Tras leer el comunicado del CODENAF[1] sobre las temporeras, retomé aquello que me recordó a mi abuela Rosa y sus
cuentos. Y con su recuerdo la migración de mujeres andinas a Lima, las grandes ciudades y hasta el retorno efímero y festivo que desarrollaré en la quinta parte de este tema.
Aquello próximo a lo metafísico, se produjo en quienes huyeron para no casarse con un peruano y terminaron haciéndolo con un inmigrante peruano. Las más, exportaron el que se quedó y otras, tras posicionarse y fracasar con los nativos del lugar, se llevaron un espécimen por esa nostalgia del producto nacional exótico y les fue peor.
Hay algunas imágenes simbólicas para el retorno con ventura, es el caso de Lucho Quequezana, Gastón Acurio, Vania Masías, seguro que hay más, pero estos son los que llegan publicitadamente a mi memoria. Espero que ustedes anoten sus propias historias y/o los aprendizajes conocidos, sería bueno trabajar más al respecto para que las futuras jóvenes mujeres emigrantes, vayan tras sus sueños, pero con los pies puestos en tierra.
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Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:GruposFMI.png |
Visualice a las Marroquis hoy en su semejanza y diferencia con las mujeres andinas del
Perú durante la segunda mitad del siglo XX. Y las emigrantes peruanas hacia países vecinos y otros continentes a fines del mismo, donde
muchas mujeres jóvenes con o sin familia nuclear fueron tras su olla
de oro. La proporción de peruanas y peruanos que se hicieron inmigrantes puede ser gratificado en quienes eligieron como país de destino la ciudad Madrid en España:
“En Madrid, donde el ritmo peruano
crecía hasta ese entonces a la sazón de unos 100 inscritos por año entre
1985-87 y 300 entre 1988-1990, se pasa a 1138 en el año 1990, a 3446 en el año
1991, es decir 2345 peruanos se registran en el consulado madrileño, lo que
supone un incremento del 320%” (Tornos, 1997,43)[i]
Algo así como
levantado un velo, vino a mi memoria la narración de mi amiga, una joven
profesional Fisioterapista a la que conocí cerrando los ochenta, quien
migró con su novio a inicios de los noventa hacia el viejo mundo. Antes de
irse, en Lima ganaba alrededor de los quinientos dólares ejerciendo el borde de
sus competencias profesionales, junto con su habilidad para la festividad,
alegría y sonrisa. En tanto que él era egresado y sub empleado de
odontología.
Al tiempo de su estadía en España, retornó de visita, entusiasmada nos
animó a emigrar, contando que ella trabajaba en la cosecha de fresas hasta en
dos turnos, ganado lo suficiente para mantenerse ella y su pareja. Él no trabajaba, había decidido reiniciar una
carrera profesional, ante la imposibilidad de revalidar su título
peruano.
Ella era una temporera más, sin perder la esperanza de una oportunidad
para trabajar en su especialidad de fisioterapista, tenía como
desventaja sus rasgos de extranjera, pese a que antes Emigrar se sometió a una
rinoplastia para borrar su único rasgo andino[ii];
era joven, la típica mujer “blanca” limeña, de talla mayor al metro setenta,
hermosa, encantadora y con la sonrisa a flor de piel, pero no lo
suficientemente “blanca” y española, en ese país racista ayer como hoy.
Lo que mi amiga no procesó ni pudo transmitir en aquel entonces pese a
estar implícito desde sus preparativos para migrar, fue el contenido sexista
y racista que está detrás de la restricción para acceder al trabajo
calificado y solo aspirar a aquellos devaluados por las(os) españoles, el
sector terciario o el trabajo primario y manual agrícola como la cosecha de
fresas. Tampoco nosotras podíamos imaginar en aquellos años noventa este
enroque entre sexo, raza, empleo y explotación[iii].
Mis amigas y amigos que emigraron desde los ochenta y más intensamente a
inicios de los noventa por la crisis del fujishock[iv],
sea a Estados Unidos, Europa y Asia. Poseían, principalmente perfil profesional
calificado la mayoría soltera(o) y quienes estaban con pareja, la emigración colocó
un océano o muchos kilómetros de por medio, precipitando la separación que
sólo en algunos casos derivó en divorcio, porque aun en este campo, somos
informales, mientras tenemos un pie
fuera y otro dentro del país, escribí detenidamente sobre el tema el año pasado
en este mismo blog[v].
