Si bien hay diversos
comportamientos de las(os) retornantes, esta vez me concentraré en aquel relacionado
con el objetivo consciente o inconsciente de incentivar, motivar y hasta
concertar la migración de nuevas generaciones, silenciando el costo del mismo, evitando
que futuros(as) migrantes tengan la posibilidad de elección y decisión informada
al respecto.
Paradero interprovincial TupacAmaru |
Las diversas generaciones de
mujeres y hombres emigrantes del interior del país a Lima y las grandes
ciudades, en su proceso de asimilación, fueron inoculadas del silencio cómplice
respecto a los rigores y horrores de la misma. Hacerse pernóctante del centro y
la periferia, afirmó su condición de inmigrante .
Explicando en parte, su necesidad de retorno periódico revestido de un éxito
ficticio, sin espacio para la comunión, realimentación y reconexión con lo
suyo.
Retornar impostando aquello que
no existe, moderniza la vieja práctica oligárquica del enganche [1] con la promesa simbólica
de un éxito similar al que ostenta, negándose así mismo, aquello en lo que se
han convertido, mientras asegura hoy como ayer la permanente emigración de sus
coterráneos.
El
retorno ficticio es posible gracias a la complicidad pasiva de quienes en el
pueblo de origen acogen sin reservas al retornante sea
por afecto, nostalgia o ilusión. Cediéndole por unos días, las riendas de sus
vidas, deseos y costumbres a cambio de unos días festivos, aun cuando ello coloquen
de lado su propio modo de resignificarse.
Visto
en primera persona, el silencio sobre el
costo de ser inmigrante en la gran ciudad ante coterráneos, tiene repercusiones tanto para el retornante
como del emigrante en perspectiva.
Para el retornante que calla, se transforma en alienación
de sí mismo(a) y desgarro interno, porque renuncia a compartir de su orfandad y
melancolía. El éxito que imposta a su retorno le impide renovar sus valores de horizontalidad e
igualdad en el que creció en su comunidad (como
unidad) al construirse para sí un presente de ficción. Se traiciona así mismo al hacerlo
con su coterráneo, cuando manipula el valor de solidaridad y trabajo compartido en
su beneficio, resinificando y revirtiendo valores ancestrales de ‘Ama Llulla, Ama Kella, Ama Sua’ en mentira,
autocomplacencia y estafa.
Para
él o la futura migrante, el silencio le impide mirar más allá de aquello que se
le exhibe. El éxito aparente del retornante es la promesa de su propio éxito cuando se es joven e inexperto(a), mientras se atiza sentimientos andinos de codicia hispana,
audacia inca y envidia mestiza por estrenar.
Haciendo
que valore su ser y proyecte su futuro, basado en lo efímero e ignorando los
rigores de ser andino(a), quechua hablante, mujer u hombre en una ciudad
masificada, desbordante, indiferente, explotadora, discriminadora, riesgosa y
machista. Las fauces de la soledad en compañía, el dolor del
desenraizamiento, el peso de la discriminación, explotación y autoexploración a
cambio de una sobrevivencia y un éxito escurridizo.
Si bien el retornante recurre a
la apariencia de éxito por pose y prestigio, en realidad lo hace porque es su
modo de poner en funcionamiento un sistema para su propia sobrevivencia,
asegurándose mano de obra barata, a través de dos estrategias: a) conquista y atracción del coterráneo o paisano(a)
y b) herramienta de sometimiento donde ejercer un poder deshumanizante.
Sucumbiendo ante el único modo de crecer él o ella es abusando y
violando los derechos del otro(a), reproduciendo como suyo el ejercer poder a
través del sometimiento, explotación y discriminación. Práctica que se aproxima
a aquello que Aníbal Quijano llama colonización del poder [2], porque se ejerce desde adentro
del ser, donde el explotado(a) acepta y coopera con el explotador creyendo que
no existe otro modo.
En la mayoría de inmigrantes de
la quinta generación y algunos(as) de generaciones previas, no le basta
sobrevivir, reinventarse y apropiarse de un nuevo revestimiento de su ser, pensar,
hacer y sentir. Necesita apostarle todo o nada a un retorno triunfal de migrante, ante quienes aún permanecen en ese
pueblo que devalúa y donde no se visualiza habitarla por más de unos días festivos.
