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Mamá 8M 2009 Pque La Muralla |
Mi madre va cerrando las ocho décadas. De un tiempo aquí enfrenta problemas de salud que nos vienen con los años, el cual mantenemos a raya, con los controles periódicos, visita a los servicios especializados, cuidados y medicación bajo la vigilancia permanente de mi hermana, la médica oficial de la familia.
Hoy las tres iniciamos la
huelga feminista 8M, sin haberlo planificado dejando que fluya, en una
palabra no hicimos nada más que ingresar al sistema de salud público y vivir
para contarlo, en este momento que estamos nuevamente en casa todos(as) juntas(os). Con tiempo para felicitar a mi
hijo político por su cumpleaños y por supuesto celebrar entre nos el
acontecimiento de 8M la Huelga de
Mujeres.
No importa que mi
hija, nietas y su marido estén ausentes. Nosotros(as) igual celebramos a la vida, por el cumpleaños y porque
mamá está en casa, pese a todo lo vivido, cuenta con tratamiento de corto, mediano y largo plazo en
perspectiva. Ya tendremos espacio para celebrar en multitud.
Todo podía quedar allí, pero hace tanto que no he escrito
en esta ventana que decidí hacerlo debido a varias aristas que han emergido
este día y seguramente continuarán en el futuro. Escribo hoy antes de mañana
que es el ocho de marzo, porque asistiré a una marcha, donde está vez no podré ir con mi madre como
antes solía ser.
Nuestra jornada de huelga fue decidida por ella, porque sintió
que ninguno de los tratamientos proporcionado por los médicos particulares hacía
efecto, así que me pidió la llevara de emergencia a ESSALUD, obviando esta vez
la autoridad médica de mi hermana Luz.
Luego de coordinar entre ambas, ella dejó la cocina y dijo que los hombres ya sabrían que hacer. Nos dirigimos las tres, gracias al transporte veloz de su hijo elegido José Barriga, que nos llevó salvando el embotellamiento y el caos de transporte.
Luego de coordinar entre ambas, ella dejó la cocina y dijo que los hombres ya sabrían que hacer. Nos dirigimos las tres, gracias al transporte veloz de su hijo elegido José Barriga, que nos llevó salvando el embotellamiento y el caos de transporte.
LA AUTORIDAD MEDICA DE LUZ
En todas las familias, siempre hay una médica, sanadora,
curandera, maga, chamana, como preferimos denominarla, en mi casa somos dos
pero de distintas aristas.
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Con Luz un día como hoy |
Ha estado al frente de un botiquín parroquial por cuasi dos
décadas hasta que yo me rompí el pie izquierdo, y a ella, no le quedó otra cosa
que romper con su labor de sanadora de barrio ad honorem para hacerse cargo de
mi madre, mis cuidados, paralelo a ser madre
y esposa icomparable.
Cuando intentó retomar su labor social, se dio con la
sorpresa, que los grandes laboratorios a través de las instituciones
correspondientes de la salud pública, habían inclinaron los intereses de los laboratorios en
el mercado, reduciendo el margen de maniobra de los botiquines, al punto que
sólo podían vender algodón y alcohol, quitando de su alcance antibióticos y
medicinas claves para el tratamiento de enfermedades crónicas o degenerativas.
Con ello perdieron principalmente los más pobres, aquellas mujeres y hombres
fuera del sistema de salud y sin un ingreso económico que permitiera acceder a
medicación segura y sostenida a través de un servicio que valoraban simbólicamente
en el trato a mi hermana: “Hermana Lucy”, “Mama Luz”, “Doctora Lucecita”, “Madre
Luz”, “Hermanita”.