También conocí en las zonas populares donde trabajé por aquel entonces,
a muchas abuelas y tías a cargo de nietas(os) y sobrinas(os) porque sus madres
migraron a países vecinos como Venezuela, Chile y Argentina. Aquello que llamó
mi atención fue que pocos padres se hicieron cargo de la prole pese a
permanecer en el país, siendo intermitente o ausente en sus vidas, en el mejor
de los casos, aparecían una vez al mes, coincidiendo con la llegada de la
remesa enviada por la madre distante. ¿Cuál es el impacto en esos hijos e hijas
la madre ausente real y el padre ausente virtual? es un tema por trabajar.
Fueron menores aquellos casos del padre emigrante, quienes en su mayoría
desaparecieron del radar familiar al poco tiempo, fundando otra familia en el
lugar de destino, reproduciendo en parte la conducta de los inmigrantes andinos
hacia las ciudades del país. Sin duda hubo excepciones, como aquel caso de un
amigo en Japón, que escribía cartas a su familia en tres o cuatro armadas, por
el cansancio de la jornada[vi]
quien finalmente importó a toda su familia. Cada historia enfocada desde las
aristas anotadas suele ser reveladora respecto a la conducta, según el género
en la relación con los parientes, la pareja, hijos e hijas.
Las primeras cartas de mis amigas en tiempos donde se escribía a puño,
lapicero y papel, eran desgarradoras, por el peso del desarraigo, la crudeza de
las relaciones sociales y prácticas culturales en las que estaban inmersas –más
dura cuando provenía de sus parientes que migraron previamente, transformados
en más europeos que los europeos o más americanos que los americanos-, muchas de ellas sobrevieron
tras una resistencia titánica y se reinventaron, siendo hoy ciudadanas del
viejo mundo como las más.
Hubieron algunas que recurrieron al tradicional medio de hacerse
ciudadanas de un país hostil, mediante el matrimonio
concertado, sea como acuerdo comercial, ilusión, amor y hasta solidaridad.
Lo inexplicable, es que bajo estos mismos términos de conveniencia, se produjeron algunos matrimonios entre inmigrantes precarios,
habrá que explorar más en las razones e implicancias al respecto o logrado su sueño
americano, en el país de inmigrantes que hoy ha declarado la guerra a nuevos
emigrantes.
Se por buena fuente que a la mayoría, la vía de concertación
matrimonial, les resultó sumamente costosa. En unos casos porque los nativos de
la zona que las eligieron como pareja, fueron igual o más machistas que los
peruanos, de quienes no quedó otra que tomar distancia mediante el
divorcio, para reincidir tantas veces como fuera necesario hasta hallar su alma
gemela o abrazar la soltería con amigos amables.
Aquello próximo a lo metafísico, se produjo en quienes huyeron para no casarse con un peruano y terminaron haciéndolo con un inmigrante peruano. Las más, exportaron el que se quedó y otras, tras posicionarse y fracasar con los nativos del lugar, se llevaron un espécimen por esa nostalgia del producto nacional exótico y les fue peor.
Hay quienes persisten en su empeño de amor romántico, sacrificado,
santificado e imposible, manteniendo al marido distante y poco fiel en Lima con
visitas anuales, tratando de remendar y reciclar lo que hace tiempo ya está
deteriorado, dicen que "lo hacen" por sus hijos(as), en realidad
correspondería decir que es por sus nietos(as), transformándose por decisión
propia en proveedoras inagotables.
Quienes se han mimetizado con el país de destino, no imaginan retornar
para vivir en el Perú, son las que han plasmado sus sueños de posesión y posición,
con la tenencia de casa propia y no un piso, en Suiza, Francia, España,
Inglaterra, Italia, Noruega, Alemania, Estados Unidos, Canadá, etc. Cuentan con un empleo que les asegura pensión
de jubilación, porque decidieron calificarse y desempeñarse profesionalmente o
son emprendedoras exitosas. Tienen hijo(a) europeo o norteamericano y pareja,
algunas(os) a estas alturas se han divorciado incluyendo el tercer intento, por
cuanto poseen doble y triple nacionalidad bien arrancada.