El silencio se alimenta de la
necesidad de ser a través del tener, mediante la propiedad efímera y el poder simbólico de conquista y triunfo en la ciudad. Todo
tiene sentido y contenido si logra el reconocimiento y aplauso, mejor si aviva
la envidia que inmoviliza y aniquila, en el nativo del pueblo cuya existencia
se afirme aun cuando no su desarrollo, condición necesaria para su
empobrecimiento, reproducción y migración.
No importa que en ese esfuerzo de
gloria personificada, se diluya el sentido, contenido y espíritu de pueblo.
Porque aquello que menos se toma en cuenta es la cultura identitaria: costumbres, prácticas, ritos y valores del
lugar. Si fuera central, no le permitiría el despliegue y exhibición de la
apariencia personal y parental con sus afeites, aderezos y maquillaje que
sustituye a los ancestrales por una ficción importada.
La animación de la cultura e
identidad del pueblo queda de lado, priorizando aquello que no se posee con
despilfarro, siendo central el hedonismo, narcisismo y poses. Efectivo si de
paso se gana alguna indulgencia de la cruz, la mama virgen y taita dios, para
ello serán suficiente flores, el manto, la comida y el licor, dejando de lado
la reflexión, acto de contrición y enmienda.
Sólo cuando se enfrenta el rito
central se constatan menos almas devotas, la mayoría del pueblo es Shiri (protestante) porque ha optado por
una de las tantas sectas. Basta nombrar el adjetivo para ahogar la interrogante
del ¿Por qué?, puesto que ahondar en él revelaría, el rechazo a esa forma
desenfrenada y aparente de fe, centrada en el culto a la imagen de éxito del
retornante, con celebración desbordante de excesos y pérdida del espíritu de
recogimiento.
El rito ancestral de devoción es sustituido por la irreverencia que linda con el turismo consumista e inculto. En La Merced, Oxapampa, Villa Rica, San Ramón, Tarma el centro de la representación cultural, es el dolor en semana santa, trastocado como espectáculo que atrae a tirios y troyanos, saciado con licor hasta el hartazgo. Las seudo discotecas funcionan hasta el amanecer, el nuevo día descubre cuerpos ebrios esparcidos por aquí y allá, mientras valores y símbolos religiosos son frecuentemente profanados[3].
Durante el acto central de la
fiesta patronal en Huari, Huaraz, Cajamarca, Trujillo, Piura y otros, las
ancianas(os) y autoridades transitan con actitud de recogimiento, vestidos de
riguroso luto, en contraste a retornantes revestidos de pavo real, seda, tafetán
y brillos. El pueblo ayuna, mientras las(os) turistas devoran y exigen banquetes.
El pueblo ora y medita, los(as) retornantes colocan una banda en las cuatro esquinas
de la plaza principal. Ancianas(os) se santiguan por la blasfemia a sus formas
y ritos, los(as) jóvenes imitan la irreverencia.
Adultos del pueblo aprovecha la
oportunidad festiva para embriagarse de fantasía y licor. Niñas(os) y
adolescentes, cuentan los años que les hace falta para dejar su pueblo, al que
aman y disfrutan en su belleza, pero aman más la fantasía que exhibe el
retornante. En cada acto se estimula y anima la migración hacia la ciudad
prometida, reproduciendo los viejos argumentos, bajo nuevos contextos.
Retornantes expectando al corrida de toros en |
En
muchas fiestas patronales de los pueblos andinos, principalmente hacia el norte
y centro, con menor población e identidad que en el sur del país, quien retorna
instaura la valoración de lo urbano respecto al local, sustituyéndose la chicha
pintada o pisqueada de jora, por cerveza; el aguardiente por ron y whisky. El
poto de calabaza por el vaso de vidrio que simule al cristal o la lata de
cerveza. El puchero, la patasca y sopa verde por el caldo de gallina o de
pollo. El picante de cuy, quinua, haba, tawri, alverja y trigo resbalado por el
arroz con pollo, tallarín, seco y estofado. La pachamanca por la fritura o
saltado. Transformándose el manejo y producción gastronómica, en imagen
simbólica del modo como se invade y modifica la práctica del pueblo bajo el
adjetivo de mixtura, pero en realidad es el desplazamiento de platos típicos
por los urbanos.
Retorno de éxito
ficticio, tan breve como el abrir y cerrar un telón, pero suficiente para
transmitir la conquista inexistente de la ciudad, en tanto la realidad es de
brutal explotación y autoexploración[4]
como el quedar encerrado e incinerado en vida dentro de un contenedor[5];
trabajar más de doce horas al servicio de un inmigrante informal[6],
hacerse vecino(a) en el último arenal o cerro que circunda las ciudades sin ser
parte de ella[7],
alojarse en entrañas de los suburbios tugurizados sea sótanos, viviendas
coloniales inhabitables o sólo pernoctar en altillos de los primeros edificios
de quincha alrededor de plazas populares, prestos a desplomarse o arder al
primer chispazo.