Mi hermana sufrió mucho por ello puesto que como suele
decir: “Al poco tiempo de estar al frente del botiquín cuyo objetivo era apoyar
a los más pobres con precios por debajo
del mercado, me tumbé a todos, inclusive a los mismos botiquines antiguos que
habían establecido un margen de ganancia, porque yo sólo aplicaba el margen de subsistencia que permitiera
renovar el stock, gracias a los precios bajos de PROVIDA y las donaciones de
Canadá”. Algo que pocos logran entender es porqué en todo ese tiempo mi hermana
no lucró en un medio donde todos(as) se hacen ricos, o por lo menos no se hizo
de un sueldo, peor aun cuando los precios se elevaban, quien asumía esos costos
era su marido o el sacerdote de la parroquia, pero nunca afectó a los(as)
enfermos y marginados, siempre me admiraba como atendía de emergencia a un
herido por arma blanca con puntadas que evitaran se desangrara. Cómo curaba de
sus heridas a enfermos de SIDA, úlceras, drogadictos heridos, etc.
Pero lo más grandioso, que Luz logró instaurar y se ha mantenido
hasta nuestros días es la solidaridad entre pacientes. Una red
de apoyo entre necesitados(as) donde quien tiene una pastilla demás, antes que
caduque se lo entregaba para que ella lo hiciera llegar hasta
quienes lo necesitan y no podían comprarlo, no necesitan ni siquiera verla, se
lo dejan encargado. Cada vez que veo a una persona con parkinson, epilepsia, diabetes, insuficiencia renal,
presión alta, problemas respiratorios, preguntando si está la hermana Luz, sé
que la red sigue funcionando.
Ahora entenderán porqué mi hermana Luz es la autoridad
médica en casa, que asume la medicación y el cuidado de mi madre.
Y el hecho trascendental de que mi madre
la obviara y me pidiera que fuera yo quien la lleve de emergencia.
SANADORA, ANCESTRAL, HOLISTICA, METAFISICA
Respecto a los cuidados de la salud, soy opuesta a mi
hermana Luz, yo creo en la sanación pránica, la terapia electromagnética, el
poder de la energía, la mente, la cromoterapia, la acupuntura, la medicina
naturista, el poder de las plantas, los baños y el universo, el autocuidado, la
disciplina y el tratamiento holístico de la salud.
Mi maceta de Oréganos |
Es lo que yo intento hacer con mis nietas asomándolas a
beber aquello que nadie lo haría. Un día cuando Puñuy tenía tres años, llego de
visita y la encuentro llorando, me dice Rosario: “Señora está con gases se me
acabó el gaseovet y recién me lo están trayendo por delivery”. Yo le digo, pero
si tienes orégano, me dice sí. Le explico a
mi nieta que posiblemente no le guste, pero que le quitará el dolor y
que todo té de hiervas, ha de tomarse sin azúcar para que tenga buen resultado. Así
lo hizo y claro que los gases salieron disparados por todos lados, a partir de
ese hecho, su abuela es maga, ella toma sin azúcar el té verde, rojo, negro. Té
de orégano (su preferido), menta, lavanda, manzanilla, ajenjo, toronjil, romero, eucalipto…
siempre que la madre no nos descubra.
Desde 1996 que me detectaron una piedra en la vesícula y
emitieron más de una orden para operarme, he descubierto a mi vez que sólo es
cuestión de virar hacia otras prácticas, reducir grasas trans o eliminarlo,
tener siempre un plidan compuesto en la
cartera y si estás en casa un buen mate de menta con ruda seguido de una semana
de dieta. En eso voy 23 años sin operarme, mi hermana Luz cuando le detectaron
y tuvo el primer cólico, se operó al igual que mi madre.
Cuando en el 2012 me rompí el pie y luego de cinco
operaciones paralelo a 100 terapias físicas de recuperación en manos de mi
maravillosa terapista Mary Pomasunco, aún no podía recuperar mis pasos. Sólo
pude hacerlo luego de 10 sesiones de acupuntura en manos de mi entrañable amiga
Victoria Román unido a la terapia de cuarzos de mi sabia y bendita Rosa Rivero.
A estas alturas he retomado el ritmo a mis pasos, aun cuando mi hermoso
tobillo perdió su garbo (mantiene un clavo atravesado de punta a punta) y se inflama cuando camino mucho, lo que no
quita que camine a prisa. Como hoy sucedió, del local de consulta a dos cuadras
de emergencias de ESSALUD, llegué con la silla de ruedas de mi madre antes
que la enfermera, sorprendiéndola.