Las que crecieron en su SER y plasmaron su proyecto de vida, se hicieron
conquistadoras de un nuevo mundo, eligieron bien, tomaron decisiones sabias y
se posicionaron con uñas y dientes, hoy son felices, principalmente buenas
personas dispuestas a acoger y mostrar las exigencias de ser inmigrante. Claro
que son los menos pero existen, no tienen nada que extrañar del Perú, son
aquellas donde se cumple el refrán: "Uno no es de donde nace, sino
de donde yace".
Siempre que alguna retorna hemos conversado sobre el significado y las
implicancias de la emigración y ser inmigrante en sus vidas. Con quienes tengo
mayor conexión y espacio para la crítica, reconocen que viven en una sociedad
más avanzadas en todos los sentidos, pero a su vez, tienen escaso tiempo y
recursos para disfrutarlo, extrañan principalmente la relación humana a favor o
en contra que se tiene en el país, por cuanto siempre se sienten extranjeras,
marginadas y auto-excluidas, con ese vacío de pertenencia y pertinencia que nos
hace nadie respecto a un lugar o grupo, al ser ingrediente central que alimenta
ese sentimiento de ser parte de un país, pueblo y nación.
A quienes han hallado lo que tanto buscaban, pregunto si estuvieran en
el Perú de hoy también emigrarían, la respuesta es inmediata, dicen que no, sólo
buscarían alcanzar la especialización obtenida en el extranjero, argumentan que
se fueron porque en los noventa todo era estrecho, copado y mezquino. En el
mundo académico no había oportunidad para ser parte, ellas habían logrado
posicionarse en el extranjero, e inclusive hoy con toda su producción académica,
sentían que eran bien acogidas en su condición de visitante, pero no percibían la
apertura que les hiciera pensar que podrían retornar y ejercer en el País.
A la fecha, algunas preparan su retiro y retorno, porque con su
jubilación europea, americana o canadiense, podrán asegurar una vida digna en
el país, por lo menos es lo que proyectan. Uno nunca sabe al respecto, pues
conozco más de un caso de desencanto por lo incierto y endeble que se ha
tornado la política pública y financiera en el planeta.
Sin embargo todas las que han retornado, pese al abismo del tiempo de
ausencia, han reconstruido su relación con sus parientes, se sienten feliz de
retornar al país con sus altas y bajas, porque dicen estar a salvo y en casa
aun cuando sea sólo fantasía. Porque aquí como en cualquier lugar del planeta
la seguridad es un albur y la estabilidad económica una incertidumbre, lo único
seguro es nuestro afecto y que debemos estar preparadas para reciclarse porque
lo único sostenido en este tiempo es el cambio.
Las más no tienen nada proyectado, son principalmente aquellas que pese
al tiempo transcurrido siguen siendo ilegales, tienen sobre su cabeza la
amenaza de la deportación, su único objetivo es quedarse, recurriendo a todo
aquello que le permita conseguirlo, pero poseen pocos instrumentos, muchas de
ellas no han aprendido a hablar el nuevo idioma con fluidez, manteniendo relación
sólo con la colonia de peruanos y/o latinos, por cuanto carecen de redes
sociales de soporte, por esas ironías de la vida, son las que más
discriminan en el lenguaje, la piel y el revestimiento de los cuerpos a inmigrantes andinos dentro del país . Siempre me pregunto: ¿Cómo
será experimentar en carne propia ser inmigrante, mujer, chola y con dificultad
en el lenguaje, cuando se ha sido o es discriminadora y abusadora activa?
Cuando concluí la lectura de los artículos de las marroquí[vii]
temporeras[viii],
entendí en parte, por qué las mujeres emigrantes que conozco asumen el rol
de hormigas, mientras sus hombres generalmente compatriotas o latinos
exportados por ellas o hallados azarosamente en el país de destino, hacen de
cigarras o abejas reinas, sumando una carrera profesional, especializándose,
ampliando su cosmovisión. En tanto ellas no vuelven a coger un libro y ni
siquiera un periódico, manteniendo su percepción del planeta desde una aldea
global, no desde el Perú sino desde la ciudad donde residen.
Ellos conocen todo Europa o Estados de Estados Unidos hasta Canadá,
ellas a las justas la ciudad donde están, al que suman su asiduo ahorro para
retornar al país cada año o dos, con el objetivo de hacer turismo o agotar sus
vacaciones con sus parientes más pragmáticos, ausentes y extraños que
ayer.
