viernes, 9 de septiembre de 2022

IN MEMORIAM MERCEDES CAMBORDA VALENCIA


Mercedes Camborda Valencia, amiga, compañera, cómplice, alma blanda y de fe inquebrantable, acabo de saber que partiste a esa dimensión donde se deja de padecer el dolor físico, donde el sistema nervioso deja de transmitir sentimientos, sensaciones, emociones y padecimiento a las diversas dimensiones del cuerpo vivo y nuestra condición humana. Como sucede con la intensidad del dolor que provoca el cáncer, haciendo que aflore en su proceso aquello de lo que estamos hechos(as).  Hoy eres un cuerpo etéreo, que es y se desplaza, como te place.

Conocí a Mercedes allá por los años ochenta del siglo XX, cuando ella apenas había alcanzado la mayoría de edad, se hizo de una profesión inexistente en la era digital de este siglo XXI, gracias a Dora la Computadora. Era una secretaria recién graduada, pero master en cuestiones de trabajo colectivo, comunitario, voluntario y solidario desde la comunidad cristiana de Magdalena del Mar.

Ingresó a la institución donde laboramos juntas por cuasi una década, ella toda su vida, primero bajo el brazo aplastante de una dirección exigente, ambivalente, en proceso de su propio descubrimiento y afirmación. Puesto donde a momentos se sintió acogida y otros sobre cogida. En honor a la verdad, cuasi todas las secretarias que pasaron por el mismo puesto, tuvieron una experiencia similar, desde la heroica Milene, pasando por mi contestaria Roxana hasta la sinuosa Paty, que por poco más se hace de la dirección.

Yo era parte y a momentos coordinadora de un área, donde el poder era resbaladizo al punto que se mantenía bajo la fórmula de coordinación colegiada y dirección rotativa, una invención en la gestión institucional cuando no se puede ceder poder. Un área temida por otras y cada uno(a) de las cien personas a más que laboran en ella, pueda que por estar integrada de mujeres profesionales recién egresadas, con tercio superior, dispuestas a comerse el mundo y tomar el poder por asalto.

Con un método de intervención sistemático de diagnóstico, programación, ejecución, monitoreo, evaluación y sistematización, con resultados esperados e impacto favorable (insumo para nuevos proyectos). En contraste con otras áreas sostenidas en el método de ensayo error,  la educación popular de  aprender haciendo, la exploración y hasta la utopía de la construcción de comunidades como unidades vecinales con servicios colectivos, cuasi Kibustz[1], nunca olvidaré los objetivos de 5 hojas en el área urbana o los festivales de salud.

Como equipo, nuestra capacidad de propuesta e interlocución, nos transformó en área empoderada y hasta zona liberada que debía ser consultada, incluso -por más de una dirección autoritaria-. De modo que mi primera relación con Mercedes quién cumplía directivas de dirección, fueron entre formales, tensas hasta incómodas.  Situación que se modificó al conocernos más y consolidó cuando dejó de ser secretaria de dirección para formar parte de otra área.

Cuando la conocí, me impresionó la síntesis de contradicciones en su ser, como la conjunción aparente vulnerabilidad física, junto a la firmeza de carácter. Su nerviosismo controlado por una sonrisa amplia. Su capacidad de negociación con aparente condescendencia. Su solidaridad y maternalidad, disimulada con la gentileza. Era una joven delgada cuasi a punto de quebrarse, de ojos negros brillantes y traviesos, resaltados con un delineador negro, piel pálida cuasi transparente y cabello profundamente negro. Por eso la rebautice como Morticia (de los locos Adams), a ella le encantaba que la llamara así, de modo que nuestras vidas y amistad se deslizo entre Morticia y Bruja como me nombraba, por el espanto que sintió ante nuestra primera coordinación.

La amistad se expandió cuando dejé la institución, iniciándose nuestras pijamadas, terapias, cuitas, salidas, encuentros y desencuentros. Haciendo camino al andar, lo laboral dejó de ser el centro hasta cuasi difuminarse, salvo las crisis que ponían en riesgo su permanencia o asesoría a sus nuevos proyectos. Yo la calmaba, recordándole que por su fidelidad se había ganado la condición de socia, al que renuncié cuando llegué a mi techo. Recolocando al centro nuestra amistad, sueños, disfrutes y humanidad.