Parece que los años que terminan en seis tienen siempre
retos en mi vida, cerrando el 2016, me diagnosticaron diabetes Mellitos 2, así que mi endocrinóloga
me dijo que usaría Metformina y Glibenclamida el resto de mi
vida. A los seis meses, me quitaron la Glibenclamida y a los 18 dejé de tomar Metformina ¿Cómo si
era para toda la vida?, sabiendo la causa de mi diabetes, el siguiente paso fue
dejar esa práctica.
Desde diciembre del 2016 no he
vuelto a tomar Coca-Cola, ni otra bebida con azúcares, sodio y preservantes. No
consumo azúcar, ni arroz, he reducido a casi nada pan, fideos y
otros carbohidratos. He aprendido a
tener cinco comidas, no importa dónde y con quién, mi cuerpo no volverá a creer
que sufrirá hambruna que le obligue a crear reservas adiposas.
Aún no tengo claro el por qué, pero
desde que empecé el tratamiento de la diabetes, hubo sospechas de
hipotiroidismo, que se ha desencadenado, justo a fines del año pasado, pueda
que la medicación haya provocado este resultado, pero eso ningún médico ni
laboratorio me lo dirá. De lo que estoy convencida es que pronto lo resolveré,
porque he incorporado algunas medidas alternativas. Sé que hoy estoy lejos de mi meta, pero allí vamos.
LA HUELGA NUESTRA ANTES DEL 8M
Llegamos pronto ESSALUD, coloqué a
mi madre en la silla de ruedas y nos dirigimos a emergencia, el vigilante nos
impidió el paso, señalando que debíamos pasar primero por triaje.
Esperamos bajo
el ardiente sol y la sensación de calor que superó al toldo colocado en el
patio. Cuando nos acercamos al servicio de triaje, yo empujando la silla de mi
madre (mi hermana no puede debido a una tendinitis en la muñeca) el que fungía de
responsable, le impidió a mi hermana que se acercara. Ya me pareció
extraño porque no había más pacientes.
En ningún
momento se dirigió a mi madre, sino me preguntó, lo que ella tenía, le explique
que tenía un dolor muy fuerte en el bajo vientre y que no podíamos aliviarla
por eso la emergencia, insistió desde cuándo, le dije el tiempo y el
tratamiento que estaba llevando, y me respondió, que eso no era una emergencia.
Una emergencia era un malestar a media
noche o de madrugada que a esas horas se estaba dando de alta y cambiando de
turno a los pacientes, por cuanto no podían atenderla por emergencia.
Insistí que la habíamos llevado para que la atienda y ayude, que no acudía a ese servicio
porque siempre temía este tipo de respuesta, que ella era asegurada y estaba en
el derecho de ser atendida. Entre tanto la auxiliar le tomó la temperatura y
dijo: “No tiene fiebre tiene 36°”, me dijo cómo ve la señora no es caso de
emergencia, debe pasar por consulta convencional, la derivaré allí.
Porfiada, afirmé que el dolor era intenso y que debía
ser por emergencia, me dijo, señora no puedo hacer más, cuando salíamos mi
hermana se acercó y le dijo que mi madre era hipertensa, a lo que el vigilante de triaje repitió a modo
de ironía: “Dice que es hipertensa”, estuve a punto de volver, pero me detuve
porque mi madre se sentía mal, se pondría peor
y me hubiera desautorizado. Ella es como la mayoría de las mujeres, no
le gusta los líos, porque las damas
no levantan la voz, no se pelean, no reclaman, menos discuten en público para
llamar la atención.
Así que fuimos
por consulta, pensamos que sería en el
mismo edificio del hospital, no fue así nos enviaban a un local alquilado a dos
cuadras del hospital a un consultorio en segundo piso sin ascensor con una paciente
en silla de ruedas, me dije a mí misma, esto no se queda así, ya volveré. Por
supuesto que nos acompañó un vigilante, que su función fue asegurarse no perder
la silla de ruedas. Ante ello le dije,
que como estaba mejor entrenado y nos acompañaría, condujera la silla de
ruedas.
