
Me preguntaba por
qué he conservado tanta fotocopia antigua de teoría dura, reconociendo que es
más por apego emocional atado a muchos recuerdos de cómo fui obteniendo cada uno
de ellos. Mis pensamientos se detuvieron en mis aliadxs, facilitadores y amigxs
de tanto ir a biblioteca.
Recordé a Néstor,
Ray, Beto, Griselda, Valois, Manuel, José, todxs y cada unx de lxs bibliotecarixs,
que nos conocían a todxs a pesar de ser miles que a diario demandábamos su
apoyo.
Cuando la
tecnología fue avanzando, ya no para instalarnos en la biblioteca, sino obtener
el préstamo de un libro, sólo el tiempo para una fotocopia, en pre grado, a
veces agotando el monto destinado al básico porque en biblioteca central,
había pocos libros para los 1 800 que cada año ingresaban, más los que se quedaban
por bica o trica. En especialidad y posgrado, si
bien las bibliotecas de facultad, tenían menos demanda, las lecturas
fueron creciendo a medida que las fotocopiadoras vecinas fueron instalándose.
Hoy todo es completamente distinto.
En mis tiempos de
pre y posgrado (1981-2000), la tarea para debatir o sustentar argumento era
leer autores y obras a veces completas, por esa razón y mi experiencia de
sobreviviente, desarrollé la estrategia de “syllabus entregado y ficha obtenida”
así como “separación de libro antes de nada ganando por puesta de mano”, ahora
basta hacer un clic iluminar y la gran magia del copy & page, pese a
que las lecturas se han comprimido a separatas y artículos.
Hoy no imagino leyendo a alguien de pregrado historia en los volúmenes Arnold Toynbee, Basadre, Alberto Flores Galindo o biología de Claude Villee, sólo para conocimiento general que nos fue omitido en la secundaria. O en una especialidad como el Diploma de Género (a estas alturas ya maestría) devorando a Simone de Beauvoir, Georges Duby, María Emma Mannarelli, Judith Butler, Hannah Arendt, Susana Chiarotti, Marcela Lagarde, Juliet Mitchell, Nancy Chodorow, Caroline Moser, Maxine Molyneux. Y en Maestría de Sociología releyendo a Carl Marx, Max Weber, Émile Durkheim y Talcott Parsons, Niklas Luhmann e incursionando en John Forbes Nash, Jean-François Lyotard, Jean Baudrillard, Michel Foucault, Manuel Castell.
Entre mi hacer de hoy y el acontecer de la partida de Néstor de esta nuestra dimensión, escribo tal como lo recuerdo en su
centro de poder y posesiones que era la Biblioteca Central de la PUCP y el
Sindicato de la PUCP. Con esa sonrisa afable y pasos cansados detrás del
mostrador, en su ir y venir para proporcionar los libros de especialidad, para
demandar y defender derechos, mientras desplegaba su apoyo solidario.
Néstor y sus
compañerxs de labores me conocían como ratón de biblioteca, por
esa mi práctica de estar subiendo y bajando escaleras, pidiendo cubículo,
instalándome en una carpeta individual hasta desaparecer mis cuatro letras en
esas duras y macizas sillas de la biblioteca de día y noche. El especialmente, en
su postura de señor bibliotecario, siempre me animaba y facilitaba el acceso
especialmente en tiempos de exámenes donde la biblioteca desbordaba, así
convivimos como parte de la comunidad PUCP entre 1981 y 2010.
El 22 marzo del
2012, coloqué una nueva foto de portada en mi Facebook, mientras estaba
detenida tras mi accidente de febrero, recordando las incursiones al parque
vivo de mi barrio con mi nieta Mayu. En esa portada me escribió mi amiga Esther
Ruiz de colegio secundario, siendo motivo para reencontrarnos con la promoción y
celebrar navidad tras 36 años. Al año
siguiente asistí a su cumpleaños. Grande sería mi sorpresa al descubrir que Néstor
era el hermano mayor de mi querida amiga Esther de adolescentes.