Si la apariencia en la
fiesta patronal es una maquinaria de la vanidad que encubre los rigores de
la migración. Es al mismo tiempo una amenaza local, que arrasa con el principal
valor de la comarca/pueblo, su cultura, desplazada a segundo lugar por los
cánones de la vida marginal del migrante en las grandes ciudades. Arrancando de
ese pueblo venido a menos, el prestigio anhelado, al mismo tiempo que se reduce
su oportunidad de crecer y prosperar, ser destino de vida buena
durante el cercano retiro,
El retorno de aparente éxito y enajenación de la práctica local, es ante todo un atentando contra aquello que ha permitido a los pueblos andinos, sobrevivir a cinco siglos de colonización: costumbres, prácticas, bienes y patrimonio cultural de la zona. Amenaza a esa capacidad para sostener procesos de sincretismo, y preservación de su cosmovisión, valores, éticas y moral. Con capacidad para fluir en el bilingüismo, sin permitir la extinción del dialecto de sus ancestros. Incorporar nuevas técnicas productivas sin renunciar a la tecnología heredada de los incas y pre incas, conocimientos de la riqueza que brota de la tierra, su ambiente y biodiversidad.
Un emigrante bajo la careta de
conquistador de la gran ciudad, atrapa la ingenuidad del futuro emigrante
impidiendo el crecimiento y apuesta para valorarse en su propio territorio,
renunciando a construir, crecer y expandir a su pueblo. Discapacitándolo(a)
para reinventarse, embellecer y crear valor agregado en comunidad. Acrecentando
el rechazo a lo suyo donde la huida se percibe como única vía de solución a los
problemas, que supera al dolor del desprendimiento y olvido a quienes se quedan
para seguir siendo referente y fuente de prestigio para el retorno efímero.
Pueda que el pueblo recobre su dinámica al ritmo de sus
escasos habitantes o ingrese a su estado de hibernación silente, donde la grama
amortigüe el paso vacilante de ancianas(os), la melancolía de mujeres solas
real o simbólicamente se esparza con el viento, quizás el canto de un ave en
una tarde serena, sintonicen con su risa o las lágrimas de orfandad se funda
con la lluvia.
Quizás, los escasos hombres vuelvan al campo generoso,
acompañado de los recuerdos de festividad y los brindis nombrados, el beso de
despedida de sus seres amados, los fantasmas que espantarán a mediodía cuando el sol se torne
inclemente o la lluvia arrecie, buscándose unos a otros para en comunidad reducir su cansancio con chicha pintada de alcohol, masticando la mama coca y
pensando en la tarea del siguiente día.
Seguramente niñas y niños jueguen a ser futuras mujeres y
hombres, mientras en su interior crece el bicho del emigrante, preparando a
su alma y espíritu para el desarraigo, se planteen como meta alcanzar la
mayordomía de la fiesta patronal y celebrar mejor que el último que les toque
contemplar.
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Retornantes esperando la Línea 1 Tren a las 8 a.m. |
Volverá a sentirse en casa, independiente de que tenga ciento
veinte o cincuenta metros cuadrados porque es su hogar, donde pernoctará luego
de una jornada de doce o más horas al servicio de la otra "señora", o un "jefe", tras un mostrador, un timón, una
máquina, una carretilla de desayuno, como datero o dependiente pegada(o) a su
celular. Se preparará para cobrar a aquel cliente duro de roer o tras la entidad
financiera más accesible, por un nuevo crédito para refinanciar, aquel
otro que está vencido.
Pueda que se mude del piso alquilado a otro, perdiéndose por
algún tiempo de sus acreedores. Esperando que sea domingo para descansar y cuando este llega, postergarlo por imprevistos de un nuevo contrato, la fiesta en el club
social o deportivo, la reunión de padres, el compromiso con un nuevo cliente. Respira profundo y se consuela, que dormirá durante el viaje del siguiente año a la fiesta patronal de su pueblo.
