Si bien a partir de 1975, se ha intensificado el
reconocimiento y conquista de los derechos de las mujeres negados durante más
de XIX siglos, se producen dos tendencias opuestas en el planeta: por un lado,
la resistencia y vejación de las mujeres negándoles sus derechos y por el otro,
el nacimiento de mujeres con derechos las coloca ante un escenario donde el
límite es el infinito.
Siendo el papel de las instituciones, la cultura y el
Estado, claves para facilitar o retardar los procesos hacia el ejercicio real
de los derechos de las mujeres, en tanto que las mujeres del nuevo siglo están
decidas a no retroceder en aquello que asumen como natural sus derechos a ser,
hacer y estar.
Estado, Instituciones y Cultura
La mayoría de sociedades apuesta por la democracia como espacio de ejercicio de
derechos, obligaciones y libertad. Por cuanto, asumimos que la esclavitud como
sistema social está abolida en cuasi todas las sociedades del planeta, pero cada
día hallamos en las redes, que muchas mujeres son privadas de su libertad con
engaños o por la fuerza, ensanchándose el delito de trata[1], constituyéndose
en una de las líneas de delitos transnacionales, que para su erradicación, requiere de la cooperación entre países de
origen y destino[2]
para su erradicación.
Mientras se crean las condiciones para la cooperación y concertación internacional, seguimos
siendo testigos de situaciones de esclavitud y comercialización sexual[3],
bajo un contexto de doble discurso y práctica de los Estados, quienes proscribe
la prostitución persiguiendo a las mujeres que lo ejercen, mientras no hacen
nada por erradicar su consumo. Los clientes no sólo son libres sino estimulados
al consumismo sexual a nivel local, nacional e internacional, bajo la figura de
turismo sexual de niñas(os) y adolescentes[4],
allí no hay diferencia ideológica, política ni de Estado, todos los países se igualan como ofertantes y
consumidores.
En tanto que bajo el manto cultural, persisten diversas creencias
como prácticas sistemáticas de mutilación a sus cuerpos[5]. Se
practica la ablación femenina (eliminación del clítoris)[6] en
otros la mutilación senos y/o cosido de la vagina[7]
con el propósito de negarles el placer sexual.
Delitos como el adulterio tolerados a los varones, son
causal de sentencia a muerte lapidaria[8],
así como la cruel eliminación de la niñez y hasta vida con matrimonios
arreglados entre niñas y hombres adultos, que termina con la muerte de las
mismas en su noche de bodas[9] o posteriormente
debido a complicaciones de embarazo de alto riesgo al ser niña madre.
Sin embargo
estas prácticas no sólo se producen bajo el manto cultural, puesto que allí
donde no sólo está prohibido sino penado, las niñas son objeto de abuso sexual
y/o violación dando paso a situaciones de madres-niñas como resultado de estos
hechos. Sin ir muy lejos en el Perú, este
mismo 8 de marzo, de conmemoración del día dela mujer, se produjo la muerte de una
pequeña en el Hospital de Ica[10].
Millennials, Centennials y derechos de las mujeres
En el otro extremo, la presencia cada vez más notable de hasta dos generaciones de mujeres nacidas
en y con derechos. La generación de las
Milllennials (nacidas a partir de 1980)[11] y
las Centennials (nacidas a partir
del año 2000)[12].
Pese a las especificidades y diferencias de cada generación[13] no
quepa en su imaginario dejar de ir al colegio por ser mujer o por esa misma
razón estar impedidas de: acceder a
un puesto de trabajo, una especialidad profesional, decidir cuándo y cuantos
hijos(as) tener, transitar en el espacio público sin compañía de día o de
noche, tener en su cuenta en el banco, elgir y frecuentar amistades de mujeres
como hombres, adquirir una propiedad a su nombre, heredar, vestirse como mejor
le plazca y acomode, hablar en primera persona, escribir sin necesidad de un
seudónimo, tener un hijo(a) o no tenerlo, casarse o permanecer soltera, tomar
decisiones, impulsar y desarrollar empresas y más[14].
