produciría con el acceso a la información y tecnología de las mujeres apenas cuatro años siguientes.

La lucha por el cuerpo, vientre, libertad y vida de las mujeres desde una perspectiva de género, se ha  ensanchando en alianzas con hombres e instituciones que rechazan la violencia a nivel del país y la comunidad internacional[19].

Pero como todo cambio no es lineal ni abrupto, las mujeres nacidas con derechos conviven con aquellas que desconocían sus derechos, en tanto que al centro se sitúan aquellas que lograron conquistarlos, con tanto temor que se aferran a las cuotas de poder alcanzados[20], siendo lento y cuasi dolorosa la transición como transferencia. Experimentando en su conjunto procesos simultáneos de evolución e involución, que en algunos momentos son de inamovilidad y otros de fuerza incontenible, mientras se implementan estrategias de lucha periférica o centrales, usando prácticas endógenas[21] como exógenas[22] y en algunos casos adquiriendo fuerza centrípeta[23] o centrífuga[24].




[7] https://altavoz.pe/2016/05/05/15489/informe-mutilacion-genital-o-el-dolor-de-tener-la-vagina-cortada-y-cosida/
[8] https://youtu.be/5MUxaTMyF2I [Imágenes sensibles]
[21] Creando contenidos, estrategias, tácticas y agendas desde un centro que nuclea la agenda, movilización, organización y lucha, un ejemplo es el Canto a la Vida.
[22] Acogiendo las iniciativas, propuestas, agendas prácticas que vienen de fuera, un ejemplo es el 8M.
[23] Fuerza centrípeta, se refiere a la fuerza cuya dinámica o movimiento integra y atrae a todo los elementos en rededor o adyacentes al centro.
[24] Fuerza centrífuga, a diferencia de la centrípeta, no atrae ni contrae a los elementos, sino los separa y expulsa hacia afuera.