Veníamos de ciertas prácticas comunes y cuasi las mismas historias que nos atraviesas a la mayoría de las mujeres latinas, nacidas a lo largo de la segunda mitad de siglo XX. Ella era la típica mujer que asumió su rol del cuidado del otro a costa de sí misma, en sus diversas manifestaciones. Desde joven puso el hombro en casa, para progresivamente asumir la carga y responsabilidad familiar, además de la comunidad y el compromiso social, que a momentos la desbordaba. Como si no fuera suficiente, se hizo madre putativa.

Con todo su amor, responsabilidad y desprendimiento asumió su rol de madre, aportando a la sociedad una ciudadana y profesional competente, disfrutar del amor recíproco, gozar de la abuelitud por elección, más la adopción de hijo de cuatro patas. Ruta coincidente en estos años.

De lo largamente vivido y compartido, podría escribir tanto, pero tanto… que cubriría más de una trilogía, en recuerdo a su memoria diré que se hizo mujer en términos de Simone de Beauvoir, cumpliendo con los mandatos sociales, culturales y religiosos. Pagando con creces el costo de ser mujer que ama sin medida y fidelidad a prueba de balas.

“«No se nace mujer» quiere decir que no se nace sensible, abnegada, modesta, sumisa, afectuosa etc., es decir, que no se nace con los atributos de la feminidad; pues lo que denominamos masculinidad o feminidad son modos de conducta adquiridos. «Se llega a serlo» expresa que la adquisición de los caracteres secundarios correspondientes al género es un proceso de inculturación que se lleva a cabo a través de la educación. En el caso de la mujer, esta adquisición implica una negación de su trascendencia: lo que se le hace aprender son conductas en las que su libertad constitutiva se ve continuamente coaccionada.” (De Beauvoir, 28, 2015)[*]

Amó a la familia independiente de ser amada o no por ella en igual medida. Amó el trabajo independiente a ser valorada, respetada y reconocida. Amó a las(os) amigas(os) siendo siempre la mejor amiga, sin esperar ser para ellas(os) su mejor amiga. Amó a la comunidad y comulgó con ella, aun cuando la unidad estuviera lejana. Amó a Dios aun cuando él estuviera muy ocupado, para escuchar sus oraciones y amenguar su sufrimiento. Amó y apostó por una sociedad más inclusiva, tolerante y segura pese a sentir como pisa fuerte. Amó y besó tantos sapos, hasta descubrir que sólo eran hombres inseguros, egoístas, pequeños, desgastantes y prescindibles.  De modo que decidió SER ella plenamente.

Con Morticia, ensayé y me gradué de bombera, terapeuta, sanadora y maga, tras los destrozos que su desmedido amor dejaba en ella. Iniciando el nuevo siglo tiré la toalla, planteando como ultimátum que era tiempo de amarse a sí misma, que no le haría mal al universo tomara para ella un cachito de ese amor que prodigaba a diestra y siniestra sin medida. El sacudón y la liberación de cargas por la vida, tuvo resultados que le permitieron  desapegarse, crecer y reinventarse.

Iniciando el segundo decenio del nuevo siglo se graduó como psicóloga, un año después de su hija putativa, había comprendido y asumido que no se puede ayudar sin herramientas, tampoco es posible ayudar a quienes no quieren ni lo piden, de insistir con casos perdidos, sólo significaba hipotecarse. El apoyo profesional, es posible y viable sólo y solo si, es por iniciativa del afectado(a) con su compromiso y bajo su responsabilidad expresa.

“Nunca es tarde para lograr nuestros sueños, tampoco para empezar nuevos sueños ... la vida continua y es bella con todas las dificultades que se dan, sin ella no sería vida...cada día es una nueva etapa a empezar…” (Mercedes Gamborda Valencia, 29 agosto 2011)[2].

Con una segunda profesión y más de dos décadas de experiencia laboral en el terreno de los proyectos sociales se mantuvo en pie, frente a la arremetida del mercado laboral y el empequeñecimiento de aquella gran institución donde permanecía. Vivió las ironías del neoliberalismo, creciendo como profesional en tanto perdía la seguridad como personal administrativo (secretaria) en una ONG (sólo ellos están en planilla)[**]. Ella no arrugó, permaneció a medio tiempo e implementó estrategias para autoemplearse con nuevos proyectos, recuperando, innovando, creando y acertando. Enfrentando y superando las barreras propias del concurso, la competencia desleal, las zancadillas y por qué no, también los celos en un contexto socio-económico- laboral de sálvese quien pueda.