Inmediatamente
me arrepentí, el vigilante no tenía idea
alguna, de manejar una silla de ruedas, es más se metió por toda la pista
cuando debía ir por la vereda, con todo el amor que me produce los jóvenes
vigilantes con sueldo miserable bajo el sol inclemente parados todo el día, le
pregunte: ¿Antes de ser vigilante has sido moto taxista?, y él me dijo: “Sí
señora cómo lo sabe”. Le respondí que sólo un moto taxista cree que todos la
vías y sentidos son transitables, el me
respondió, es por no incomodar a los transeúntes por la vereda.
Yo le respondí,
haz de cuenta que soy tu madre o tu tía para que no te moleste o incomode lo
que te voy a decir, ya no eres un moto taxista, ahora eres una autoridad, ese
uniforme de vigilante te da autoridad y esa silla de ruedas con una paciente de
tercera edad te da prioridad. Así que en adelante proporciona una ayuda a la
medida de tu situación y posición actual. Eres una persona clave en el
hospital. Me miro sorprendido y dijo: “Muchas gracias señora, no me habían
enseñado eso”.
Mientras
esperaba abrazada a mi madre, que mi hermana contactara en el segundo piso con
el médico, fui repasando lo experimentado hasta ese momento, así que mi
indignación fue creciendo. Recapitule y me dije, quiere decir que el sistema de
inclusión y exclusión de ESSALUD empieza con el vigilante de emergencia que no
te permite el ingreso si no has pasado por triaje. Y triaje, no es triaje sino
una sala de interrogatorio a
modo de pre-consulta, porque
no te tomaron la presión, no te pesan,
ni revisan los signos vitales, es más el vigilante diagnostica.
Mis
pensamientos fueron distraídos por una mujer vestida de negro, a quién llamaré Dolorosa, porque bajaba las escaleras cogida con ambas manos del único
pasamano, se me partió el alma, me apresuré a ayudarla, tenía puestos unos trop por zapatos, a medio calzar, ambos pies dañados y apenas podía levantarlos. Me dijo que fue a emergencia, de
donde la había derivado a esta consulta y debía volver, porque su estado era una emergencia. Me dije, no hay derecho.
Bajó el médico
y auscultó a mi madre e inmediatamente dijo: “Esto es una emergencia, vaya con
la enfermera, que ella hará todo el trámite”. Las cosas mejoraban. Ya en
emergencia, no permitieron que las dos entráramos, así que fui yo porque como
señalé mi hermana no puede maniobrar la silla de ruedas. Nos atendieron pronto,
cuando inicia la entrevista, hable tan rápido que la técnica, me dijo despacio.
La miré y dije, mejor llamo a mi hermana para que le explique todo el estado de
mi madre, yo tengo que resolver otro asunto.
Salí me calmé
un momento y luego fui a triaje, esta vez, lleno de pacientes con acompañantes,
pensé que igual como nos sucedió con mi madre y Dolorosa, estarían esperando a ser expectorados. Saqué
mi celular, para descubrir que estaba sin batería, pero como ya estaba ahí, lo
enfoque y los dos responsables del
servicio me miraron aterrados, preguntando, señora que hace. Respondí con toda
la calma y firmeza en mi voz, les tomo unas fotos, porque los voy a denunciar por discapacidad y
negligencia en una cadena del servicio
de emergencia que los hace ineficientes y/o discriminadores de la tercera edad.
Le recordé que
fui hace tres horas con una anciana retorciéndose de dolor a quién él, un servidor de salud que debía prestar auxilio
ni siquiera la miró, sólo me interrogó y argumentó porque era o no una emergencia, luego me
envió a la deriva para que finalmente un médico hiciera su trabajo de triaje, establecer los indicadores de
estado y facilitar la debida atención.