Néstor se había
jubilado, yo investigaba y dictaba cursos online de educación continua en
la PUCP de modo que nuestras nuevas
ubicaciones nos permitió compartir nuestras mutuas percepciones de nuestro ser, estar y hacer en la comunidad PUCP abriendo las puertas para la
confidencia, con esa complicidad que la amistad permite, en medio de un nuevo escenario, teniendo como
lazo común nuestro amor por Esther, así como su práctica y mi tránsito por la
militancia de la fe católica en el Movimiento de Trabajadores Católicos de la
corriente de la Teología de la Liberación, que fue nuestro segundo eje de
conversa.
Mientras yo me
había transformado en suspicaz, teniendo como contexto la crisis moral que
aquejaba fuertemente a la institución de la iglesia católica en el país y el mundo,
gracias a los silencios y malas prácticas de sus representantes. Él no sólo se
había mantenido, sino renovado y visionaba con optimismo, esperanza y fe en el
futuro. Mucho más, tras su jubilación que lo liberaba de su activismo y
compromiso sindical, había destinado parte de ese tiempo para reincorporarse
activamente a dinamizar la comunidad cristiana de su parroquia, cuando me
contaba de los haceres colectivos, le brillaban los ojos. Recordándome ese
fuego de los setenta, que nos movilizó a todxs en el compromiso de la fe y
lucha por una sociedad justa, igual y de amor al prójimo que hizo creer a muchxs
que la revolución estaba a la vuelta de la esquina. Así es como vi rejuvenecer el espíritu y
brillar la sonrisa de Néstor.
A partir de entonces,
nuestros reencuentros fueron siempre en los cumpleaños de Esther a los que no
volví a faltar hasta que la pandemia nos detuviera. En medio de cada
celebración nos separábamos un momento de todxs para compartir nuestras
percepciones, haceres y proyecciones. Así
es como en lo personal y familiar supe que asumió como uno de sus retos vivir intensamente
a su esposa, compartir y tratar de inocular en sus hijxs y nietos su compromiso
de fe y apuesta por lxs otrxs, yo anoté, no te olvides de dejar como herencia
tu optimismo y sonrisa. El me respondió: “en eso trabajo, hay Néstor para
rato”.
Y también, así es
como supe en los dulces humanos en que nos habías convertido ambos, él una vez
más con más deporte y optimismo brindó por ello, en contrataste con mi postura
de abstemia, cambio de estilo de vida, desprendimiento de hábitos exigentes y cuidado consciente.
Hoy Néstor, acabo
de enterarme que te has ido, esta vez la muerte se adelantó a nuestro reencuentro
de marzo. No imagino cómo transita este momento mi querida Esther con quien me solidarizo
con sus sentimientos. Así como con tu esposa, hijxs y nietxs.
Por nuestras
conversas, sé que tu tiempo de jubilado, fue de pleno amor familiar, de entregas a tu familia, viviendo
intensamente a cada unx y por extensión a lxs amigx.
Doy gracias al
universo, que nos permitió la posibilidad de reconocernos en un espacio privado
durante estos cuasi 8 años, habiendo convivido humana y solidariamente 39 en espacio
público-privada como es la comunidad PUCP para quienes nos hacemos parte
de una vez para toda la vida cada unx de nosotrxs.
Descansa en paz Néstor,
que tu fe te permita alcanzar el estado y al Dios que animó la fe de toda tu
vida, tu misión y hacer.
Que tu sonrisa se
sume a la luz universal y nos ilumine en este tiempo que transitamos por noches
oscuras, penumbras y frágiles amaneceres por las pandemias de salud, económicas,
políticas, sociales y culturales.
Adiós amigo de
muchas vidas paralelas, hasta cuando nos hallemos en otro estado y dimensión.