Mantuvo su hacer creando empleo e ingresos para jóvenes con mínima inversión a cambio de logros iguales o mayores a los tiempos dorados de las ONGs. Recurrió a lo que bien conocía en primera persona y sabía hacer, el trabajo voluntario, reconociendo y aquilatando el medio con el objetivo. Sabía que junto a los inventores de pulpines, el trabajo voluntario alejado de instituciones filantrópicas como las iglesias y fundaciones, enmascaba, distraía y deterioraba la práctica pre-profesional de jóvenes   universitarios(as), que en el nuevo milenio debían satisfacer la exigencia del sesigra en el sector público, para posteriormente, acceder y crecer en un puesto profesional en ese sector, pero no había otra estrategia, ante presupuestos mínimos para la gestión del trabajo de promoción con sectores empobobrecidos y sin oportunidades.

Su propuesta y experiencia alcanzó más del impacto esperado, de modo que la institución, transformó como un eje al trabajo con jóvenes y voluntariado, no sólo se replicó en el país, sino trascendió fronteras permitiéndole compartir en los países vecinos[***]. Mi Morticia querida se hizo regional, tenía muchos proyectos bajo el brazo, estaba feliz con su amado sobrino-nieto. Así como su hijo Coquito de cuatro patas, al cual solíamos pasear por la avenida Angamos y Arequipa cuando la ciudad dormía, en noches de pijamadas.

Seguíamos, soñando, riendo, planeando… hasta cuando el día menos esperado el cáncer llegó como regalo de natividad (2019) para instalarse en aquel cuerpo suyo, que sobrevivió a los avatares de ser mujer, profesional, joven y soltera entre dos siglos, con responsabilidades de casada, proveedora, madre, profesional, ciudadana consciente y comprometida. 

Como todo lo que le tocó enfrentar y afrontar en la vida, a Morticia se le entristecieron los ojos por un momento, luego sonrió, decidiendo dar la batalla. Me dijo: “Bruja, es una raya más al tigre, me encuentra de pie, feliz, sin deuda alguna. Hay mucho por hacer es cierto, pero como tú me dijiste un día, toca ocuparme un poco más de mí, hasta cuando sea mi momento”.

Así lo hizo, durante todo este tiempo de pandemia, con servicios de salud restringidos, inmovilidad y todos los factores en contra, Morticia no arrugó, no cedió, se mantuvo firme y se fue como decidió hacerlo. No me queda más que replicar su entereza y despedirla como quería.

Morticia de mi alma, transitaste esta larga batalla sin perder la fe, sonrisa y la fortaleza que la vida esculpió en tu ser a lo largo de la misma, solo pediste que este fuese, un momento de tránsito consciente.

Hoy te fuiste como ser de luz,  desprendida de tu cuerpo adolorida, a través del cual diste todas las batallas, viviste todos los amores, sabores y sinsabores de este tiempo y dimensión.


¡Ve amiga querida de tanto tiempo y muchas vidas!, 
a retomar tu andar infinito sin fatiga, dolor e impedimento.

¡Ve al encuentro del Dios que amas!,
en quien nunca dejaste de confiar, que te acoja en su regazo.

¡Ve Morticia de mi alma con parte de ella!,
hoy adolorida a pesar que mi razón y corazón, bien sabía que partirías.

Descansa en paz.




[*] Beauvoir, Simone de (2015]). El segundo sexo. 6ª ed. Madrid: Ediciones Cátedra Univers!Tat de Valencia, 904 p. [Traducción de Alicia Martorell  del francés:  Le deu.xieme sexe, 1949Éditions Gallimard]. I.S.B.N.: 978-84-376-2233-0 

[**] A partir de 1993 Fujimori abonó a la terciarización e inestabilidad del empleo, las ONGs que en discurso y labor hacia afuera promovían derechos humanos, laborales y derechos de las mujeres, hacia adentro no podía asegurar mínimamente acceso a derechos y seguridad social.

[***] Rodríguez Chávez, Sonia; Alva Córdova, Rodolfo; Camborda Valencia, Mercedes, Bello Bohórquez, Lorgio Edilberto; Robles Matos, Deshanira Aylinn; Gárate Mansilla, Silvia Iris y Mejías Gonzales Amny Raisbel. (Diciembre 2020). Estudio sobre Tendencias, Empleabilidad y Emprendimiento en Jóvenes y Mujeres de Lima Norte Lima: Alternativa, 81 págs. 

 

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