En una palabra, las luchas sostenidas por las feministas
desde siglos atrás, con sus altas y bajas, aciertos y desaciertos,
evoluciones e involuciones, claros- oscuros; han logrado conquistar derechos en
beneficio de todas pero principalmente de un importante sector de las mujeres alrededor
de los 39 años por haber nacido con
derecho, mientras nosotras, lo hicimos en tiempos donde no
sabíamos, que teníamos derecho a tener derechos[15].
Las diversas realidades expuestas y compartidas por las
mujeres, hacen que muchas jóvenes de la era actual, se asuman feministas en
busca de justicia ante tanto terror, transformando su vida cotidiana en una
lucha constante. En escenarios donde invierten coraje, valentía y empoderamiento, redinamizando un
movimiento a lo largo como ancho del país[16] y
todo el planeta[17].
También en estos mismos escenarios, se reconvierten a favor
de la vida de las mujeres, la agenda de mujeres organizadas. Quienes en sus orígenes se unieron para cumplir roles social tradicionalmente establecidos, descubrieron en ese proceso que como mujeres las
asemejaba los mismos problemas y padecimientos de género[18], tanto
victimas como sobrevivientes.
Lo más notable de estas dos vertientes, el feminismo y las
mujeres organizadas (zonas urbanas populares, campesinas, indígenas amazónicas e
indígenas andinas), es que hasta el
2010, funcionaban por cuerdas separadas, hoy han convergido en una agenda en
común como es la lucha por erradicar la
violencia contra la mujer y las prácticas de discriminación.
Para quienes reflexionábamos a finales de los noventa sobre
el panorama desolador, acerca del feminismo y su futuro, puesto que el movimiento
de mujeres feministas de los sesenta, setenta y ochenta, se habían
institucionalizado, sin un trabajo de
transición de las luchas a nuevas parecía condenado a desaparecer. Claro que en
1996, no contábamos con la revolución que se produciría con el acceso a la
información y tecnología de las mujeres apenas cuatro años siguientes.
La lucha por el cuerpo, vientre, libertad y vida de las
mujeres desde una perspectiva de género, se ha
ensanchando en alianzas con
hombres e instituciones que rechazan la violencia a nivel del país y la
comunidad internacional[19].
Pero como todo cambio no es lineal ni abrupto, las mujeres nacidas con derechos conviven
con aquellas que desconocían sus derechos,
en tanto que al centro se sitúan aquellas que lograron conquistarlos, con tanto
temor que se aferran a las cuotas de poder alcanzados[20],
siendo lento y cuasi dolorosa la transición como transferencia. Experimentando
en su conjunto procesos simultáneos de evolución e involución, que en algunos
momentos son de inamovilidad y otros de fuerza incontenible, mientras se
implementan estrategias de lucha periférica o centrales, usando prácticas
endógenas[21]
como exógenas[22]
y en algunos casos adquiriendo fuerza centrípeta[23] o
centrífuga[24].
[7]
https://altavoz.pe/2016/05/05/15489/informe-mutilacion-genital-o-el-dolor-de-tener-la-vagina-cortada-y-cosida/
[8]
https://youtu.be/5MUxaTMyF2I
[Imágenes sensibles]
[21]
Creando contenidos, estrategias, tácticas y agendas desde un centro que nuclea
la agenda, movilización, organización y lucha, un ejemplo es el Canto a la
Vida.
[22]
Acogiendo las iniciativas, propuestas, agendas prácticas que vienen de fuera,
un ejemplo es el 8M.
[23]
Fuerza centrípeta, se refiere a la fuerza cuya dinámica o movimiento integra y
atrae a todo los elementos en rededor o adyacentes al centro.
[24]
Fuerza centrífuga, a diferencia de la centrípeta, no atrae ni contrae a los
elementos, sino los separa y expulsa hacia afuera.
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