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Fuente: Diario el Sol de Cuzco |
De dos inhabilitaciones de magistrados de la JNJ, me centraré en el caso Inés Tello,por ser hoy 8 de marzo Día Internacional de las Mujeres, como evidencia de cuánto nos falta transitar en el terreno de los derechos sociales, económicos, políticos y culturales de las mujeres, pese a haber discurrido 47 años de su reconocimiento mundial por la Organización de Naciones Unidas-ONU (8 de marzo de 1975) [5], y 113 desde su creación (19 marzo 1911)[6].
Inés Tello, destaca por ser una de las mujeres
profesionales que se graduó en tiempos donde la condición de serlo era una barrera adicional para ingresar y realizar estudios universitarios, concluir una carrera profesional (22 enero 1971 por la UNMSM) y ejercerlo. Ella se empoderó, formando parte de las primeras generaciones de mujeres abogadas en el país.
Cualificándose profesionalmente mediante un largo desempeño laboral en el sector público desde el Poder Judicial (48 años)[7], destacando notablemente en la aplicación del derecho y la justicia peruana, con transparencia y sin corrupción sin probar lo contrario hasta el momento. Paralelamente realizó a una permanente actualización y especialización académica como jurista.
Esta trayectoria y el cumplimiento de su labor como la primera presidenta de la JNJ 2021-2025[8], así como permanecer como magistrada hasta culminar el periodo por el que fue elegida con más de 75 años de edad, ha sido "transformado en delito” por la Comisión de Acusación Constitucional del Congreso de la República, inaugurando un persecusión y discriminación por edad y sanción por respeto a los mandatos de un nombramiento como autorifad pública. Tras la sustentacion de este "delito inventado y retardado" (a la fecha tiene 78 años), se ha consumado alevosamente, el robo de empoderamiento de una mujer autoridad, tras una sesión plena del Congreso.
La magistrada de la JNJ Inés Tello, ha sido “condecorada” ocupando el primer puesto con la INHABILITACIÓN de una década para el desempeño de un cargo público, alcanzando el mínimo de votos (67 de 130 congresistas)[9], tras viciar el proceso, al incluirel voto de un miembro (congresista José Luna)[10], que según su reglamento
no correspondía hacerlo. Asegurando su expulsión del modo más ominoso desacreditando
una larga carrera profesional ad portas de su conclusión en 8 meses, después
del cual debía jubilarse con honores y reconocimiento ganado a pulso.
Transformándose esta
afrenta personal y profesional en indicador de la fragilidad de los derechos conquistados por la
lucha de las mujeres para acceder a educación, trabajo, igualdad de derechos y oportunidades
que los varones. La inhabilitación de Inés Tello, usando mecanismos espuria,
desde uno de los poderes del Estado, nos muestra a las mujeres de a pie, cuánto
aún nos falta por adecentar la política, vigilar el ejercicio del poder
democrático, asegurar el equilibrio de poderes en el Estado, hacer que se respeten
y preservar las leyes ejerciendo los derechos que nos amparan, como
mujeres y ciudadanas.
El avasallamiento
de los derechos de Inés Tello, evidencia que no importa cuánto nos
esforcemos por ejercer un derecho como es la formación académica, el mayor
grado en las instituciones más notables, el desempeño profesional transparente, cumplimiento de la ley dejando constancia de ello, con ética profesional y ejercicio eficiente
del poder ganado. Basta que nos
crucemos en el camino de intereses subalternos para ser aniquilada sin importar
todo lo realizado y aquello que podría aportar aún.
Cada mujer
profesional, cada autoridad femenina que ocupa un puesto en el sector público y
privado, por mérito, tras concurso limpio y transparente, es producto de gran dedicación,
priorización y esfuerzo, por ello son escasas las mujeres que han alcanzado un
puesto notable y de poder en los niveles más altos con probidad, pese a ello corre el riesgo de que el empoderamiento alcanzado le sea arrebatado, robado con artimañas.
Sin duda Inés
Tello no irá a llorar al río, como mujer que nunca se dejó vencer hará uso de
todos los mecanismos legales para limpiar su larga y notable carrera
profesional acudiendo a las instancias correspondientes a nivel nacional e
internacional, por que ella sabe y puede hacerlo[11]. Es tiempo que ella al igual
que muchas mujeres de la historia a las que hoy conmemoramos e intentamos
imitar, no esté sola en esa lucha. Ha de sentir nuestra fuerza de género, la
sororidad que hemos construido al no morir en el intento de nuestras luchas en
el día a día.
Es tiempo de que empecemos a ocuparnos de estos terrenos movedizos, donde es preciso asegurar que el empoderamiento de las mujeres no sea arrebatado, destrozado y degradado.
Es tiempo de dejar de lamentarnos y contemplar o hacernos cómplices con la
indiferencia, ante el robo y la afrenta, haciendo nuestra la defensa, el ejercicio y respeto de las
mujeres empoderadas.
Si dejamos hacer y pasar, seguiremos en el esfuerzo permanente de reiniciar nuestros pasos de 0 a 1 sin ampliar nuestras perspectivas ni cobertura, en el peor de los casos permitir que las mujeres que se mantengan en el poder, sean mujeres con cabeza de hombre o parte de una organización criminal.