Le dije que
pediría a la Dirección de ESSALUD, cambiara de denominación del servicio de triaje a sala de interrogatorio para exclusión de pacientes en estado de
emergencia, con la finalidad de reducir la carga de atención al sistema, porque en
ningún momento le tomó minimamente la presión a mi madre, es más el vigilante
cuya labor no le compete, puso en tela de juicio el padecimiento de una
hipertensa, con el riesgo de incrementar su estado por frustración.
Me respondió
que él me derivó, y preguntó, quién era
el médico que había decidido que era una emergencia. Respondí que eso a él no
le importaba, en tanto no cumplió su función de triaje, salvo ratificarme su
rol de reducir el número de pacientes a ser atendidos por emergencia, miré a
los(as) pacientes en espera, les dije: "No permitan que le hagan lo mismo, yo no
le reclamé en el instante, porque estaba con una anciana doliente y no quería
agudizar su estado". Volví sobre mis pasos, calmada, había liberado toda la
indignación provocada por un servicio público, esperando que cambie en la
atención a los pacientes en espera, porque para la denuncia me faltaban pruebas
y una larga jornada.
En la sala de
espera, vi cómo se desplazaban ambos servidores, presurosos hacia emergencia, seguro que a
interesarse en el estado de mi madre, temerosos de que yo cumpliera mi amenaza.
Y allí me quedé hasta las tres, que terminaron de aplicar los analgésicos y los
análisis a mi madre. La médica, nos pidió llevarla a almorzar, mi hermana trajo
una sopa, que di de comer a mi madre,
como ella antes lo hacía conmigo.
Ella no quería comer, decía solo líquido. Yo le insistía, no madre toda la sopa, porque te han puesto analgésicos que afectaran tu cuerpo y necesitas tener fuerzas, tienes que comer las verduras y el morón.
Mi madre al
igual que yo lo hice en mi momento decía: “La zanahoria me da ganas de
vomitar”. Yo insisto, no hay problema mamá, te acuerdas como era yo así que no
quería comer, tú insistías porque eso
era bueno para mí. Ella más viva responde: “No hija no sabía ser buena madre,
porque no te gustaba y no me daba cuenta solo pensaba en que debías estar
sana”. Yo le digo: si sabias, porque madre es aquella que no siempre te da lo que
te gusta, sino aquello que te hace bien.
Entre conversa
y conversa, mi madre terminó su sopa. Y
como ella hacía conmigo, la abrecé, acaricié, engreí y mimé. Ella se sintió
mejor, al punto que me dijo, vamos a
casa, que solo Luz, recoja los resultados.
Yo le recordé,
que aún falta la muestra de orina, así que insistí en que beba más líquido y luego le hice caminar lento,
estaba más de tres horas sentada en la silla de ruedas. En el paseo de la sala
de espera nos halló mi hermana, hasta que finalmente tuvimos la muestra, que
nos llevó otras dos horas de espera. Mi madre me miraba calma y decía, hija
arruiné tu día de trabajo. Yo le respondí, no madre: ¡Hemos empezado la
huelga del 8 de marzo de las mujeres un día antes!, hoy sólo importa cuidarnos
entre nosotras, en casa los hombres se
las arreglarán sin Luz.
Finalmente
tuvimos los resultados, mamá tenía infección que había agudizado su problema de
colon, tuvo atención que requirió todo nuestro día con ella, pero más allá del
triaje fue bueno, porque estábamos las dos hermanas para apoyarnos mutuamente, Luz
dijo que fue una buena médica quien auscultó
a mi madre, ha recomendado un tratamiento de mediano plazo, por supuesto no
volveremos a ESSALUD, sino hasta otra emergencia que espero no suceda.
Mi cuñado
nos esperó a la salida, mamá retornó
cómoda, segura. Ya en casa en su cama, Rodrigo su nieto adorado, se quedó
conversando con ella, abrazado y
llenando de besos, para ella es su mejor medicina, estar amada y engreída.
Todo esto
sucedió hoy 7 de marzo del 2019, veremos qué pasa mañana 8 de marzo.
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