Algunas que rompieron esta tendencia, regresaron con una mano adelante y
otra atrás, pero en verdad recorrieron el viejo mundo o todos los EE.UU, y eso
cuenta. Asumen que no están dispuestas a privarse de la gastronomía peruana,
menos vivir la discriminación en su piel o del compatriota. Hoy son felices
haciendo lo que saben hacer, junto a los suyos y su migración quedó registrada como
parte de su aventura juvenil sin morir en el intento.
No puedo cerrar este escrito sin animar a mis
congéneres emigrantes, a hacer patria
donde esté, sea en su condición de inmigrante al quedarse fuera y transformarse
en ventana del país con sus ser, hacer y decir. De retornar, como testimonio de
sobrevivencia a la aventura como inmigrante, mujer, andina y con el español
como lengua materna, trayendo consigo todo lo aprehendido para recrear,
innovar y producir valor agregado en lo que poseemos. O sólo retornar para
vivir su retiro en paz, gracias a sus rentas y/o jubilación disfrutando de las bondades
del país reconociéndolo por todos los costados y beber un café en buena
compañía.
Hay algunas imágenes simbólicas para el retorno con ventura, es el caso de Lucho Quequezana, Gastón Acurio, Vania Masías, seguro que hay más, pero estos son los que llegan publicitadamente a mi memoria. Espero que ustedes anoten sus propias historias y/o los aprendizajes conocidos, sería bueno trabajar más al respecto para que las futuras jóvenes mujeres emigrantes, vayan tras sus sueños, pero con los pies puestos en tierra.
[i] Tornos, Andrés. 1997. Los peruanos que vienen: quiénes
son y cómo entienden típicamente la inmigración los inmigrantes peruanos.
Volumen 1 de Colección sociedad - cultura – migraciones Universidad Pontifica
Comillas, 1997. 134 p. ISBN: 8489708061
[ii] Simbolizando el modo como las(os) emigrantes peruanos
se preparaban a reducir el impacto de ser extranjero en el país de destino. Ya en
esos tiempos algunos hombres y mujeres que viajaron al Japón no sólo se
hicieron adoptar por japoneses para adquirir un apellido Nisei, sino que se
operaron los ojos para adquirir rasgos orientales. Ver detalle en Aquino
Rodríguez, Carlos Albert. 2010. Migración de peruanos a Japón. Pensamiento
Crítico N° 13, pp. 7-21, recuperado el 4 de junio 2018 dehttp://sisbib.unmsm.edu.pe/BibVirtual/Publicaciones/Pensa_critico/2010_n13/pdf/a02n13.pdf
[iii] Cuatro temporeras marroquíes denuncian abusos sexuales
por parte del encargado de una plantación en Moguer. (31 de mayo de 2018). El
Mundo. Recuperado el 4 de junio de 2018, de http://www.elmundo.es/andalucia/2018/05/31/5b0fd36fca474140578b45a3.html
[iv] El 8 de agosto de 1990, el gobierno de Fujimori aplicó
un ajuste económico de 3214.3% sobre la gasolina frente a un 3040% de la inflación,
ver detalles en: AP-AFP-Reuter 10 de agosto 1990, 12:00 a.m., Fujishock, Causa
y Conmoción, recuperado el 4 de junio 2018 de http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-70868
[v] Ver al respecto mi escrito en este blog del lunes, 20
de noviembre de 2017 a cerca del divorcio.
[vi][vi] Algo de este fenómeno se puede identificar en el artículo
de LR. 11 Ene 2007 | 20:30 h. Un millón 600 mil se fueron en 15 años,
recuperado el 4 de junio del 2018 de https://larepublica.pe/sociedad/260478-un-millon-600-mil-se-fueron-en-15-anos
[vii] Denuncian "represalias" a las
temporeras de la fresa que denunciaron las malas condiciones laborales. Huelva.
(3 de junio de 2018). El Mundo. Recuperado el 10 de junio del 2018 de http://www.elmundo.es/andalucia/2018/06/03/5b143529e5fdeafd2b8b45d7.html
[viii] Cabanillas, F. (4 de junio de 2018). Nueve temporeras
marroquíes denuncian abusos laborales y sexuales en una finca de Almonte. El
diario. Obtenido de https://www.eldiario.es/andalucia/huelva/temporeras-marroquies-denuncian-laborales-Almonte_0_778672920.html
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