La apariencia junto a la posesión, es el deseo insano y devorador que lleva al control, ejerciendo poder sobre algo, por
muy efímero y pequeño que este sea, atravesándonos como país de cabo a
rabo y pueda que allí esté uno de los principales estímulo para el aguante de
tanta corrupción, abuso, explotación, estafa y perdición. Porque en el fondo,
muy en el fondo, cuando nos entregamos a la apariencia, cualquiera que esta
sea, en realidad estafamos y envilecemos a nuestro espíritu y alma ante
nosotras(os) mismas(os).
Mientras que la autenticidad es tan ligera, benéfica y menor costo
si es sincera, oportuna y sostenida. Apreciar lo que tenemos, viviendo y
expresando nuestros sentimientos en su momento, abreviando o advirtiendo el
sufrimiento del nuevo emigrante mujer u hombre de la comarca. Creando
condiciones para que quienes se aventuren a migrar lo hagan con plena
conciencia, fortaleza y disposición a exigencias como el dolor del desarraigo
y la orfandad en un espacio donde todos son anónimos, incógnitas y nada.
Reconocerse sobreviviente, bendiciendo y amando lo arrancado,
eligiendo quedarse por convicción, sentirse parte de y que otros(as) te
reconozcan como tal, construir con amor, desprendimiento, entrega y persistencia
la vida cada día, creciendo de adentro para afuera.
Autenticidad que nos permite ser y disfrutar de aquello que nos obsequia el universo, extasiarnos
con cada milagro como el amor, la amistad, estar y sentirse bien. Sonreír al
inicio y fin de cada día y semana donde es posible celebrar a la vida en este
espacio, tiempo, abrazando plenamente si hay condiciones para ser compartido o partido.
Valorar y renovar nuestras raíces haciendo que cada retorno temporal sea momento de
intercambio sincero y alimento del espíritu colectivo, fortaleciendo los
valores de comunidad que nos mantenga enlazados, afirme nuestra identidad, nos
permita ser allí donde hayamos decidido estar y pertenecer sin
necesidad de renunciar o mimetizarse.
[1] Pago
adelantando para facilitar la migración, a ser reembolsado con parte
significativa de su futuro ingreso, que se extendería en el tiempo hasta
transformar el sueño del progreso en trabajo esclavizante.
[2]Quijano Aníbal. Colonialidad del Poder y Des/Colonialidad del Poder http://www.ceapedi.com.ar/imagenes/biblioteca/libreria/51.pdf
[2]Quijano Aníbal. Colonialidad del Poder y Des/Colonialidad del Poder http://www.ceapedi.com.ar/imagenes/biblioteca/libreria/51.pdf
[3]
Recuerdo la narración de una anciana, en uno de los pueblos del interior de
cómo se había perdido el respeto y su fe a los símbolos, la repercusión de ello en
sus vidas y en la vida del transgresor(a) haciéndolo(a) miserable y solitario(a). En
el ande la limpieza de la capilla es parte de un rito sagrado que está en manos
de la persona o familia más distinguida por sus valores de honestidad, fervor,
solidaridad y amor al prójimo. Una pariente del retornante responsable del cuidado de
turno se ofreció a realizar la limpieza, advirtiendo en ese proceso que la
escultura de un santo estaba envejecido y ajado, así que se deshizo de él,
arrojándola lo más lejos que le permitió su simulado lanzamiento deportivo de
bala sustituido en esa ocasión por la estatua.
[4]
Sagasti, Francisco. Noviembre 2008. Tipología de la pobreza y dimensiones de la
Exclusión en el Perú, Lima: Foro Nacional/ Internacional. 9 p. http://franciscosagasti.com/descargas/eventos/pobreza_exclusion.pdf
[5]
Incendio en Las Malvinas: Este era el indignante trabajo que cumplían por S/20
los jóvenes encerrados. Según contaron otros trabajadores, a ellos solo se les
abría las puertas a las 12 del día para comer. No podían ni ir al baño. Diario
Peru21, 25 junio 2017 08:24h. https://peru21.pe/lima/incendio-malvinas-indignante-cumplian-s-20-jovenes-encerrados-83439
[6] Sanbor, Synthia. Los (y
las) trabajadores textiles, ayer y hoy. Blog Brújula, 21 mayo 2013 http://blogs.up.edu.pe/csanborn/los-y-las-trabajadores-textiles-ayer-y-hoy/
[7]
Miyashiro, Jaime; Orejón, César. 2015. Reporte Urbano Ambiental. Una mirada a
la periferia de la ciudad. Lima: DESCO, Programa Urbano. 39 p. Consultado el http://urbano.org.pe/descargas/investigaciones/Reportes_vigilancia/Reporte-Ambiental-2016-01.pdf
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